domingo, 21 de julio de 2019

"LOS WÜISON". FUERON PERSONAJES MUY POPULARES EN LA VILLA DE CURA DE MEDIADOS DEL SIGLO XX


AHI VIENE LA WIUSON
Villa de Cura
Estado Aragua

                                                                  Por Oscar Carrasquel

Cualquier persona en la calle que le consultaran podría decir que “Wilson” es una marca de ropa  para el caballero distinguido, y también una marca de guantes y pelotas de industria norteamericana utilizados ambos en el juego de béisbol.

Pero no. La  “Wilson” de la que queremos hablar es  la designación que la población por allá en la última década de los años 40, le dio a un vehículo que trajeron para labores de patrullaje y otros usos del comando policial de Villa de Cura, como siempre cabecera del Distrito Zamora del estado Aragua, la gente en vez de decir "ahi viene la camioneta de la policía", decía "Ahí viene la Wilson".

Así es. La primera patrulla policial que se vio en Villa de Cura fue donada en 1947 por el Ejecutivo Regional. Recuérdese que antes de esta fecha el patrullaje o recorrida lo hacían los funcionarios policiales a pie, su único armamento era un rolo decente colgado al lado derecho de la cintura. La llegada de esta patrulla causó natural revuelo en la tranquila población de escasos habitantes y llenó de contento  a la policía municipal de la localidad, que entonces estaba ubicada en la Casa Amarilla en todo el frente de la plaza Miranda.

De acuerdo con lo que que nos dio a conocer don Félix Hernández Castillo, quien ya frisa los 94 años de edad; era aquel un vehículo, marca Chevrolet, tipo wagon, cerrada, sólida, pero una parte era de tabla, con capacidad para seis pasajeros, incluyendo al conductor, por los lados poseía una especie de cortinas tapando las ventanillas. No tenía  siglas de la policía.

En la parte superior de la casilla poseía adaptada  una enorme sirena de acero inoxidable donde se podía leer en letras grandes la marca “Wilson”, por esa razón la bautizaron como "La Wilson". Hasta el mismo comandante de policía, cuando alguien le iba a poner una queja de orden público, le prometía: “Ahorita te mando la Wilson”. Cuando éramos muchachos los que vivíamos en la “cuadra larga” le teníamos pavor a la "Wilson". Los que estaban en edad de servicio militar salían a la calle rogándole a Dios para que los librara de la recluta y de la “Wilson”. Igual que cuando los cerros se prendían en candela y comenzaba a buscar gente.

La aprendió a manejar un policía que posteriormente adquirió el sobrenombre de “ El Distinguido Wilson”. En aquel entonces no había casi delito. A veces llegaba la camioneta a la jefatura con una carga de borrachitos de esos que se quedaban dormidos frente a los botiquines de la Alameda; entonces se veía la patrulla cuando  desembocaba a toda velocidad por la calle Real con sus dos faros delanteros prendidos y la sirena a todo dar.

Los días cuando esto ocurría alguna gente se aglomeraba alrededor de las callejuelas y avenidas de la plaza Miranda para salir a curiosear y averiguar a quién traía detenido la patrulla.
 
Entre el grupo de curiosos había una pareja de jóvenes (hombre y mujer), mayores de edad, los cuales se la daban de bobos, lengua mocha los dos, pero eran muy rápidos,  siempre estaban con las pilas recargadas y salían en carrerón por el centro de la plaza advirtiendo en gritería:

                  !Llegò la Wüison!… ¡Llegò la Wüison!, (en vez de  Wilson).

El puñado de bromistas y tomadores de pelo que acostumbraba a sentarse en los bancos y seguir a la pareja de bobos en la plaza Miranda, les puso el sobrenombre  “Los Wüison”, y así quedaron bautizados como si fueran sus nombres propios hasta el final de sus días.

Estas breves reflexiones que les narro nos permite ver con claridad que la postura de sobrenombre,  es una costumbre folclórica muy vieja, no posee autor, resurgen solos, desde boca del pueblo. En aquel pasado no lejano, era muy común en el pueblo de Villa de Cura oír el refrán “Fulano es más pendejo que los Wüison”, cosa que se puso de moda en aquella época.

La Villa de San Luis,  julio 2019


lunes, 15 de julio de 2019

DON OSCAR SALVATIERRA FUNDADOR DEL ANTIGUO “BAR GUÁRICO”

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Venimos en esta oportunidad a hablarles sobre otra de las cantinas más antiguas fundadas en Villa de Cura en el pasado siglo XX, reinante todavía; la presentamos y ponderamos como un sitio popular de esparcimiento de los lugareños, ya que forma parte de la memoria de nuestro pueblo y de la representatividad que significa para el colectivo en general.

Este rinconcito conocido por casi toda la población con el nombre de “Bar Guárico” fue fundado por nuestro coterráneo don Oscar Salvatierra, un hombre de trabajo intenso, comerciante y muy conocedor de la evolución del comercio de su pueblo. El botiquín toma este nombre porque casualmente abrió sus puertas en la antiguamente nombrada calle “Guárico”, sector “Aragüita”, en la parte este de la ciudad de Villa de Cura.

La nomenclatura de la calle fue cambiada por el Concejo Municipal en la década de los 80, y a partir de esa oportunidad se denomina hasta los tiempos como calle “Rafael Bolívar Coronado”, como se sabe, para tributar homenaje al compositor del inmortal joropo “Alma Llanera”. No obstante, un amigo tan amplio y estudioso como es don Miguel Alayòn, vecino del sector que trabajó un tiempo a las órdenes de Salvatierra, dice que la gente no se ha podido acostumbrar a este nombre tan largo y sigue nombrándola como “calle Guárico”.

Como se recordará don Oscar Salvatierra fue en los años 50 prominente figura del comercio local, fundador también de uno de los primeros almacenes mayorista de víveres en La Villa, además fue pulpero, abrió bodegas cuando todo era barato en los barrios aledaños que eran pocos en aquella época, responsabilidad que llevó con orgullo y gran pasión. Aficionado al deporte en especial a béisbol y asiduo colaborador con este genero deportivo.

Cómo no reconocerle a don Oscar Salvatierra que quiso mucho a su tierra y mantuvo la popularidad de este establecimiento toda su vida, desde hace más de seis décadas. Todo el mundo sabe dónde queda, en una de las esquinas del barrio “Aragüita”, en una casa de paredes de bahareque, casi llegando al Club Social “Los Amigos”, un poquito más allá de la quebrada “Curita” que a veces corre debajo de un puente con un sonido melodioso. Se llega en coche o caminando despacio buscando”El Calvario”.

Allí está todavía su obra en su mismo sitio; la gente que asiste a este negocio se siente como si estuviera en su casa; este es el secreto para que siempre se encuentre lleno de parroquianos. La calle Guárico en aquella época era empedrada y polvorienta y en las noches semi oscura. Hay que reconocer que en aquellos lejanos días ésta plácida calle era transitada por arreos y carretas de mula.

Recién abierto había en su patio de fresca sombra una gallera de madera donde se prendían los desafíos de gallos de raza los fines de semana; pasado cierto tiempo fue cancha para jugar bolas criollas, y ahora salón con su variedad se servicios, donde se sorbe la espumosa bien helada y una diversidad de bebidas espirituosas, con sus mesas para jugar dominó y banquetas de madera rústica. A veces llegan juglares a cantar al son de guitarras y entonces la rokola o el equipo de sonido queda en silencio.

Después de fallecido don Oscar Salvatierra ahora quedó a cargo su nieto Carlos Salvatierra quien desde pequeño tuvo la dicha de trabajar a su lado. En su amplio local concurre gente que habita los cuatro puntos cardinales de la población villacurana. Solaz para el que llega a visitarlo de fuera, de puertas siempre abiertas para sanas reuniones de gente de todos los rangos sociales. El problema de hoy día es el horario de trabajo restringido por la inseguridad.

Siempre se ha dicho que allí en la cantina “Guárico” de Salvatierra, usted se siente como en familia. Hemos tenido el placer de visitarlo hace unos largos años en una tarde con sol, hasta entrada la noche. Grato gusto recordar que yo andaba en compañía del acucioso periodista José Seijas Alayòn, del profesor Ramón Vásquez y del poeta “JM” Morgado. Don Oscar, el dueño, en esa ocasión nos recibió cordialísimo con su don de gente que lo caracterizaba.

Comprendemos que es sustancial y de gran interés reflexionar sobre la utilidad de estos lugares de esparcimiento de nuestra idiosincrasia pueblerina. Creemos que la vida hay que mirarla y gozarla también desde las cosas aparentemente simples, pero que dan entusiasmo y alegría al espíritu.

Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 05 de julio 2019

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 Esquina donde está ubicado el Bar Guárico en Villa de Cura. 
Óleo del artista plástico villacurano Cejota

viernes, 28 de junio de 2019

UN VIAJE DE PASEO POR LA VIDA DE DON CÊSAR VARGANCIANO

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En el clarear de cualquier día o bien en el frescor de uno de esos atardeceres de Villa de Cura, en los momentos más significados de la vida cotidiana, en el cruce de una calle, o al subir y bajar una acera solíamos tropezarnos con el señor César Varganciano. Fuimos sus amigos pero sin aspavientos. Catire, callado, enchaquetado, gustaba vestir impecable. Para cumplir el correspondiente saludo le dábamos una palmadita con reverencia. Yo hablaba poco con él pero lo conocía mucho por la cercanía de los grupos familiares, por su condición humana y su trato campechano. Así fue siempre su estilo de vida.
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Todavía el pecho se ahoga por la muerte reciente de este amigo que un día llegó a La Villa proveniente de la sierra carabobeña de nubes y sol, de familia religiosa pobre pero de valores. Le tentó seguramente beber el agua fresca de la cañada de Curita cuando su cauce crecía y se quedó en el pueblo de Villa de Cura para siempre… Aquello pasó en su temprana juventud. La Villa fue su punto de llegada y también su paraje final. Aquí sembró familia y muchas amistades. Cèsar fue un hombre reservado pero de ánimo oportuno y espíritu alegre.

Había nacido don César Augusto Varganciano Reveròn el 11 de septiembre de 1941, en el apacible pueblo de Belén, ubicado al sur del Lago de Valencia, aquellas tierras de cultivo y viento fresco, municipio Carlos Arvelo, estado Carabobo, (así se lo refirió una vez a su amigo don Oldman Botello), aunque reza un documento que fue presentado en la ciudad de Maracay; hijo de doña Luisa Reveròn y don Jesús María Varganciano, agricultores de conuco; llega a Villa de Cura en los años sesenta durante el gobierno presidido por el señor Rómulo Betancourt. La ciudad de aquellas callejuelas tranquilas del ayer lo recibió con las puertas abiertas; era la Villa de San Luís de Cura una de las más segura y atractiva al visitante de toda de la región. Este belenense sintió a esta Villa como si fuese su misma tierra.

El hecho de provenir de una familia campesina cuyas raíces nunca cayeron en su olvidó, no le impidió a César iniciarse en la escuela en Belèn de Carabobo donde culminó el 6º grado; después migró a la ciudad se dedicó a cumplir aspiraciones que lo llevaron a juntarse con la Iglesia Católica. Abrazó una misión acorde con el destino divino de unas tías allá en Belén, las que en algún momento descubrieron su inclinación por la vida sacerdotal.

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Cuando apenas era un niño de 9 años fue ingresado al Seminario de Caracas y tuvo también una larga pasantía por los viejos Seminarios de Barquisimeto y Valencia; pero se vio en la necesidad de retirarse porque la carrera era demasiado larga, costosa, y no tuvieron como costearla. También para ayudar a sacar adelante a la familia. Duró 10 años de su juventud como estudiante en tres Seminarios distintos.
A Cèsar siempre le llenó el espíritu ser un ferviente servidor del Señor y la religión católica, era un joven talentoso muy estudioso de la Biblia; en su paso por el Seminario de Barquisimeto, guiado por el destino divino buscó la presencia de la madre de Dios a través de su devoción por la Santísima Virgen La Divina Pastora. Seguidor de la peregrinación mariana todos esos años en Barquisimeto, en fecha 14 de enero.

Los años siguientes en Villa de Cura estado Aragua fueron para entregarse a su nueva profesión donde se destacó como entrenador deportivo en el recién creado Parque de Recreación Dirigida del CVN en los años 60 (hoy parque Niño Simón). Estas instalaciones plenamente activas en esa época eran de verdadera belleza: con su escenario para teatro y danza y juegos didácticos, su cancha para hacer deporte, la banda escolar, su piscina apta para clases de natación y un horario fijo de clases para niños y niñas.

Varganciano aprovechó su enseñanza recogida de cuando era estudiante de colegios católicos y no tuvo dificultad para desempeñar la docencia, fue maestro interino de aula en colegios públicos de Villa de Cura, siendo de gran ayuda para maestros y alumnos.

Un día, César tuvo que escoger otro camino buscar otros horizontes, quería realizar otro trabajo que respondiera más a su vocación, a su espléndido humanismo; fue a parar al Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, hizo cursos de capacitación en Valencia, en la CHET Ciudad Hospitalaria “Dr Enrique Tejera”, en cuyo laboratorio se preparaba el personal para la batalla contra la Oncosincosis, Leishmaniasis, Lepra, con la finalidad de atacar a fondo las enfermedades metaxenicas.

Allí confluían muchos ciudadanos provenientes de todas regiones del país, compartiendo idéntica preparación que luego fueron trasladados a diferentes centros de atención hospitalarios, hicieron análisis y pruebas en el hospital viejo de Villa de Cura. César cumplió labores como visitador sanitario en comunidades rurales en la campaña antimalàrica emprendida por el Dr Arnaldo Gabaldòn, finalmente se desempeñó durante un largo tiempo como Inspector y Supervisor de Sanidad.

Su cabal desempeño en la Dirección de Sanidad tuvo su compensación naturalmente, fue objeto de diversos reconocimientos por su destacadísima labor; placa por el Servicio de Dermatología Sanitaria del Estado Carabobo en febrero de 1999; reconocimiento por su destacados servicios, concedido por la Gobernación del Estado Carabobo el año 2003; diploma por la Fundación Instituto para la Salud carabobeño (INSALUD), entre otros.

Aquí en Villa de Cura conoció a una joven trigueña buenamoza de la calle Páez. Se enamora de la joven Gladys Ybarra Ortega, contraen matrimonio el 25 de mayo de 1961. Se juraron amor eterno y supo cumplir su palabra, compartió su vida con ella hasta el final.

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Para afianzar esa unión fueron llegando los retoños: Liseth Varganciano Ybarra, Yezenia Varganciano Ybarra, Cèsar Augusto Varganciano Ybarra y Jhonathan Varganciano Ybarra.

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Todos sus hijos optaron por el estudio, y después de concluidos estos deberes se dedicaron con amor a su trabajo. Fue un abuelo querendón fortalecido con la presencia de sus nietos: Lizz Estefanía, Augusto César, Yannaliz Valeria, Augusto Alejandro, Jhonathan Alejandro y Santiago Enmanuel.

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Entre sus hijos está la doctora Liseth Varganciano de Corniel, médico egresada de la UC, casada con nuestro amigo Ramón Alfredo Corniel. Creo que en cualquier rincón de la población conocen a Ramón Alfredo,  sobretodo por su costumbre de hacerle muecas a la vida, con los mil rostros este humorístico personaje . Para el viejo Varganciano, Ramòn Alfredo fue semejante a un hijo propio que la vida le regaló.

Don Cèsar Varganciano, cuando era sanitarista, en el ejercicio de su compromiso laboral, por ese ir y venir a su trabajo se pasaba casi todo el tiempo fuera de la ciudad de Villa de Cura, sin embargo sacaba tiempo para venir periódicamente, reunirse y compartir el gusto por la música en familia, departiendo su espíritu alegre y bonachón con un grupo de sus colegas. Le fascinaba disfrutar las cosas sencillas de la vida.

Ya retirado de su accionar de trabajo no se entregó implícitamente a la pasividad de la vida, prueba de ello era su dedicación a leer; según cuenta su viuda Gladys, poseía una envidiable memoria, una nítida letra y le apasionaba cartearse con sus amigos y reflexionar sobre diferentes temas de la cotidianidad.

Nuestra amiga la maestra de aula Yezenia Varganciano, hija del maestro nos dijo que ya había superado la barrera de los 77 años de edad cuando su padre enfermó de cuidado, entonces no era el mismo, no pudo vencer el desgano por el malestar. Por momentos César se le escapaba y le lanzaba guantadas a la muerte, pero ésta en definitiva lr ganó la partida. Expiró casi a la media noche del 11 de junio de 2019 en la casa que habitaba en la calle Páez de Villa de Cura.

Su nombre quedó grabado en el recuerdo de muchas personas que le quisieron a las que le dolió tanto su partida. No podemos dejar de mencionar a nuestro común amigo Pedro Botello con quien trataba los diferentes tópicos de la vida. Toda una multitud acompaño el féretro por el largo de las calles hasta llegar al cementerio principal de Villa de Cura. Ya se dijeron los rezos por el eterno descanso de su alma en la calle Páez, en una casa llena de afectos, de flores y de santos.

Reiteramos a nombre de nuestra familia la palabra de consuelo a sus familiares y amigos.

Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 24 de junio 2019
Fotos del álbum familiar
Diagramaciòn y publicaciòn a cargo de la profesora Marìa Teresa Fuenmayor


sábado, 15 de junio de 2019

¡AQUÈL ENCENDIDO CIELO!

  



El día
se levanta de su sueño
entre un marco de nubes
somnolientas

Qué hermoso
amanecer crepuscular
que calcina de carmines
el cielo de Villa de Cura

Qué plácida
contemplación
de este concierto de armonía

Parecen labios de amor
que buscan besar
aquél cielo bohemio
en su travesía

El alba
se detiene en sus orillas
para luego ceder paso
al sol que acuchilla.




Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, junio de 2019



NOTA: Foto "Un amanecer villacurano" tomada  por la profesora María Teresa Fuenmayor


miércoles, 12 de junio de 2019

ADIÒS A UN GRAN AMIGO: DON CÉSAR VARGANZIANO



Toda historia de muerte es como una pesadilla a la que uno trata rápidamente de despertar. Hoy miércoles 12 de junio en la madrugada recibimos la triste noticia del fallecimiento del siempre recordado amigo don Cèsar Varganziano.

Se le acabò el tiempo en la vida terrenal a este gran amigo luego de tanto batallar con la muerte. Cèsar, trabajador incansable y siempre luchador; no era nativo de Villa de Cura sino de la generosa tierra de Belèn, estado Carabobo. Pero desde que vino por estos lares y casò con Gladys Ybarra, con la que formò familia, se hallaba residenciado en la calle Pàez, en la cuadra de màs tradiciòn popular de Villa de Cura.

Buen amador de este solar villacurano, nunca se apartò de este pueblo al que considerò su segundo alero fijo, y cuya tierra lo va a cobijar para siempre. Que la tierra le sea leve don Cèsar, paz a su alma. 

Hasta Gladys, sus hijos, nietos, a su yerno Ramòn Alfredo Corniel que fue como un hijo màs, y demás familiares en esta hora de tristeza y profundo dolor nuestra solidaridad.


Oscar Carrasquel, la Villa de San Luis, 12/06/2019



NOTA: Foto tomada del facebook de Ramòn Alfredo Corniel 

domingo, 9 de junio de 2019

WILLIAM REBOLLEDO Y SU APARATO SIDERAL

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Se acabó el verano
y en el vasto cielo aragüeño
volando sigue el papagayo
tridimensional de William Rebolledo

Vuela que vuela
en el blanco azul del cielo
como una nave sideral
hasta llegar más allá de la nubes
donde moran los luceros

Luce en su vuelo los colores
de su helénica hermosura
en la lucidez del horizonte

La tarde comienza a declinar
sobre la placidez de la avenida
Y el papagayo astral de Rebolledo
desciende a contemplar triunfante
la luz crepuscular de Las Mercedes.

Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, junio de 2019

martes, 28 de mayo de 2019

¡AQUÍ NACÍ YO!





!AQUÍ NACÍ YO!

Por Oscar Carrasquel



Así como en La Villa 
nacen las mañanas

En una calle larga 
como un quejido,
descolgada del cerro  Los Chivos 
en una casa agachadita nací yo

Una casa de paredes embarrada 
costillar de caña amarga 
y zócalo blanco y azul  

Cálida en invierno
y fresca en las tardes otoñales

Al fondo, 
la copa abierta de un pericoco
derramando gallitos dorados

En el antepatio
un bosque de cayenas 

Sentado sobre una butaca
observaba yo a mi padre,
golpeando con dos indice 
las teclas de una anciana Underwood

Yo soñaba algún día  ser igual 
y poder escribir
las mismas ilusiones

Los rayos solares
caían como afilados cuchillos 
colándose entre las ramas
de una mata de mamón

El viejo estudiaba la Biblia,
a Gallegos, 
leía a Goethe
Y en algunas veces a Musset

Oloroso a perfume de rosas,
se subía los anteojos  
a la altura de la frente

No sé cuántas veces estuve
a su alrededor
dejándome llevar de su mano

De ahí broté, 
de esa piedra de luz.  
para que yo algún día
también escribiera versos.

   Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 27 de julio 2017




sábado, 18 de mayo de 2019

LA TRASHUMANTE ACADEMIA DE DANZA "LE TUTU"

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Academia de Danza "LE TUTU" Ballet Clásico Juvenil



 La moderna Academia de baile LE TUTU no solo ha sido una referencia importante en impulsar la cultura en esta entidad aragüeña de Villa de Cura, en Venezuela, , dedicada especialmente a la formación de la Danza Clásica como base para los diferentes géneros como lo son Ballet Neoclásico, Danza Contemporánea, Ritmo Urbano, Gimnasia Rítmica y Gimnasia Estética apoyándose de la práctica de Yoga y la Preparación Física; sino que también se encarga de exportarla, de desplegarla hacia otros lugares de nuestro territorio.

Le Tutu, fundada por la bailarina clásica María Gabriela Adames, nacida en Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela, , egresada de la Escuela de Ballet Fundación Teatro de la Opera de Maracay, fue acertada al preparar a un grupo de jóvenes villacuranos para dar continuidad a la Academia en sus diferentes disciplinas, hoy dirigida asertivamente con gran esmero y dedicación por la Lcda. Maribel Ovalles.

La historia nos hace transponernos al tiempo presente para recordar que esta escuela de Ballet Clásico representante del Municipio Zamora del estado Aragua, tiene su sede en el Centro Comercial Villa Hermosa de esta ciudad de Villa de Cura, y ha llenado de contento a la comunidad zamorana, entusiasmando a sus moradores.

La actuación de la academia LE TUTU ha sido Impactante en Villa de Cura y localidades vecinas pero también posee experiencia pretérita en otros pueblos y ciudades. De acuerdo con la información que tenemos a la mano, en esta ocasión ya se encuentran preparando maletas y trajes porque pronto un grupo de 22 bailarines pertenecientes a la Academia viajarán por tercera vez a cumplir un trascendental compromiso a celebrarse en la ciudad de Mérida Venezuela, en el marco del 5to Concurso Internacional PURADANZA 2019 de Ballet Clásico, Neoclásico y Contemporáneo; a celebrarse en el Complejo Cultural Tulio Febres Cordero y el hermoso teatro César Rengifo, allá en la capital donde se pierden los picachos blanquecinos entre las nubes embelesadas. El programa se estará cumpliendo entre el 20 al 26 de mayo de 2019.

Cabe mencionar que nuestra representación dancistica estará compitiendo con 400 participantes representativos de diferentes países del mundo que recibirá esta competencia de carácter nacional e internacional. Nuestros embajadores por Villa de Cura municipio Zamora del estado Aragua estarán participando en las divisiones: infantil, juvenil, avanzado y máster, en los géneros femenino y masculino; en las categorías denominadas: solo, dúo, pas de deux y grupal. Es de recordar que en las ediciones pasadas las bailarinas han obtenido medallas de oro, plata y diplomas por su excelente y exitosa participación.

Es de destacar que este es el evento más importante en su tipo que se realiza a nivel nacional, donde los bailarines no solo compiten, también reciben clases magistrales y talleres de técnica. En esta oportunidad estará evaluado por un jurado de reconocidos académicos y expertos entre ellos los reconocidos maestros Rumen Ivanok por ballet y Carlos Portillo por contemporáneo.

Este mismo año 2019 el concurso piensa romper fronteras, en este sentido ya LE TUTU hace los preparativos para con esfuerzo lograr su asistencia a LA PRIMERA EDICIÓN INTERNACIONAL MEDELLÍN PURADANZA, el cual se estará celebrando en el mes de octubre en la vecina República de Colombia.

Entre los logros alcanzados por la Academia LE TUTU, está el desempeño de una de sus discípulas la bailarina Camila Morantes de 10 años de edad de la categoría infantil, quien es la segunda participante de la academia, seleccionada para el Grand Prix Venezuela. En el año 2016 la participante fue la bailarina Javierlis Flores de la categoría Juvenil. Los bailarines postulados al Grand Prix Venezuela son seleccionados por previa participación quedando los 20 mejores en cada categoría, los cuales irán a la final a realizarse simultáneamente con la edición Pura Danza Mérida en el Complejo Cultural Tulio Febres Cordero.

Aprovechamos la oportunidad para felicitar a PURADANZA MÉRIDA, organizadores de esta jornada nacional de competencia y educación, auspiciadora de los lazos de amistad e intercambio cultural como expresión del crecimiento y de la fortaleza artística venezolana.

Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 14 de mayo de 2019


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Foto de la gira en el 2019 al estado Mérida

viernes, 10 de mayo de 2019

EL BAR "LA GARITA" DIMENSION DE DON CARLOS ALMENAR



LA DIMENSIÓN DE DON CARLOS ALMENAR Y EL "BAR LA GARITA"

Por Oscar Carrasquel

Esta crónica es la semblanza de este distinguido caballero que en vida se llamó Carlos Avelino Almenar Rojas, cuyo sueño hecho realidad, y tal vez una de sus grandes victorias fue la conducción del conocido "Bar La Garita"., Hubo una época en Villa de Cura  que mencionar a don Carlos Almenar y nombrar al bar La Garita era la misma cuestión. Uno a veces se pone a evocar la época  de su adolescencia en aquellos años de las décadas del 50 y 60, y enseguida le viene a la memoria el nombre de este sitio que fue un rincón de ingenuidad y cariño en el corazón de un joven y toda persona de buen temperamento..
 
En otros tiempos atrás el "Bar La Garita” de fresca brisa, perfumado del paisaje, se ubicaba al este de la ciudad, en la calle Sucre, en el empalme con la calle Jaime Bosch, como quien se dirige a Las Mercedes. El lugar se convirtió en un remanso de agradable reunión y de grata tertulia pueblerina. Célebre fue su típica cancha para desafíos de bolas criollas. A pocos pasos antes de llegar a la esquina siguiente estaba la casa del hoy radiodifusor Alexis Guevara Pèrez, este ávido caballero que desde cuando era joven se hizo amigo de don Carlos Almenar. 

Pacifica y monótona discurría la vida villacurana en aquellos días, juglares, trabajadores, deportistas, coleadores de mi pueblo, estudiantes de los últimos años del liceo,  Todos  buscaban este rincón de manera  afanosa para la sana diversión, muy especialmente los fines de cada semana.. Para jugar partidas de dominó y bolas criollas era punto de encuentro.

De manos de su hija la profesora Milagro Almenar de Pérez conocimos algunos detalles para elaborar este trabajo de investigación sobre los hechos y vivencias del señor Carlos Almenar. Un hombre con motivación de vida, quien solo con su trato sabía trasmitir entusiasmo y simpatía a la gente. Cultivador de la más noble amistad. Toda su vida fue trabajar y formador de una gran familia de respeto que todos los villacuranos conocen y admiran.

Carlos Avelino Almenar Rojas había nacido en Belén, capital del municipio Carlos Arvelo, estado Carabobo, el 01 de septiembre de 1913, hijo de Justiniano Almenar y de Berta Rojas de Almenar. En ese ambiente con muchas privaciones pero con responsabilidad en diferentes tareas que eran asignadas por su padre se levantó el muchacho. Su padre Justiniano Almenar un hombre modesto, popular, fue Jefe Civil del pueblo y habitaba junto a su familia una casa grande de esquina ubicada a dos cuadras de la plaza Bolívar de la población de Belén.

Apenas desplegó sus alas, junto con un grupo de compañeros de estudios emprenden un viaje de aventura, de un día con su noche, buscaron la vía de Santa Rosa del Sur, pasan por La Violeta y Virgen Pura, y sin estar en sus planes vienen a parar su periplo a la ciudad de Villa de Cura. Carlos se dirige a la casa de su abuela Josefina Lovera de Rojas, ubicada en la calle Miranda. Desde entonces se quedó viviendo apegado para siempre en La Villa; pero naturalmente sin olvidar sus raíces y sus años infantiles en la sierra carabobeña.

En Villa de Cura termina la primaria en una escuela particular de ínfimo estipendio bajo la guía de la ejemplar educadora doña Pepita Peraza. No había cumplido los 18 años,  en ese ir y venir por la población cuando tiene su primer acercamiento y trato con los hermanos Savery, conocidos comerciantes locales de nacionalidad italiana. Prácticamente la historia comienza ahí. Se inicia  como empleado de limpieza en las instalaciones de una lujosa taberna conocida con el nombre de “Bar Savery". Allí con el paso de los días se familiariza con el despacho de licores, aprende recetas para la preparación de cócteles y la atención de la barra, y el servicio de mesas en reuniones del local. Villa de Cura para entonces era un agradable ámbito pueblerino  muy visitado por gente foránea.

Esa vena de ser dependiente de botiquín y el culto por la amistad, lo cual fue uno de sus mayores atributos, lo llevan a mudar a Caracas a donde fue contratado, fundamentalmente a cumplir labores de encargado de un famoso botiquín caraqueño ubicado en la parroquia San Martín en la esquina de Capuchinos, propiedad de un amigo y compadre de sacramento llamado Agustín Pérez Barrí. Permaneciendo varios años en este trabajo en la capital.

Pero sus sueños y su aspiración eran siempre montar su propio negocio y resuelve regresar a Villa de Cura al calor del hogar al cuidado de la familia . El negocio de botiquín para él era como un imán, estaba enamorado de su trabajo, lo conocía al pie de la letra y le gustaba el comercio que era su fuerte; fue así  que con lo ganado y los ahorros acumulados por años de trabajo pudo adquirir en propiedad el conocido bar “La Garita”.

El 05 de mayo de 1945 contrae nupcias con Amanda Rodríguez Serrano de Almenar, natural de Villa de Cura (13-09-1922), de cuya unión nacieron seis herederos: Berta Josefina, Carlos Ramón, Amanda Leonor, Carmen Genoveva, Milagros Rafaela y María Clemencia.

Supo este gran señor encaminar a sus hijos por el sendero del bien y el estudio; un hogar constituido en lo bueno, la seriedad y disciplina, de formación católica guiado por la senda recta, educó y dirigió los sentimientos humanos de la familia.. Todos sus hijos lo recuerdan hoy como un padre ejemplar y un responsable esposo.

Su esposa Amanda Rodríguez era hija del conocido comerciante y ganadero Ramón Elías Rodríguez Tejada, propietario de un negocio de bar y restaurant de carretera y de la hacienda ganadera La Puerta, limítrofe de Aragua y Guárico. Doña Amanda de Almenar fallece en Villa de Cura el 17-10-2011, contaba 88 años de edad.

"BAR LA GARITA" UN PORTENTO DE GRANDES EMOCIONES

Todo el mundo en Villa de Cura sabe donde le queda “La Garita” ese refugio para las soledades donde Carlos Almenar acudía religiosamente a trabajar sin romper la rutina, todos los días, sin horario. Uno entraba y el primero que miraba era al señor  Almenar, recostado de un estante para las botellas. Residía a pocas cuadras de su negocio. Don Carlos no era muy alto, catire. Para unos, de carácter taciturno, pero no, un ser amable, atendía a todo el que llegaba con la misma gentileza; serio, callado, de trato afectuoso para todos los tiempos, por duros que fueran. Terminó su vida siendo un hombre sencillo y peculiar de la villacuranidad, el pequeño valle que él quiso y donde vivió casi toda su vida con la pureza y claridad de un manantial.

Su primer ayudante y su mano derecha fue un inseparable amigo de don Carlos y muy apreciado en el circulo de la familia Almenar- Rodríguez, llamado don Francisco Zapata, un templo de la amistad, pienso que era nativo de la parroquia Las Mercedes. Trigueño, ojos grandes, sombrero sobre su cabeza, cojeaba al caminar, diligente como pocos; el hombre siempre andaba fumando tabaco y llevaba encima una bata blanca que parecía un enfermero. Encargado de que las bebidas llegaran con rapidez y bien frías a las mesas.

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La historia oral tiene como cierto que el nombre de “La Garita”, que se le dio, tanto a este botiquín como a la esquina donde estaba ubicado el negocio, se lo arriman porque diagonal existía en la época gomecista una guarnición militar y la calle Sucre era la vía principal, como decir hoy la calle Bolívar..

Al interior del bar La Garita se pasaba a través de tres puertas que dan hacia la calle Jaime Bosch, y la sensación que daba, es que usted está entrando a una de esas tabernas que salen en las películas del oeste americano, porque debía empujar un par de portezuelas batientes con el pecho; lo cierto que algunos al salir medio prendidos, las querían apartar de un solo manotazo, dejándolas chillando, creyéndose un vaquero forajido como Clint Eastwood. Seguía un saloncito, en un rincón la rokola y enseguida el patio de jugar bolas.

Yo que siempre bebía encapillado no puedo negar mi presencia en esta cantina en infinidad de ocasiones. "Vamos a tomarnos una en La Garita" me decían unos cuantos. Para las tertulias de nuestra peña literaria fue un sitio muy esencial;  la peña cuando no se reunía en El Cortijo, en El Espinal, o en casas de amigos; en la mayoría de las ocasiones se instalaba bajo la sombra del Samán de “La Garita” con Teobaldo Parra exhibiendo sus dotes de bolerista y de declamador. Nunca olvido la tenida de una noche en el bar“La Garita”,  cuando platicamos y nos tomamos un puñado de cervezas; alli estaban el poeta escritor Pedro Ruiz, el poeta Morgado, Teobaldo Parra, el concertista de guitarra Efraín Silva. y quien esto escribe.

Recuerdo que hace años el poeta J, M, Morgado, le escribió un hermoso poema, y quien suscribe lo metió en las páginas del quincenario El Vigía, de cuya dirección se encargaba nuestro recordado amigo José Seijas. Fue en un periodo que a Carlos Almenar se le celebraban los 80 años de recorrido en la vida. Animado y contento en extremo se le vio en esa ocasión rodeado de familiares y amigos.




Gracias al afán de sus hijos de conservar las huellas del bar “La Garita” y como un hermoso legado de su padre, bajo el techo de lo que fue la casa de la niñez con sus viejos y amplios corredores, le quedó a la familia Almenar Rodriguez algunos objetos del negocio que a pesar del tiempo transcurrido se mantienen intactos, tales como una rokola marca Wurlitzer con la amenidad de música de moda de la epoca, repleta se mantiene de discos de 45 rpm, tangos, boleros tropicales, rancheras y pasajes románticos que se escucharon en las horas de reposo y calma en la vecindad de Las Mercedes. Se junta una nevera marca Westinghouse que todavía se encuentra apta para dejar cenicientas las botellas de cerveza; y recostada en un una pared, libre del polvo de la calle la gruesa caja registradora de caudales marca National, que arrastra una cantidad de años.

Fueron 50 años de trabajo de este personaje que fue mito y leyenda al frente de su negocio llamado "Bar La Garita" en Villa de Cura; pero preferimos que sea Milagro, su amada hija, educadora, la que lo diga en sus propias palabras y lágrimas verdaderas:

 .-“Sin cansancio, con amor, bondad, disciplina y honestidad, dando un trato excepcional a sus clientes y amigos, pero el cuerpo ya débil de mi padre comienza a sentir los desmanes del tiempo, comienza a fatigarse y los problemas respiratorios son cada vez más severos, aunado a ello la insuficiencia cardiovascular lo lleva a un estado agotador que no pudo volver a su amado Bar La Garita”.

En efecto, el noble corazón de don Carlos Almenar dejó de latir a los 84 años de edad en Villa de Cura, el 14 de noviembre de 1997, sus restos reposan en el cementerio local.

Basta ahora que pase la gente por el frente de lo que fue el "Bar La Garita” para que los arrope la nostalgia. Hoy ese portento de buenos recuerdos esta convertido en un cascaron de soledad impresionante, cansado de tantas noches y de días, de inviernos y veranos. Sobrevive una fachada fatigada de musgos y plantas trepadoras que van extendiéndose hacia su techumbre. Subsisten sus paredes plagadas de parasitas. Está el robusto árbol de samán en donde  llega y se detiene la  brisa vespertina en los arreboles villacuranos, metiéndose en su enramada a rochelear con las paraulatas y los cristofué.

No hay señales, ni tampoco lo han dicho, pero se piensa que la bonhomía, los pasos lerdos, la calmada voz de don Carlos Almenar y su ayudante Francisco Pancho Zapata, como que se escucharan aun en aquella vetusta casa de la esquina de La Garita al final de la calle Sucre, en el anchuroso y siempre florido árbol de samán, en su entorno, bajo su sombra. Siempre se les recordará hermanos, la muerte es solo un apostar a vivir.

Que Dios le provea a su alma el descanso eterno que tanto merecen.




CAJA REGISTRADORA MARCA NATIONAL. AÚN FUNCIONA..JPG




FACHADA


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INTERIOR DE "LA GARITA" INMORTALIZADO POR CARLOS MARTINEZ CJ


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LA NEVERA WESTINGHOUSE, CASI 100 AÑOS Y AUN FUNCIONA







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ROCKOLA WURLITZER

Oscar Carrasquel, La Villa de San Luís, abril de 2019/2021


Fotografias archivo de la familia Almenar
Publicación y montaje don Ramón Alfredo Corniel.



miércoles, 10 de abril de 2019

SOBADORES EN LOS AÑOS 50 HABÍAN MUCHOS EN LA VILLA





                         "La experiencia es la madre de la ciencia" (Anónimo)


                                                                       Por Oscar Carrasquel


Esta fotografía ajena qusobre la cual desconozco el crédito, me trajo muchos recuerdos que quiero compartir con nuestros lectores. El oficio de “sobador” es antiquísimo en la cultura tradicional venezolana. En el lenguaje coloquial también llamados “yerbateros” o  “componedores de cuerdas huídas”. Contaron con la confianza y el respeto de toda una generación en el transcurrir del siglo pasado.  Podían ser de sexo masculino pero también lo ejercían las mujeres. Los sobadores que vamos a mencionar nacieron, se levantaron y aprendieron a ser útil a la salud de este pueblo de Villa de Cura y  sus alrededores.

El solar de la vivienda que habitaron era parecido a un jardín botánico, de donde salía cada planta que servía para componer cualquier lesión muscular. No faltaba en el patio un espacio cercado de matas medicinales. Había de todo, mejorana, naranjillo, yerba mora, fragosa, sauco, sábila y laurel, entre otros. Esta siembra mantenía el ambiente lleno de aromas como una botica.

Había quien guardaba en un frasco  una culebra morrona sumergida en aguardiente, que era muy buena en unción, y en bebedizo para aliviar los dolores artríticos s musculares; lo mismo que no  faltaba, una carterita donde se guardaba el agua bendita.

No cobraban por ese trabajo, solo un aporte en efectivo que se dejaba en un plato de peltre; yo me acuerdo que había que llevar una vela de sebo, que se adquiría en dos centavos en la bodega de Régulo.

En el patio había  una especie de capilla con santo, algunos mantenían  un altar con una lampara en aceite encendida noche y día. El “sobador” a que nos referimos  profesaba la religión católica. 

La vivienda de un “sobador” era como el corazón del Señor, donde cabía todo el mundo; cualquier persona, mujer, niño, hombre, rico o pobre, buscaba la ayuda de estos servidores sociales; como el primer recurso para solucionar algún problema que tuviera relación con una falseadura muscular.

La sabiduría de estas personas la conocían las abuelas, porque sabían corregir los dolores de espalda en las mujeres de primer embarazo, y las que estaban a punto de parir. En los pueblos del interior la fisiatría y fisioterapia eran casi desconocidas. Difícilmente estas dolencias se trataban en un consultorio médico  o en un hospital público.

Para llevar un músculo torcido a su lugar,el paciente  necesitaba una, dos, o más sesiones de sobada. el sobador dejaba deslizar ambos pulgares frotando sobre la parte afectada, lo cual producía un dolor tan intenso que daban ganas de orinar; lo remataba con una cataplasma de hierbas, y el resto era santiguar el esguince; aplicaban un ungüento a base de alcanfor y una vela de cebo milagrosa. 

Confieso que, mis sobadas, quejidos y lágrimas, producto de luxaciones jugando béisbol, los dejé en la casa del señor Antioquìa Gómez que vivía en el barrio la Represa, quien ademas, usaba para sus curaciones, oraciones y pomadas con trementina y alcanfor. Juntaba grasa de chivo para los niños aprender a caminar.
 
Una vez me llevaron casa de la señorita Carmen Colmenares, en la Parroquia Las Mercedes por un esguince muscular. Los que practican béisbol, fútbol, ciclismo y los colegiales son  muy frágiles a una lesión.

Abundaron muchos “sobadores” en Villa de Cura a mitad del siglo xx. Con el permiso vamos a enumerar aparte del patriarca  Antioquía Gómez. En la calle doctor Urdaneta Sur hacia La Represa  don Inés Bolívar, quien además era barbero. Curiosamente  al cabo de cada sobada entregaba caramelos de papelón  para atenuar el fuerte dolor de las sobadas. También de La Represa era experto don Simón Saldeño.  
En  la parroquia Las Mercedes, en el callejón 5 estaba la niña Carmen Colmenares. En el callejón 3 de la misma comunidad don Nicolás Natera, conuquero de machete y escardilla y experto sobador. En el barrio Las Tablitas la señora Juana Méndez, la mejor bailadora de joropo, y su hermana Encarnación Méndez; también en el mismo barrio los amigos Marcelino Terán, Fabián Flores, que era  cantador de joropo y Manuel Flores. 
En el popular sector “La Coromoto” dieron su aporte Patricio Linares, Valentín Paredes y Benito Pérez, el cochero de la villa. Y en la villa centro se hicieron muy solicitados la doña Mercedes de Socco y el señor Augusto Paredes, el popular “companei”.
 
Por ahí anotado en una libreta tenemos a don Julio Rojas  "Polito", en la esquina dela calle Guárico con Urdaneta, que no utilizaba sobadas, pero sí recetaba y distribuía menjurges y ofrecía plantas medicinales.

Este método empírico ejercido por el hombre con el auxilio de la Divina Providencia, utilizando los recursos que nos brinda la madre naturaleza, esta metodología no ha sido cambiada del todo. Aún queda  alguno rezagado por ahí.. Si volvieran  en estos  días, así como está regresando  la leña para cocinar por falta de gas, seguramente contarían con mucha clientela. 

Por cierto, les vengo a recomendar que hablen con  Bernardo José Rivas, el locutor 9208, quien dirige sus conocimientos preparando un producto, para lo cual utiliza miel pura, ajo y raíces del amazonas efectivo para la inapetencia del adulto mayor a la hora de la verdad.. Había que llevar  el envase y el pago móvil. Tambien prepara para llevar una especie de catara picante, un aderezo para las comidas especiales. "Picante El Veguero" dice la etiqueta. Me debes la cuña.                               

                     Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis,Tricentenaria






viernes, 29 de marzo de 2019

DON JULIO ROJAS "POLITO" SACADO DEL SOMBRERO DE UN MAGO






DON JULIO ROJAS "POLITO"  SACADO DEL SOMBRERO DE UN MAGO

Villa de Cura, 
estado Aragua

Por Oscar Carrasquel

               
Por la historia menuda de este pueblo de Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela, han pasado muchos hombres venidos de otros lugares, y son muchas las veces que nos topamos con su recuerdo; tal es el caso de Julio Rojas el popular POLITO... Cuando contaba 28 años de edad llega como transeúnte a esta Villa de San Luis  que entonces contaba con apenas seis barrios, un pueblo discreto, olorosas sus calles a aliento de asnos y mulos . Comentan que este caballero de andar errante era oriundo de la República de Colombia.

Julio Rojas fue un hombre que se movía en los ámbitos de la radiodifusión en Caracas y en el mundo circense independiente. No había pueblo que no visitara. En los días cuando Julio se movía de sitio en sitio, precisamente en unas fiestas patronales de San Luis un 25 de agosto, pasó por el pueblo de Villa de Cura, se metió por los lados de la Iglesia Matriz, tomó un baño en el riachuelo “Curita” y aquí se quedaría hospedado pata siempre. Habitó una casa de vecindad formando un triangulo con el “Bar Deportivo” de  don Pompilio Martínez y bodega "La Loca"  de don  Francisco Martínez, en la calle Guárico, subiendo hacia el barrio La Represa. Julio era un ser tranquilo y humilde, de sonrisa cordial, delgado y pequeño de estatura. Con sombra de indio en su rostro. Algunos amigos de La Represa me contaron haberle conocido compañera de vida en  El Toquito viejo.

En alguna parte o pueblo donde anduvo entregado a su espectáculo le pusieron   “Culebrero” de remoquete; pero la gente en la Villa que no se le hace agua el ojo para poner sobrenombre, le hizo conocer después con el apodo de "POLITO" y así se quedó hasta los últimos días de su vida. Para más ñapa al rancho de zinc donde vivía y tenía su negocio le puso un avisito  en el cual se lee "Casa Polito".

Conversador e infatigable viajero, y explorador de fiestas patronales y ferias en ciudades y pueblos de todo el país. Nacimos y crecimos en este villorrio y por ello le seguimos los pasos a este personaje  con dotes de artista de circo. Tuve la oportunidad de visitarlo y conversar mucho con él.... Polito era también retratista de calle, era común verlo con una Polaroid entre las manos vendiendo fotografías  al minuto en playas, fiestas y ferias. en bautizos y matrimonios.

Como es de recordar, se enrollaba alrededor del cuello una enorme "traga venado" que obedecía a su dueño con un pequeño silbato de sus labios; la serpiente le seguía la corriente y cumplía sus órdenes, por eso tuvo la ocurrencia de ponerle el nombre de “María Cristina”; Es sabido que con este nombre se conocía a un antiguo porro de moda de la época. Delante del público, luego de cumplida la exhibición, la enorme culebra se introducía y se acoplaba ella sola dentro de una maleta de viajero.

Un hombre de mundo, extravagante. Julio se movía a pié por toda la pequeña  ciudad, vendiendo pomadas y mejunjes de manteca de culebra envasados  en  laticas de botica. A todos lados le acompañaba  “María Cristina”; estirándose con la cabeza levantada. Desde lejos uno podía escuchar el pregón y guindado del cuello un cartel donde se leía: "¡Llevo el remedio para los hombres que dicen que raspan y raspan...y no raspan nada!"

Para los niños tenía un espectáculo muy singular .Pudo crear dos muñecos del tamaño de un ser humano que siempre llevaba oculto en una maleta de cuero, ambos vestidos con flux de casimir y corbata. Tenían gesto, mirada,  voz, y reían como seres humanos. Yo de ellos me acuerdo clarito, a uno lo llamaba "Pancracio" y el otro "Doroteo". Los muñecos movían la quijada, repartían besos y el ventrículo los hacía filosofar y decir cuentos con humor infantil.
 
En algunas ocasiones, en plan de centavos, "Polito" se lanzaba a la calle en la tarde- noche, a moler valses criollos, cumbias y pasodobles en un pianito mecánico y formaba la parranda en los botiquines de La Alameda o cualquier espacio público. Al terminar estiraba un raído sombrero donde el público reunido le depositaba pequeñas recompensas.

Su casa era un santuario y tienda natural a la vez. Colgados en una pared había una galería de cuadros de Santos. Abundaban en las paredes una gran telaraña de plantas aromáticas  disecadas para inventar brebajes,: sábila, mejorana, laurel, eucalipto, conchas de drago, hierba mora y cariaquito morado del legitimo. Uno pasaba por el frente y en una gruta veía una ristra de velas alumbrando a toda hora como una hoguera. No le gustaba que lo llamaran "Yerbatero" porque que era sinónimo de brujo.

                                              Fachada de la "Casa Polito" en la calle Guárico

Sanaba a niños lombricientos, aliviaba dolores reumáticos a las personas que lo padecían. A los picados de araña o alacrán los curaba. Socorría a cualquiera picado de serpiente; igual al que necesitaba ensalmar una erisipela brava o una culebrilla de las llamadas "sapa"...También  se hizo experto en sacar “mal de ojo” en los niños. Preparaba una cerilla para aliviar el dolor en una muela careada.

Personas mayores que se asomaban por la ventana de las casas del vecindario me contaron que, era frecuente ver llegar los fines de semana a su casa a muchas figuras  de la farándula caraqueña y cantantes de música llanera que venían de visita. Llegaban en lujosos automóviles a la primera tienda naturista del pueblo.  Afirman que vieron llegar  de visita Valentìn Caruci, Magdalena Sánchez, Andrés Cisneros y Ángel Custodio Loyola, y otros amigos de los tiempos cuando trabajaron juntos en Radiodifusora Venezuela en Caracas. Me contaron que conservaba una guitarra española del cantor Andrés Cisneros, que la dejó a guardar y no la vino a retirar nunca. Polito no era un hombre totalmente abstemio, a veces  dentro de su tienda le quitaba la tapa a un frasco de Santa "Pecho cuadrado para quitar el frío de la garganta", como me recomienda  él  cuando conversamos.

Un día lo vino a recoger la muerte a la casa que habitaba y donde funcionaba aquella  especie de botica popular, para conducirlo a la eternidad. Sobrepasaba su humanidad en aquellos días la dureza de 100 años de vida. Se sabía la edad que tenía porque él mismo lo regó en el vecindario.

Rendimos tributo de respeto y admiración a este hombre-medicina y personaje de la vida popular villacurana. El cual cuando estaba mozo pasaba de largo con su fantasía por Villa de Cura, en temporadas de fiestas, pero luego se convirtió en morador de la ciudad. La verdad es que uno no es de donde nace, aquí en esta tierra  quedó sembrado como un hijo más para siempre.


Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, marzo 2019
Diagramación y fotos cortesía de don Ramón Alfredo Corniel

sábado, 23 de marzo de 2019

¡LA PUÑALADA!


No sé porqué en estos días estuve recordando bastante a un sitio de comida buena y barata que conocí en jurisdicción de la pintoresca población de Agua Blanca, municipio Araure, estado Portuguesa, Venezuela, a comienzo de los sesenta. Ubicada a orilla de un camino solariego que lleva a la EPA (Escuela Pràctica de Agricultura). La mujer que la regentaba se llamaba sencillamente “Fidelina”. No recuerdo bien claro si era vecina del pueblito araureño.
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Tenía ella una venta de empanadas cerca a un campamento de trabajadores bajo la sombra de una mata de mango, camino a la Represa Las Majaguas y vendía tanto su producto que prácticamente no se daba abasto. Las empanadas tenían el valor de un bolívar con cincuenta céntimos (1.50) grandes y abombaditas y con diferentes rellenos (carne, pollo, riñonada, chiguire, queso de mano, mixtas, como el cliente la exigiera). Aún cuando alguien las encontraba cara, la mayoría buscaba a comer para casa de Fidelina.
Yo, como me la hecho de indagador de las cosas sencillas y testigo de otras de la vida se me ocurrió preguntarle un día  a la doña; cuál era el secreto para la elaboración de tan ricas empanadas; y el nombre de aquel puesto de comida, a lo que ella me respondió que, como podía observar se trata de un pobre ventorrillo que no necesita publicidad y menos bautizarlo con un nombre.
Pero como nunca faltan las cosas casuales en la vida, entre aquel grupo de comensales llegaba siempre un joven experto en la conducción  de màquinas Caterpillar, tractorista, caraqueño, guasón, que traìa de la Capital el sobrenombre de “Superloco”; muy echador de broma, parecía un niño eterno. Iba todos los días a comer, aunque contrariado y rezongón. Casi siempre que llegaba tenía la costumbre de hartarse cuatro empanadas, un vaso de jugo de naranja y un café. Todo el mundo sabía de la sarcástica actitud cuando el caraqueño le tocaba pedir la cuenta de lo consumido:
--¡Dame Fidelina, la puñalada!
--¡Son seis bolívares y cincuenta céntimos! Le respondía la catira
Lo que quería contar es que una media mañana dominical que yo iba para el pueblo, me paro en la venta de comida, y vi un aviso que relumbraba con el sol en el patio, una inscripción en letras grandotas donde se leía el nombre de la venta de empanadas:
                                                                ¡LA PUÑALADA!
Hoy amanecí recordando la buena sazón de la comida de Fidelina y las diabluras de “Superloco”, y con un gesto nostálgico por el gran valor que poseía nuestra antiguo signo monetario; rememorando aquel día que me atreví preguntarle a la noble mujer por el nombre de su negocio y ella me contestó que aun no lo tenía.

  Araure, Portuguesa, Venezuela, agosto de 2018

jueves, 7 de marzo de 2019

RÍO TUCUTUNEM0

aatcutunemo.jpg

RÍO TUCUTUNEMO


                     Oscar Carrasquel


¿Qué se hicieron tus aguas,
y tu corriente umbría

con sus bramidos de julio?

¿Tus cocuyos,
tus anguilas
y tus húmedos caracoles?

¿Y la negrura de las cotúas
extendiendo sus alas
sobre la plácida mora?

¿Y la garza blanca
bebiéndose
las burbujas del río?

¿Que se hicieron las lavanderas
de azafate en la cabeza
cayendo cada amanecer
por tus laderas?

¿Y la cordialidad de tus charcas
para la sed de sol,
y para la sed del alma?

¿Dónde está el arcoíris,
ahora ausente de carmines
y de fúlgidos colores?

¿Y la paraulata en el tamarindo
trinando nostalgias y lejanías?

Ya no existen
el coporo y la palambra
contándose sus secretos

Ni está “Quinbanche”
escarbando arcilla
en las riberas del río
para inventar alcancías

¡Hoy solo eres
Tucutunemo!

Un grito de mito ardiente,
un hilo de tristeza sorda,
un canto de congoja perenne.



                             Oscar Carrasquel, Las Mercedes, Villa de Cura, municipio Zamora, estado Aragua, febrero de 2019

NOTA: foto tomada con celular Samsung