jueves, 15 de agosto de 2019

CERRO EL VIGÍA

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Villa de Cura
Estado Aragua


                                            Por Oscar Carrasquel




Desde mi patio te veo
viejo cerro,
como un león echado
durmiendo la eternidad.

Con tu color leonado,
después que vistes desfilar
por tu pellejo
las candelillas de marzo

Temprano te acostumbraste
al canto de pericos y de  arrendajos

Eres una sombra de barro
que llega al patio de las casas
enganchadas a tu costado

No te levantas de tu aposento, 
esperando de mayo los chubascos 
que purifican tus entrañas

Y el invierno coloque
sobre tu giba
alas a tus mastrantos.


 Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 2019



JOSÊ PÊREZ...EL MORENO PORTEÑO




 EL MORENO DEL TANGO

“Tango que me hiciste mal y sin embargo quiero...”

                                                              

                                                                                                   Por Oscar Carrasquel

Eran aquellos tiempos cuando la vieja comunidad de Nuestra Señora Las Mercedes de Villa de Cura era un poco más pequeña y por supuesto con una población más reducida, atravesada de norte a sur, como si fuese por una lanza,  por  la  calle doctor Jaime Bosch, Había  primero que llegar al sitio conocido como las "Cuatro Esquinas" y pasar frente a la Iglesia de Las Mercedes para uno llegar hasta el caserío. Era como un Camino Real vital para pasar al valle de Tucutunemo. El recuerdo de aquellos días vuelve a arroparnos.

De vida apacible este caserío y de gente muy laboriosa, la brisa soplaba desde la parte Este y con ganas estremecía las ramas de los samanes en los solares de las casas de la sutil comunidad, con sus orillas olorosas a greda de Tejerías y tufo de botiquines.

Hasta las últimas viviendas de bahareque llegaba  el eco de la música argentina de la Rokola del famoso botiquín “TANGO BAR” de nuestro siempre recordado amigo JOSÉ PÉREZ. El negocio al igual que el de su vecino el botiquin de "Ruñío" llamaba mucho la atención y eran muy visitados; tenía tres puertas de entrada, dos por la calle Jaime Bosch, y una por la callejuela que va al remanso del río Tucutunemo.

El juglar Josè Pèrez  había nacido en Villa de Cura en el barrio Las Tablitas el 18 de octubre de 1925. Era hijo natural de don Ramón Rodríguez, mejor conocido en la comunidad como  "Ramòn El Lotero", en doña Marìa Cecilia Pèrez. La pareja levantò cinco hijos mas: Josefa, Carmen Elena, Crispín, Julio y Teresa Pérez.

Se arraigó la mayor parte de su vida en el sector de Las Tablitas pero al parecer  fue en Las Mercedes donde  mujeres le juraron al gordo el primer amor y oyó por primera vez un “Te quiero”, después con el correr del tiempo oiría la misma frase una cantidad de veces. En sus tiempos mozos fue un hombre trabajador y luchador con ahínco.

La abnegada mujer que logró llevarlo al altar sobrevive en nuestra comunidad, se llama  Gladys Padrón de Pérez, hija de la reconocida maestra dulcera doña Carlina Padrón. El  matrimonio tuvo un solo hijo que lleva por nombre Antonio José Pérez Padrón, Psicólogo Clínico,  combina su profesión con la música, creador de  grupos en Villa de Cura y Caracas.

En la vieja rokola RCA Víctor, recostada a un rincón del TANGO BAR puyaban canciones los clientes que iban llegando a platicar o jugar dominó y partidas de bolas criollas. No me lo contaron, sino que lo ví con mis propios ojos, la selección era como una explosión de pura música gaucha. No había música de otros estilos. Aquel bar era un rinconcito romántico,  como una especie de peña de personas que les gustaba disfrutar la música rioplatense.

Abría su negocio todos los días. A menudo la cantina TANGO BAR recibía la visita de una profusión de voces de tangueros villacuranos acompañados de guitarristas, entre los cuales cabe mencionar a José Chacìn “Gardelito”, el poeta Vinicio Jaén Landa, Ramón María Acosta, el doctor Eladio Lovera, Juan Alayòn, Julio “El Che” Martínez, Teobaldo Parra, Agustín Ascanio, Antonio Martínez Santaella, el cantor de tangos Martín González, Antonio Tamiche, Andrés Delgado “El gallo”, entre otros. Hubo un día en una fiesta de nuestra Señora de Las Mercedes de fines de septiembre, el tanguero Vinicio Jaèn arrimó al bar a un músico de apellido Di Maggio, traído de la ciudad de Maracay, quien era un artista tocando un bandoneón.

JOSÉ  PÉREZ fue su nombre real y “El Moreno Porteño” su nombre artístico, apelativo que después se oyó pronunciar en todos los escenarios donde se presentaba este cantor popular villacurano con una calidad de voz. Este sobrenombre de faenas artísticas se lo endosó el poeta Vinicio Jaén Landa por allá en los años 50,  cuando lo presentaba en el estelar programa “Variedades Pampas” que se radiaba todos los días a partir de las 8 de la noche por la frecuencia de Radiodifusora La Villa. Este cantante llamado José Pérez sabía Interpretar de todo dentro del campo de la música argentina, con el alma y corazón y la convertía en puñales.

JOSÉ PÉREZ fue un hombre pobre pero alegre y de costumbres sanas, sabía cómo gozar la vida, se desvivía por el canto, bohemio y parrandero. Falleció en su pueblo natal Villa de Cura el 6 de febrero de 1980; apenas había cumplido 55 años de edad. Fue un personaje muy querido en la parroquia Las Mercedes y en el Barrio Las Tablitas; muchos sábados se lanzaba en las noches claras de luna y su canto se perdía por la polvorienta calle Páez, en su prolongación. No se cansaron las ventanas del barrio Las Tablitas, en las tranquilas noches, y el grupo de sus amigos de oír  tangos en su recia voz.

Muchas veces conversé con José cuando visitaba el barrio donde tenía familiares, siempre manejando una bicicleta Raleig de paseo, fuimos muy  amigos al igual que lo soy de su hermana Teresita, lo escuché cantar en el auditorio de la radio, en el cine El Corralón,  que era donde se hacían veladas artísticas con regularidad, y en reuniones de cumpleaños, vestía sobrio, prefería siempre una larga guayabera de color claro despidiendo un aroma de perfume Paco Rabanne en todo el ambiente. 

Hace un rato en la alta madrugada lo vi cantar como un auténtico artista argentino (me entusiasmó la alegría de ese sueño) interpretando un tango de Carlitos Gardel;  cantaba  “Melodía de Arrabal” con toda la fuerza de su alma,  acompañado del sonido de la brisa de la sabana villacurana, con sus dos brazos en alto que parecían llegar al cielo y volvían y la alegre sonrisa de su dentadura de oro, porque  "El Negro" siempre sonreía cuando cantaba, y así lo quería recordar. Poseía un inmenso repertorio de música argentina. 

Así pués, la mente y el soñar, gracias a Dios, siguen amontonando historias pequeñas que llegan desde el alma para contar en esta marcha de la existencia, de tiempos que fueron alegres en el terruño villacurano que nos vio nacer y crecer, con el recuerdo  de aquel "Viejo barrio de mi ensueño/ El de ranchitos iguales", para recordar a nuestro barrio Las Mercedes y decirlo con letras de don Carlitos Gardel, el Morocho del Abasto.

La Villa de San Luís, agosto  2019




                                 

martes, 13 de agosto de 2019

DOÑA JUANITA CASTILLO DE OLIVEROS.ELABORADORA DE PIÑATAS Y ARREGLOS FLORALES :


DOÑA JUANITA CASTILLO DE OLIVEROS.ELABORADORA DE PIÑATAS Y ARREGLOS FLORALES : 





Por Oscar Carrasquel


Bueno es recordar el tiempo ido y retrotraer nuestras viejas costumbres y tradiciones, sobretodo  aquellas personas que con su accionar y su talento hasta el final le dieron realce a la tierra que nos vio nacer. Hay muchas cosas que contar sobre la historia de las artesanos en Villa de Cura, basta  tender la mirada por la periferia de la ciudad para darse cuenta sobre la infinidad de personas que derrocharon su arte, realizaron cualquier actividad en beneficio del interés colectivo y aprovecharon su trabajo para ganar algún dinerito, que les servía para  granjearse el sustento, y ayudaron  a levantar a  una familia.
Quien tenga interés y la delicadeza de buscar momentos vividos, puede preguntar en  la calle Guárico, como quien sube para el sector La Represa, sobre el historial y característica humana de doña Juana Castillo de Oliveros. Ya ella no está, falleció en 2012 cuando contaba  98 años de edad. Aunque la creamos lejos en esta casa están sus reminiscencias, viven sus descendientes...Un día decidimos acercarnos  para conocer y divulgar algunas de sus vivencias. Había nacido Juana Castillo en Villa de Cura en 1914.

Cómo olvidar que doña Juanita, como era conocida en el sector, fue una referencia silenciosa de mujer trabajadora, de esas mujeres de temple, llena de fe y esperanza, la gente que deseaba conocer y adquirir su artesanía le bastaba con transitar la calle Guárico (hoy Rafael Bolívar Coronado), sencillamente en una noble casa de tejas al frente a  U.E.E. Simón Rodríguez, donde se ubicaba su residencia familiar, y seguro se iba a topar con una de las artesanas  hacedora de piñatas más relevantes de Villa  de Cura. La sala-recibo de su casa siempre estaba lleno de piñatas.
Su labor consistía en elaborar piñatas para cumpleaños y fiestas infantiles, las hacía con la figura y versiones fidedignas como de Dumbo, Pluto, Mickey, (remedo de personajes del legendario dibujante Walt Disney), también figuras de muñecos, camiones, aeroplanos y helicópteros que parecían de verdad; así como imitación de latas y envases de refrescos, cerveza y otras características. Confeccionaba arreglos florales y  buqué de novias, fabricaba papagayos, barriletes y cometas; aprendió a confeccionar trajes y máscaras de disfraces para comparsas de carnaval con sus atractivos colores y diseños. 
Sus arreglos florales recorrieron fiestas patronales de pueblos y ferias en ciudades en diferentes partes del país, sirvieron para decorar salones de reuniones, bautizos, cumpleaños, así como hacer detalles para celebraciones del "día de la madre" y "día del padre". Eso sin contar que tuvo la costumbre  de colocar para la venta sus diseños de piñatas y arreglos  en tiendas y comercios de Villa de Cura, pero también las fabricaba por encargo en el tamaño y  diseño que escogiera el cliente,  para ello tenía un muestrario siempre abierto en el extremo de un mesón para comodidad de la escogencia, algunos clientes  confiaban en su capacidad creadora, lo relegaban al criterio de ella.
Doña Juanita fue una mujer emprendedora, productiva, trabajaba en su propia casa. En una pieza acondicionada tenía su taller, debajo de un tinglado de planchones de zinc, . En estos menesteres trabajó desde muy joven  cuando el papel moneda tenía una mayor fortaleza.
Esta dulce mujer, primeramente comenzó haciendo piñatas tamaño estándar y de diferentes modelos, posteriormente las fabricaba tamaño gigante. Ella se caracterizaba y esforzaba en atender bien a su clientela, muy a pesar de que los costos subían cada cierto tiempo.  
No se puede dejar de mencionarse el comportamiento solidario de doña Juanita Castillo de Oliveros en el sector en donde luchó toda su existencia, pero quizá lo más importante fue su acendrado amor por la familia y el  cariño y respeto que recibió siempre por parte de la colectividad villacurana. Apadrinó a muchos niños de la barriada y de otros sectores en La Villa. Personas que la conocieron muy bien testimonian que se admiró mucho su labor.  Se supo ganar la estimación de todos los villacuranos y los de fuera, por tanto aporte, esfuerzo y dedicación al trabajo que puso en practica hasta el final de sus días..

Oscar Carrasquel. La Villa de San Luís, agosto 2019
Las fotos del álbum familiar
Diagramación: Ramón Alfredo Corniel

domingo, 11 de agosto de 2019

ADIÓS A LA MAESTRA LOLA


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Hace pocas horas
por la ruta del cielo
se nos marchó
para la eterna vida
la maestra Lola

Hoy he visto
los rayos del sol mañanero
cortar los rosales
entre la negra arboleda

Abriò espacio la misteriosa sombra
entre el jardín del viejo cementerio
donde le aguarda la vacante tumba

Domingo de reunión en el cielo,
allá la espera el poeta Vinicio
para recitarle unos apasionado versos.


Oscar Carrasquel, La Villa de San Luís, domingo 11-08--2019





miércoles, 7 de agosto de 2019

LAS SILLAS DE MONTAR A CABALLO VILLACURANAS CONQUISTAN EL LLANO VENEZOLANO Y OTROS PAÍSES


El jinete sobre el caballo es un símbolo del arte de la talabartería. La escultura adorna la fachada de una de una importantes tiendas de productos talabarteros en Villa de Cura.


Por Oscar Carrasquel
                                                                                                 

Nuestro afán en los días ha estado en ponderar a esta ciudad tricentenaria que ha sido testigo del trabajo de aquellos inteligentes hombres de dimensiones heroicas que trabajaron el arte de la talabartería, desde cuando La Villa era un pueblo casi desierto, pero que su pequeña economía se sustentaba en la industria talabartera,  pues como es sabido,  estaba también el comercio ganadero, la agricultura, la alpargatería y las fabricas de tejas. 

Yo  me acuerdo que de vez en cuando llegaban gente de dinero de los llanos guariqueños y apureños, dueños de hatos y comerciantes con sus vehículos y los cargaban de sillas para montar a caballo y demás aperaje, suministro de las fabricas de  Villa de Cura. Desde hace algunos años se ha visto reducida la fabricación a mano, creemos que es debido a la moderna tecnología  y en especial por la situación económica y sanitaria por la cual pasamos. Sin embargo existen diversas tiendas especializadas para  exposición y venta de estos productos.

Nada mejor y  satisfactorio para el dueño de una talabartería de antes que entregar una silla de montar bien hecha, labradas a mano. La silla tenía que pasar primero por la vista y la mente  del propietario antes de salir al mercado.. Sin lugar a exageración a Villa de Cura tiene  preponderancia como  el lugar  donde se fabrica la mejor silla para montar a caballo de toda Venezuela.

Yo que viví muchos años en el llano central y occidental, recuerdo cuando un hombre de aquellos de la sabana, manifestaba con orgullo que su remonta llevaba marca de fábrica villaccurana.. 

La más importante empresa encargada del suministro del cuero para las talabarterías de La Villa, ya curtido y listo para trabajarlo, en pequeña y gran escala, se llamaba Tenería El Águila, que estaba ubicada al comienzo de la recta de Cagua, sentido hacienda Casupito-La Encrucijada, hoy de puerta cerrada.

Los más connotados fabricantes que se conocieron a mitad del siglo pasado fueron en primer lugar La Talabartería de don Josè Reyes en la calle Blanca (hoy Miranda). La de don Francisco José Pérez Rodríguez, en plena calle Real. En la calle Comercio  la talabartería de don Antonio Rivas Vegas (colombiano). Al lado quedaba  la antigua  “Talabartería Venezuela” la más grande y relevante de todas, fundada en 1925 por don  Juancho Cabrera , quien también abrió una fabrica de chinelas (calzado) suela-goma. Don Juancho fue primer proveedor de productos de talabartería  de la gran firma Saldivia y Compañía, comercio de libaneses que tenía su sede en la ciudad de Barquisimeto. 
La Talabartería de don Carlos Villalobos empezó a dar ejemplo en los años 60-70  distribuidora para todo el país de todo lo relacionado con el caballo. Especialista en la elaboración y venta de otros artículos con cuero como cinturones, carteras, maletines, etc.


  Reinal Silvera. Foto cortesía de su hija Nelly Silvera

Don Reinaldo Silvera, fue después creador de otra industria muy importante también con el nombre de “Talabartería Venezuela”, situada en el callejón 3 del barrio Las Tablitas, incluso llegó a comerciar en países hispanoamericanos. El historiador Oldman Botello recién salido de la adolescencia fue vendedor y agente viajero de esta factoría satisfaciendo el comercio del llano. Como es sabido Talabartería Venezuela en la actualidad una de las talabarterías mas importantes en la fabricación de artículos en cuero..La industria talabartera le debe mucho al maestro Reinaldo Silvera quien además dejó huellas como formador de artesanos, su factoría era como una escuela de muchos discípulos..El legado lo siguen los hijos de don Reinaldo que ahora llevan las riendas de la firma.. 


Francisco J. Pérez Rodríguez. Foto sin crédito

Una de las empresas del ramo que empezó a dar ejemplo en La Villa fue el taller de talabartería de don Francisco J. Pérez Rodríguez, una de las más grandes y antiguas que empleaba mayor número de trabajadores, reconocida en toda Venezuela y en el exterior. Hubo un año que fue distinguido  con un pergamino por la Presidencia de la República, por haber confeccionado una reproducción exacta de la silla que usaba el caballo de El Libertador; del mismo diseño, tamaño y los mismos accesorios. La pieza fue colocada en un salón expositivo  en el Museo de Transporte de la ciudad de Caracas fundado en 1970. El único museo de su tipo en Venezuela y Latinoamérica. Este especial acontecimiento fue motivo de júbilo reseñado por los más importantes medios impresos de Caracas.

De grata recordación es la talabartería de Don  Félix Montaña, un hombre alegre, juguetón, de convivencia respetuosa, sabía  desempeñar perfectamente  el oficio.  Estableció su  taller en un cuartucho al lado del conocido almacén de víveres de don Norberto Ramón Vásquez (su cuñado) ubicado en la calle Comercio. Comerciaba sus productos para el llano guariqueño y apureño, directamente o por medio de un agente viajero de dicho almacén.

Estas importantes factorías eran como una especie de escuela donde se formaban  operarios jóvenes en el arte. Es bueno señalar que entre los más expertos artesanos de tiempos antiguos en Villa de Cura se recuerdan a: Enrique Pérez, Jesús Pérez, Alcides Álvarez, Urbano Padilla, Reinaldo Silvera,  Félix Montaña, Heriberto Parra, José Reyes, Rafael Êxime, el Negro Nieves Cabrera,  Carlos Flores, Bernabé Colmenares, Carlos Colmenares, Lucio Pérez, Tomás Anzola, Cruz Parra, entre muchos que después se formaron . La lista es muy larga.

Los modelos de silla  íntegramente elaboradas  a mano eran diversos, fueron las más conocidas los siguientes estilos: la "llanera" para trabajo de vaquería; la "especial" para el deporte del coleo; la "chocontana americana"; la "mexicana"; la "tejana"; una "clásica" para montar caballos de paseo.Los artesanos villacuranos aprendieron a fabricar el "sillín" especial para montar caballos  pura sangre de carrera en  los hipódromos de Caracas, Valencia y Maracaibo. Los mismos hockeys la venían a encargar a La Villa. Estas expertos hacían manualmente de todo, correa, roseta, cabezà, jáquima,  y cualquier adorno fabricado en cuero. Y la silla completa.

No hay que soslayar que Villa de Cura contó en los años 50-60-70  con el más grande taller artesanal de fabricación de fustes en Venezuela. Este armazón es  como decir la columna dorsal de una montura.  Su propietario fue el finado don Hermógenes Rodríguez, el galpón estaba ubicado en la calle Doctor Manzo casi llegando a la calle Páez.
 
También en la misma época era fabricante de fustes don Román Hinojosa, en su taller de herrería, a la vez  de dedicaba a ka reparación de carretas la dirección era entre la calle Dr Morales y Comercio. Entre esa gama de importantes artesanos escofinadores en la fabricas de fustes de Villa de Cura se cuentan: Víctor Rojas Esàa "washington", Josè Rodríguez, hijo de don Hermógenes, por cariño sus amigos lo llamaban  "grillo”, quien en el patio de su casa en el callejón 2 de Las Tablitas armó su propio taller; don Miguel Peña, Miguel Ángel Peña,  Félix Peña “Lefis”, Félix González “el niño”, Antonio Izaya "el mono”, don Luis Albert y otros.

Las viejas talabarterías arriba nombradas distribuían el producto para los estados llaneros, para el occidente, Margarita, Zulia y estados orientales, además las sillas hechas en La Villa fueron enviadas al exterior. El artesano villacurano don Enrique Pérez, nos refirió en una entrevista la vez que hizo un encargo para la República de Argentina y otras naciones suramericanas.
Villa de Cura sigue dando qué hablar en esta materia. A pesar de como ha cambiado la situación hay comercios que la producen en gran escala para exhibición y venta, pero ahora  con un conjunto de técnicas modernas.. Para defenderse producen también, maletines, neceseres, carteras, cinturones, calzados,  llaveros, etc.  Aquel forastero que lo quiera comprobar puede darse una vueltica por Los Colorados, por  la calle del Comercio, o bien por la avenida Lisandro Hernández o carretera troncal vía San Juan de los Morros, donde seguro encontrará en cada esquina, entusiastas  proveedores que le atenderán con  confianza sus pedidos.

En la periferia de la ciudad existieron también operarios que trabajaban en sus propios hogares. Estas grandes y pequeñas factorías absorbieron decenas de trabajadores directos, pero esta afirmación es cosa del pasado. Ojalá hiciéramos  un esfuerzo por tratar de revivir completamente la industria talabartera en nuestro pueblo.
"Las calles y avenidas de Villa de Cura siempre están olorosas a cuero curtido de talabarterías", palabras expresadas por el poeta Aquiles Nazoa en su bibliografía.

Cualquier día que se le antoje a  propios y viajantes que utilizan la carretera nacional (Avenida Lisandro Hernández), pueden observar al frente de las ttiendad, o en la terraza de cada negocio talabartero, la escultura de un caballo del mismo tamaño a uno de verdad,  con todos sus aparejos, como elemento simbólico el arte en Villa de Cura, lo cual es motivo de atracción para los viajantes.

Nos hemos expresado con franqueza y con verdadero orgullo,  sobre una industria que enorgullece a la  apacible tierra nativa, que por décadas se ha constituido como la mas grande proveedora de este producto de toda Venezuela. Todavía es así (aunque no como antes)... Para ello  ha sido vital el esfuerzo  del hombre progresista y trabajador que hoy por hoy,sigue poniendo su empeño  a pesar de todas las vicisitudes.
 
Como Villa de Cura es un icono venezolana en la fabricación de artículos para el caballo, quedaría muy bello en la entrada de la ciudad, una escultura en un pedestal alusiva al caballo como símbolo oficial y figura de atracción turística de la ciudad tricentenaria. 


Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis,  julio 2019







martes, 30 de julio de 2019

ACRÓSTICO PARA UNA CUMPLEAÑERA



A mi nuera Milagros

                                Oscar Carrasquel


Mil violines al unísono

Irán a dibujar su melodía.

La noche se abrirá brillante 

Ante aquellos ojos vergeles 

Gotas de rocío brillan como luciérnagas

Rompiendo el silencio de la noche

O el sonido que desgarra una guitarra

Sintiendo el umbral una nueva primavera.



Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis,

jueves, 25 de julio de 2019

JUAN BAUTISTA ALAYÓN SIMBOLIZÓ LA FIGURA DE UN LOCO .


"
                                                                                                        Por Oscar Carrasquel

La ciudad de Villa de Cura es andada todo el tiempo por locos de verdad, de personas inocentes carentes de cuidado para afrontar su tragedia, los cuales por su deambular se convirtieron en iconos de la ciudad. Por eso se dice que esto de nombrarlos no es peyorativo y es bueno recordarlos con una festividad que se mantiene desde hace más de 200 años en el país.. Se conocieron por su leyenda y apodos en épocas remotas. Poseen su día en el calendario religioso, el 28 de diciembre día de fiesta de los Santos Inocentes. Cada región de Venezuela tiene sus características distintas de formularlo. Los conocedores aseguran que el origen viene de cuando Herodes quiso dar muerte al Mesías, el recién nacido, desde entonces se conmemora la fiesta en el mundo con diferentes diversiones, danzas y música. Una de las curiosidades típicas de la fecha es "agarrar a alguien por inocente", en tiempos cuando todo era lindo.    
El primero que se endosó el nombre de "Loco Lindo" en Villa de Cura fue Juan Bautista Alayón en los años 50, lo adoptó del loco SOTA, un hombre andrajoso, manchado de sucio la ropa, de la época de los años 40, el cual tuvo la manía de arrastrar y barrer el piso con un puñado de ollas y bacinillas por el centro de las calles. El sobrenombre lo adoptó el loco por su semejanza física con la carta "Sota de Basto", de un juego de Naipe. Con sus excentricidades hacía rabiar a la maestra cuando pasaba por enfrente de la Escuela Arístides Rojas, porque tenía que hacer un alto a la clase.
Me perdonan sus fundadores y habitantes actuales, pero debo recordar que en Villa de Cura existió una populosa comunidad llena de casas de gente trabajadora que se llamó mucho tiempo “Barrio Loco”, el epíteto fue por el desorden como la gente construyó sus viviendas en esa área de terreno. También en la avenida Paradisi quedó simbolizado en un sitio que llaman "El puente La Loca".
En los tiempos modernos empezaron a surgir una cantidad de locos en La Villa, que la verdad no son hacinados, pero que a veces tienen su encuentro con la locura, y a muchos nos los tropezamos y le estrechamos la mano por las calles de nuestro pueblo. 
Estos individuos generalmente poseen un componente cultural, les gusta el teatro, el baile, la música, el vino, pero sobre todo, se entregan a enriquecer el folclor vernáculo. La sociedad los comenzó a llamar irónicamente “locos". porque se embadurnan el rostro con pintura como un payaso circense,cargan el pelo alborotado, por lo cual los niños no se dejan tocar fácilmente con ellos, pero saben aglutinar cordialidad y dondequiera son recibidos con abundante cariño.
Fue tanta la invasión de locos en la Villa que se vieron multiplicados, y entonces se pensó mejor en agruparlos en una locaina en una comparsa de locos bastante conocidos. Hace poco tiempo en la ciudad de Villa de Cura se creó un gremio muy singular que lleva el nombre de ASOLOZA (Asociación de Locos de Zamora), capitaneados por mi querido compadre Juan Bautista Alayón. Sus actuaciones publicas para divertir han sido numerosas. La directiva de  ASOLOZA quedó en formación, su sede queda en la calle Páez oeste de Villa de Cura, en la llamada cuadra de la alegría; dentro de poco la calle Páez va ser declarada Patrimonio Histórico. Cultural. 
Juan Alayón natural de Villa de Cura desde pequeño fue una persona de formación cultural, antes de esto incursionó como jugador de béisbol, cantante de tangos, se moría por la música argentina, peleón, bailador, serenatero, comerciante de panadería,  declamador y poeta; brilló escribiendo versos de una manera asombrosa. A Juan Bautista Alayón se le abona el hecho de haber sido designado en un periodo como Director del Museo de Tradición “Inocencio Utrera” de la ciudad de Villa de Cura.
Se llamó LOCO LINDO por ser un bufón fundido en el alma del pueblo venezolano.. Fue nombrado oficialmente Patrimonio Cultural de Venezuela, representativo del arte folclórico autóctono. Hubo varias fechas que el personaje acaparó espacios en radio y en cámaras de televisión  de la capital de la República. Ya no está "Loco Lindo" le llegó la hora de volar a otro plano, sabemos de sobra que no somos eternos. Se hizo diálogo muy serio para sustituirlo, el candidato más etiquetado para suplantarlo con sus auténticas locuras es Alfredo Corniel ("Loco Lindo II") que tiene un elevado parecido a uno de verdad, ha demostrado su semejanza en la totalidad de los eventos en que ha participado.
Figúrense que  LOCO LINDO (Juan Bautista Alayón) en una celebración un 28 de diciembre hizo que lo subieran sobre una carreta halada por un caballo, con el fin de participar en una competencia de carretas al estilo de las realizadas en la antigua Grecia y de Roma. El carruaje se encuentra en exhibición en el Museo de Tradición “Inocencio Utrera” de la ciudad de Villa de Cura.


                           Loco Lindo original (Juan Alayón) junto a Loco Lindo ll (Alfredo Coniel)

Loco Lindo II (Alfredo Corniel) decidió seguir con la tradición celebrada en el mundo desde el siglo XVII, el 28 de diciembre, año tras año,. Alfredo sabe como combatir la tristeza  y vigorizar el ánimo.
En aras de alegrar el espíritu en estos tiempos tan difíciles que vivimos, he querido recordar la fecha con la intención de homenajear a la figura inmortal de nuestro querido y recordado personaje LOCO LINDO (Juan B. Alayón). Que Dios lo tenga en la Gloria.


Oscar Carrasquel, La Villa de San Luís , 28 de diciembre 2019



domingo, 21 de julio de 2019

"LOS WÜISON". FUERON PERSONAJES MUY POPULARES EN LA VILLA DE CURA DE MEDIADOS DEL SIGLO XX


AHI VIENE LA WIUSON
Villa de Cura
Estado Aragua

                                                                  Por Oscar Carrasquel

Cualquier persona en la calle que le consultaran podría decir que “Wilson” es una marca de ropa  para el caballero distinguido, y también una marca de guantes y pelotas de industria norteamericana utilizados ambos en el juego de béisbol.

Pero no. La  “Wilson” de la que queremos hablar es  la designación que la población por allá en la última década de los años 40, le dio a un vehículo que trajeron para labores de patrullaje y otros usos del comando policial de Villa de Cura, como siempre cabecera del Distrito Zamora del estado Aragua, la gente en vez de decir "ahi viene la camioneta de la policía", decía "Ahí viene la Wilson".

Así es. La primera patrulla policial que se vio en Villa de Cura fue donada en 1947 por el Ejecutivo Regional. Recuérdese que antes de esta fecha el patrullaje o recorrida lo hacían los funcionarios policiales a pie, su único armamento era un rolo decente colgado al lado derecho de la cintura. La llegada de esta patrulla causó natural revuelo en la tranquila población de escasos habitantes y llenó de contento  a la policía municipal de la localidad, que entonces estaba ubicada en la Casa Amarilla en todo el frente de la plaza Miranda.

De acuerdo con lo que que nos dio a conocer don Félix Hernández Castillo, quien ya frisa los 94 años de edad; era aquel un vehículo, marca Chevrolet, tipo wagon, cerrada, sólida, pero una parte era de tabla, con capacidad para seis pasajeros, incluyendo al conductor, por los lados poseía una especie de cortinas tapando las ventanillas. No tenía  siglas de la policía.

En la parte superior de la casilla poseía adaptada  una enorme sirena de acero inoxidable donde se podía leer en letras grandes la marca “Wilson”, por esa razón la bautizaron como "La Wilson". Hasta el mismo comandante de policía, cuando alguien le iba a poner una queja de orden público, le prometía: “Ahorita te mando la Wilson”. Cuando éramos muchachos los que vivíamos en la “cuadra larga” le teníamos pavor a la "Wilson". Los que estaban en edad de servicio militar salían a la calle rogándole a Dios para que los librara de la recluta y de la “Wilson”. Igual que cuando los cerros se prendían en candela y comenzaba a buscar gente.

La aprendió a manejar un policía que posteriormente adquirió el sobrenombre de “ El Distinguido Wilson”. En aquel entonces no había casi delito. A veces llegaba la camioneta a la jefatura con una carga de borrachitos de esos que se quedaban dormidos frente a los botiquines de la Alameda; entonces se veía la patrulla cuando  desembocaba a toda velocidad por la calle Real con sus dos faros delanteros prendidos y la sirena a todo dar.

Los días cuando esto ocurría alguna gente se aglomeraba alrededor de las callejuelas y avenidas de la plaza Miranda para salir a curiosear y averiguar a quién traía detenido la patrulla.
 
Entre el grupo de curiosos había una pareja de jóvenes (hombre y mujer), mayores de edad, los cuales se la daban de bobos, lengua mocha los dos, pero eran muy rápidos,  siempre estaban con las pilas recargadas y salían en carrerón por el centro de la plaza advirtiendo en gritería:

                  !Llegò la Wüison!… ¡Llegò la Wüison!, (en vez de  Wilson).

El puñado de bromistas y tomadores de pelo que acostumbraba a sentarse en los bancos y seguir a la pareja de bobos en la plaza Miranda, les puso el sobrenombre  “Los Wüison”, y así quedaron bautizados como si fueran sus nombres propios hasta el final de sus días.

Estas breves reflexiones que les narro nos permite ver con claridad que la postura de sobrenombre,  es una costumbre folclórica muy vieja, no posee autor, resurgen solos, desde boca del pueblo. En aquel pasado no lejano, era muy común en el pueblo de Villa de Cura oír el refrán “Fulano es más pendejo que los Wüison”, cosa que se puso de moda en aquella época.

La Villa de San Luis,  julio 2019


lunes, 15 de julio de 2019

DON OSCAR SALVATIERRA FUNDADOR DEL ANTIGUO “BAR GUÁRICO”

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Venimos en esta oportunidad a hablarles sobre otra de las cantinas más antiguas fundadas en Villa de Cura en el pasado siglo XX, reinante todavía; la presentamos y ponderamos como un sitio popular de esparcimiento de los lugareños, ya que forma parte de la memoria de nuestro pueblo y de la representatividad que significa para el colectivo en general.

Este rinconcito conocido por casi toda la población con el nombre de “Bar Guárico” fue fundado por nuestro coterráneo don Oscar Salvatierra, un hombre de trabajo intenso, comerciante y muy conocedor de la evolución del comercio de su pueblo. El botiquín toma este nombre porque casualmente abrió sus puertas en la antiguamente nombrada calle “Guárico”, sector “Aragüita”, en la parte este de la ciudad de Villa de Cura.

La nomenclatura de la calle fue cambiada por el Concejo Municipal en la década de los 80, y a partir de esa oportunidad se denomina hasta los tiempos como calle “Rafael Bolívar Coronado”, como se sabe, para tributar homenaje al compositor del inmortal joropo “Alma Llanera”. No obstante, un amigo tan amplio y estudioso como es don Miguel Alayòn, vecino del sector que trabajó un tiempo a las órdenes de Salvatierra, dice que la gente no se ha podido acostumbrar a este nombre tan largo y sigue nombrándola como “calle Guárico”.

Como se recordará don Oscar Salvatierra fue en los años 50 prominente figura del comercio local, fundador también de uno de los primeros almacenes mayorista de víveres en La Villa, además fue pulpero, abrió bodegas cuando todo era barato en los barrios aledaños que eran pocos en aquella época, responsabilidad que llevó con orgullo y gran pasión. Aficionado al deporte en especial a béisbol y asiduo colaborador con este genero deportivo.

Cómo no reconocerle a don Oscar Salvatierra que quiso mucho a su tierra y mantuvo la popularidad de este establecimiento toda su vida, desde hace más de seis décadas. Todo el mundo sabe dónde queda, en una de las esquinas del barrio “Aragüita”, en una casa de paredes de bahareque, casi llegando al Club Social “Los Amigos”, un poquito más allá de la quebrada “Curita” que a veces corre debajo de un puente con un sonido melodioso. Se llega en coche o caminando despacio buscando”El Calvario”.

Allí está todavía su obra en su mismo sitio; la gente que asiste a este negocio se siente como si estuviera en su casa; este es el secreto para que siempre se encuentre lleno de parroquianos. La calle Guárico en aquella época era empedrada y polvorienta y en las noches semi oscura. Hay que reconocer que en aquellos lejanos días ésta plácida calle era transitada por arreos y carretas de mula.

Recién abierto había en su patio de fresca sombra una gallera de madera donde se prendían los desafíos de gallos de raza los fines de semana; pasado cierto tiempo fue cancha para jugar bolas criollas, y ahora salón con su variedad se servicios, donde se sorbe la espumosa bien helada y una diversidad de bebidas espirituosas, con sus mesas para jugar dominó y banquetas de madera rústica. A veces llegan juglares a cantar al son de guitarras y entonces la rokola o el equipo de sonido queda en silencio.

Después de fallecido don Oscar Salvatierra ahora quedó a cargo su nieto Carlos Salvatierra quien desde pequeño tuvo la dicha de trabajar a su lado. En su amplio local concurre gente que habita los cuatro puntos cardinales de la población villacurana. Solaz para el que llega a visitarlo de fuera, de puertas siempre abiertas para sanas reuniones de gente de todos los rangos sociales. El problema de hoy día es el horario de trabajo restringido por la inseguridad.

Siempre se ha dicho que allí en la cantina “Guárico” de Salvatierra, usted se siente como en familia. Hemos tenido el placer de visitarlo hace unos largos años en una tarde con sol, hasta entrada la noche. Grato gusto recordar que yo andaba en compañía del acucioso periodista José Seijas Alayòn, del profesor Ramón Vásquez y del poeta “JM” Morgado. Don Oscar, el dueño, en esa ocasión nos recibió cordialísimo con su don de gente que lo caracterizaba.

Comprendemos que es sustancial y de gran interés reflexionar sobre la utilidad de estos lugares de esparcimiento de nuestra idiosincrasia pueblerina. Creemos que la vida hay que mirarla y gozarla también desde las cosas aparentemente simples, pero que dan entusiasmo y alegría al espíritu.

Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 05 de julio 2019

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 Esquina donde está ubicado el Bar Guárico en Villa de Cura. 
Óleo del artista plástico villacurano Cejota

viernes, 28 de junio de 2019

UN VIAJE DE PASEO POR LA VIDA DE DON CÊSAR VARGANCIANO

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En el clarear de cualquier día o bien en el frescor de uno de esos atardeceres de Villa de Cura, en los momentos más significados de la vida cotidiana, en el cruce de una calle, o al subir y bajar una acera solíamos tropezarnos con el señor César Varganciano. Fuimos sus amigos pero sin aspavientos. Catire, callado, enchaquetado, gustaba vestir impecable. Para cumplir el correspondiente saludo le dábamos una palmadita con reverencia. Yo hablaba poco con él pero lo conocía mucho por la cercanía de los grupos familiares, por su condición humana y su trato campechano. Así fue siempre su estilo de vida.
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Todavía el pecho se ahoga por la muerte reciente de este amigo que un día llegó a La Villa proveniente de la sierra carabobeña de nubes y sol, de familia religiosa pobre pero de valores. Le tentó seguramente beber el agua fresca de la cañada de Curita cuando su cauce crecía y se quedó en el pueblo de Villa de Cura para siempre… Aquello pasó en su temprana juventud. La Villa fue su punto de llegada y también su paraje final. Aquí sembró familia y muchas amistades. Cèsar fue un hombre reservado pero de ánimo oportuno y espíritu alegre.

Había nacido don César Augusto Varganciano Reveròn el 11 de septiembre de 1941, en el apacible pueblo de Belén, ubicado al sur del Lago de Valencia, aquellas tierras de cultivo y viento fresco, municipio Carlos Arvelo, estado Carabobo, (así se lo refirió una vez a su amigo don Oldman Botello), aunque reza un documento que fue presentado en la ciudad de Maracay; hijo de doña Luisa Reveròn y don Jesús María Varganciano, agricultores de conuco; llega a Villa de Cura en los años sesenta durante el gobierno presidido por el señor Rómulo Betancourt. La ciudad de aquellas callejuelas tranquilas del ayer lo recibió con las puertas abiertas; era la Villa de San Luís de Cura una de las más segura y atractiva al visitante de toda de la región. Este belenense sintió a esta Villa como si fuese su misma tierra.

El hecho de provenir de una familia campesina cuyas raíces nunca cayeron en su olvidó, no le impidió a César iniciarse en la escuela en Belèn de Carabobo donde culminó el 6º grado; después migró a la ciudad se dedicó a cumplir aspiraciones que lo llevaron a juntarse con la Iglesia Católica. Abrazó una misión acorde con el destino divino de unas tías allá en Belén, las que en algún momento descubrieron su inclinación por la vida sacerdotal.

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Cuando apenas era un niño de 9 años fue ingresado al Seminario de Caracas y tuvo también una larga pasantía por los viejos Seminarios de Barquisimeto y Valencia; pero se vio en la necesidad de retirarse porque la carrera era demasiado larga, costosa, y no tuvieron como costearla. También para ayudar a sacar adelante a la familia. Duró 10 años de su juventud como estudiante en tres Seminarios distintos.
A Cèsar siempre le llenó el espíritu ser un ferviente servidor del Señor y la religión católica, era un joven talentoso muy estudioso de la Biblia; en su paso por el Seminario de Barquisimeto, guiado por el destino divino buscó la presencia de la madre de Dios a través de su devoción por la Santísima Virgen La Divina Pastora. Seguidor de la peregrinación mariana todos esos años en Barquisimeto, en fecha 14 de enero.

Los años siguientes en Villa de Cura estado Aragua fueron para entregarse a su nueva profesión donde se destacó como entrenador deportivo en el recién creado Parque de Recreación Dirigida del CVN en los años 60 (hoy parque Niño Simón). Estas instalaciones plenamente activas en esa época eran de verdadera belleza: con su escenario para teatro y danza y juegos didácticos, su cancha para hacer deporte, la banda escolar, su piscina apta para clases de natación y un horario fijo de clases para niños y niñas.

Varganciano aprovechó su enseñanza recogida de cuando era estudiante de colegios católicos y no tuvo dificultad para desempeñar la docencia, fue maestro interino de aula en colegios públicos de Villa de Cura, siendo de gran ayuda para maestros y alumnos.

Un día, César tuvo que escoger otro camino buscar otros horizontes, quería realizar otro trabajo que respondiera más a su vocación, a su espléndido humanismo; fue a parar al Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, hizo cursos de capacitación en Valencia, en la CHET Ciudad Hospitalaria “Dr Enrique Tejera”, en cuyo laboratorio se preparaba el personal para la batalla contra la Oncosincosis, Leishmaniasis, Lepra, con la finalidad de atacar a fondo las enfermedades metaxenicas.

Allí confluían muchos ciudadanos provenientes de todas regiones del país, compartiendo idéntica preparación que luego fueron trasladados a diferentes centros de atención hospitalarios, hicieron análisis y pruebas en el hospital viejo de Villa de Cura. César cumplió labores como visitador sanitario en comunidades rurales en la campaña antimalàrica emprendida por el Dr Arnaldo Gabaldòn, finalmente se desempeñó durante un largo tiempo como Inspector y Supervisor de Sanidad.

Su cabal desempeño en la Dirección de Sanidad tuvo su compensación naturalmente, fue objeto de diversos reconocimientos por su destacadísima labor; placa por el Servicio de Dermatología Sanitaria del Estado Carabobo en febrero de 1999; reconocimiento por su destacados servicios, concedido por la Gobernación del Estado Carabobo el año 2003; diploma por la Fundación Instituto para la Salud carabobeño (INSALUD), entre otros.

Aquí en Villa de Cura conoció a una joven trigueña buenamoza de la calle Páez. Se enamora de la joven Gladys Ybarra Ortega, contraen matrimonio el 25 de mayo de 1961. Se juraron amor eterno y supo cumplir su palabra, compartió su vida con ella hasta el final.

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Para afianzar esa unión fueron llegando los retoños: Liseth Varganciano Ybarra, Yezenia Varganciano Ybarra, Cèsar Augusto Varganciano Ybarra y Jhonathan Varganciano Ybarra.

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Todos sus hijos optaron por el estudio, y después de concluidos estos deberes se dedicaron con amor a su trabajo. Fue un abuelo querendón fortalecido con la presencia de sus nietos: Lizz Estefanía, Augusto César, Yannaliz Valeria, Augusto Alejandro, Jhonathan Alejandro y Santiago Enmanuel.

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Entre sus hijos está la doctora Liseth Varganciano de Corniel, médico egresada de la UC, casada con nuestro amigo Ramón Alfredo Corniel. Creo que en cualquier rincón de la población conocen a Ramón Alfredo,  sobretodo por su costumbre de hacerle muecas a la vida, con los mil rostros este humorístico personaje . Para el viejo Varganciano, Ramòn Alfredo fue semejante a un hijo propio que la vida le regaló.

Don Cèsar Varganciano, cuando era sanitarista, en el ejercicio de su compromiso laboral, por ese ir y venir a su trabajo se pasaba casi todo el tiempo fuera de la ciudad de Villa de Cura, sin embargo sacaba tiempo para venir periódicamente, reunirse y compartir el gusto por la música en familia, departiendo su espíritu alegre y bonachón con un grupo de sus colegas. Le fascinaba disfrutar las cosas sencillas de la vida.

Ya retirado de su accionar de trabajo no se entregó implícitamente a la pasividad de la vida, prueba de ello era su dedicación a leer; según cuenta su viuda Gladys, poseía una envidiable memoria, una nítida letra y le apasionaba cartearse con sus amigos y reflexionar sobre diferentes temas de la cotidianidad.

Nuestra amiga la maestra de aula Yezenia Varganciano, hija del maestro nos dijo que ya había superado la barrera de los 77 años de edad cuando su padre enfermó de cuidado, entonces no era el mismo, no pudo vencer el desgano por el malestar. Por momentos César se le escapaba y le lanzaba guantadas a la muerte, pero ésta en definitiva lr ganó la partida. Expiró casi a la media noche del 11 de junio de 2019 en la casa que habitaba en la calle Páez de Villa de Cura.

Su nombre quedó grabado en el recuerdo de muchas personas que le quisieron a las que le dolió tanto su partida. No podemos dejar de mencionar a nuestro común amigo Pedro Botello con quien trataba los diferentes tópicos de la vida. Toda una multitud acompaño el féretro por el largo de las calles hasta llegar al cementerio principal de Villa de Cura. Ya se dijeron los rezos por el eterno descanso de su alma en la calle Páez, en una casa llena de afectos, de flores y de santos.

Reiteramos a nombre de nuestra familia la palabra de consuelo a sus familiares y amigos.

Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 24 de junio 2019
Fotos del álbum familiar
Diagramaciòn y publicaciòn a cargo de la profesora Marìa Teresa Fuenmayor


sábado, 15 de junio de 2019

¡AQUÈL ENCENDIDO CIELO!

  



El día
se levanta de su sueño
entre un marco de nubes
somnolientas

Qué hermoso
amanecer crepuscular
que calcina de carmines
el cielo de Villa de Cura

Qué plácida
contemplación
de este concierto de armonía

Parecen labios de amor
que buscan besar
aquél cielo bohemio
en su travesía

El alba
se detiene en sus orillas
para luego ceder paso
al sol que acuchilla.




Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, junio de 2019



NOTA: Foto "Un amanecer villacurano" tomada  por la profesora María Teresa Fuenmayor


miércoles, 12 de junio de 2019

ADIÒS A UN GRAN AMIGO: DON CÉSAR VARGANZIANO



Toda historia de muerte es como una pesadilla a la que uno trata rápidamente de despertar. Hoy miércoles 12 de junio en la madrugada recibimos la triste noticia del fallecimiento del siempre recordado amigo don Cèsar Varganziano.

Se le acabò el tiempo en la vida terrenal a este gran amigo luego de tanto batallar con la muerte. Cèsar, trabajador incansable y siempre luchador; no era nativo de Villa de Cura sino de la generosa tierra de Belèn, estado Carabobo. Pero desde que vino por estos lares y casò con Gladys Ybarra, con la que formò familia, se hallaba residenciado en la calle Pàez, en la cuadra de màs tradiciòn popular de Villa de Cura.

Buen amador de este solar villacurano, nunca se apartò de este pueblo al que considerò su segundo alero fijo, y cuya tierra lo va a cobijar para siempre. Que la tierra le sea leve don Cèsar, paz a su alma. 

Hasta Gladys, sus hijos, nietos, a su yerno Ramòn Alfredo Corniel que fue como un hijo màs, y demás familiares en esta hora de tristeza y profundo dolor nuestra solidaridad.


Oscar Carrasquel, la Villa de San Luis, 12/06/2019



NOTA: Foto tomada del facebook de Ramòn Alfredo Corniel 

domingo, 9 de junio de 2019

WILLIAM REBOLLEDO Y SU APARATO SIDERAL

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Se acabó el verano
y en el vasto cielo aragüeño
volando sigue el papagayo
tridimensional de William Rebolledo

Vuela que vuela
en el blanco azul del cielo
como una nave sideral
hasta llegar más allá de la nubes
donde moran los luceros

Luce en su vuelo los colores
de su helénica hermosura
en la lucidez del horizonte

La tarde comienza a declinar
sobre la placidez de la avenida
Y el papagayo astral de Rebolledo
desciende a contemplar triunfante
la luz crepuscular de Las Mercedes.

Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, junio de 2019