miércoles, 20 de noviembre de 2019

DON RAFAEL ÁNGEL MOSQUERA "MACUTORIO" HIZO DE VILLA DE CURA SU SOLAR NATIVO




Villa de Cura
Estado Aragua

Dedico a los profesores Víctor Gonzàlez Hernández "Victorino" y Raùl Aular Flores

Por Oscar Carrasquel

Conocido en vida  como un hombre sano, honesto, inteligente, llano, con un corazón grande y de una cultura amplia. Con una gran capacidad de discernimiento.. Aficionado a la cacería y la pesca deportiva. La presencia de don Rafael Mosquera “Macutorio”  cubriendo el trayecto desde la calle Bolívar y Villegas (frente a la plaza Bolívar) hasta llegar a la plaza Miranda de Villa de Cura era cotidiana en aquellos lejanos años 50. Para aquel entonces no había aglomeración de gente en las aceras, no existía la presencia de vendedores y tarantines en plena calle Real o Bolívar.
De repente llegaba aquel hombre alto, flaco, desgarbado, vestido de slack de kaki color marrón y sombrero Borsalino de copa  ala ancha,  asomaba su caminar por las callejuelas de la plaza central y tomaba asiento en un banco de cemento, bajo la fronda verde de un cotoperìz,  frente al altozano de la Iglesia parroquial San Luis Rey.. Teniendo de testigo a la estatua pedestre del generalísimo Francisco de Miranda.
Todos los jóvenes que iban llegando al banco le dábamos un toque por el hombro para saludarlo y desearle los buenos días, recuerdo la expresión que vibraba siempre en aquel lenguaje: ¿Quièn se off?.. Nos gustaba platicar con él para aprender bastante de su sabiduría.
Aquel noble hombre lo primero que hacía era refrescar  las novedades  ocurridas  el día anterior en el pueblo, contaba de todo, especialmente los episodios que le sucedida a los emigrantes europeos que recién llegaban a instalarse en La Villa. Muchos de sus contertulios llegaban con una novedad en particular. Me acuerdo que  el sobrenombre de "Macuto" lo adoptó un italiano que poseía una heladería dentro de las instalaciones del Cine Ayacucho..
A veces irrumpía a su lado un muchacho muy querido del pueblo apodado "Casunga", a lustrarle unas botas militares Masherland que usaba.  Hace poco me topé  con Héctor Lombano "Casunga" y estuvimos recordando al personaje , sus historias y su abundante anecdotario.





De los amigos que recuerdo alrededor de aquel viejo sabio, unos sentados y otros de pie como si fuera un salón de clases, me atrevo  mencionar a los jóvenes: Raùl Aular Flores, Víctor Parra Dìaz, Ivàn Coelles, Rubèn Coelles, Jorge Roldán, el negro Francisco Matute Padrón, Peruchito Gonzàlez, Gracialiano Aponte, el Chato Cáceres, el gordo José Rafael Hernámdez "Fafa", Victorino González, quien esto escribe, y otros cuyos nombres escapan a la memoria.
Mosquera fue un hombre de una gran inteligencia, un maestro autodidacta como si fuera un libro. Enseñaba y formaba, y nosotros  los jóvenes de aquella época éramos sus discípulos. Nunca nos hablaba de política ni de historia de Venezuela. No obstante de  ser un ciudadano de respeto que quiso bastante a su pueblo y a su país.  Mosquera nunca nos hablaba  de don Juan de Bolívar y Villegas, ni cuándo fue la fecha de fundación de la ciudad. No. Esos no eran sus temas de conversación. Las clases almacenadas en su memoria eran de historia del mundo, historias narradas sobre otras naciones, memorizadas por él, por largas que fueran. 
A don  Rafael Ángel Mosquera fue el primero que le oímos narrar  sobre la cruenta Batalla de Waterloo; de  la fascinante Toma de la Bastilla en la Revolución  Francesa ; mencionaba sitios de memoria y nombres de líderes como Bonaparte, Robespierre, Bernave y Lafayette; y nos contaba al pelo la historia de la batalla de Stalingrado; y cómo fue el enfrentamiento entre las tropas soviéticas y el ejercito alemán entre 1942 y 1945. Por él llegaron a nuestro oídos  los pormenores de la batalla de "Los dos puentes largos" en Alemania. Había estudiado de historia universal, era muy acucioso por eso sabía bastante. Era provechoso y agradable oírlo disertar sobre los distintos incidentes ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial y como fue que  llegó a su final este conflicto bélico universal.
De pronto llegaban dos o tres amigos de su misma edad y cambiaba la conversa, se soltaba a   hablar y contar sobre episodios de cacería y pesca y sus intrincados pasos por el llano. Se supo que visitaba mucho esas tierras en días festivos junto con otros  corredores de caminos de su pueblo. Muy amigo de echar cuentos de cacería y la mejor forma de cazar  un venado o un báquiro, parado por sus canes orejones de cacería, de los cuales poseía varios ejemplares. Lo que él llamaba “tiro federiquero”,  no era otra cuestión que un disparo certero entre ceja y ceja, pero siempre cuidando y asegurándose que la presa fuera macho.
Me cuentan que Don Rafael Ángel no tomaba licor, pero no le faltaba nunca un tabaco Habano cubano  bailándole entre los labios. Siempre los cargaba apareados en el bolsillo de la blusa. Cuando era de menos edad manejaba una camioneta Ford año 1948 color verde claro que utilizaba para su trabajo y para sus incursiones por el llano.  De existir este vehículo debe ser una reliquia.
Sus tertulianos, acostumbrados a poner sobrenombre, ya no le nombraban por su nombre, ya que le agregaron diversos apelativos derivados de la primera letra de su apellido. El lenguaje de cariño de sus amigos lo bautizaron de varias maneras: a veces  “Macutorio”  "Macuto" o “Mosquerucio”,ninguno de estos epítetos le disgustaba, igual  respondía el llamado y el saludo. 
El mote  “Macuto” se hizo tan popular en la ciudad que lo llevó un “musiù” que expendía helados de vaso y barquilla en la heladería del cine Ayacucho, frente a la plaza Miranda, quien no pudo impedir que todos en el pueblo  lo llamaran “Macuto”. Desconozco donde fue a parar este señor de nacionalidad italiana.
Don Rafael Angel Mosquera fue un hombre trabajador, cabal, de mucho vigor, desempeñó la herrería artística, muchos de sus saberes se los trasmitió a su hijo Rafael José  Mosquera Jaén; su único ayudante. Mientras estaba entregado a su trabajo en la fragua siempre andaba protegido con un desgastado delantal con manchas de carbón. Fabricaba clavos y casquillos para  bestias, empuñaduras para cuchillos y puñales de cruz; además era armero, reparaba flower y carabinas de pistón, hacía piezas en hierro increíbles. Elaboraba hierros para marcar ganado; recuerdo que para el Guárico y Apure iban muchos encargos que le hacían los dueños de hatos.




El taller de herrería se su propiedad donde trabajaba funcionaba en la década del 50 y 60 en un anexo de su casa de familia, ubicada en la calle Bolívar y Villegas, a pocos metros de lo que hoy  es la Panadería y Pastelería La Reina. Con todo y su pobreza fue un hombre feliz, formaba parte de una familia muy apreciada y de mucha repercusión en  Villa de Cura. Cultivaba la amistad y familiaridad con la familia Matute Padròn y de don Adolfo Ramírez, este último dueño en el Guárico del hato La Cruz de la Rubiera. 
Don Rafael Mosquera era casado con doña Teresa Jaén Landa de Mosquera, hermana del poeta Vinicio Jaèn Landa. Procreò el matrimonio dos hijos,  Rosita Mosquera Landa y Rafael José Mosquera Landa. Contrario a lo que muchos piensan,  don  Rafael Mosquera no era oriundo de Villa de Cura, sino de Cagua donde nació hacia 1903 y en donde transcurrieron sus primeros años. Siendo muy joven se instaló en Villa de Cura hasta el final de la existencia.
No supimos, por habernos separado  la vida del pueblo, hasta donde le llegó el tiempo de vida a don Rafael Ángel Mosquera “Macutorio”, sin embrago según me dice el genealogista Odlman Botello que llegó a ser nonagenario; fue un ser reconocido y querido por todos los jóvenes y adultos  de aquella bella época. Yo siempre lo recordaré con cariño, incluso le debía esta nota a este gran maestro y amigo.  En parte, al igual que mi padre, fue el consejero  que me ayudó e hizo valorar la importancia de la lectura, Evocarlo es una deuda que teníamos que saldar y a la vez rendirle tributo de recuerdo.. Que Dios lo tenga en la Gloria.

Oscar Carrasquel. La Villa de San Luís/ 2019.

Fotos propiedad de Editorial Miranda, Revista Expresión. 
Escaneo y diagramación por el señor Ramón Alfredo Corniel.




sábado, 9 de noviembre de 2019

LAS TRES MARÍAS JOROPERAS

                                    

LAS TRES MARÍAS JOROPERAS

             Oscar Carrasquel

En el pueblo de La Villa 
jamás se dejará de nombrar
a “Las Tres Marìas”
Tres reinas del joropo aragüeño  

Aquí, en esta tierra de gracia 
de verdor y de frescura
enfrentaron sus tormentos
y florecieron sus alegrías

María Lugo y López María
sobre los lomos 
de una burriquita
adelante marcharon al cielo
un lejano día

Dulce como un panal
trajeada de color morado 
caminó María Luz Herrera
por la misma senda
por Dios indicada.

María  Herrera,
joropera entre las mejores
de mi pueblo gran señora
Todo un vacío dejaste

La calle Comercio, La Alameda
Los Colorados
donde siempre daba la música
de nuestra tierra
Salvador Rodríguez y Linero


A un joropo 
las primeras invitadas
con con  espíritu alegre
y su chispa ingenua. 

El cielo para un jolgorio
completó sus bailadores,
Magin y Juan José Vargas 
tendrán fijas sus parejas 
para la fiesta de las estrellas 
.
Quntín Duarte
con su garganta de acero
y en  las manos las maracas  
sonarán estremecidas
en los confines del cielo.

Las guabinas y los yaguazos
pajarillos y Mariselas
del arpa de Alfredo Sánchez
con el que  llaman "El Niche"
Aquella infausta mañana 
cubrieron de joropo el aire villacurano.

María López, María Lugo
y María Herrera.
Las míticas joroperas

El pueblo de La Villa
se quedó huérfano
sin sus tres Marías

Cayeron lágrimas de mis ojos 
como piedras por un barranco
que resistir no pudieron  
tantas penas y quebrantos.






                                      La Villa de San Luìs, 08/2021


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miércoles, 6 de noviembre de 2019

MI ENCUENTRO CON UN INSIGNE ARTISTA PLASTICO "CEJOTA"


MI ENCUENTRO CON UN INSIGNE ARTISTA PLÁSTICO  "CEJOTA"

La aurora de cualquiera día de la semana pasaba Cejota por la casa y caminábamos los dos hasta su Taller en la casa de su abuela Adela Rodríguez de Martínez donde vivía, distante dos cuadras y media de la nuestra, está ubicada en una calle empinada que arranca en la calle Comercio, que se denomina callejuela   Mateo Vargas en el barrio Las Tablitas de Villa de Cura. Más de una vez tuve el gusto de acompañarlo a esa casita de bahareque y tejas coloradas con una arboleda en el patio y una ventana de postigos y balaustre por donde entra el viento por las tardes, y en los mediodías aturdida por los resplandores del sol. La verdad es que espantaba su cordialidad y sabiduría. Evoco la figura sonriente de doña Adela de Martìnez porque fue la fabricadora de los sabrosos y célebres bollitos endulzados con papelòn y queso, y  aquellas arepitas dulces abombadas que saboreó casi todo el pueblo de Villa de Cura en las décadas del 50 y 60 del siglo pasado.
Allí dentro de un cuartico enfundado en una camisa de rayas comenzaba a mostrarme una por una las tallas en troncos secos y cuadros, y de hecho me arrimaba un banquito para que lo viera pintar  sobre un fondo de tela blanca. Él sabía que aquello era mi mundo para mi era sublime.. 
El patio de la casa es una hondonada llena de colores, lienzos y pinceles. Para aprovechar la luz trabajaba bajo la  fronda de un árbol alto de mamón,  y cuando se desprendían las frutas maduras desde el ramaje le caían sobre los pies, pero tampoco  le importaba que la camisa de cuadros se la cagaran los pajaritos desde lo más alto.
CEJOTA se rodeó desde chico entre gente del ambiente artístico y aprendió el arte de la pintura de viejos maestros. Nos contó  que se vio precisado a reemplazar los estudios y dedicar su vida a su gran pasión a la pintura.
Un día el artista  me entregó un lienzo a creyón que aún conservo en una habitación, se trata de “Un niño en un “rayo” jugando  metras”. La dedicatoria fue por escrito.  Me atrevo a decir que CEJOTA fue un pintor ingenuo pero también de arte académico. Su producción fue exquisita y abundante. Hoy se puede decir con firmeza que en cada casa de familia humilde, de clase media o de alcurnia de La Villa y de otras localidades, hay al menos un cuadro y una talla con la firma de CEJOTA, hasta en oficinas privadas e instituciones públicas se exhiben sus cuadros. En una conocida barbería de la  calle Comercio se exhibe una colección importante de las tallas del artista como si fuesen trofeos.
A lo largo de la historia la mayoría de sus pinturas y tallas en madera eran por encargo. Los domingos era un día diferente, un día muy especial, desde la mañana entraban y salían personas que se bajaban de carros de reciente modelo, se veía visitado por intelectuales y gente ligada a la vida caraqueña, además por familias de diferentes partes de Venezuela que venían expresamente a la Villa a comprar, y para que le pintaran cuadros por encargo.
Pero también fue un artista que producía para su propia gente, para su gran pueblo. Tuvo la virtud de trasmitir su experiencia y conocimientos a la juventud villacurana, a los que le dictaba talleres libres de pintura. Cualquiera persona podía pensar que en aquella casa funcionaba una especie de escuela  porque allí daba clases de pintura a sus seguidores. Con eso se costeaba la vida sin ánimo de lucro. Carlos nunca fue un hombre que poseyó debilidades vanidosas ni egoístas.
Entre sus méritos el pintor concurrió a múltiples exposiciones individuales y colectivas, tanto pictóricas como en esculturas en madera, en  muestras locales, regionales, en Caracas y en las principales capitales de estado del país. Ganó muchos premios, reconocimientos y también se vio homenajeado en diferentes ocasiones. Entre los más importantes premios recibidos se cuenta: el Premio Municipal Feliciano Carvallo en el estado Carabobo, y reconocimientos de la Escuela de Historia de la UCV,  Galerìa La Cayapa y Galería de Arte Nacional, y sus obras ganaron otros premios. En la Torre del Banco Consolidado en Caracas permaneció mucho tiempo decorando su sede principal  un pesebre de tamaño grande usando la técnica del tallado en madera.
Tuvo influencia cultural dentro de la industria gráfica participó  en libros ilustrados de tendencia literaria y colaboró en  medios de comunicación locales como la revista Expresión y el periódico El Vigía. Dejó diferentes pruebas de amor por el terruño que lo vio nacer.
Su arte (pintura y escultura) estuvo apegado a resaltar la cultura popular que lo comunica con los pueblos y sus tradiciones simbólicas. Se pueden apreciar entre su obra históricas, imágenes de santos, procesión, paisajes, marinas, juegos tradicionales, pesebres de tamaño natural, Jesucristo, Simón Bolívar; pero sobre todo  figuras  que representan estampas folclóricas: parrandas navideñas. burriquitas, vuelo de papagayos, personajes populares de nuestro pueblo y otras alegres improvisaciones. Trabajó una que otra obra marina y figuras lacustres, inspirado seguramente en el litoral aragüeño;  hay que tomar en cuenta que la población de Choroni, en un tiempo, fue lugar de entrada, salida y de permanencia suya vivió cerca del mar.

Carlos José Martínez era hijo de un amigo mío de Carlos Quintana, a quien apodaban “Carlucho”, proveniente de una familia muy conocida en  Villa de Cura, hermano de Anseris Quintana y Fermin Quintana. “Carlucho” fue operador de maquinaria pesada,  falleció a temprana edad a causa de un accidente laboral. La madre de nuestro personaje se llamaba Antonia María Martínez Rodrìguez, 
Carlos Josè, CEJOTA, era sobrino de Víctor Martínez R, un personaje ligado al deporte en el estado Aragua, vinculado con el periodismo  y a otros quehaceres de la vida cotidiana. Víctor anduvo muchos años con nosotros compartiendo el trabajo periodístico. 
Carlos José Martinez vería la luz de la vida el 14 de enero de 1954. Fue un estudiante muy aplicado, según nos cuenta su tía doña Bernarda Martínez R. y su prima Nora Martínez Siendo apenas un niño de corta edad ya dibujaba, estudiaba cuarto grado en la UEN Arístides Rojas, la educación secundaria la realizó en el Liceo Alberto Smith, Se sabe que en un periodo presidió del Centro de Estudiantes de esta institución educativa.  Así como vivió satisfacciones y días felices durante la lucha estudiantil, también le llovieron horas duras, sus profesores y compañeros de estudio y de lucha  saben que no fue un lider de carácter revoltoso.
Buen lector con bastantes libros de poetas venezolanos. También fue animador y promotor de conjuntos de aguinaldos y parrandas para llenar los espacios de diciembre de música navideña, y allá por la década de los 70 fue fundador de grupos musicales. Apartado de sus quehaceres fue un apasionado colaborador con cualquier cita de tipo cultural y peña literaria también sintió pasión por el deporte. A veces le sacaba tiempo al tiempo para rendirse a los pies del dios Baco, que no es pecado. Lo real es que Carlos José sabía cómo huirle al encierro, a la tristeza y las soledades. Su refugio en Las Tablitas a veces se convertía en una peña literaria-musical por la cantidad de conocidos que lo visitaban.
Carlos José Martínez termino su paseo terrenal en una etapa fructífera de su vida el 7 de noviembre de 2009, a los 56 años de edad en La Villa, cietamente fue una gran perdida;  nada ni nadie pudo detener el viaje final de un magnifico artista del pincel y el cincel, querido y admirado, orgullo de su Villa de Cura, militante de la peña Morgado, muy amigo de JM... 
Aún le cuesta a uno creerlo, ese día doblaron las campanas, se silenciaron los trinos en el patio de la casa y las flores del jardín se llenaron de tristeza.
Hace más de una década se produjo la ausencia física de este artista, justo como para rendirle cónsono homenaje a su merito y expresar por medio de esta nota el gusto que me anima andar por su recuerdo. Que en paz descanse su alma.

La Villa de San Luis, 2019

              Fotos  archivo de don Ramòn Alfredo Corniel, 
Fuente:
Doña Bernarda Martinez R ( Tìa, 92 años de edad)
y  Nora Martìnez 

martes, 22 de octubre de 2019

DON PEDRO EZEQUIEL GONZÁLEZ UN HOMBRE DE VARIAS FACETAS





Sencillote, familiero, distinguida persona en el acontecer político, social y deportivo,  por su bonhomía querido por todo el mundo. Así era Pedro Ezequiel González o Don Pedro a secas, como se le conoció. Fue bastante prolija la existencia de este viejo solar villacurano cuyo nombre de pila era Pedro Ezequiel González Martínez, Tranquilos y felices debieron de transcurrir los lejanos años de su niñez en su casa paterna, allá en el hogar de  la calle Comercio sector La Alameda de Villa de Cura. 

Realizó estudios de primaria en su pueblo natal en la escuela básica Arístides Rojas, la cual  este año 2019 ya pasa de las nueve décadas de fundada. .Aprendió la contabilidad y mecanografía y otras materias de la carrera de Comercio en la escuela de Artes y Oficios de Villa de Cura hoy Instituto Leoncio Martínez.

Su lugar de nacimiento fue Villa de Cura el 10 de abril de 1921.  Sus padres fueron don Arístides González y doña Josefa Matilde Martínez Peña. Los hijos habidos de esta unión fueron cuatro: Pedro Ezequiel González, Josefina González, casada con don Julián Martínez; Irma Aminta González, casada con don Luis Manuel Botello Rumbos, y la menor de los hermanos Yolanda Guillermina González, ésta última no tomó estado, de profesión Tipógrafa.

Su padre era un pequeño comerciante que poseyó una pulpería en una casa solariega, aquellas  bodegas cuya estantería de madera llegaba hasta el techo y vendía artículos mixtos, ubicada en la calle Comercio  debajo de una arboleda de samanes y bosques frutales en la Alameda Crespo.

Pedro Ezequiel González casó el año 1939 con la villacurana Hilda Romero de González. De esta unión nacieron: Pedro Domingo, Juan Vladimir, José Arístides, Walfredo de los Reyes, Dadila Yajanira, René Alcibíades, Vladimir, Rosa Matilde y Rebeca del Rosario. Don Pedro Ezequiel fue padre también de nuestros amigos Ivonne Peña, Pedro Baltasar Peña, Demóstenes Argimiro Peña e Iris Peña.


Muy útil y bondadoso en el amor por los niños y diciendo "presente" como animador donde hubiera una vendimia o un acto a favor de una persona necesitada, solo con espíritu de servicio. En lo particular, don Pedro siempre fue un hombre de trato sencillo, campechano, enfrentó la vida con alegría sin pensar lo que iba a pasar el siguiente día.

Con su progenitor aprendió el oficio de bodeguero. Pedro Ezequiel poseía desde muy pequeño vocación de comerciante,  su padre lo encaminó  a abrir una bodega de aquellas de la ñapa y el fiado, cometido que compartía con su esposa Hilda, especialista ella en el cuido de sus hijos y el hogar pero ayudaba en la atención del pequeño negocio, la fundó por la calle Juan de Dios Agraz, en lo que se conoce hoy como esquina “La Muchachera”.

Fue un  hombre siempre aferrado al trabajo con el cual pudo sostener y levantar a su familia, poseyó una elegante caligrafía y mejor ortografía, muy amigo de mi padre José Eugenio Carrasquel, sabía escribir en maquina con los dedos indices.  Ejerció como facturador de despacho de mercancías en  un almacén mayorista situado en la calle Bolívar, cuyo dueño era don José Rafael Hernández Pérez, también ejerció en otros establecimientos la especialidad de la contabilidad. .
 
Sus instintos de inteligencia lo llevaron al periodismo, colaboró como columnista en la Revista Expresión, el quincenario El Vigía, El Unitario y en el periódico humorístico “El Cotejo Mocho” suscrivía una columna humoristica con el titulo de "Con la piña debajo del brazo". Corresponsal de diarios regionales en el renglón deportivo . Sus crónicas deportivas y sociales siempre fueron frescas, utilizaba el sinónimo PEGOM para refrendarlas. Tuvo en suerte tener amigos con gente relacionada en el mundo de la Comunicación Social, amigo de: Jesús Ghersy, Parminio González, Jesús Bandres, Luís Evaristo Ramírez,  Luís Alberto. Contreras, Federico Leon Torres, Carlos Cortez Mota, Raúl Osorio, Inocencio Adames Chencho, Rafael H. Medina, Tito Sierra Santamaría, Oldman Botello (su sobrino), Miguel Quintana Delgado,y  el educador gracitano Próspero Infante, entre otros.

Especialista en organizar y promover homenajes y eventos deportivos. en los años 50 y 60 cuando estaban en su apogeo los equipos "Campo Elías", "Cerveza Caracas", "Araguita" y  "Las Tablitas".  En los años de su juventud jugó pelota béisbol clase amateur con el poderoso club “San Luis BBC”, “Los 9 BBC,”, y jugó softbol  con el equipo “Los Eternos”. Fue fundador de los equipos de softbol "Los Halcones" y "Piratas".  Participó en las llamadas "caimaneras" que se realizaban en el campo de La Aduana y el estadio Ramón María Acosta de Villa de Cura, figuró siempre como pitcher de gran clase y muy temible en una caja de bateo. Lo metían los estrategas a cubrir la tercera base..

De  su vieja  militancia  urredista tuvo amistad y vínculos con encumbrados jefes políticos que se desplegaron en la clandestinidad,  por ese motivo sufrió persecución y detenciones cuando la dictadura perejimenista... En 1958 a raíz de la caída del gobierno de Marcos Pérez Jiménez formó parte de la Junta Patriotica en representación del partido URD. En una de las elecciones fue presidente de la Junta Electoral Municipal Zamora y en otra ocasión designado Secretario de la Circunscripción Militar. Por sus conocimientos y acumulación de méritos fue designado Administrador de Rentas Municipales del Distrito Zamora, por la Cámara Municipal presidida por el señor José Tomás Ojeda. Cargo que desempeñó con probidad y rectitud.
.
Escribiente. Conocedor de códigos y resoluciones y empapado en la teoría del derecho. Un auténtico autodidacta que absorbió casi todos los conocimientos del Derecho, tanto en lo civil como  mercantil. Un hombre muy estudioso leía textos relacionados con esta temática. Redactaba todo tipo de documentos. Con la ayuda de eminentes juristas de Villa de Cura, San Juan de los Morros y Maracay montó una Gestoría judicial en su propia casa de habitación para trámite de documentos en Tribunales y Notarias Públicas. Abría la puerta de su oficina todos los días laborables. Bien temprano se levantaba a comprar los periódico del día que leía íntegros recostado a un silleta frente a su oficina. Por décadas se mantuvo en este oficio.

Laboró en organismos privados por años, fue Secretario Ejecutivo  de la Cámara de Comercio y Producción de Villa de Cura; funcionario de la Asociación Agropecuaria del estado Aragua capitulo Zamora y secretario de la Asociación Regional de Ganaderos del mismo Distrito.

Se destacó en la narración y en el rol de comentarista con estilo propio, con habilidad para describir un juego de pelota desde la caseta de trasmisión del estadio Ramón María Acosta. Lo que hacía que el publico disfrutara mejor el juego. En aquella atmósfera fue mentor de la gran mayoría de narradores como José Alí Moleiro, Francisco Matute Padrón, Víctor Córdoba, Eleazar Rodríguez Vargas, Eladio Piñango, Bernardo "Niche" González y Juan Manzano.
 
Por su gran experiencia participó muchas veces como organizador de torneos de béisbol locales en todas las categorías, no hay que soslayar que el béisbol villacurano tomó fuerzas por sus aportes. Fue comisionado deportivo del Instituto Nacional del Deporte y presidente de la Liga de Beisbol Amateur del Distriro Zamora, afiliada al Instituto Nacional del deporte (IND), junto con Víctor Martínez y Luis Almeida, . Siempre pudimos oír  frases de respeto y  admiración hacia él por parte de la profesora Carmencita Hernández Paradisi, muy conocida por su incursión  en la dirección  del deporte venezolano y suramericano.

Se hizo acreedor de placas, diplomas y reconocimientos por su gran labor deportiva en la ciudad de Villa de Cura en diferentes torneos y campeonatos. En las paredes de su oficina exhibía sus diplomas. Pero además fue impulsor y animador de fiestas patronales y religiosas en la Villa y en la parroquia Nuestra Señora de las Mercedes.
 
Orador y presentador en actos públicos y eventos culturales y deportivos. Humorista  privilegiado y contador de chistes en el compartir entre amigos. Más de una vez fue  redactor del documento testamentario de la quema del traidor Judas Iscariote, rodeado de muchas jocosidad, al final de la Semana Santa..

Aquí en Villa de Cura en donde nació, creció e hizo familia cosechó innumerables amistades y compadrazgos en todos los sectores. Trataba igual el pobre que el de mayores rango. En ese tiempo no había enemistad por cuestiones políticas ni la chocante diferencias de carácter social. Sus actuaciones se multiplicaron en diferentes realizaciones y direcciones.

Cristiano católico fue siempre su manifestación espiritual, por ello no era difícil distinguir su presencia cuando se dirigía a la Iglesia San Luis a la  Eucaristía dominical. Nunca ocupaba asiento en los bancos de la iglesia, siempre en sus manos se le veía llevar una silla plegable de aluminio para oir la misa. Quién no lo va a recordar en las procesiones de Semana Santa y la Peregrinación, acompañando los actos litúrgicos..

Los fines de semana, a veces, se iba de farra y libaba sus espumosas, narraba  los juegos de pelota y en las canchas los torneos de bolas criollas. Una de sus virtudes es que poseía una voz fuerte para cantar, ostentaba un magnifico repertorio de boleros para alegrar el ambiente; cantó en algunos espectáculos, en cumpleaños y reuniones  familiares, y era aficionado a dar serenatas a la  hermosura de la mujer villacurana, quebrantando el silencio en las noches de luna clara. Muchas veces lo vimos ubicado frente  de una ventana, acompañado de una guitarra grande. El popular Gustavo Niazoa “Chingolo” con un cuatrico en las manos  era prácticamente su carnal.

Don Pedro tenía una cualidad muy particular. Vivía la vida con humorismo, tenía gusto por las bromas. . Según contaba su compadre el poeta José Manuel Morgado; una vez un grupo de vecinos le fueron a solicitar la firma para respaldar una protesta  porque iban a abrir una tasca cerca de su casa, y Pedro Ezequiel les respondió que lamentablemente no podía porque ya había firmado para que la pusieran.

Por nuestra parte tuvimos la feliz satisfacción de conocerlo y quererlo como un hermano mayor,  lo recuerdo con una gran fortaleza de hombre respetado y admirado, gran humorista, formado en la universidad de la vida,  por eso no tuvimos ninguna dificultad para redactar esta demorada nota, al contrario fue un verdadero goce del espíritu.

Lo visitamos innumerables veces en su casa, compartimos reuniones, tertuliamos, levantamos copas juntos, inventamos serenatas en la alta noche; y nos sentamos muchas veces a comer y tomarnos una taza de café con leche en la misma  mesa. servida por doña Hilda-.


Pedro Ezequiel González, el concejal Neptalí Cabrera  y el Presidente de la Cámara José Tomás Ojeda

Pero como el tiempo lo pone es Dios. Su muerte por causa natural se produjo el 17 de noviembre de 1995, había cumplido 74 años de edad. Su sepelio fue una verdadera manifestación de duelo popular, todavía sentimos profundamente su ausencia, estamos seguros que fue recibido en el cielo por sus cuantiosos amigos de marcha en la vida que precedieron  su partida.


Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, octubre 2019


Fotos cortesìa de Inocencio Adames Chencho de Editorial Miranda

lunes, 21 de octubre de 2019

MARÍA TERESA FUENMAYOR

                                                                          



                                                               A Luis Felipe, su magnífico hijo


       MARIA TERESA

Un infortunio tiene Teresita

en su ánimo interior

Mustia, lúgubre,

pero sin derramar

ni una gota de llorar

Partió el tren,

se perdió la risa

Y se acrecentó el dolor

A ella la comparo

con el corazón del Señor

Dentro de cada latido

cabe todo el cosmos

en su noble corazón

Ella es como

la misericordia de Dios

que está en todas partes

De súbito la encuentras

en el torrente fragante

de una flor.

¿Quién dice que

no la puede encontrar?

En las páginas de un cuento

De Tío Tigre y Tío Conejo

Entre las gotas de rocío

que deja un amanecer

En el relumbre

de un sonámbulo cocuyo

En la danza de un colibrí

alrededor de una flor

En el canto a dúo

de un arrendajo y un turupial

En un día de labor de una abejita

En un día de labor de una hormiguita

En cualquier lado

de una piedra mayor

puedes descubrir

a María Teresa Fuenmayor.

                                       
                                    Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 17/10/2019


COMENTARIOS:

José Argenis Díaz    23 de octubre de 2019, 06:43
Excelente poema dedicado a nuestra amiga María Teresa Fuenmayor. Gracias amigo Oscar.


María Teresa Fuenmayor  24 de octubre de 2019, 11:15
Gracias por sus delicadas letras, poeta. Gracias por haber estado siempre allí y continuar estándolo en estos momentos tan duros. Dios le bendiga.

miércoles, 16 de octubre de 2019

BAR "EL CHORRITO" Y LA CALLE SUCRE UN BUCÓLICO PARAJE DE LA VILLA




 BAR "EL CHORRITO" UN BUCÓLICO PARAJE DE LA CALLE SUCRE QUE SE NIEGA A MORIR

Por Oscar Carrasquel

Su InIcuador fue el señor Rafael Gómez. Su último dueño, don Pablo Vivenes. Se ha dicho con mucha  sabiduría que el bar es un espacio para la bohemia, un sitio ideal para saciar el ocio, para la alegría y también para la melancolía. No es extraño ver dentro de un bar  a alguien que  no le ha ido bien en el amor, jipeando y poniendo discos tristes en una rokola. Algunas de estas salas guardan dentro de sus paredes  muchas historias más.

Por  la calle Sucre, cruce con calle Rivas Castillo, dos cuadras  antes de llegar a la esquina llamada "La Garita"estuvo situado hasta no hace mucho tiempo el “Bar El Chorrito" de don Pablo Vivenes, una cuevita que fue de la simpatía de muchos villacuranos de época pasada y también de tiempos modernistas..

Según versión que nos proporciona la memoria de un viejo amigo, sin centrarse en difíciles detalles;  el iniciador de este botiquín en la década del 40 en Villa de Cura fue un ciudadano conocido con el nombre de don Félix Pérez, quien lidiaba con ganado; hasta que alguna  siguió el bar “El Chorrito”  pero en manos del comerciante don Rafael Gómez.

Funcionó  en una antigua casa de esquina, de techo de tejas con paredes de bahareque. El salón  poseía dos puertas en hilera que daban a la calle Sucre. En las noches se veían  las luces en su interior que parecían unos cocuyos. La verdad es que no le conocimos cancha para jugar bolas criollas. Como todos los botiquines tenía un largo mostrador, las mesitas  en una sala para departir o jugar dominó. A comienzo de la década del 50 estuvo su mayor popularidad. En la parte de atrás existieron unos baños públicos que los alquilaban por medio real (o.25). a los arreadores de ganado..

El inmueble donde funcionaba el botiquín "El Chorrito", fue su arrendador, quien siempre se conoció como su  propietario,  se trata del comerciante ferretero villacurano don Raúl Barreto. 

Nosotros cuando éramos nuevos llegados a 18 años de edad entrábamos a este local como río crecido a un conuco, una vez a la semana. Su dueño como queda dicho, por ahí  a comienzos de la década del 50, fue el señor Andrés Gómez, un hombre muy atento y cordial. Queremos en esta nota hacer un  reconocimiento a la tesonera labor de este comerciante que bastante conocimos, lleno de risas, con profundo discernimiento de lo humano, quien supo transitar caminos zamoranos con estirpe de llanero.

Entre las cosas sencillas que recuerdo, don Rafael Gómez mandó a pintar las paredes y puertas de madera todas de  color verde, porque se decía que el hombre, no solo  era militante al partido democrático  Copei,  sino que según se supo era conocido del doctor Rafael Caldera y don Pedro del Corral.

Para aquel tiempo el mismo señor Andrés Gómez  era quien servía la barra y atendía las mesitas, las cuales vivían llenas  de gente joven y mayores, con una alegría contagiosa, recreándose de anécdotas, charlando personas conocidas.

Haciendo un viaje de historia pretérita, es bueno recordar que antiguamente,  en la cuarta década del siglo xx, el agua a la población de Villa de Cura no venia por tubería de acueducto, sino que se recogía de pilas o fuentes colocadas en algunas esquinas, o a mitad de la cuadra. Lo cierto es que en aquella década en las casas no faltaba el vital liquido.

No poseemos evidencia, pero nos han dicho utilizando la etimología que,  como  atrás  existía una fuente pública,  adonde se surtían del agua  los vecinos; los grifos no quedaban totalmente cerrados, brotando perennemente un chorrito, y que de ahí se deriva el nombre que le dieron a la esquina “El Chorrito” y  el llamamiento del bar que allí fue establecido.

No hay que dejar de lado que la calle Sucre, aquella callejuela de ayer, de paz y tranquilidad, con piso de tierra le cerraban algunas de sus bocacalles con guafas para las tardes de coleo en las fiestas patronales de agosto.. Hay que reiterar que a finales de la década del 40  las calles de La Villa eran de tierra. La calle Sucre llevaba en la década del 40 el coloquial nombre de "calle La Chancleta". Según saberes ancestrales la calle fue llamada así, porque en época de invierno se convertía en un lodazal y los peatones la tenían que transitar con las chancletas en la mano.

Detrás del mostrador de este negocio un hombre bajo de tamaño, sincero, de voz nasal, virtuosísimo echando cuentos del acervo cotidiano y fino humor llamado don Andrés Gómez, quien era un hombre de respeto pero con mucha chispa, el cual por su trato franco y simpático cosechó muchas amistades. En aquella época se le veía por las calles jineteando  una bicicleta Raleig de paseo.

La presencia frecuente de la muchachada que jugaba pelota callejera y salían de la escuela, llegaban como en procesión a la instalación y los arreglaba con guarapo de limón y papelón  que preparaba el señor Gómez  para entregar a los menores de edad que por razones obvias no tenían acceso a otras bebidas..

Los tercios para el dominó bajaban del centro, de Araguita y de Las Mercedes . Cómo no recordar las veces que llegaba una tromba de jóvenes liceistas del último año de bachillerato con una gritería (era un día viernes) luego de haber cumplido con su horario de clase y enseguida  ordenaban. 

¡Rafael Gómez, danos un botellón de cerveza Caracas bien frìa, cuatro vasos, y un bolívar sencillo para la rokola!

Los más románticos encabezados por el bachiller Francisco Ojeda tenían predilección por la música suave, empezaban a puyar una selección de discos en las voces de Julio Jaramillo y el Indio Araucano. Marcaban un disco de Héctor Cabrera que se titula “Te necesito”; y de Alfredo Sadel “Reloj·…Reloj, no marques las horas”... De repente llegaban unos transeúntes con  guitarras  llorando una milonga, y entonces se silenciaba la rokola. La monedita de pura plata (un bolívar), cuando aún no había sido devaluado, daba derecho para puyar y escuchar cinco canciones elegidas.

Siguiéndole los pasos tradicionales a este botiquín; después de don Rafael Gómez  “El Chorrito” pasó a manos  de  don Rafael Alvarado, y luego lo recibió el señor  Manuel Jiménez, mejor conocido con el sobrenombre de El Indio Eulogio. Abrumado por el tiempo y la soledad como un anciano árbol ya caído se convirtió este popular botiquín en la calle Sucre de Villa de Cura. El viejo inmueble no existe. Fue derribada la antigua casa que albergaba las instalaciones del bar.  En su lugar lo que existe hoy es una vivienda moderna de bloques y platabanda donde funciona un consultorio veterinario.

En los años 60 "El Chorrito" se mudó  para un local al frente ya con nuevo arrendatario, el patrón era un hombre venido de Caracas, nacido en Maturín, estado Monagas; dicharachero y gozón,  amplaimente conocido, se llamaba Pablito Vìvenes.  Un tipo simpático, bien vestido, con cadena  de  oro cochano cruzada en el pecho y pulsera de hombre, anteojos correctivos, bigote grueso,   revestido de una actitud bohémica que supo llegar al corazón de los villacuranos, quien permaneció con el bar  hasta su muerte. Hoy debido a la situación que se está padeciendo, la nueva sede del “ Bar El Chorrito” como fielmente aparece en la gráfica,  está  convertido en un cascarón vacío de puertas clausuradas.

Es muy probable que algunos  habitantes de la vieja urbe villacurana,  guarden en su memoria "El Bar Chorrito", como refugio de grato reencuentro y diversión  de la bohemia y la farándula villacurana del  pasado. Sobrevive en la evocación.

            Don Pablito Vivenes natural en Maturin, sus otras estancias fueron Caracas y Villa de Cura.



Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, octubre 2019
Fotos cortesía de don Elio Martínez.
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domingo, 13 de octubre de 2019

AMADA

                                                         

                                   

                  


El sueño de la noche
irrumpe el laberinto
de dos sombras lejanas

Es mirar de nuevo
del estío la llegada

Un torrente de agonía
de dos ramas secas
que dejaron de rozarse

Los roces del ayer
(en tantas veces)
hoy son fantasía

Los alientos se alejan
como truenos lejanos, 
en un atardecer sin lluvia 

Es espuma,
es río sin vida
cuyas aguas se han ido

Es ocaso tendido
a lo largo  
del andado camino.



jueves, 3 de octubre de 2019

EL CORDONAZO


                                       La tarde del Cordonazo foto tomada por Milagro Almenar 




                                                        Por Oscar Carrasquel



     EL CORDONAZO

            Oscar Carrasquel

El divino santo,
el diácono Francisco
se portó el 4 de octubre
como un auténtico varón

Se ajustó bien temprano
de la túnica el cordón

Hizo honor a su tradición
anegó los campos
aromados de mastranto

Llenó los cántaros
de ríos y quebradas

Un diluvio
subyugando el valle,
Derramó agua bendita
el cielo villacurano  

Volvió a florecer lo verde
las golondrinas emigraron  
Abundantes frutos 
parirá el vientre de la tierra 

La tarde se veía oscurita 
por detrás de la serranía 
Se desprende un relámpago  
como una serpiente azul

El viento daba brincos
mordisquea el ocaso
San Francisco, 
comenzaba su disertación

Se escuchó 
un profundo torrente
por la quebrada Curita
con amago de inundación

Una cortina oscura
envolvió el ancho cielo
con un silencio de oración

Un rugido de trueno,
de golpe se escuchó, 
como un quejido 
de fiera hambrienta
encendiendo lejanías

!Octubre
me lo trajo a la mente!
Sesenta minutos seguidos
fue la duración
del san franciscano 
chaparrón.


                 La Villa de San Luis, 04 octubre 2018