miércoles, 28 de diciembre de 2016

MARIA LAURA

La imagen puede contener: 1 persona, de pie y niños
Por Oscar Carrasquel


Al mundo llegaste 
en una fecha cercana
al nacimiento de Jesús.

Llevas de primer nombre, 
el mismo
de la madre del Mesías.

El aroma de diciembre 
te trajo al mundo
en la Valencia señorial

Viste 
someter en tus sueños
a Herodes en Belén

Hoy
mi corazòn de abuelo, 
bella Marìa Laura
se regocija placentero

Trajeada de blanco
y olorosa a jazmines 
por la gracia de Dios eterno
celebras hoy tu cumpleaños.




VALENCIA, 28 DE DICIEMBRE DE 2016

domingo, 18 de diciembre de 2016

! RECADO DE CUMPLEAÑOS!

                   

                                                   Por Oscar Carrasquel



 Así natural como un arroyo, 
igual es Elio Martìnez. 
Muestra un  mirar de flor de girasol
cuando toma la luz del sol. 

Hoy añades un peldaño más a tu vida,
te van  cayendo primaveras 
como caen las gotas de lluvia
en una corriente crecida.

El bardo sigue cabalgando
el potro del  tiempo,
gracias a Dios del cielo
y a la Divina Providencia.

Gota tras gota de vino,
estarás libando
hasta que la noche te rinda
y  te sentirás extasiado 
oyendo gauchescas melodías.
 
Por eso yo aprovecho
para regalarte en este día
un puñado de laureles,
como los que llevaba Ulises, 
(El coloso griego)

Para que venzas los vendavales,
te protejas del “mal de ojo”
y  de los quebrantos te resguardes.

¡Feliz cumpleaños pues, 
cantor de lírica gracia! 
allá en la quietud de tu búnker lejano.

Que el pastel carente de melado
para celebrar tu aniversario,
lo cubras con pétalos de claveles
y  lo envuelvas, en vez de dulce,
con las mieles de tu poesía.




                         La Villa de San Luis, 18/12/2016

domingo, 11 de diciembre de 2016

CON MARIA TERESA FUENMAYOR


Por Oscar Carrasquel


Si buscar a María Teresa,
yo me propusiera,
en las páginas  de un cuento
de Tío y Tigre y Tío Conejo.
libre de asombro seguro me encontraría:
con las gotas de rocío que sueltan  los campos,
con el relumbre de un cocuyo,
con la danza de una mariposa,
con un día de labor de una hormiga
con el aleteo de una abeja en su panal
con el canto a dúo
de un arrendajo y un turupial.
y al final,
¡Con una noble  y generosa amiga
que me doy por exaltar!
                                       


Navidad, de 2016


TODO UN MILAGRO

         

         
 Por Oscar Carrasquel

  A  Carelis  y Luis Alberto




Primera vez que noto
un helecho
brotar del ras de la tierra

Primera vez que conozco
a una gran mujer
que vence tantos dolores

Hoy, para Judith Buitrago, 
desde la  quieta calma
de mi oratorio, 
va este recuerdo filial

Su fe al Creador le sirve de acicate
porque al destino debe enfrentar

Lo demás, con infinita confianza, 
lo deja  entre  bragas verdes 
y  batas blancas

Empatía, día y noche, 
Jesús concede a sus hijos
para que el sufrimiento apacigüen

Ella sale airosa de tan gigantesca
experiencia,
Ya siente que  el dolor a veces
es sordo

La osada mujer al fin, 
alcanzó a coronar
tan empinada cuesta

Gracias a Dios bendito,
y a la cadena de oraciones
que abren el camino opuesto.

domingo, 4 de diciembre de 2016

LA VIDA EN UN SUEÑO

     
Por Oscar Carrasquel


Sueño con un poema lírico
roto en mil pedazos
Rompen la alta noche
como una punzada certera
fantasmas que toman por asalto
la ilusión
como un narrador interpretando
una novela
Síntomas de una nostalgia
que tuvo su ritmo
Cada capítulo tiene una historia
de herir diferente
Capítulos de la vida
que lastiman lo pretérito
Viejas cicatrices retornan como lanzas
Traspasan el viejo músculo
todavía fingiendo melodías.

Navidad 2016



viernes, 2 de diciembre de 2016

CONRADO MONTEVIDEO EL “SANTA CLAUS” DEL BARRIO LAS TABLITAS..



                                                              A  Carmen Rivero, su compañera de vida, también a  sus hijos, nietos y demás familiares con el más puro afecto.
                                                                                                                                                                                                         Por Oscar Carrasquel


Se sabe que la muerte  es incubadora de un sentimiento de dolor difícilmente de asimilar sin estar preparados. Conrado Montevideo perdió esa batalla final, su cuerpo físico al fin se rindió. Vivir  es un incesante batallar... Dios en definitiva es el juez que nos fija el día y la hora. Se sonríe y se llora sin poder vencer las sombras del destino, pero también se aspira llegar a las puertas del tiempo  como  lo hizo Conrado Montevideo, sacándole frutos al alma, celebrando la Navidad para divertir a los más chicos a través de este personaje pascual conocido como SANTA CLAUS. Su arranque en La Villa apenas se remonta a cuatro décadas atrás.

Conrado Montevideo tuvo la dicha de nacer en el barrio La Represa de Villa de Cura el 15 de agosto de 1960, hijo de  Pablo Montevideo y de Juanita Cortez de Montevideo.. De los Montevideo con  alguna ramificación palpitante en el sector de La Represa al sureste de la ciudad.

Una de las devociones de su identidad fue vestirse todos los años de San Nicolás  en Navidad, hasta que lo vino a recoger la muerte el 09 de enero de 2016. Lo ayudaba mucho su gran parecido físico con este personaje de la literatura infantil occidental.   

En esta vecindad de Las Tablitas compartió soles y lunas al lado de la señora Carmen Rivero, una estupenda mujer que reside al cruzar el callejón Andrés Eloy Blanco, donde vio nacer y crecer a sus  hijos y saboreó la alegría de dos de sus nietos, luchando con sus propias angustias.

El patriarca, el hombre luminoso y cordial, lo más cercano a Garritk,el actor de Inglaterra quien fue el más noble y aplaudido de todos los actores del mundo, Conrado, sin querer, casi lo empareja,  porque  tuvo la dicha de ser maestro en el arte de entretener a la gente de todas las edades, muy especialmente a los niños que fue su mayor riqueza, y siempre los hubo a su alrededor.

Así de esta manera, divirtiendo al mundo infantil comenzaba su marcha inmortal en la comarca La sonrisa y la alegría de un niño le sabían a gotas de lluvia, a  burbujas de rocío y al frescor de  una tarde de invierno. Conrado fue un retrato preciso de San Nicolás o Papa Noel; era una especie de doble de este común personaje pascual, protagonista de escenas de documentales y películas en el mundo entero. 


 
                            Conrado Montevideo. Tal como acostumbraba vestirse en la Navidad


En todo evento decembrino llegaba San Nicolás, de piel rubia, enfundado en su vestimenta roja y blanca y su abundante barba de azucena, una boina de piel de oveja, con sus claros espejuelos como  dos aros, y esa forma de mirar con unos ojos que fueron resplandecientes.  Siempre lo acompañaba terciada a la espalda una mochila llena de caramelos, bocadillos, muñecas, carros  y aviones en miniatura,  para entregar a cada niño  que quisiera aterrizar en su regazo.

No había Navidad sin San Nicolás con voz propia. En estos días pascuales  se nos ocurre preguntar ¿Qué niño de nuestros barrios de la parte sur de Villa de Cura no conoció a este Santa Claus?. representado por Montevideo; el ritual era el mismo, cargado de alegría, sabor a caramelos, simpatía y regalos a los más pequeños..

Recuerdo cuando pasaba en su carruaje por la calle Comercio, todo un mundo de ilusiones para los niños, se apeaba de su trineo, se posaba en cada casa llevando diversión, y seguía  recorriendo las calles con su clara y ronca voz, abrazando a todo aquel que se topaba en la calle, le daba la mano a los niños, y las manos de ellos la estrujaba entre las suyas.


                      !Joooo…hoooo. ¡Feliz Navidad!...que todos los niños disfruten de mis obsequios 

En el hogar de cada niño de nuestra manzana de la calle Comercio dejó con su accionar una huella difícil de borrar. En las casas de familia era solicitado para la entrega de  los obsequios del Niño Jesús  en cada Nochebuena, y los niños con sus inocentes caritas,  reclamaban su presencia. 
Recuerdo que llegaba a nuestra casa y la sala  se llenaba de chicos y grandes de la vecindad, se derramaba la música navideña grabada, y en la mesa se asomaban los pasteles, y por comida pan de jamón, ensalada de gallina, y las hallacas y bollos que en aquellos  tiempos no escaseaba en ninguno de nuestros hogares pobres..

                 !Jooo jooo... espero que todos hayan enviado sus cartas!, se le oía pronunciar


San Nicolás en nuestra casa con Juan Pablo e Isabelita. Foto álbum Gilda Carrasquel

Ya casi para irse, posaba con los niños para la fotografía al lado de una  caravana de estrellas caídas del cielo, los niños con  la frescura de su sonrisa se colocaban al lado del arbolillo y de la figura de San Nicolás, mientras  los más grandes se entregaban a tomar fotografías con sus celulares.

El protagonista de todo aquello era el San Nicolás de Las Tablitas, haciendo sonar una campanilla, gozoso de ese momento. Solo Conrado Montevideo  sabía trasmitir esa sensación de alegría que compartía con toda la chiquillería, porque cargaba también a Dios  alojado   en su corazón repleto de tantísima pureza.

.
En los desfiles fue tomada la fotografía, en primer plano el San Nicolás de Las Tablitas y a su lado la maestra Milagro Almenar

Tiempo atrás  las calles y avenidas de la ciudad de Villa de Cura eran estrechas, insuficientes  para albergar la cantidad de personas y vehículos antiguos y modernos que desfilaban por las principales calles de la ciudad, que deseaban admirar,  rozar  su cuerpo, tocar a  Santa Claus, montado sobre su trineo, encabezando los coloridos desfiles donde participaban todas las  instituciones educativas, públicas y privadas y el Parque de Recreación Dirigida (CVN) de Villa de Cura. 

Retrocediendo el tiempo es bueno recordar que en la medida que se iba haciendo hombre, Conrado Montevideo fue un avanzado estudiante, tanto en primaria elemental como en el liceo Alberto Smith,  y luego de casado un excelente padre de familia, trabajando a diario con indestructible voluntad junto a su esposa para ayudar a levantar un hogar.

Adiós pues Conrado Montevideo, cronista de la alegría y del buen humor, auspiciador de la Navidad; te fuiste dos semanas después de acompañarnos la Navidad   de 2015, evento que cumpliste haciendo un gran  esfuerzo físico y emocional, no obstante estar resistiendo el avance de una enfermedad que venía minando progresivamente tu cuerpo.

Atrás dejaste una estela de recuerdos, sin que ninguna figura  venido a reemplazarte,...Te despediste de manera física de este mundo comenzando 2016, pero nos queda tu presencia espiritual, una imborrable huella en el corazón de cada niño de nuestro pueblo, porque sabías al extremo lo que era divertir el cuerpo y alma de los mas pequeños.
  
¡Debemos aprender a reír llorando, y también a llorar con carcajadas! Este fue el  último de los mensajes inmortales que nos dejaste inspirado en el poeta mejicano Juan de Dios Peza.


Conrado Montevideo, hoy elevamos una oración a Dios por el eterno descanso de tu alma.


Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, Año Nuevo  2016

Fotos del álbum de la señora Carmen Rivero
Retoque de fotografías a cargo de Ramòn Alfredo Corniel





















domingo, 20 de noviembre de 2016

"MENECO" UN PERSONAJE ICÓNICO DE LA VILLA DE SAN LUIS


                                            Natividad Bermúdez "Meneco" en la entrevista. Foto archivo O C

MENECO UN PERSONAJE ICONICO DE LA VILLA DE SAN LUIS

"Meneco" ya no está entre nosotros..Poco a poco, como una  llama que apagada por la brisa, así se le fue la vida a nuestro querido amigo Natividad Bermudez.. El 18 de abril 2020 se le acabó el tiempo no pudo resistir más. Hacía tiempo que había dejado de alegrarnos con su presencia, Jamás podemos ganarle la batalla al destino y a todos nos tocará el momento de perdernos para siempre. A "Meneco" le llegó el minuto final en su pueblo donde hace un buen tiempo vivió y formó familia.  Ojalá Dios  tenga un lugar reservado para  él en el cielo....Como un sentido homenaje a su memoria, volviendo la vista al pasado, comparto con los lectores y sus hijos esta conversa que sostuvimos un día cualquiera, la última vez que nos vimos. En esa ocasión nos contó  algo de su vida. Descansa en paz Natividad.    

A SUS HIJOS, DEDICO
"Meneco" Un personaje icónico en la memoria colectiva 

                                                         Por Oscar Carrasquel



¡Natividad¡ Así de sencillo con este nombre lo llevó a bautizar su madre porque nació en el mes más alegre y feliz del año, como hasta  hace poco solíamos llamar a diciembre, el mes más esperado, la última hoja que desprendemos del calendario. El diciembre de antes, de mesa servida, de vino y ponche crema, pan de jamón, cestas navideñas, utilidades, estreno de telas y calzados, hallacas, de abrazos y de intercambio de tarjetas y regalos, de Niño Jesús, de cantadores de aguinaldos de casa en casa, y de paz, en el cuerpo y el alma.

Su apellido es el mismo de la madre: Bermúdez,  porque ella era madre soltera.  El párvulo nació en la población de Tucupido el 12 de diciembre de 1931, capital del municipio José Félix Rivas, estado Guárico. También son de allá sus dos hermanos don Rómulo Bermudez y doña María Bermudez. La solicita madre, un día buscando la ruta de la esperanza al despuntar de un día hizo  maletas, y con el viento tierno a su favor trazó la ruta  del centro  y sus pasos anclaron en Villa de Cura para el resto de su vida. Cuando eso el chaval contaba apenas seis años de edad. No volvió más para la horizontalidad de aquellas tierra llanera. Siendo un adolescente la sabiduría popular de La Villa logró borrar su verdadero nombre (Natividad Bermúdez) y lo reemplazó por un apodo cariñoso, corto pero sonoro: ¡Meneco¡  Y así se quedó y así es como lo conoce todo el mundo. “Ese me lo pusieron los jodedores” (Fue exactamente la frase que me soltó). La inspiración de su sobrenombre parece que proviene de una melodía cubana.

Nuestro personaje fue un hombre sensible con una estampa jocosa y muy singular en Villa de Cura, estrechamente ligado a un grupo de apasionantes amigos de aventuras de una raza que ha sido calificada como "época de años dorados".. No hay que negar que él reía con nosotros a carcajadas en algún grato momento y demostraba que en la vida hay que ser un poco de todo,

Cuando nos habla de su infancia esboza sus sentimientos por los juegos tradicionales, paseos, travesuras,  donde nunca falta el ponedor de sobrenombre, diversiones sanas, el,humor ácido, largas tertulias, anécdotas,.mucha chispa criolla, siempre formando un circulo que unía a los muchachos forasteros  con los del patio. Algunos llamaron a estos grupos: “cuerdita de jodedores”; pero fueron jóvenes sanos, de grato compartir, incapaces de irrespetar, ni tampoco de provocar daños al semejante. Aquel que entraba a esta órbita no quería salirse nunca. Los círculos en que se reunía Meneco la mayorìa eran estudiantes, deportistas, placeros, galleros, peloteros y apostadores. . 

Después de pasados tantos años  "Meneco" avanza por el otoño de la vida, ahora se le ve  en La Villa con una voz apagada, sus pasos hundidos en el asfalto, deslizándose por las aceras, visitando algún mercado, mirando  de frente los espacios de la ciudad. A veces se detiene y vuelve la vista hacia atrás. Quizás rememorando  nostalgias, sueños inconclusos, bares que lo acercaron a mujeres, amores que llegaron, renuncias, y recordando nombres lejanos de sus antiguos compañeros de aventuras y de travesuras juveniles. La mayor parte de ellos ya emprendieron el viaje sin regreso. 

Ya Meneco ha disminuido bastante sus movimientos y camina lento como las agujas de un añejo reloj de pared, por la carga de los años que se le vinieron encima. Ahora es solo la sombra de aquel  joven que pedaleando un caballito de dos ruedas veíamos pasar velozmente por las calles todos los días. Aquel muchacho bien vestido, buen mozo de su época que acostumbraba a andar con perfume de rosas, bien peinado y con un pequeño copete virado en su lisa y oscura cabellera.

Después que la madre le alargó los pantalones, sin ser bebedor de licor, nunca se apartó de los ambientes de bares y de visitar barras de cantinas olorosas a mujeres. En los salones de  billares siempre lo veíamos haciendo el trabajo de coime, con jugadores de experiencia y novatos como yo, o cazando y pagando apuestas de dupletas en el viejo Bar de don Julio Palumbo por la calle principal.

Su ambiente de trabajo era en un conocido bar con salón de billar adentro, ubicado en la calle Bolívar donde además de bebidas, se conseguía una variedad de dulces de la cosecha de misia María Palumbo: . Allí se las ingeniaba "Meneco" para que don Palumbo se los diera a mitad de precio. Muchos veces usaba una voz de ventrículo para pedir fiado y pasar desapercibido. 

"Meneco" fue preparador,  seleccionador y jugador de gallos de pelea de la popular cuerda gallística denominada "La Molinera". que contaba con decenas de ejemplares. Con la cuerda don Ángel Molina (Molinita) se hizo buen gallero. "Molina me enseñó lo básico del juego" Aprendió bien el trabajo de preparar los desafíos de gallos y conoció centímetro a centímetro el lenguaje de los galleros y las apuestas. Por su modo de ser adquirió popularidad entre la gente que asistía a los grandes desafíos en galleras de la localidad y foráneas.Su historial se ubica entre las décadas de cincuenta y sesenta.

Confeccionaba fijo los sábados de todas las semanas una dupleta para apostar a las carreras de caballos del 5 y 6, y el lunes cuando le preguntaban por el ganador, con su sonrisa juguetona siempre te respondía:  "Ganó Cruz Parra", con lo cual te iba a indicar que la apuesta estaba pagada.  

Gregorio García, el célebre vendedor de chicha de La Villa irónicamente le llamaba “doctor”, porque "Meneco" despectivamente y adrede lo llamaba “chichero”,  sabiendo que al larense le disgustaba al extremo que le identificaran por el oficio.

Narrador  de cuentos y anécdotas y amigo de jugar tretas. Genial para derrochar jocosidades. Era la picardía hecha hombre. Sabía imitar otras voces para para que no creyeran que era la suya. Le echaba bromas en especial a la persona que conocía, pero un extraño tampoco escapaba de sus ocurrencias. 

Hubo un día que  se le ocurrió colocar una enorme corneta de pera en un cruce de esquina de la calle Real, y cuando Leopoldo Figueroa venía muy tranquilo frente al volante de un camión donde transportaba ganado , "Meneco" activó el  sonido largo de la corneta, lo que provocó  que Leopoldo pegara un frenazo que casi lo hizo salir de cabeza por el parabrisas. Leopoldo, mientras él salía en disparatada carrera buscando la calle Comercio. Se escondió detrás del mostrador del bar "El Teide".

Otro día se apareció a la lunchería de Míster Botta, en la calle Real, exigiendo que le preparara un sándwich “económico”; y cuando el comerciante italiano le preguntó si era con jamón o queso, "Meneco" le respondió que lo quería con galleta de soda, y de seguidas salió en veloz carrera.

Aquellos pequeños episodios humorísticos del personaje causaban hilaridad entre la gente que deambulaba por la calle. Se peinaba su ondeada y relumbrante  cabellera con brillantina Palmolive y siempre llevaba sus  patillas y bigote bien arreglados, al  mismo estilo de un galán del cine. Los mamadores de gallo le decían que tenía el mismo porte de  Errol Flynn, con lo cual sentía una especie de fantástica placidez, como si fuese dueño de todo Hollywood. "Meneco" tenía fama de ser exitoso en el mundo femenino. Con chispa para galantear a las damas. Siempre tenía un cuento y una chanza desbordante en su mente. Amigo de todo el mundo.

Fue un hombre nacido en el llano pero convertido en villacurano de donde no salía nunca, de familia humilde, dinámico y con una voluntad  decidida para ganarse con claridad  los centavos. Así, llevando la vida tranquila y transparente  le recordamos los vecinos de su generación. 

Hoy, metidos  los dos en una conversa en una acera de la calle Blanca (Miranda), mirándome fijo a los ojos  me indicó que se sentía enfermo,  que ya debía pasar los ochenta y pico de garza andando por estas calles. Me dijo que casi no lo dejaban salir afuera, que se asomaba a la reja para ver los rayos del sol, aguardando el momento propicio para salir al ruedo. "El ñero Manuel (El Indio Eulogio) es más viejo que yo", me dijo  haciendo siempre comparaciones y jugando una broma a su amigo Manuel Jiménez.

Obviamente ahora no es el mismo panorama de antes, todo se perdió en el camino, en la ancianidad se entregó a representar al hombre solitario y melancólico que algunas veces anda en su lento caminar por las calles del pueblo. Al principio de la conversa  no se acordaba mucho  por no contar ya con  con el aroma fresco de la memoria. Pero después me sonrió..Su voz ya es como un grito apagado. Pero posee el mismo trato amable y sonrisa fecunda de muchacho de antes.

Hay días que lo encentramos en un cruce de calle o  en una acera, circulando en fila india para no tropezar  con los tarantines de buhoneros.. Aprovechamos para hablar con él un rato, y darle varias palmadas en el hombro, ahora que puede sentirlas, con el mismo  cariño de siempre resaltando el amor por su terruño villacurano. Los años no se detienen son como el caudal de un río que aumentan en cada temporada de invierno. "Meneco" pertenece al patrimonio icónico de esta Villa de Cura  por ser dueño eterno de esas vivencias imborrables..

Oscar Carrasquel. La Villa de San Luís, diciembre 2019
Foto tomada por O C con celular JEZZ 



LA LUNA DE LA VILLA

Cómo influye la Luna en las personas


                                                         Foto tomada de Internet


                                                             Por    Oscar Carrasquel  

 LA LUNA DE LA VILLA                                                                                               

                               a la amiga  poeta Luna Francés



La luna anoche,
andaba escoltada
por una estrella

Aquella, es la misma luna
que le cantan

y le dedican poemas 

Me quedé mirándola
en su habitada altura
Su rostro
era de color rosado .

A los cantores de serenata
carga de cabeza.
porque dicen que viene
de otro planeta

Yo sigo a la luna 
la que ilumina el cielo de mi Villa
aquella que le cantó Legido,
la que se mira 

“en el espejo del río”.

La luna de mi Villa 

es soñadora,
le descuelgan dos aretes,
Y a veces viste de color 
azul salpicado.

Un paraguas de colores,
del sol la
 resguarda.

Arrullada de tantos cantares
hay noches de recorrida

que parece una rosa    
asomada por el jardín.

Allá en su trono parece,
como si un raro planeta
en su cara rosada 
le hubiera estampado besos
que se repiten
..                                                                   

             La Villa de San Luis, abril de 2020


                                                                      




martes, 1 de noviembre de 2016

"EL PINO DE LA SUERTE" O "EL PINO DEL AMOR" UN PARAJE EN VILLA BRUZUAL ESTADO PORTUGUESA.



      Casi llegando a Villa Bruzual se encuentra esta hermosa especie de nuestra madre naturaleza

                                                                                                                                                                                                                                                           Por Oscar Carrasquel


Como es sabido por todos el pino es un árbol silvestre de corteza dura y resistente, tiene forma de cono, de la familia de las Pináceas, de vertical y abundante ramificación. Las numerosas plantaciones de pino en Venezuela son aprovechadas para la producción de papel. Según algunas estimaciones dicen que existen en el país alrededor de siete especies conocidas de Pino o Pinus.

Acorde a todo lo que hemos escudriñado, esta especie vegetal es símbolo de importancia  para el Feng Shui en la sabiduría oriental, que lo vincula con la prosperidad y como símbolo de  longevidad, suerte en la salud y generador de fuerza física y espiritual. 

Hago este preámbulo  para referirme a un paradero que conocí  en  un pueblo sencillo y querido llamado Villa Bruzual, capital del municipio Turèn, al sureste del estado Portuguesa, por allá en los años 80. Quiero que se recuerde que Turèn además de nacido para la agricultura, al igual que otras ciudades posee diversidad de sitios y lugares de tradición y leyendas.

Casi pisando las primeras casas de la población de Villa Bruzual, en las afueras del pueblo, al borde de la carreta de asfalto, sobre una lomita, a la entrada de un conocido fundo, existe un hermoso árbol de pino, alto, gacho, frondoso, bonito, bien conservado, con un refulgente ramaje color verde-azul, que se atisba  cuando uno ronda por la carretera, una verdadera fantasía ver  cuando su ramaje columpia con el  viento de la llanura potugueseña. 

Cuentan que por todas sus cualidades benefactoras fue bautizado como EL PINO DE LA SUERTE. Con el mismo nombre se conoce el lugar donde está plantado. Curiosa planta que según lo que oímos en aquellos lares, en la noche regresa a la posición vertical, y en la mañana su tronco se vuelve a torcer.

Es muy  raro el conductor que transita  por esa carretera que no se detenga a visitarlo, tal como si fuese un sitio histórico; lo  cierto es que todos quieren verlo y sentir su energía de cerca. Algunos se paran a  demandar un deseo de salud. Vi más de una vez a personas de todas las edades  que se colocan debajo de su fronda, aunque sea por unos minutos, con el fin de tocar y besar su tronco,  aseguran que ello le proporciona buena suerte, y hasta  buscan trozar sus finísimas hojas para llevar a sus casas.

Se le considera como un árbol que concede los más increíbles deseos; se dice por ejemplo que es bueno para la abundancia en el amor. Se oye decir que activa a las parejas con incompatibilidad de caracteres. Se le vincula con el romance, por eso las jóvenes se colocan bajo su sombra, le formulan  un deseo matrimonial que generalmente se les concede. Los caballeros de tercera edad  también lo frecuentan con un solo propósito, porque sus hojas en bebedizo produce efectos vigorizantes que no lo hacen quedar mal a "la hora de la verdad". Los poetas y copleros le han dedicado un inventario de composiciones grabadas.

Como ya ha pasado tanto tiempo, nada he sabido si  todavía existe este  árbol,   Lo que si me atrevo a decir es que el suelo de Turèn es  sagrado y que sus tierras son fértiles por excelencia. En verdad,  se trata de un extenso territorio  totalmente verde, antes bautizado con sobrados motivos como “El Granero de Venezuela”. 

No se imagina aquel señor mayor, cómo le estoy  de agradecido por su conservatorio  Me acuerdo la tarde  que se me apareció de sopetón  en veloz carrera pedaleando  una bicicleta. Soy absolutamente franco, yo estaba parado como un gabán soldado debajo del árbol observando el ambiente, trabamos una larga conversación y me echó completísimo el cuento sobre el pino. Sus datos verídicos y mi experiencia de vivir seis años allá en la población de Turén me sirvieron para escribir esta menudo relato. 

Nota: La foto  del “El árbol milagroso” la obtuve  de la periodista Ana Colmenares, allá en la ciudad de Acarigua, estado Portuguesa.





Oscar Carrasquel. La Villa de Araure, octubre de 2016.



jueves, 20 de octubre de 2016

!NO HEMOS VISTO ÚLTIMAMENTE AL SEÑOR ARMANDO TREMARÍA UN ÁRBOL QUE CAMINA!

                                                                            


NO HEMOS VISTO ÚLTIMAMENTE AL SEÑOR ARMANDO TREMARIA UN ÁRBOL QUE CAMINA
                                                                                                                                                                                                                    Por Oscar Carrasquel                                                                                                                                


Tremaría, a secas, así es como le conoce hace mucho tiempo  a este hombre querendón de La Villa, habitante de nuestra comunidad de Las Tablitas, en donde hace años está radicado y es ampliamente conocido. Flaco y estirado como un madero y la piel agrietada igual a una palma quemada en un estero de sabana.El tiempo le va destiñendo la piel. La planta de sus pies se volvieron llanos  de tanto andar y desandar solitario la calle Comercio villacurana. Las cuencas de sus ojos vacías como el fondo agreste de un río que dejó de correr..
 
En su mano derecha mueve una varita apuñada entre los dedos, ella es su mejor aliada, agitándola como  el péndulo de una brújula que busca direccionar el horizonte de un barco extraviado. La varilla le va mostrando la ruta a seguir como un farol al marinero, la esgrime,  tantea  arriba y abajo los postes de la luz. De  esta manera se abre paso por lo largo de la avenida con la natural reacción de algunos transeúntes que lo miran conmovidos.

Tremaría, no distingue con el brillo de sus pupilas que están hechas de oscuros, pero Dios le dio la fortuna de ver todo su alrededor con los ojos de la mente y el alma... Nos reconoce cada vez que lo tropezamos en la calle (naturalmente por  la voz) y dice con voz cariñosa "!amigo te  extraño!" ... Entonces su vara se queda inmóvil.  Hablamos de muchas cosas, me cuenta anécdotas de sus mejores años, eleva su pecho y sonríe cuando se pone a recordar que ayer fue un joven en plenitud de condiciones, acostumbrado a su rutina de estudio y de trabajo allá en el oriente del pais, ganando y perdiendo batallas, sin olvidar que fue desde  la tierra  de Santa Rosa en el Estado Anzoátegui, su lugar de nacimiento, de donde salió un día a recorrer caminos para anclarse definitivo con todos sus sueños en Villa de Cura. De familia muy pobre es el amigo Tremaria.

Supimos  por viva voz que una vez  hecho hombre, allá en su terruño natal, se enfrentó a la vida como ayudante de barco en un importante puerto comercial venezolano y luego se hizo chofer de camión,  sentado frente a un volante donde la vida le curtió los mil caminos de la geografía venezolana. Recuerda que cuando niño en su pueblo asistía al colegio y allí se tragó los primeros libros y se divertía jugando pelota béisbol igual que cualquier muchacho de su generación.

Desde que era un muchacho desplegó sus alas, nada de lo tocante al deporte le es ajeno. Practicó béisbol en su tierra oriental  y también en Villa de Cura por muchos años.  Acá en La Villa fue árbitro de béisbol menor lo cual desempeñó en la Liga de Béisbol del municipio Zamora, y luego fue entrenador en serio de esa disciplina deportiva. En esta Villa de Cura deportiva su siembra fue fructífera porque contribuyó a la formación de muchos jóvenes que luego incursionaron en el campo profesional. Todos lo reconocen como persona que hizo bien al deporte, sin embargo se lamenta que ni siquiera ha sido acreedor de un homenaje de recordación por parte de la dirigencia deportiva del municipio Zamora, aunque sí ha sabido que, "En el estadio Ramón María Acosta vuelan los diplomas y reconocimientos a granel  para gente que ni siquiera sabe de béisbol". 

Son tantas las cosas que uno no se llega a imaginar. .Golpe duro el que se llevó cuando siente perder el contacto visual con el paisaje, igual que un barco que en la noche pierde la luz del faro. Ayer viernes andando en una cola hemos podido observar a este hombre,  afincado casi sin vigor de la puerta  de un Banco, estirando su mano de caricia implorando “una ayudita por el amor de Dios”, con una voz que se vuelve himno. La mayoría de las veces saborea el amargo sabor de la indiferencia y sordidez de las personas que pisan, entran y salen por aquella puerta, parece que se pierde el sentimiento de amor y la solidaridad con uno de nuestros hermanos..

Yurmary Teresa Pino Oporto, repasó un interesante recuerdo: "Tremaría tiene una particularidad que las personas no conocen: A pesar que no ve, sabe cuando va pasando por el frente de cada casa en particular, por ejemplo,  cuando pasa al frente de mi casa se le escucha decir: -"La casa de mi amiga Emiliana Caracho, Dios la tenga en la gloria"  Es su decir. 
Hace poco,  como cuatro meses acaba de enviudar por la falta de medicamentos, su Sra. esposa portaba un marcapasos".
   
En la penumbra de cada tarde viene de regreso por la calle  del Comercio,  y uno lo ve desde la reja cuando se aleja y cruza en el callejón dos como un navegante perdido, con una varita bailándole  en la mano diestra, tanteando el borde y el centro de la acera y contando las esquinas una por una, silbando canciones alegres y tristes, con pasos cortos, sin fatiga, apostando  a ganarle a la sombra que le impide ver la luz del sol.
  
Don Tremaria llegó de paso a estas tierras se aquerenció en esta Villa de San Luis donde formó una familia, se alió de sus tradiciones y se quedó a vivir para siempre entre nosotros sin olvidar la tierra oriental que lo vio nacer. Cuando Tremaría se hace eco de su mundo se llena de ilusiones y alzan vuelo los sueños que sustentaron su vida de caminante.



Foto archivo O. C.
Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, octubre de 2016/2021




miércoles, 12 de octubre de 2016

ANHELO



 Por Oscar Carrasquel


             ANHELO

Si Dios me permitiera, 
llegada la hora postrera
de la fija mirada
al manto oscuro de la noche.

Para este árbol 
ya caído en el seco cauce,
yo  le pediría:

Que este madero
de rostro marchito,  
nunca vaya a reposar 
en una mansión de oscura tierra
de silencio y de olvido.

Que se convierta en humo
su encrespada hojarasca
y en polvo gris su dura raíz.

Que le brinde
a su  quebrantado corazón,
la  última súplica 
que perennice su alegría.

Que los polvillos 
de un solo soplo
sean esparcidos
por  la brisa vespertina
para que regresen 
en  agua de mar convertidos.

Y como una gran masa,
sean llevados por el torrente
de  arenas cristalinas
y se vayan esparcidos por la playa.



                          

   La Villa de San Luis, Verano, 2016



martes, 11 de octubre de 2016

UN DOMINGO POR LA TARDE

De izquierda a derecha: Teresita Diaz, Isabelita Còrdova, Gisela Còrdova y Consuelo Pulido



 Por Oscar Carrasquel


A la memoria de Isabelita Córdova de Carrasquel, en el vigésimo séptimo aniversario de su fallecimiento.
A Oscar, Elizabeth, Gilda, Yelitza y Rafael.
A los 10 Mosqueteros
                                                                                                                             






. Rebosante de frescura. Así fue aquel dichoso atardecer cuando Graciela y Enzo se intercambiaron  una lenta y sostenida mirada, como casi siempre lo hacían.  Sus rostros se notaban  más que enrojecidos, una larga sonrisa eternizaba el encuentro. Al fin se cruzaron  las primeras frases. En la timidez de aquellas palabras estaba segura la esencia de un juramento de amor que se iniciaba en ese momento. Los contornos de la plaza les daban disfrute; se trataba de la plaza principal de una Villa sana, limpia y bonita, se podían pasar horas recorriéndola. En un mes de febrero,  le confesó ella que había nacido y le señaló el día  de su nacimiento. Lo cierto es que ambos estaban rebosantes de mocedad,  al mundo  vinieron en  el mismo  pueblo, el mismo año, pero en meses diferentes. Se estrecharon suavemente las manos. Campo limpio y sombreado por el verde  follaje de una arboleda, gozosa de trinos de pájaros, son las estiradas avenidas de la plaza por donde inauguraron el paseo aquella tarde. No les importó  nada la curiosa mirada de un anciano de arqueado cuerpo  y desgastado sombrero  y  alpargatas nuevas -el eterno barredor de la plaza- que emergió de pronto por una de las bocacalles de la plaza, con una cola de palmera bailándole entre sus manos, quién además retocaba unos avisitos sobre el engramado con una inscripción que decía: “Prohibido pisar la grama”, lo cual ellos no vieron con asombro ya que en esos días, mientras más joven y más ingenuo, mayor era el respeto por aquel vergel y su entorno…Pasaron a pocos metros de  unos jóvenes que se encontraban sentados a la orilla de un banco de cemento, donde siempre se juntaban para oír a un anciano vestido de kaki, con  raído sombrero de copa, contando sus vivencias y relatando  largas y remotas historias de temas pedagógicos. No se trataba de gente desconocida para uno y otro. Un domingo por la tarde se volvieron a encontrar en el mismo lugar. La plaza central vivía hermosamente encerrada entre unas barandas de hierro que circuían la manzana. ¡Tal vez me vaya…acabo de regresar de tierras distantes y la tarde me repetía tu nombre! Con estas sobrias palabras, Enzo, daba continuidad a un emocionado encuentro que se extendería por mucho tiempo. Caminaron lentamente dando vueltas  a la plaza como si se tratase de un ruedo con murmullo de pasos y de voces.  Más de una vez ya habían recorrido aquellos pasillos y linderos. Ese día como era normal  le acompañaba  una graciosa amiga  y  una prima hermana.  Luego el grupo se sentó a conversar y a mirar las hileras de agua de luces y colores que emergían por las boquillas de unas de las  fuentes  esquineras de la plaza. Los domingos por las tardes se oía la música caribeña de categoría que salía de unos altoparlantes colocados entre las ramas de los árboles de mamón y cedro; y era domingo de vespertina por el grupo de rostros juveniles que impacientes esperaban para adquirir los tickets para entrar al cine, una de las pocas distracciones que había en el pueblo. Ella le advirtió  que desde chica profesaba la religión católica, y él, le respondió que ya la había contemplado en la mañana a las puertas de la Iglesia vestida de “Hija de María”, y no perdió  tiempo para lanzarle un nuevo piropo de buen gusto: “Yo sentí y me creí  el  rosario y el misal que llevabas en tu mano”. Corría la década de los años 50-60. Hablaron acerca de un cura culto, de encendida oratoria, puntilloso, con  sotana desabotonada en el cuello, que en los sermones  en el templo criticaba las barbaries de un mal del gobierno y lo calificaba de impío;  el anciano sacerdote  hacía un llamado a la moral y a devolver la democracia y la libertad que es un don de Dios y la calidad de vida perdida. Hablaron  acerca del trabajo de la muchacha y de los caprichosos arreglos florales y lazos multicolores que diseñaba en una tienda que quedaba por la calle  principal de la urbe, lo cual Enzo no ignoraba, ya que trabajaba al frente del establecimiento, y además, en algunas oportunidades le acompañaba caminando el trayecto de la tienda a su casa. Graciela, le habló gratamente de su participación en presentaciones artísticas desarrolladas en el auditorium de la escuela donde estudiaba, que tanto le fascinaban; y de aquellas veladas culturales donde una terna de guitarristas del pueblo, de esos que puntean la guitarra como Los Panchos, le acompañaban toda suerte de canciones de moda. Y  agregaba que en ese mismo  escenario ella cantaba y bailaba flamenco, zapateando con tacones altos, con abanico y castañuelas en mano…Y así, sin que Graciela y Enzo se dieran cuenta siquiera, fueron pasando  las horas, los días y los años. Los vecinos del lado comentaban que no había otra pareja que se quisiera y entendiera como ellos; y fue porque aparte del amor, se profesaban un afecto profundo…Se casaron, enfrentaron la vida en las horas buenas y en los malos momentos y tuvieron descendencia. Aprendió  lo que era la entrega y la protección maternal hasta el infinito y no pocas veces hizo de padre. Lo que más recordaban fue que juntos recorrieron pueblos, ciudades, supieron de  la aridez y del verdor de los campos, de las playas con su espejo azul y vuelo de gaviotas, visitaron parques y montañas de aires marinos; disfrutaron junto a su prole  del calor familiar en casas campesinas del llano, atravesaron sabanas olorosas a mastranto, de día, de noche, de madrugada y tuvieron sueños hermosos, al fin y al cabo los sueños eran sus temas favoritos y era de lo que más hablaban. Ella admitía y lo repetía, sentirse orgullosa de haber  compartido  junto a sus dos primeros, de los cinco hijos que tuvieron, cuando recibieron y le brindaron sus respectivos títulos universitarios (el resto de tres hijos, ya en su ausencia definitiva, dejaron colgados sus títulos de grado junto al retrato de la madre en un armario)...Resulta que hubo un día  inesperado que  el Padre que mora en los cielos le detuvo la vida y le interrumpió sus sueños.  Octubre  16 de 1989 fue la fecha que marcaba la hoja pálida del almanaque. Solo medio siglo fue el tránsito de ella por la vida. Dos décadas y media de unión matrimonial. No se equivoca el calendario la fecha en que se nace  ni falla el día en que se muere. La orden hubo de obedecerse. La misma Iglesia Matriz donde recibió la bendición de su bautizo y confirmación,  y el altar mayor donde tomó sus esponsales, la misma plaza con su estatua de bronce de un paladín de la patria y a la vez Mariscal de Francia, el par de relojes que marcaban la hora en el campanario y los mismos árboles fueron testigos de la tormenta. Muchos se enteraron de las consecuencias de aquel naufragio, unos lloraron, sus grandes amigos oraron y vivieron el terror de esa partida. Las exiguas ramas del caimito plantado entre la cocina  y el lavadero no ofrecieron más su fruto,  mustios se pusieron en el terrenal los crisantemos y se entristeció la flor de otoño; debió ser porque sus manos cuidaban su frondosidad para que llenaran de aromas el otro lado del patio. Hubo  músicos que emplearon  guitarras, hicieron llorar sus cuerdas y  diapasones. Un poeta amigo recientemente desaparecido le escribió unos versos sobre un pañuelo blanco guardado en una gaveta,  articulistas lo reseñaron en una revista, en periódicos, en hojas  sueltas.  Hace 27 años se despidió del mismo pedazo de tierra que la vio nacer y crecer. Una mezcla de rumor y  silencio inundaba la casa y la última calle del pueblo. Su cuerpo  material se marchaba al encuentro con la misma tierra de sus orígenes.  A sus hijos le adviene muy bien el pensamiento de Vargas Vila, que fue quien escribió: “Que la madre, como la escala de Jacob, es el lazo que nos comunica con Dios.” No tuvo tiempo de sentir el gigante regocijo de disfrutar del ruido  y de las risas de  sus  10 nietos, los primeros marchando con su espíritu juvenil transparentando ideales, y dos, aún muy niños, corretean ahora con sus risitas y voces inocentes vestidos de monito deportivo. A todos  aqueja el mismo dolor en el alma. Siguieron transcurriendo los años y  hoy se volvió a recordar una vez más su nombre entre añoranzas e ilusiones, los mismos que nutrieron y estuvieron presentes en su existencia.



La Villa de San Luis,  octubre de 2016