viernes, 27 de febrero de 2026

VICENTE ARIAS "VICENTICO"

 



Por Oscar Carrasquel

 

Vicente Alfonzo Arias es su nombre verdadero. Su lindero nativo es un caserío cercano a la capital del Estado Guárico San Juan de los Morros  Nació el 22 de septiembre de 1975, y allí transcurrió los primeros años de su infancia al rescoldo de su madre; pero ya se hizo ciudadano villacurano por adopción. La Villa de San Luis  ha sido su hogar desde muchacho. Hijo de doña  Emilia Arias y de Humberto Alfonzo, ya difuntos.. Tiene cara de niño . Algunos lo miran como en la figura de un hombree, un personaje mítico, otros lo consideran una figura quijotesca. Posee unos ojos negros achinados y una farachada que lo hace aparentar mal humorado. Pero basta tratarlo para cambiar esa creencia. Se mueve de un lado a otro con la tenacidad de una persona de una ciudad que va de prisa. Vive en un rincón de La Villa en casa de familiares por parte de su padre.

Me confesó que desde que su madre lo trajo al mundo es dueño de una disminución en las manos, se maneja solo con  cuatro  dedos en cada una de las manos,  con un caminar  cambado  como gabán andando en una playa de río, como ejecutando una danza. Su estatura no pasa de sesenta y cinco centímetros para nada es un enano. Eso no le preocupa, tampoco lo abruma ni le acompleja, más bien con su gracia hace florecer los ambientes.

Es común que  pase todo el santo  día en la calle. Sube y baja la camioneta de pasajeros cuando el recorrido es largo, pero  habitualmente lo vemos incansable  a pie, cojeando un poco acometiendo diariamente su labor.

 Para ganarse el sustento y sacudir su pobreza debe fajarse  como mensajero de una conocida empresa Funeraria de la localidad.. Conoce los linderos de enamorarse en donde ha perdido y nunca ha ganado, y sabe escoger sus  amistades. Amigo de ofrecerle un halago a una dama. No lo piensa  dos veces para  lanzarle flores a una a una veinteañera de estrechos bluyines. Siempre se le ve vestido con telas de sastrería, pulcro, con un par Kedd bien pulidos, protegiendo su cabellera con una cachucha deportiva,  con unos pantalones de talla mayor a su tamaño. Siempre lleva atado a la espalda un morral escolar  atestado de provisiones. Está pendiente de todo. No necesita carta de recomendación, con solo su trato uno sabe que es un hombre responsable y honesto. Pone su cara seria cuando ve que alguien quiere jugarle una broma.

Lo cierto es que “Vicentico” es un tipo que goza de mucha simpatía; sube y baja las aceras  con un dinamismo y una agilidad envidiable. Hace diligencias como un Delebiry sin murmurar y lo llaman para hacerse cargos de venta  loterías. Ya se ha convertido en uno de los personajes populares de La Villa, prendido del fervor amistoso característico del villacurano.

 No dura mucho en la cola  cuando se instala en las taquillas de los Bancos o en alguna oficina pública cancelando impuestos y servicios. Los porteros le brindan antelación  Es el clásico tipo  sociable acostumbrado a entablar una larga conversa como la que hoy sostuvimos en su lugar de trabajo. De repente sus labios dejan fluir un refrán o una anécdota de sano humor, pocas veces  se le oye  unas palabrotas. 

Aquel hombre menudito conoce cómo granjearse las buenas amistades y a pesar que tuvo poca o ninguna escuela, sabe administrar  lo que aprendió por obra de  Dios y de las adversidades de la vida. Afable, cortés, pero se hace respetar. Lo mismo platica con una china   con una secretaria bancaria, con estudiantes cuando regresan o van para el liceo, quienes disfrutan con sus ocurrencias. También se confunde entre la multitud en cualquier acto social y público.  Está al tanto que la   noche está inundada de peligros y de mucha inseguridad, sin embargo nadie se mete con   “Vicentico”, pues él siempre  anda pila mirando para todos lados, precavido por si las moscas. Dios le ha dado esa sabiduría.

 Vicente Alfonzo Arias es parte de la historia menuda pueblerina que él mismo ayuda a forjar., la verdad que es admirable ver su perfil  en cualquier boca calle del barrio Las Tablitas pedaleando una de esas bicicletas para niños  o hablando por su celular por los diferentes sitios del centro  de la ciudad, Una fija encontrarlo en fiestas populares, Peregrinación y en la Procesión del Santo Sepulcro. Lo para mucha gente en la calle.  Por donde quiera que anda se lo llevan en la mirada.


Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis,  Tricentenaria

 

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