lunes, 12 de junio de 2017

DOÑA PETRA APONTE DE CASTRO UNA MUJER CIRCENSE ARTISTA DEL GRAN CIRCO RAZZORE




                 Doña Petra Aponte. Foto O C. con mi celular Jezz en el momento de la entrevista

CIEN AÑOS DE CAMINO EN LA VIDA TIENE ESTA MUJER,
TANTO ELLA COMO SUS DOS HIJAS FUERON GIMNASTAS DE CIRCO
SU ESPOSO OSCAR CASTRO FUE ARTISTA DE CIRCO Y  EMPRESARIO 


                                                              Por Oscar Carrasquel

¿Quién podría creer que esta matrona que hoy tenemos sentada frente a nosotros pueda tener un siglo de aguante? Y es que cien años suenan de verdad como muchos, pero  gracias a Dios, el tiempo para ella no se ha acabado. Fueron muchas las realidades construidas que la llevaron a alcanzar sueños y metas en este transitar de su vida. En Villa de Cura transcurrió su niñez y su adolescencia al rescoldo de la madre que la tuvo  y su padre de crianza el conocido herrero de carretas Don Román Hinojosa Díaz. Muy nombrado por allá en las década del cincuenta, con su herrería ubicada en todo  el centro de La Villa entre Bolívar y Comercio.
Es sorprendente encontrarla de nuevo después de tantos años. Yo la conocí ya mujer, hecha y derecha, delgada, garbosa, vestida siempre con un traje más abajo de la rodilla, maquillada y con unos ojos bien  bonitos y  grandes, asomadas en su rostro dos cejas arqueadas al estilo de la diva mexicana María Félix, la doña Barbara de don Rómulo Gallegos.
De eso hace una cantidad de años. Hoy por hoy el tiempo se encargó de minar su sonrisa de alegría y turbar su mirada. Doña Petra Aponte aparentemente  cambió de color, se le arrugó el pellejo, se le encorvaron huesos, se volvió cansina, los  brazos y las piernas son  troncos de ramas  secas; pero no se le ha doblado el espíritu, posee una mente clara; acá está  todavía  como  todo hijo de este mundo,  hasta que Dios  decida bajarle el suiche. 
Su frágil cuerpo se ve siempre sentado, desde que aparece el alba hasta el anochecer, en una poltrona de mimbre en el portal de su casa  de la calle doctor Manzo, en la que fue casa de su juventud y de su adolescencia, con su original fachada  y sombreado patio. Donde conoció de soledades, de  alegrías, de llantos, de ese incansable batallar que es la vida.
De cuando en cuando, puede rememorar las vivencias que solo quedan y recoge la quietud del alma. De acordarse de  cuando era muchacha  que  se puso pilas nuevas y se colocó alas de independencia. Que nada la detuvo. Que solo el tiempo  igual a un fuerte viento de lejos se le vino encima.
Petra Aponte nació en la población de La Unión, perteneciente al Distrito Zamora, hoy Municipio Arismendi, territorio barinés, contiguo al estado Guárico, un 19 de abril de 1917. Sus padres fueron Petra Aponte y Pedro Ernesto Linero, apureños; pero pequeñita fue traída a Villa de Cura, cuando eso la carretera era de pura tierra. Después cuando creció entraba y salía de vez en cuando a su pueblo.. Hace ya cierto tiempo regresó y aquí permanece ahora bajo el cuido de nieta y biznietas. De linaje indígena era su madre. 
Petrica Aponte no tuvo refugiada siempre bajo el cielo villacurano. Hubo un momento en que cambió su vida, se volvió trashumante. Fue ocupante de una camionera cerrada acompañando a su esposo para todos lados. Su cielo ya no era de nubes, luna clara y  luceros, sino que se convirtió de lona,  siempre metida dentro de un circo de techo y paredes color azul y grisáceo. 
En 1948 conoció en Maracay a un hombre de circo, del mundo circense, excéntrico, llamado Oscar Castro Pérez, nacido en Melena del Sur, provincia de Cuba, primo-hermano de los Castro Ruz, que llegó a Venezuela en la década del 40 con el Gran Circo Razzore, trabajando al lado del famoso Blakamán, se desempeñaba como Fakir además de domador de animales salvajes. Con la empresa recorrió muchas ciudades de Venezuela. Su marido le contó que el Circo Razzore estuvo en dos ocasiones instalado en la sabana de Villa de Cura.
En Aragua fue que se conocieron  y comenzó un  romance que luego se convirtió en  casamiento. Después de casados, Castro ya separado del Gran Circo Razzore y estando ya viviendo el matrimonio en Villa de Cura, en 1949 fundan entre los dos una compañía que se llamó, primero “Circo Cuba Hermanos Castro”, después decidieron cambiarle el nombre por “Circo Hermanos Castro”
El matrimonio tuvo solo dos hijas: Petra Castro Aponte  y Erlinda Castro Aponte, las cuales por enseñanzas de sus padres también  desde pequeñas se hicieron excelentes trapecistas y gimnastas dentro del circo. La primera nació en Seboruco estado Táchira y la segunda en Acarigua estado Portuguesa.
Un circo con todo número en escena: titereros, rumberas, trapecistas, malabaristas, enanos, payasos, ilusionistas,  magos y domador de animales salvajes... Con las maletas listas  y todo empacado  los esposos Castro Aponte ya sabían para donde ir y lo que debían de hacer. A cualquier pueblo o caserío donde se celebraban festejos patronales o de otra índole, llegaba esta caravana circense. Y así siguieron sus presentaciones y ajetreos por casi todo el territorio..
Desde el primer momento Castro sabía que su esposa  también podía trabajar junto a él en el circo, sabía de su experiencia y de sus condiciones artísticas, ella estaba mentalizada para echar adelante la nueva empresa, actuaba en el circo como trapecista y a su vez administradora de la compañía de espectáculos.
Petra Aponte fue enseñada y guiada por Castro desde cuando eran novios. Me cuenta que su desempeño en los circos "Siempre fue realizando acrobacias sobre el trapecio de aro". Hacía piruetas en el aire, sujetada de un aro y una cuerda, con un garfio incrustado entre la dentadura; volaba como una saeta  por los aires en  saltos mortales junto a otras jóvenes trapecistas. "Este era el número estelar de la función. Como es sabido, abajo había una malla enorme que servía para amortiguar una posible caída"
Doña Petra me cuenta que aquello no era nada extraño para ella, pues ya había trabajado en el Gran Circo Razzore, en conjunto con Oscar Castro y varios artistas de afuera y del patio. Tuvo doble desempeño, como trapecista y también “Alambrista”, me lo explica con un ejemplo sencillo,  "Realizaba sola este número, el cual consistía en cruzar una  cuerda, de extremo a extremo, en zapatillas especiales, haciendo equilibrio con un balancín, y de regreso debía de pasar el trayecto sin utilizar el báculo".
Como dice la crónica el Gran Circo Razzore, conocido por sus giras por todo el país, naufragó en el mar Caribe con carpas, jaulas, animales, pasajeros y todo el 1ro de septiembre de 1948.:Petra se seca un poco el sudor buscando los recuerdos. "Se salvó el dueño don Emilio Razzore porque se fue en avión. En el accidente murió su hija Guillermina Razzore, artista de la empresa con quien desarrollé una gran amistad".




                El Gran Circo Razzore estuvo en dos ocasiones instalado en la famosa sabana villacurana. Foto de Maguanty Marrero.


Petra Aponte con el “Circo Hermanos Castro” hizo muchas giras y presentaciones pero solo como trapecista. Además de ciudades y pueblos de Venezuela, también viajó a varios países de Latinoamericanos tales como Cuba, Colombia, Perú, Argentina, Chile y Ecuador. El sonido de aplausos y vítores resuenan todavía en su mente y en los oídos de esta ancianita que hoy pasado cien años apenas escuchan.
Pasado el tiempo la familia Castro Aponte junto con el circo van a  establecerse fijo en la población de Guasdualito, territorio apureño, fronterizo con el Arauca colombiano. Desde allí emprendían giras por pueblos circunvecinos.
En Guasdualito enfermó su esposo y murió, y posteriormente fallecieron también de corta edad su dos hijas, quedaron sepultados en aquella tierra apureña. Dios es quien marca la transitoriedad y fugaz de la existencia.. "¿Y ahora que hago?, me preguntaba". Petra no pudo seguir  sola con el circo  y  vendió la carpa, y poco a poco salió de tableros, animales, utilería, trapecios, etc y regresó con una nieta a Villa de Cura..
La Juanita Aponte que yo conocí en los lejanos días de muchacho, la describo como una mujer buena moza, bien vestida, servicial, excelente amiga. Acaso porque mi mamá le cocía y hacía los vestidos.  Una vida llena de sacrificios, itinerante, nada fácil. Su vivienda en La Villa es una casa que ahora posee puerta de rejas, pero siempre abierta para cualquiera que desea visitarla.
No es necesario tocar. Uno saluda sin miedo desde el portal y  cuando  entra, la primera que te contesta  ¡Buenas!, es la señora Petra, con su ronca y perceptible voz. Mucha lucidez en su mente para recordar un gran inventario de vivencias.
Antes de salir de la casa me pregunta si  soy Masón y expresa que su esposo Oscar Castro Pérez, perteneció a la masonería, donde alcanzó el máximo grado de  Maestro grado 33. "Por ahí en un baúl tengo guardado su ropa de reparto en las funciones, fotos y todas sus pertenencias".
Y luego se quedó pensativa, y sin pronunciar palabra me señala con el  dedo índice hacia la pared, para que observara el único reconocimiento hasta ahora recibido en  Villa de Cura, una cartulina montada en vidrio  que en 2015 le fue otorgada por el “Parque de Recreación Niño Simón”. 
Cuando ponía punto final a la entrevista, las lágrimas se evaporan entre los surcos de sus arrugas, se queda pensando un rato y remacha con insistencia en la memoria el nombre de su esposo  Oscar Castro y  la mención  de sus dos inolvidables  hijas Petra y Erlinda, una tragedia que vive siempre en su  recuerdo. Y antes de despedirnos  haciendo contacto con el puño me dijo que se sentía bien espiritualmente, y que las tardes de Villa de Cura son muy hermosas.



Oscar Carrasquel.  La Villa de San Luis, junio de 2017







FUENTES

Entrevista a Petra Aponte en su casa de la calle doctor Manzo:
Testimonio oral de su nieta Janet Sabina Castro.
O. Carrasquel/ El Vigía numero 154/año 2000
Coleccionista y poeta Elio Martínez (Infinitas gracias)
Gráficas del álbum familiar.
Diagramciòn profesora Marìa Teresa Fuenmayor.





   Petra con sus dos hijas en el circo. Foto vendida entre el público
Petra en una posición de equilibrio.


 Oscar Castro Pérez 

COMENTARIOS:

Zuleima Hernandez Que Dios la bendiga y que disfrute de muy buena salud

jueves, 8 de junio de 2017

PADRE SALVADOR RODRIGO EN SUS BODAS DE ORO SACERDOTALES




       


       PADRE SALVADOR

Por Oscar Carrasquel


Vino de allende los mares,
de Caseda
pequeña aldea española

Hacen ya 50 años
arribó a esta citadina Villa

El Padre Rodrigo Salvador,
ya es un hijo de este lado
de América.

Cinco décadas 
de armadura sacerdotal.
Con nobleza su labor 
ya satisfizo el padre Salvador 

Cometido que hace años
desde los cielos
Dios le encomendó
para proclamar 
su mensaje de salvación

En su tierra peninsular
comenzó su misionera labor,
y Villa de Cura,
el último bastión escogido
por nuestro Señor.

Director y arreglista  musical.  
El coro “Niños Cantores de Villa de Cura”
fue su bienhechora obra 
para nunca este pueblo olvidar  

Como Diácono, 
llanamente figura 
en los cánones de la romana Iglesia

Yo como devoto de su religión 
con este cántico lo vengo homenajear

Con el beneplácito de nuestro  Redentor 
como digna alegoría a su realización
hoy le coloco el solideo de “Monseñor”.

¡Felicitaciones pues,
 patriarca Rodrigo Salvador!
Jamás mi canto estará  
repleto de tanta devoción.

Que Dios desde las alturas
le de su bendición.



La Villa de San Luis, junio de 2018
(reeditado corregido)


lunes, 5 de junio de 2017

DON VÍCTOR ROJAS "WASHINGTON" DE LOS FUNDADORES DEL BARRIO LAS TABLITAS.



Don Víctor Rojas. Para algunos "Mastro Victor y "Washington" para sus amigos.



Por  Oscar  Carrasquel



Víctor Manuel Rojas Esaà, siendo todavía un muchacho soñador conoció aquella vieja Villa de Cura, desolada, tranquila y pastoril, de calles enripiadas, sin energía eléctrica, cero acueducto, de primeras décadas del siglo xx. Fue un hombre de pueblo, trabajador incansable, padre de familia. Aunque no era nativo de Villa Cura, sin embargo era muy conocido en el barrio Las Tablitas; donde luchó al lado de su familia buscando un mejor destino. Fue testigo del nacimiento de esta populosa barriada y por tanto uno de sus más antiguos pobladores.

Víctor Manuel vino al mundo en la ciudad de Valencia finalizando el siglo xix, en el gobierno del general Cipriano Castro. Sus padres fueron María de Jesús Esaà y Federico Rojas, oriundos y vecinos de la capital carabobeña. Desde muy joven llegó y se radicó en Villa de Cura, sin saber que acá  se sembraría para siempre..

Víctor Rojas Esaà, se casó en Villa de Cura con la villacurana Rosa Margarita Picot, tuvieron cinco hijos, dos hembras y tres varones, después la familia se prolongó en nietos y bisnietos; todos sus hijos a quien la pareja les brindó todo su protección y abrigo nacieron en Villa de Cura, fueron ellos: Guillermina, María Marcelina -a quien se conoció siempre como  “doña chela-; Martin Emiliano, Julián y Eustoquio Jorge.

Víctor Manuel, fue un hombre caballeroso, escrupuloso, pulcro, acostumbrado a vestir pantalones de lino bien aplanchados y blusa abierta de arriba hasta abajo, zapatos negros hechos a mano y sombrero marca “Cabaliero”, ala corta, distribuido por la "La Tienda de Cuadros". Don Víctor siendo un joven veinteañero, en las tardes sabatinas se le veía por la calle vestido de liquilique  de lino blanco  impregnado de la parisina fragancia Jean María Farine, luciendo  sobre su cabeza una  “camarita”, de las que usa el grupo musical “Los Antaños del Stadium”... "Magallanero hasta la muerte".

Ya entrado en años en la década de los años 50 y 60  vivió siempre atrincherado en su trabajo, pero también era bohemio por naturaleza,. además vivió envuelto en una ilusión y el deseo de que algún día  conocería a la capital de los Estados Unidos. .Por eso VMR le puso ese sobrenombre. Uno lo encontraba en la calle y lo saludaba con esa especie de piropo ¡"Washington" ¡ y el enseguida repicaba  ¡"Washington"!.  

El oficio primordial que desempeñó en el transcurso de su vida es bastante viejo y tradicional en Villa de Cura... "Mastro Víctor" también le decían a este laborioso talabartero de larga experiencia,  nunca se quejó de que estaba cansado, dedicado todos los días a la fabricación artesanal de fustes de madera, en aquellos días cuando la economía de nuestro pueblo era muy precaria, y escaseaban las fuentes de trabajo.

Por todos es sabido  que el  fuste, es una pieza esencial del armazón de una silla de montar caballo, es como decir su espina dorsal.  Nuestro pueblo  es muy conocido en todo el ámbito nacional porque acá se hacen las mejores sillas de montar a caballo y aperos en toda Venezuela, lo que nos debe llenar de complacencia y orgullo. Poetas, cronistas y compositores de música llanera se han ocupado de recoger este criterio en sus composiciones literarias y musicales

Pero antes de ser carpintero de fustes Don Víctor tuvo otra ocupación primordial, trabajó la herrería y la mecánica de autos en el taller  de  Don José Manuel Albert, que fue casado con doña Trina Linero Delgado, quien tenía su taller por los lados de “La Jabonera” en la antigua calle “El ganado”, hoy Avenida Lisandro Hernández.

Cortando y escofinando rolas y trozos de madera a mano conocimos al afable Víctor Rojas en la carpintería de Don Hermógenes Rodríguez, en la calle Páez cruce con Doctor Manzo; desde entonces sus manos se volvieron  ásperas y callosas. Sus  compañeros que laboraron junto con él, no le llamaban “Washington”, sino “Mastro Víctor”, por respeto. La vida le dio la oportunidad de tener allí como nobles compañeros de trabajo a  Félix González apodado “El Niño”; Antonio Isaya a quien le decían “El Mono”, a Miguel Ascanio y a don Hermógenes;  agréguese a  don Luis Albert, un catire descendiente de inmigrantes, muy conocido porque siempre andaba metido en un flux de gabardina de color beis, incluso cuando estaba labrando madera frente a su banco de trabajo, como que iba para el Club..

La técnica y reciedumbre de su labor la desarrolló también en la talabartería “Venezuela”, fundada por el conocido empresario Reinaldo Silvera, en pleno centro de la comunidad de “Las Tablitas”, una factoría reconocida, no solo en el territorio nacional sino fuera de sus fronteras, ya que sus productos fueron comercializados para el extranjero.

Su largo transitar por donde se paseó en la vida estuvo lleno de anécdota,. “Washington”  era un hombre optimista y de buen carácter,. era un hombre que quería a la vida  Nunca sufrió de complejos, ni tampoco le paraba a aquello que dice que “Muchacha no quiere a viejo”;.  Le gustaba visitar cantinas atendidas por mesoneras.. En sus días libres y los fines de semana  frecuentaba el conocido “Bar Deportivo” de Pompilio Martínez, el más concurrido del barrio “La Represa”. Él sabía de memoria que entrar a este bar  era encontrarse con una rockola con un inventario de boleros  de los años 50 y 60.

Hubo un tiempo  que la  rokola tocaba 5 discos por un bolívar, la música preferida eran los tangos, pero también se complacía escuchando temas románticos interpretados por el Trío los Panchos, Daniel Santos, Odilio González  y Julio Jaramillo. No pude averiguar la razón, pero me consta que la canción que más le hacía feliz era un bolero titulado “Una Copa más”, en la voz del bolerista dominicano Alberto Beltrán, con el acompañamiento de la Sonora Matancera. 

Quiero recordar una anécdota y me perdonan sus nietos, el maestro Víctor en el fondo de la noche, cuando todo quedaba en silencio le introducía un bolívar a la rokola para remarcar cinco veces seguidas el bolero “Una Copa más”. : 
“Muchachos escuchen… su papá está en el botiquín de Pompilio", decía doña Margarita. De dos manotazo abría las portezuelas batientes de la cantina de Pompilio y se venía por el medio de la calle con su perorata: “Washington, la gran capital”, como sumido en un mundo construido a su medida.

Hubo un momento que don Víctor ya apaciguado por los años tuvo necesidad de dejar a un lado la fuente primaria de su labor y se fue acercando a la repostería. Me refiere su nieto Elio Agraz que su abuelo marcó pauta en la elaboración y venta de la popular jalea de mango verde, cuyo conocimiento y técnica heredó de antiguos maestros entroncados en la misma familia. Todavía se recuerda que en los  barrios Las Tablitas y La Represa vendía el tradicional dulce que fue de mucha demanda en esa época.
 
El señor Víctor el popular  “Washington”, fue un hombre de figura campechana, respetado por todos, desprovisto de vanidades. Gracias a Dios me conté entre sus amigos. El 05 de julio de 1971 la muerte con su guadaña le llegó en la noche, de manera repentina, le llevó la vida, lo único que el viejo artesano poseía. 

No sé porqué, pero mi alma hoy amaneció evocando a este gran amigo, poseedor de varias facetas, familiero, francote, bohemio, ronero de la marca Santa Teresa (que no era ningún defecto), Honesto a toda prueba y trabajador, quien se marchó a la eternidad sin haber visto cumplido su sueño de conocer a la gran capital  de los Estados Unidos, a la que tanto alabó y cuya sola mención lo llenaba de satisfacción y alegría. El epígrafe en su tumba de silencio debería rezar: “Aquí yace Víctor Rojas el popular “Wanshigton”.




Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, octubre 2017



lunes, 29 de mayo de 2017

EL PERIQUITO MÁGICO UN PRESTIDIGITADOR EN FIESTAS EN VILLA DE CURA.



En la foto don Juan Díaz,  de Barbacoas,  estado Aragua, padre de  los artistas don Simón Díaz y Joselo Díaz, las veces que debió trabajar como pajarero, lo dice la señora Sara Carucí en una dedicatoria al dorso de la foto. La imágen fue tomada de LA VENEZUELA DE AYER EN FOTOS. Don Juan Díaz vivió sus últimos años con su familia en Villa de Cura, sus cenizas deben de reposar en el viejo cementerio municipal de esta ciudad.EL PERIQUITO MÁGICO UN PRESTIDIGITADOR  EN FIESTAS EN VILLA DE CURA.



Villa de Cura
Estado Aragua

                                            Por Oscar Carrasquel


Yo no escribo historia, apenas recuerdos que jamás olvidaré. En estos días que Villa de Cura celebra la fiesta patronales en las calles Páez y Sucre, peculiares y alegres  en extremo, creí oportuno rememorar los días felices  de la niñez, cuando en la vieja comarca se desbordaban aquellos rumbosos festejos en honor a San Luis Rey de Francia. En los días de Peregrinación y Semana Santa el pueblo era  muy visitado por gente de otros lugares. Refresco ahora un montón de años en la distancia, podemos decir que la evocación es de la década de los años 50 del pasado siglo xx.

Solía visitar la ciudad en temporada de fiestas un circo extranjero muy famoso llamado Circo Razzore que instalaba su grandes carpas con animales salvajes en nuestra "sabana" , cuya atracción principal era el célebre ilusionista Blakamán, un Fakir que delante de todo el público se acostaba en un tablón lleno de garfios; además ponía a obedecer a los animales salvajes y un cocodrilo, solía hipnotizar gallinas y pavos que quedaban como noqueados, y adormecía a la multitud de las gradas y de palco.
 
El otro espectáculo que venía,  era el show de "El motociclista de la muerte", dando vueltas a toda velocidad en una esfera de 5 metros de circunferencia, durante -más o menos- 30 minutos. Pero la verdad es que llegaba de todo a esta especie de feria popular, carruseles, bazares, ilusionistas, marioneteros, payasos sobre zancos,  ruletas, juegos de batea blanco y negro, galleros, curanderos y adivinadores.

El villacurano Ramoncito Trujillo era un personaje imprescindible en fiestas patronales,  era dueño de un espectáculo bastante ingenuo, Desde el propio Altozano de la Iglesia Matriz, en horas de la noche, lanzaba unos globos de papel al espacio como de un metro de circunferencia inflados con helio, con la particularidad que la bola  llevaba un mechón encendido en el centro, daba la impresión de una gran bola de candela. El globo levantaba y flotaba en el aire. El gentío en la plaza, en especial los infantes  elevaban la mirada hasta que el globo desaparecía en el horizonte..A Ramoncito también le dieron el sobrenombre de “El hombre del chivito”, porque siempre lo acompañaba a todas partes una  cabrita medio loca que le envestía a cualquiera que se le acercara.
 
Deseo destacar de mi lejana infancia a un personaje que llamaba la atención a alguna gente, que te llevaba a pasear por un mundo de curiosidad; dicho señor vestía siempre de buena forma,  llevaba sombrero negro ala ancha, combinado con pantalón y blusa de dril blanco. Aunque venía todos los años  la verdad es que  nadie lo llamaba por su nombre de pila. El mundo ingenuo disfrutaba todo aquello como un pasatiempo. 
El hombre con una jaula abrazada llegaba en autobús por la ARC, andaba  por todos los alrededores de la plaza principal. Se presentaba por las avenidas de la plaza Miranda con un periquito rehén de una pequeña jaula de madera. El pajarero le daba ordenes que el lorito no tardaba en obedecer, lo llamaba por su nombre: “periquito mágico”. Ambos de vida itinerante entre los pueblos. El lorito no hablaba, se trataba de un ave  muda adivinador mensajero del zodiaco, igual a un prestidigitador de la TV  venezolana que se hace llamar Hermes.  

La pequeña jaula en su interior estaba provista de un gavetero o portacartas  donde cargaba una fila de sobres cerrados, cada uno con un mensaje distinto. No era gratuita la consulta, sino que usted pagaba medio real (0,25) y luego el perico cumplía su trabajo.

Después de pagar, en cuestión de segundos, el perico sacaba alzado en su garfio un envoltorio cerrado  con un suave y perfumado papelillo dentro, se lo  coloca en la palma de la mano; al abrirlo se descubría la repuesta, el cual  indicaba un placentero augurio,  un piropo, viajes futuros, predicciones sobre el amor, la salud, sobre el presente y futuro. Había gente ilusa convencidos de ver sus sueños convertidos en realidad.

El pajarero tras exponer su trabajo seguía su camino  entre el gentío de  la plaza y el Altozano de la Iglesia, andando por entre la gente con su jaulita debajo del brazo...Y  de nuevo se escuchaba el divertido gorjeos del lorito y la singular perorata del hombre por la callejuelas de la plaza: ¡El periquito mágico!.., ¡Prueba hoy tu suerte!... ¡El periquito mágico! 
Después que terminaban los días de fiesta deambulaba por diversos sitios y no lo volvíamos a ver hasta el siguiente año. 

Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, 30 de agosto de 2018
Auxiliar de fotografía Ramón Alfredo Corniel.

jueves, 25 de mayo de 2017

BAR PEDROSO

          

 NOTA: Estas fotos fueron tomadas en diciembre 2015
el Día de Santa Bárbara cuando en el Bar Pedroso colocaron 
en toda la entrada un altar con la imagen de la santa e invitaron
a un grupo musical para amenizar su festividad.                   



  Por Oscar Carrasquel


En la calle Comercio de mi pueblo
se halla  un bar muy famoso,
bautizado,  según un aviso luminoso,
con el nombre  de bar “Pedroso”.

Los parroquianos suelen llamarlo: 
“La fonda de José”
Allí acude  la gente a saciar su sed
después de un día de larga  faena,
o en las tardes de asfixiante calor

Te esperan Ángel y Juan,
(maestros cerveceros)
quienes fijan los ojos en la barra
y abren y cargan las neveras

Si  quieres, en una gran pantalla,
colmarte de gozo
verás orquestas famosas
Y libando cerveza  al “Oso Pedroso”

Situado a pocas cuadras de la plaza,
en pleno eje de la localidad
casi llegando a una esquina
de mi hospitalaria ciudad.

Tú primero, te retratas en una taquilla,
Te atiende  una señora trigueña,
O  la sonrisa de una muchacha
de ojos acaramelados.

Ellos le desprenden la chapa
de una botellita
de color dorado, o de tono azabache

Pobre de aquel  que se ponga pesado,
porque entonces, a una iluminada Reina
tendrás que pedirle cacao.

Yo algunas veces, como mínimo,
antes que la noche vaya a llegar,
para  refrescar la mente 
me tomo un par de negras “Regional”

Bien heladitas  estas espumantes
en mis labios se disipan
como pajarito bebiendo  en una vasija

Si  es  por primera vez que le visitas
te darán ganas de volver a esta cantina
por ser bastante cordial la bienvenida.


La Villa de San Luis,  25 de mayo de 2017





"BAR SAVERY" HISTÓRICA TABERNA VILLACURANA DE MEDIADOS DEL SIGLO PASADO



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El respaldo dice que en la foto están Manuelito Rodriguez, Raúl Carrasquel, Justo Ilarraza "carehacha", Ramón Piñero y Víctor Parra Díaz. 


"BAR SAVERY" HISTÓRICA TABERNA VILLACURANA DE MEDIADOS DEL SIGLO PASADO


Por Oscar Carrasquel



La crónica de hoy  viene a recordar y a revivir este  lugar de esparcimiento de la Villa de Cura vieja,  el más vistoso que jamás se haya conocido en nuestra ciudad. En  La Villa imperaba  la hospitalidad,  la cordialidad y el respeto.  Villa de Cura era  un  pueblo pequeño y hermoso, religioso, de brazo cálido y extendido con la llanura guariqueña. La fundación  de esta Taberna debió ser por allá en la tercera década del siglo xx por unos 5 hermanos de nacionalidad italianos. Apropiándome de la memoria de Félix Hernández Castillo, se llamaban ellos: Carlos Savery, José Domingo Savery, Bonifacio Savery, Miguel Savery y Luis Savery. La sede era un caserón que ocupaba la mitad de la manzana en la calle Bolívar cruce con Leopoldo Tosta, a escasos 100 metros de la plaza Miranda.

Hoy en día el lugar es una hilera de establecimientos y edificaciones que ahogan la cuadra. Nada queda de sus vestigios. En la fachada sobre de un ventanal figuraba una cartel con letras grandes amarillas donde se leía “BAR SAVERY”. Me cuentan que se atisbaba en el centro del patio, la enramada de una frondosa planta de uva cargada todo el año de racimos. Provoca decirlo hoy con versos de Andrés Eloy "daba uvas más dulces que la miel de las abejas".

Se parecía a una tasca española, tenía un salón familiar grande. Podía tener acceso cualquier tipo de público, pero  la verdad   es que los hermanos Savery se reservaban el derecho de admisión a la barra, pista de baile y sala de billares. Dentro de la sala de recepción se solía reunir un grupo de gente heterogénea, tal como si se tratara de una sola familia; visitado también por empresarios y agentes viajeros que iban a disfrutar de sana compañía y hablar de negocios.

Básicamente incluía servicio fijo de bar, salón de reuniones, pista para baile y espacio para juego de billar, ajedrez y dominó. Al mismo tiempo era “Café”. Se gastaba una antigua cafetera italiana marca “Victoria Arduino” que ocupaba medio mostrador, se servía toddy frio o caliente, batidos de frutas y Frappes; ofrecía sándwiches en pan cuadrado rellenos de queso Gouda o jamón serrano que venía envuelto en fardos.

En sus vitrinas no fallaba un inventario de licores de orígen escocés; cigarrillos Camel y Chesterfield y tabacos cubanos “Habano”, entre ellos el famoso “Montecristo”. Lo único con sello criollo eran las sabrosas  tortas y dulces de la cocina de misia María Palumbo, y  cola “El Polo” a O.25, que era el refresco de moda, y cerveza Caracas en botellón.

Entre los mozos que atendieron la barra y fueron entrenados para preparar cócteles, se recuerdan los nombres del joven Carlos Almenar, recién llegado de Belén de Carabobo, después fue encargado de la barra. Como se recordará, con el tiempo Carlos Almenar fue dueño del conocido bar "La Garita"; la terna de mozos la completaban Fermín Nieves, el chingo Pablo Villamizar y José Rafael Hernández (el de las tostadas). Y por entre las mesas se veían desfilar con una bandeja  los mesoneros, Samuel Flores, Cecilio Figuera “Glostora” y José Félix Córdova. Tenía un mobiliario y mostradores de lujo estilo Barroco,  de pintoresco efecto italiano,  traídos directamente de Europa.

Las butacas forradas en fino terciopelo. Las bebidas eran todas importadas, menos el botellón de cerveza “Caracas” que valía un bolívar; Cerveza La Perrita a tres bolívares la botella; la sangría de vino Jerez “Moscatel”; una copa de brandy “Felipe II”  o “Martel” costaba dos bolívares, y una ración de escocés 2.50 bolívares, servidos en la barra o en la mesa, con su oportuno pasapalo. Mucha gente de aquella época recordará los llamados “Vermuth” domingueros con disfrute de música en vivo. El piano de la Tasca lo aprendió a tocar el finado Ricardo Sequeda “Mapurite”. Aquel  joven de pelo indio y vida bohemia que  tocaba todo instrumento musical de manera autodidacta.

En aquellos días era muy escaso el tráfico automotor por la calle Real, de vez en cuando pasaba un autobús de la línea “Demócrata” que salía de la ARC hacia el vecino pueblo de San Juan de los Morros, y sus calles y plazas libres de tumultos y de tarantines.  La música grabada se derramaba de una vieja victrola  marca alemana que engalanaba  el recinto.

En estos salones se realizaban bailes de gala y en ocasiones especiales, las primeras invitadas eran las reinas de carnaval o de fiestas patronales de San Luis. Y además era área de reunión de comerciantes, ganaderos, estudiantes universitarios, visitantes de pueblos vecinos, y caballeros de liquilique que concurrían a las candorosas tardes de coleo en bocacalles cerradas con guafas. Se podía encontrar el visitante con las muchachas villacuranas y foráneas más bellas de la época. Se dice que los villacuranos que se  ausentaban y  regresaban en vacaciones,  aprovechaban para reencontrarse en el Bar Savery.  

Sus ambientes estaban aptos para reuniones sociales, sobre todo  bodas, cumpleaños y al mismo tiempo para el recibimiento de personalidades. Se agasajaba y premiaba  a los triunfantes coleadores. En ocasiones, contaba con la presencia de grupos musicales de la localidad animando  las reuniones. Para la ocasión  se alistaba el "tres" de Oscar Hernández acompañando la romántica voz de Teobaldo Parra Coronado. Igualmente las trompetas de Germán Cordero y Del Valle Bustamante. Cuentan que en su oportunidad aquí celebraron sus reinados de las fiestas de San Luis las jóvenes Martha Fuentes y Yolanda Paradisi.

Entre los visitantes y contertulios son mencionados por el señor Omar Gutiérrez Hurtado en su libro "Cuando el tiempo se hace corto": Dionisio Infante, Raúl Barreto y su hermano Oscar Enrique Barreto, Vinicio Jaén, Antonio Saa Fernández, Antonio Silva, el Marqués Montenegro, José Antonio Torrealba, Martin Hernández, los hermanos Fernando Hernández,  Juan Bautista Hernández y Luís Rosendo Hernández; Alejandro Tosta, los hermanos José María Carabaño Tosta y Fernando Carabaño Tosta, Juan José Torres y Morocho Trujillo.

Según me refería el bajista Rafael Almeida “Petit”, en una oportunidad fue agasajado en el bar Savery el célebre pelotero villacurano José Pérez Colmenares "El Temible",  a su regreso de la Habana Cuba donde jugó con la selección nacional campeón mundial en 1941.  En el Savery también se le dio la bienvenida al espléndido equipo villacurano Ayacucho Star BBC en el año 1943, cuando el conjunto villacirano se titula campeones nacionales de béisbol juvenil en Caracas. Contando con la compañía de su ramillete de 9 bellas madrinas. 

En estos salones el año 1944 según informaron recabada fue recibido el Presidente de la República General Eleazar López Contreras y su hermano Don Fernando López Contreras. Igualmente fue visitado en una oportunidad por el General Isaías Medina Angarita con la banda presidencial. Este dato  me lo aporta el profesor Antonio Cabanillas Yepes, Cronista del municipio Zamora,  por haberlo oído del poeta Vinicio Jaén Landa. No falta quien nos diga que otro  de los visitantes de lujo a la Taberna fue el rico ganadero guariqueño Nicolás Felizola, que venía a la Villa en viaje de negocio de ganado. Son incontables las figuras y personalidades que visitaron sus instalaciones. Personajes populares como el célebre Juan Rojas "Juan Torero" que visitaba estos salones del Bar Savery trajeado de flux y corbata.

Sin duda que los hermanos Savery conformaron una familia de inmigrantes europeos amantes del progreso y el buen nombre de Villa de Cura, con preferencia por fomentar la industria y el comercio. Tenían fama de ser gente exquisita, amable y de mucho respeto.  Instalaron en La Villa la maquinaria más moderna accionada por electricidad para la fabricación de pastas alimenticias de la marca “Bresciana”, que se distribuía en gran parte del territorio nacional; además  fundaron en una parte del caserón,  por la calle Leopoldo Tosta, pilones y molienda de maíz y fábrica de hielo tipo panela. Nuestro paisano Adrián Aponte estaba  encargado de las máquinas del vapor. También transitó muchos años trabajando en la fabrica Eladio Martínez el popular ”Muñeco”.   

Traigo a colación esta menuda historia villacurana de la cual han transcurrido más de seis décadas. Sin embargo, no he contado que ya en sus años finales,  El Bar Savery fue campo de mi primer escarceo y escapadas de la adolescencia. No puedo olvidar que fue en  esta cantina mi primer abordaje con una botella de licor, era un  Vermuth “Cinzano” de la región del Piamonte italiano, una Nochebuena de Año Nuevo, compartiendo mesa con “el negro” Francisco Matute Padrón y Pedro José Zapata, siendo todavía muchachos.

Cuando gobernaba el general Marcos Pérez Jiménez estaba en plena efervescencia el Bar Savery, perseveró por muchos años en su misma dirección en la calle Bolívar. Todo el mundo buscaba visitarlo.. Nosotros eramos unos acuciosos jóvenes que recorríamos a pie o en bicicleta nuestro pueblo de confín a confín,.en los inicios de la quinta década del siglo xx. Una Villa de Cura muy distinta a la actual.

Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, 25 de mayo 2017


Fuente oral:

Stefan Carvallo, Esteban Nieves, Jesús González, Rafael Almeida “Petit”, José Carrasquel, Graciliano Aponte, Roger Barreto Álvarez y Félix Hernández Castillo.
Foto archivo O. C.
Montaje Ramón Alfredo Corniel.

viernes, 19 de mayo de 2017

ANÍBAL

                                                     

                                                             Por Oscar Carrasquel


Sin camisa y tostados los zapatos, 
de pantalones anchos
amarrados por un cordón.

Carita de turpial cansado,
mimado por la brisa,
entre tranco y tranco 
doblaba las canillas
como alcaraván en la orilla

Recorría el pueblo en cualquier
dirección
De risita en risita, la calle Comercio,
era su ruta de ida y venida

Quería decir mil cosas,
se hacía sentir a veces
por medio del vuelo fugaz 
de una ligera sonrisa

Ocasionalmente sentía
que la vida era una melodía.
Extendía el brazo como una lanza
sobre su pecho,
y temblando consigo mismo
ponía a bailar su esquelética silueta.

Aníbal, era la atracción
en una procesión de Santo 
y en un velorio de Cruz de Mayo

En las tardes penosas de redoble
de campanas 
cuando sentía entrar  un difunto al Templo
para el responsorio,
le brotaban lágrimas verdaderas, 
sin saber a quién lloraba.

Afligido de dolor al cortejo acompañaba
por el habitual camino.
Cansado por el largo trecho 
enjuagaba sus ojos piadosos con lágrimas


Solo así  podía demostrar
aquel  inocente muchacho,
que  era un ser generoso y humano

No  podía tocar a los muchachos
que atinaba a ver por las calles,
sin embargo se les arrimaba,
como un sonámbulo arrendajo.

Entre mis sienes aún duerme
su angelical nombre:
¡Aníbal!
como aquel general fenicio

Un día le tocó cruzar la senda
que no tiene tornada,
cuando  sin piedad la muerte
le vino a tender una celada.



                                                                                     La Villa de San Luis, mayo de 2017


Foto: Revista Expresión No.28. Cortesía del coleccionista Elio Martinez.

FRANCISCO "PANCHO" OJEDA

             


Villa de Cura
Estado Aragua

Como el viento que corre y nunca se detiene vuelco la memoria porque hace dos minutos  recibí con inmensa tristeza la noticia acerca del fallecimiento del fiel amigo y especie de maestro ingeniero Francisco Ojeda quien había  recibido enseñanzas de Agronomía en la UCV  dedicado por completo a la familia vivía en la prolongación de la avenida Bolivar de Villa de Cura. Hay que obedecer los designios de Dios. Mis condolencias a su viuda Melicia Durán de Ojeda  y a todos sus familiares y amigos. 
Revisando albúmenes viejos me encontré con este texto que por el afecto personal le regalamos un día de agosto de 2020.

SENCILLAMENTE FRANCISCO  OJEDA
                                                                  Oscar Carrasquel


De caminar pausado, sumiso, silencioso 
con sus libros debajo del brazo,  
por el sendero de la calle Comercio
Me permito dedicarte mis versos

Amigo leal, sencillo, fraternal,
tal es Francisco  Ojeda,
un viejo soldado de la agricultura

Se dice viejo por la edad
pero solo tiene su cuerpo
como un tronco de árbol
desgonzado por el viento 

Estudioso de la ciencia vegetal
y de fundamentos pitagóricos
pero  en su intelecto 
difunde una luz filosófica

Ahora aprovecha el tiempo 
para abrevar en la fuente de los Clásicos,
es capaz de hablar de Lutero,
como saber de Maquiavelo

Su verbo tiene el mismo sabor
del delicado numen de un poeta
Mesenas del secreto de la palabra

Allí está el hombre, vestido de blanco, 
hablando del pasado 
recorriendo  la historia de una ciudad 

Baquiano de muchos senderos,
Hubo un tiempo que nos encontramos,
en la ciudad y en el campo
Igual puede  soportar el sol canicular
como un incontenible aguacero.

Es aquel amigo sincero,
No sabe de sinsabores
Hoy le regalo estos versos
con sabor a albores y atardeceres. 
.
.




            

  La Villa de San Luis, agosto 2020 (reeditado)




martes, 9 de mayo de 2017

“GÜIRICHI” UN PERSONAJE IMPRESCINDIBLE EN LAS MANGAS DE COLEO

"Guirichi". La Foto  me la regaló el día que lo fui a visitar en su lecho de enfermo

"GUIRICHÍ" UN PERSONAJE IMPRESCINDIBLES EN LAS MANGAS DE COLEO

El transitar por este camino de la escritura algunas veces nos va dejando momentos de sinsabores. Nos llegó tempranera la noticia que el 29-11-2019 con sol de los venados, se nos marchó con su sonrisa buena Juan Ramón Rodriguez, mejor conocido como "Guirichi".. Perdió la ultima batalla en el pueblo que lo vio nacer, donde con el paso del tiempo  alimentaba su espíritu de buen ciudadano, más allá del trato dispensado fue mejor amigo. Paz a su alma y consuelo a su familia. En febrero de 2018 lo visitamos y esto fue lo que escribimos..

Por Oscar Carrasquel

Dentro el deporte del coleo "Güirichi" ha hecho casi todo (menos, jinete coleador). Juan Ramón Rodríguez es el verdadero nombre de este popular personaje villacurano, sus vivencias y sus ocurrencias son dignas de reseñarlas. Chofer de jaula ganadera, amarrador de ganado, sabe como esquivar un toro resistido y cuidador de tapón  Seguro que si a algún forastero  se le ocurriese solicitarlo en La Villa por su legítimo nombre, probablemente le responderían: ¡No lo conozco!  Pero nada más nombrarlo  “Guirichí”, de seguro le informarían de inmediato que, nuestro querido personaje  habita  una casa rural transformada en quinta, ubicada por la calle Comercio, casi llegando al Cementerio Municipal, por la  acera derecha, cerca de las instalaciones del Ince.

Juan Ramón Rodríguez nació en Villa de Cura el 21 de marzo de 1937, específicamente en el barrio Los Colorados. Hijo natural de Dionisia Rodríguez.  Casó con la villacurana Aleida Azuaje de Rodríguez, de cuya unión nacieron cuatro hijos, dos hembras y dos varones. Hasta el momento suman seis nietos y tres biznietos. Una de las nietas  fallecida a temprana edad en  Villa de Cura en la Semana Santa de 2017.

Me cuenta que el sobrenombre de “Güirichí” proviene de sus andanzas por el llano adentro; un día en la tarde que su patrón necesitaba a alguien que le bañara unos caballos, finalizada la faena, y lo eligió a él, indicándole al caporal lo siguiente: “Déselo para que los bañe ese muchacho catire que parece un “Güirichí". El que està sentado en el tranquero”. A partir de ese momento  quedó bautizado para toda la vida como "Guirichi".

Por las precarias condiciones económicas de su familia no pudo estudiar mucho, sino hasta los primeros grados, siendo la maestra Priscila Bolívar quien le impartió los primeros conocimientos; pero a cambio, la vida le sirvió de escuela y lo obligó a defenderse desempeñando una diversidad de trabajos como medio de subsistencia. Su grandeza consistió en su honradez, en su carácter jovial y en el  trabajar sin pausa.

No recuerdo qué edad tendríamos, pero sí me acuerdo que siendo chavales, ambos con otro grupo de muchachos jugamos pelota sabanera, que iniciamos en un terreno lleno de maleza y oloroso a bosta de vaca  por los lados de La Romana, en lo que es hoy en día un conjunto de edificios de apartamentos con locales comerciales al frente.  

Siempre presente desde pequeño en las grandes tardes de coleo bregando con ganado. Por esta razón conoce a las grande figuras del coleo como Marcos Alfonso y Simón Infante. Sabe que en la Villa se instaló la primera manga en Venezuela en 1950 y cuando vino el presidente Marcos Pérez Jimenez a su inauguración... Fue torero espontáneo, Muy conocido en el medio taurino,  despuntó como banderillero vestido con traje de luces- hizo su debut en los festejos realizados por el ex torero Rústico Pacheco, en una plaza de verdad levantada en la esquina “El Taparito”  por ahí en los años 50. Se llamaba: “Plaza de Toros La Giralda”. En varias ocasiones lo vimos adornándose en el centro del ruedo durante la suerte de banderillas  -en el segundo tercio de la lidia-  en compañía de otro banderillero llamado Oscar Borges “Zapatilla”.  En las corridas  le correspondió hacer el paseíllo en el ruedo junto a los diestros villacuranos Rafael Flores y Manuel  Rodríguez “chiquito”.

A manera de anécdota nos cuenta que, en una corrida dominical realizada a plaza llena en "El Taparito", “Zapatilla” salió al ruedo, se adornó con el par de capullos en alto para lucirse con la suerte de banderillas -al son un  pasodoble- con tan mala estrella que en la carrera resbaló, y en vez de hundirlas en la cerviz del toro, se las clavó  en la pantorrilla derecha, tuvo que ser llevado en hombros directo al hospital José Rangel frente a la Plaza Bolívar.

De tanto trajinar con ganado cuando era nuevo, ”Güirichi” estuvo muy ligado a los toros coleados, fue enlazador de ganado y lidiador en las mangas improvisadas, su labor consistía en amarrar y conducir  los toros a los corrales después de terminado el turno  y era el encargado de abrir y cerrar el coso cuando  los coleadores estaban listos para cumplir su turno. Encargado del coso, se denomina  esta acción

Siempre anduvo con la gente que se agolpaban en las adyacencias de La Romana. Por muchos años  se desempeñó como conductor de un camión ganadero  para trasladar reses desde los hatos del llano a las mangas de coleo y luego regresar el ganado a su destino . Visitaba cada pueblo o ciudad donde se celebraban fiestas patronales y torneos; por tanto no era raro encontrarlo en un quiosco o dentro de la manga de coleo con el bluyín y la camisa de cuadritos impregnados de  orine y bosta de ganado. No recuerdo el año, pero una vez  que se celebraba un campeonato, nos  topamos en la manga “Coleadores de Araure” en el estado Portuguesa. Vivía y trabajaba yo en aquella villa araureña.

“Güirichi” entre tantos oficios que le ofreció la vida fue “Busetero”, casi todas las calles de la Villa lo vieron rodar frente al volante de una de las primeras camionetas “Titán”, que concedió a crédito el primer gobierno del doctor Rafael Caldera, adscrito a una línea que cubría las rutas interurbanas. Con nostalgia  recuerda que, antes había mucho respeto y consideración en esa relación transportista y usuario..

En sus mejores tiempos fue un hombre muy dinámico y de mucho coraje. Ciertamente  en la Villa en esos tiempos se pasaba trabajo para ganar el sustento diario. En  su rol de transportista anduvo durante algunos años manejando un camioncito Chevrolet 350 con el cual realizaba fletes, haciendo viajes y cargando enseres y todo tipo de mudanzas, dentro y fuera del perímetro de la entidad aragüeña. y conductor de jaulas ganaderas.

Ahora que ha pasado el tiempo son pocas las ocasiones que lo vemos en la calle, sus pasos lerdos ya no se sienten en las aceras de cemento ni en el asfalto, los años le cayeron encima y también una disminución visual lo recogió en casa y lo mantiene alejado de los sitios que frecuentaba. Hasta hace poco se distinguía de lejos cuando se dirigía al  estadio “Ramón María Acosta” donde regularmente acudía a presenciar los desafíos del béisbol.. 

Pero  lo positivo es que a pesar de tener 80 años encima y vivir aquejado de diversas dolencias, “Güirichi”,, todavía mantiene el espíritu  intacto y alegre. No hay duda que entre tantos otros personajes que deambulan a la luz del día, Gürichi es uno de esos que enriquece el acervo popular villacurano.


Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, febrero 2018






lunes, 8 de mayo de 2017

SAMUEL ALEJANDRO



     Por Oscar Carrasquel



Hoy dichosamente 
celebra Samuel
su fiesta de cumpleaños

Estallará la alegría en su hogar
y su vida seguirá creciendo
Igual  que crece la nata
en una totuma de ordeño

Ya comienza el niño a escalar
sus más  hermosos años,
y en la campiña
hay sentires de celebración

Jubiloso junto con sus amiguitos
por la hierba  se recrea,
con sus ojitos almendrados
y  sonrisitas a flor de labios 

Un pastel parecido a un carrusel
no tardará en llegar,
y una piñata con ela cara de Bambi 
muy pronto irá a derribar

Hoy con mi canto  felicitarlo
yo quisiera
aprovechando que está cumpliendo
sus primeras tres primaveras.




                 Valencia, 07 MAYO de 2017