sábado, 7 de julio de 2018

EL PIRILUSERO. PERSONAJE DE ANTAÑO



FUENTE DE LA IMAGEN: https://steemitimages.com/0x0/https://cdn.steemitimages.com/DQmY2Dsmsypy7EZ46PJS11kbdotvngPzUVz8fTLpcRMVjRa/image.png

La verdad es que no conocí de nombre ni de apellido a este popular y caritativo personaje con destellos de alegría, de andar pausado, que todo el mundo llamaba PIRULI, el cual a finales de la década de los años 40 tenía como labor instalarse en una esquina de la plaza Miranda de mi pueblo natal Villa de Cura, estado Aragua en Venezuela, diagonal con el mercado viejo, con un mesón y una ruleta de juego. Parecía una estatua arrellanado en una silleta de madera y cuero.

Siendo yo un muchacho pantalón corto no le apartaba la vista. Él, ya era un hombre viejo. Lo observaba a veces entre grupitos de personas. Lo puedo recordar como un hombre blanco, obeso, cara regordeta, con tres serpentines de pelo colgándole de la frente, y la camisa desabotonada cubriéndole parcialmente la panza. Sus manos regordetas y fuertes no paraban de dar vueltas y vueltas a una ruleta de juego. Afianzado en esta divertida labor sobrevivía este hombre de pesada humanidad.

Lo cierto que después de pasados tantos años, solo me queda el borroso recuerdo de su figura en mi memoria. De todas maneras hoy la crónica siente inmenso placer de recordar a este popular ciudadano, el cual figuró entre los habitantes de Villa de Cura de mitad del silgo XX.

Pocas personas que gozaron de su trato y amistad lo denominaban por su propio nombre, tanto es así que prácticamente le suprimieron su nombre de pila para llamarlo por su apelativo, incluso todas las personas de su generación que lo trataron y lo visitaban le decían PIRULÍ.

PIRULÍ, era el jactancioso nombre que el ruletero le daba a unos artesanales caramelitos que el personaje proporcionaba como pago a las personas que apostaban y ganaban en su ruleta. A cambio de devolver en centavitos las apuestas que hacía la gente, pagaba con caramelos baratos o pirulís como él los llamaba.

La verdad es que no es mucho lo que puedo aportar sobre este simpático y abnegado ciudadano y sus ideales caramelitos, con los cuales endulzó la inocencia de tantos niños y también adultos en Villa de Cura de una época, hace más de seis décadas era muy conocido en la población.

Deseo antes de cerrar esta breve crónica rememorar unos versos que le escribió a PIRULÍ nuestro inolvidable amigo el poeta J. M. Morgado. Hoy vengo a repisar sus elocuentes estrofas con las cuales nuestro querido bardo identifica mejor a este personaje extraordinariamente popular:

Con su mesa-ruleta en la cabeza

y en la mano la silla,

rumbo a la plaza, su figura obesa

es una viva estampa de mi Villa.
Su nombre entre la bruma

de los años pasados

de mi mente se esfuma

como el humo del tren sobre los prados.
Lo recuerdo: sentado, como un Buda

con su manaza, regordeta

y ruda

cansón, dándole vuelta a la ruleta.
De ese tesón, con visos de desvelo,

a cambio de entregar en caramelos

lo que ella le marcaba,

tan solo un centavo le quedaba.
Plantado en nuestra plaza, en una esquina

él le endulzó la vida a mucho niño

y mi pobreza a mí.
Así como él llamó a su golosina

nosotros con amor y cariño

Llamàbamoslo a secas…PIRULÍ.

JM



Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, junio 2018

viernes, 29 de junio de 2018

ÚLTIMO ADIÓS A DOÑA IRMA



Por Oscar Carrasquel

Se nos marchó doña Irma, como se le conocía. Hace pocas horas la vimos por última vez cerquita; afloraba a su rededor un puñado las flores del jardín que nutrían su vida y que hoy vuelan como maripositas hacia el ancho del infinito. Apenas hace unas horas fue entregado su cuerpo a la tierra madre que la vio nacer. La amiga y vecina de media cuadra de distancia de la  casa que habito.

La que fue esposa constante en la vida terrenal del maestro barbero Luis Manuel Botello. La que sintió en su vientre los aporreos de Oldman, Manuel,  Pedrito y Zobeida. Su fortaleza espiritual era muy sorprendente, lo prueba cuando fue  sorprendida por la temprana muerte de la única  hembra.

Era la confitera que hace años mejor fabricó en  Villa de Cura, en el siglo pasado, la exquisitez de aquellos dulces “Roscones”  que gozaron de fama y degustó a la orilla de su fogón el doctor Guillermo Morón, cuando La Villa era un pueblo pequeño y la familia Botello hubo de recibir la visita del escritor. Así lo hace constar el historiador larense en uno de sus libros.

En  modo alguno la matrona  lo anduvo buscando, sin embargo el Cabildo de Zamora presidido por el señor Luis Herrera la distingue con una condecoración, en una fecha que se rememoraba el “Día Internacional de la Mujer”, para reconocerle sus incontables meritos humanos.

Doña Irma era la única  que quedaba de la dinastía del pulpero de la “La Alameda Crespo” don Arístides González. Maestra del arte de la humildad y la entrega ilimitada. Profesó la fe católica, con devoción por la Virgen de Lourdes y el Santo Sepulcro villacurano.

Madre, abuela, tía, suegra, amiga incondicional en las atenciones y cariño. Se nos marcha adelante por el camino que otros  después seguiremos. Esa en definitiva es la vida cuando llega el momento supremo en que debemos huir de las soledades para acudir a contemplar el rostro  de nuestro señor Jesucristo.

Yo pensaba que doña Irma pasaría de los 100 años en la vida. No. Dios tenia dispuesto otra cosa, que solo llegara a la puerta del tiempo con 91 años y unos cuantos meses. La verdad es que su  vida fue un  un sueño que termina hoy cuando  comienza a ascender hacia el verdadero reino de la paz de donde no se regresa jamás.

Descanse en paz doña Irma, que la armonía del viento por esos pacíficos lugares le acompañe en este viaje final.

La Villa de San Luis, 27 de junio de 2018

sábado, 23 de junio de 2018

“RAMÓN EL LOTERO” ¿QUIÉN FUE ESTE CABALLERO?

                                                                   


          Por Oscar Carrasquel

En la década de los años 50 don Ramón Rodríguez, más conocido como “RAMÓN El LOTERO”, acostumbraba asomarse por el centro del pequeño valle, por los alrededores de La Alameda crespera. No era de vez en cuando, sino con relativa periodicidad, porque habitaba una casa en el barrio Las Tablitas. Trabajaba con su lotería todos los fines de semana. No había Fiesta Patronal y otras solemnidades populares y religiosas en que no estuviera presente este simpático caballero.

Una mesa de madera sobre su cabeza, una silleta  y  una marusa color negro en la  mano, era parte del equipaje que siempre llevaba. La lotería que don Ramón cantada era una cantidad de bolitas con diversas figuras. Colocaba  un mantón  de hule  sobre una mesa dibujado con las mismas caras de las pelotitas.

Un hombre de color trigueño, alto y de regular contextura, gozoso como ninguno de las fiestas populares en La Villa. Casi todo el mundo lo conocía en Villa de Cura, con frecuencia se le veía en los bazares, metido entre una hilera de ventorrillos, música mabilera, abriéndose paso entre aquella algarabía de parroquianos y de personas que llegaba de todas partes. En  ocasiones se le veía bajar o subir para el barrio Las Tablitas en pleno día y también empezando a desgajarse la noche.

Desde la Alameda Crespo se podía otear fácilmente los cerros que rodean a La Villa, la plaza Bolívar, el hospital viejo y su hermosa sabana. No había entonces esa cantidad de casas,  edificios y puestos de buhoneros que existe ahora.

A lo largo de tres cuadras en los límites del área urbana estaba el negocio de don Manuel Melo; al frente, el almacén de don Norberto Ramón Vásquez;  la bodega de Rafael Ortega; más adelante el botiquín “El Samán” del señor Napoleón Guariguata y su patio de bolas criollas; en la misma cuadra la bodega del larense don Juan Aguilar, que leía las “aguas” y recetaba pazota para purgar los parásitos; a dos casas el bar con billares anexo de don Pancho Espi; en una pequeña sala la  barbería de Luis Manuel Botello y Rufo Archila; le seguía el negro Testamar, un zurcidor y lavador de sombreros; y en la cuadra siguiente no faltaba la presencia  de un bar con el añadido de “mujeres de la vida”. 

“El Lotero”, tenía apariencia de hombre muy serio, andarín de pueblo en pueblo. En donde hubiera celebración de fiestas patronales, allí estaba él, estacionado  con su lotería. En la Villa se hacía sentir casi todos los fines de semana, ocupaba  puesto en medio del callejón “Mateo Vargas” de Las Tablitas. Ya cuando la noche caía, desde un extremo de una mesita se alumbraba con la titilante y mortecina luz de una lámpara alimentada con agua y carburo.

Iniciaba su negocio  con esta frase que era como una sentencia: “juego no más”, y  el juego quedaba cerrado. La mano derecha la ocupaba en ir revolviendo pequeñas bolas  dentro de la mochila,  mientras de sus labios salían estos sonoros versos:

 ¡Me voy con la lotería
pongan cuidado señores
para que mañana no digan
que el lotero no ha cantado!

Entonces paraba, y comenzaba a sacar -una por una- las bolitas con diferentes figuras para comparar con las que estaban dibujadas sobre la mesa. Atentos los apostadores verificaban y esperaban el resultado de la partida. El Ruletero ganaba  con la apuesta de los perdedores, y era entonces cuando entraba en juego el famoso  rastrillo de don Ramón, cobrando y a la vez pagando.

Falleció Don Ramón Rodríguez en su natal Villa de Cura hacia en 1952. Hoy, pasado tantos años, con mucho cariño lo traemos a la memoria. En la antigua barriada entrevistamos a su hija muestra amiga y vecina Teresita Pérez. También contamos con el testimonio de las personas que conocieron al personaje, como don Nerio López, viejo deportista y  habitante del sector Las Tablitas,  para que supieran de él  las nuevas generaciones.

La Villa de San Luis, Junio de 2018


Ruta de la imagen: https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRkKjoxfPQZKNiBjLqQyygkoQ7wJybvPP8HEjitrFJ_uP1FqN0h

viernes, 22 de junio de 2018

LA ROJEÑA


Texto: Oscar Carrasquel

Me propongo con estos versos cantarle y rendirle homenaje al paisaje portugueseño. “La Rojeña” es un paraje sencillo, rural; y es también el nombre de una cañada con puente sobre la carretera troncal 5, que corre con su algarabía paralela al caudaloso Rio Acarigua. Pasa realenga entre solares por todo el centro de los caseríos “El Rio” y “La Isla”. Nace en la montaña, entre los estados Lara y Portuguesa, sus aguas con sus latidos van a tributar el cuerpo del rio Acarigua; le va a caer abajo en el espacio de Araure, y en conjunto, rio y quebrada cruzan en parte la llanura occidental venezolana hasta encontrarse con el río La Portuguesa, para finalmente chocarse con el Caribe mar…Así, aparecieron estos versos cuando le recordaba yo un atardecer tranquilo de abril meciéndome en una hamaca:

LA ROJEÑA

Dedico al profesor Marcos Leal Ceballos

Desde mi chinchorro escucho
en el silbido del viento
tu canto cotidiano

Rumorosa, cantarina,
escurres entre raíces,
cañada de “La Rojeña”

En tu corriente turbia
escurren los caracoles
y beben las soledades

Braman en invierno
tus aguas
olorosas a mastrantales

Flotan las iguanas
y se espantan
entre los herbazales

Hacen gárgaras tus aguas
en tu garganta de barro

En tus charcas se retrataron
los veteados ojazos
de la huidiza muchacha

Viajas a calmar la sed.
A declarar tu amor
al río grande.

No se cansan tus arenas
de rodar
hacia la eternidad del mar.

Araure, abril 2018


CACHORROS B B C





   Texto: Oscar Carrasquel

El equipo de beisbol  CACHORROS  B B C,  de la llamada entonces Liga de Ascenso, fue otra de las divisas representativas de los colores del barrio Las Tablitas, por allá a finales de la década del 50; rivalizó en el campo del Estadio Ramón María Acosta de Villa de Cura con equipos locales y foráneos que solían visitarnos, con positiva marca de mayor triunfos que derrotas y participó en varios torneos que se escenificaron en este municipio zamorano. En la foto los integrantes del equipo.

Parados de izquierda a derecha: Anseris Quintana (anotador oficial), Nerio López, Germán Quero, Pío Cuzate, José Antonio Cuzate, Pedro José Flores “chachaita”, Roso Martínez “verraco”, Armando Flores, Florencio Colmenares “conejo”.
Agachados de izquierda a derecha: Félix Hernández “la vieja”; Gonzalo Hernández y Emiliano Hernández “cochino”.

Las madrinas: Teresa Pérez y Lourdes Perdomo. La pequeña con turbante en la cabeza es Zoraida Quintana Cuzate.

La añosa fotografía pertenece al álbum de la familia Cuzate.

La Villa de San Luis, mayo de 2018     

jueves, 14 de junio de 2018

EL SILBIDO DE MI MADRE







MARÍA INOCENCIA se llamaba mi mamá. La alegría le llegaba por migajas y la tristeza le brotaba por borbotones. Como poseía una voz muy apagada no cantaba, prefería saborear entre los labios las canciones tristes de su predilección. A veces brotaba de su boca un silbido lejano con tono de pájaro en bosque.



Cuando estaba en la batea, regando las soñolientas petunias, o sentada en un sillón pedaleando su “Singer Negrita”;  entonaba con insistencia un bolero escrito por Diego el Cigala, muy aplaudido en la época en la voz de Panchito Riset, y se titula SI TE CONTARA.  Todavía me parece oír su profundo tatarear   por los  espacios de la casita llenando mi dormitorio y el alma de congoja.



Hoy cada vez que oigo el tema SI TE CONTARA, sigue arrancándome lágrimas y  estremece mi sensibilidad, porque era la selección que silbaba, tarareaba y entonaba con amorosa insistencia MARÍA INOCENCIA, mi mamá.



                                          



Nota: Con este post  gané el CONCURSO PARA CELEBRAR EL DÍA DE LAS MADRES " Cuenta la historia de su canción favorita" en la página web https://steemit.com en mayo de 2018, resumiéndolo a 120 palabras según las exigencias del concurso.



      Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, “Día de la Madre” de 2018


jueves, 7 de junio de 2018

¡PEQUEÑO, TRAVIESO!


Hube de hacer un esfuerzo superior para acordarme de una diablura ocurrida durante la etapa de mi adolescencia. Esto fue con la finalidad de participar en un concurso titulado "LA MAYOR TRAVESURA DE MI INFANCIA"  y ahora deseo compartir esta experiencia también con ustedes:

Corrían entonces los años 50. Ya he contado que mi madre era una llanera muy laboriosa, seria, estricta y de carácter irascible, por esa circunstancia eran muy raros los deslices que uno pudiera cometer.

He contado también que mi mamá fue una mujer muy humilde, era costurera de oficio, en esta labor trabajó toda su vida, hasta que sus fuerzas fueron disminuyendo como consecuencia de las enfermedades y el paso del tiempo.

Cortaba y cosía exclusivamente para damas y niñas. En el sector La Alameda Crespo de la calle Comercio de Villa de Cura, estado Aragua, en Venezuela, manejaba ella una clientela fija -era recomendada por el “Negro Testamar”- que le encargaba vestidos hechos a la medida. Toda la chica trabajadora buena paga, cancelaba de contado. Yo lograba hasta propinas por llevar la ropa que les mandaba mi vieja. No una, sino varias veces me tocaba llevar en una petaca los trabajos de costura. Recuerdo que como yo era un mozuelo de 12 años tenía impedido la entrada a los botiquines que había en La Alameda crespera.

Uno de los botiquines lo frecuentaba los fines de semana una galería de mujeres de vida sibarita; se podía oír desde afuera la estridente música de un pianito de manilla accionado por el sordo Víctor Criollo, moliendo merengue rucaneado, y voces de hombres y mujeres disfrutando.

Resulta que yo, muchacho curioso, me sentaba a fizgonear por debajo de un par de portezuelas batientes que estaban en la puerta; iguales a las que tuvo la entrada del bar “La Garita” del amigo Carlos Almenar. Me quedaba un buen rato viendo bailar apechugadas a las parejas en el salón. Mientras que por abajo salía un olor a “perfume de gardenia” bastante seductor.

No me importaba. Al regresar a casa, que me esperaba mi mamá con una tremenda reprimenda, porque creía me había entretenido jugando pelota. Urdí una salida, pues le decía que “La negra Antonia”, que así nombraban a una mulata de la época, estaba “ocupada” en su cuarto y la debía esperar para que me cancelara el importe de la ropa.


Oscar Carrasquel

Fuente de la imagen: https://steemitimages.com/0x0/https://cdn.steemitimages.com/DQmcCPxRc4LKdJz7VHbd6BUy2wy5CR5YzowWAHLzHuViNKX/image.png

JUAN DEL PUEBLO, POPULAR PERSONAJE DE LA VILLA VIEJA





De mediados de los años cincuenta fue habitante de esta ciudad JUAN DEL PUEBLO, como lo conocía todo el mundo, fue este ciudadano otro de los personajes populares que deambularon el pasado siglo por estas calles de la Villa de Cura vieja de luna y de sol.

Era un hombre sano, ameno, de regular estatura, vestido de kaki marrón, calzado de alpargatas y camisa por fuera. Era medio sordo y hablaba con lengua enredada. Fue caletero de mercancía en los almacenes de la ciudad, pero aparte se ocupaba de la limpieza de solares y mandadero. JUAN salía todos los días manejando un carretón de madera donde acarreaba escombros y basuras de las casas, y además era repartidor de pedidos de víveres y mercadería seca que las bodegas facturaban en los almacenes mayoristas.

Habitaba solo sin familia una pieza alquilada situada en el barrio Araguita al oeste de la ciudad de Villa de Cura. En alguna ocasión fue también celador de la casa sede del partido Acción Democrática, que quedaba ubicada en la calle Blanca (hoy Miranda) en toda la esquina cruzando la calle doctor Manzo. Lo cual hace presumir que fue un militante fiel de las filas de esa organización política. JUAN DEL PUEBLO personificaba aquella imagen de AD, donde aparecía “Juan” con un pan dentro de un bolsillo.

En la Villa de Cura de aquella época, JUAN DEL PUEBLO adquirió notoriedad porque se convirtió en el perseguidor de los borrachitos. Todos sabían que, cuando él veía tirado a un borrachito en un botiquín o en la acera, enseguida se lo tiraba al hombro, como el pescadito de la Emulsión de Scott, lo colocaba encima de su carretón y lo llevaba para que pasara la embriaguez en la sabana; que así se llamaba un paraje solitario que quedaba junto del campo donde se jugaba beisbol. La gente ya estaba al cabo que su verdadero propósito era “sacarle la cédula” a los borrachines.

Cuentan muchas personas que lo conocieron, que lo veían regresar con la carretilla sin la carga humana y le preguntaban:

- Para dónde vas, Juan?

Mostrando una sonrisa picaresca, lanzaba en su media lengua esta lacónica repuesta:

- ¡No voy, sino que vengo!

Estas cosas sencillas carentes de interés -si se quiere- ocurrieron en nuestro querido pueblo de Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela, en el pasado reciente. El nombre de JUAN DEL PUEBLO sigue vigente en la voz y en el eco de los villacuranos de “Apenas ayer”, como titulaba sus crónicas el poeta Vinicio Jaén.

Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, junio de 2018


jueves, 31 de mayo de 2018

DON MANUEL LUNA: ARTESANO, MÚSICO Y DEPORTISTA



Crónica redactada por el poeta Oscar Carrasquel


Nuestro núcleo “Las Tablitas” es un asiento pequeño fundado a las faldas de la alta colina “El Vigía” de Villa de Cura, situada en la parte sureste de la ciudad. Una comunidad reconocida siempre como de gente muy laboriosa, sobre todo cuna de deportistas, poetas, músicos, artesanos. De hombres y mujeres que saben fabricar muy bien la famosa y criollísima alpargata villacurana; gozaba de mucha fama este calzado de uso diario por allá a mediados del siglo pasado. Tanto en los estados llaneros como en la región centro occidental de Venezuela era muy cotizado. Un oficio tan viejo como la misma barriada.

Del sector Las Tablitas han salido destacadísimos jugadores de pelota, managers, árbitros y dirigentes del beisbol aficionado, igualmente músicos, pasan de generación a generación en todo el conglomerado. Un ejemplo se tiene al hacer mención del músico don Manuel Luna, que siempre fue un incansable trabajador, estuvo vinculado a la práctica deportiva en Villa de Cura. Primeramente como jugador y posteriormente sirviendo de manager.

MANUEL LUNA, para quien lo no recuerde, es el homónimo de un excelso músico de arpa y compositor apureño, nativo de San Rafael de Atamaica, municipio San Fernando, a quien se le acredita la música de la canción “Sentimiento Apureño”.

Pero este MANUEL LUNA, a quien me propongo homenajear fue igualmente un hombre que aprendió lo bello de la música, nacido en Villa de Cura el 20 de febrero de 1915. Desde que era un niño estas calles empedradas sintieron sus raudos y diligentes pasos. Fue un hombre muy amigable, querido y respetado por todos. Es un reconocimiento no solo al artesano, músico y deportista, también al buen padre de familia que fue toda su vida.

En esta oportunidad lo quiero fijar en la crónica por haberlo conocido personalmente, trabajador, deportista cabal, un individuo de valores cristianos. Trigueño, pequeño de tamaño, serio, se dejaba crecer un bigote cortico si cabe la comparación como el de Charles Chaplin. La ciudad Villa de Cura, capital del municipio Zamora fue su hogar de siempre; habitó con su familia una casa grande de esquina al final de la calle Páez oeste, en todo el cruce con la calle Bolívar y Villegas, en los linderos del barrio Las Tablitas.

Don Manuel Luna tuvo el privilegio de conciliar en la vida tres importantes vertientes que le identificaron, entre las prioridades de su vida diaria fue artesano de la alpargatería, ejerció de la mejor manera el arte musical y fue un deportista cabal a medio tiempo, jugando y enseñando a jugar a las generaciones que le seguían.

A lo largo de su existencia, le dio impulso y vida a la pequeña industria de la alpargatería en Villa de Cura. Pero su principal objetivo en su vida fue crear y levantar una familia numerosa apoyada en su accionar de trabajo. Tuvo su propio taller de fabricación de alpargatas en un espacio de un caserón de techumbre de tejas, al que casi nunca le daba tregua. Muchos de los que trabajaron con él, fueron gente que se le acercó de La Villa o de afuera del lugar, algunos se detenían, otros seguían su camino.

Quise recordarlo en este artículo y aprovecho para manifestar que hoy en día ya van quedando pocos alpargateros en La Villa. Los amigos más queridos ya se marcharon al infinito, y otros se retiraron del oficio. Debo recordar que don Manuel Luna estuvo lleno de muchas cosas en esta profesión, su nombre quedó grabado entre los impulsadores en Villa de Cura del primer “Sindicado de Trabajadores de la Suela”.

Su trabajo de coser y confeccionar alpargatas le dio muchas satisfacciones, pero también debía apartar un poco de tiempo para otros menesteres, siendo uno de los más relevantes el arte musical, en el cual fue objeto de diversas distinciones. Como es por todos sabido aprendió a ejecutar muy bien el contrabajo, y no solo eso, tocaba genialmente el bombardino, un instrumento de viento metal con sonido de trueno pero ameno a la vez. Fue por espacio de 43 años bombardinista de La Banda del Estado Guárico, hasta obtener su jubilación, los últimos años bajo la batuta del trompetista y director de orquesta Germán Cordero Padrón. Muchas veces lo vimos llegar a la calle Páez vestido de exquisito uniforme de gala de la Banda de San Juan de los Morros.

Don Manuel Luna formó parte como contrabajista de una orquesta grande que reunió el educador, violinista y director de bandas Víctor Ángel Hernández, que llevó por nombre “Juan José Landaeta”, una popular agrupación musical de una larga tradición en Villa de Cura, muy de moda en las décadas del 50-60. Amenizaba fiestas y bailes trascendentes en la ciudad.

Como bien lo recuerda el historiador Oldman Botello, Víctor Ángel Hernández fue maestro de primaria de Manuel Luna en los salones de la escuela “Arístides Rojas”, y fuera del aula de clases su orientador y profesor musical. Había fechas en que don Manuel apartaba tiempo para escaparse junto con los mismos músicos de la orquesta a “matar tigritos” en retretas, paseos de fiestas patronales y religiosas de pueblos, para mitigar un poco la estrechez económica.

Hubo una época en que las tardes se dedicaba a la práctica de beisbol que fue su gran afición, comenzó a jugar pelota sabanera, posteriormente vistió su primer uniforme defendiendo a un team fundado en los años cincuenta, que reunía al gremio de los alpargateros en La Villa, el cual fue como un ícono en la comunidad de Las Tablitas, se denominó: “Sindicato de Trabajadores de la Suela BBC”, recuerdo que lo dirigía en el terreno José Arnaldo González, el popular “Perdigón”, después, Luna fue su asistente en primera y tercera base como coach.

Lo demás fue aprenderse todos los secretos del beisbol, lo que le permitió formarse como manager de equipos que figuraron en el barrio Las Tablitas. Fue manager del siempre recordado y celebre equipo “Comercio”, que tenía como sede el barrio Las Tablitas, de grata memoria. Fue tanto su afición por el beisbol que se integró como umpire de home, árbitro de importantes encuentros que realizaba el equipo Ayacucho Stars BBC (segunda edición) en el viejo terreno de La Aduana. En todo el frente de lo que es hoy el Centro Comercial Villa Hermosa.

Era yo un muchacho aquel tiempo cuando entusiasmado observaba su menuda figura ofreciendo entrenamiento a los jóvenes en el propio terreno de juego; inquieto, fogoso, moviendo en las manos un batecito de fondeo proporcionando prácticas en el recién inaugurado estadio Ramón María Acosta, dando batazos a los outfielder y a jugadores del cuadro interior.

Me narró un viejo amigo de nombre Julián Rojas, hoy con 84 años encima, a modo de anécdota, que cuando se le escapaba un rolin o un flay a cualquier jugador, o hacia un error; enseguida reaccionaba con autoridad, abriendo los dos brazos en alto: “chiquito…agárrala aunque que sea con los dientes”.

El patriarca fue guía de una gran familia. Su nombre completo era Manuel Jesús Luna Rodríguez. Se casa con la villacurana Leonor Bolívar, un ser de su misma fibra proveniente de un núcleo familiar humilde, honrado y trabajador del sector La Represa de Villa de Cura. Procrearon varios hijos: Carmen Josefina, María Dominga, Jesús María, Vicente Emilio, Ana Belén, Manuel Jesús, Trina Margarita y Gilda María. Fue su hija también la profesora jubilada Julieta Sambrano de Cartaya.

Entre los Luna se encuentra una dinastía de fama que se destacó en el beisbol aragüeno. Me estoy refiriendo a los hermanos Vicente Emilio, Manuel Jesús y Jesús María que comenzaron y transitaron el beisbol menor, llegaron a jugar en la máxima categoría de pelota amateur (doble A) y dejaron una huella en la historia del beisbol aragüeño.

Don Manuel Luna asumió con mucha alegría y satisfacción el hecho de que su hijo Jesús María Luna tuvo una buena carrera beisbolìstica -fallecido a mala hora el 18-09-83-desde temprana edad fue destacado jugador en la organización Criollitos de Venezuela, por su gran potencialidad al bate y ser una excepcional mascota detrás del home. El muchacho fue un verdadero prospecto, hasta el punto que fue tentado para que firmara para la organización Navegantes del Magallanes, de la Liga de Beisbol Profesional de Venezuela, objetivo que no logro alcanzar.

Entre otras cosas, fue una figura elemental en la selección junior del estado Aragua, perteneciente a la Corporación Criollitos de Venezuela, el cual se titula campeón nacional en 1966 en la ciudad de Punta Cardón, estado Falcón. Dio nombre a una escuela de beisbol menor fundada hace años en Villa de Cura, su ciudad natal, cuya camiseta lleva el nombre glorioso de “Jesús María Luna”.

El veterano patriarca Manuel Luna tras haber vivido 83 años significativamente, envejeció y se enfermó al lado de su profesión de alpargatero, sin olvidar la música... La rutina, el cansancio y la enfermedad fueron haciendo cansino su cuerpo y disminuyendo el límite de su utilidad laboral. Falleció el 31-03-98. Sus restos reposan en el viejo camposanto de la calle Comercio de Villa de Cura.

La Villa de San Luis, 23 de mayo de 2018

Nota: Fueron muchas personas en la calle que me ayudaron con su información a recorrer estas líneas, en especial su hija Ana Belén, entrevistada en su domicilio de Las Tablitas en Villa de Cura, a todos deseo expresar mi gratitud.

miércoles, 23 de mayo de 2018

CASO DE PAISANOS



El Botiquín y Restaurant FLORA, que estaba ubicado frente a la plaza principal de Acarigua fue el escenario de esta real coincidencia. Yo me encontraba junto con un amigo en una mesa ingiriendo sorbos de cerveza; cuando de pronto se presenta al rincón un forastero a preguntar por una dirección de la ciudad.

Simpático, dicharachero y echador de cuentos de aventuras el recién llegado, quien inmediatamente se instala, entablamos los tres una agradable conversa, al mismo tiempo le ordenábamos al mesonero pasapalitos y más botellas de cerveza.

Cuando ya nos marchábamos, Chirinos se dirige muy caballeroso al forastero:

¡Compa! Tenemos rato compartiendo y no nos hemos presentado, yo me llamo Ramón Antonio Chirinos, falconiano, nativo de Churuguara, para servirle!
El nuevo, le replica en forma caballerosa con un apretón de mano.

¡Mucho gusto haberlo conocido, mi nombre es Ramón Antonio Chirinos, de Churuguara, de los Chirinos alebrestados de Falcón!
Se presenta entonces una especie de diatriba en que ninguno de los CHIRINOS quiere perder la batalla, uno de ellos -el amigo mío- hasta piensa que se trata de una mamadera de gallo.

De inmediato brinca el mesonero a la palestra como un réferi en una pelea de gallos, con la finalidad de terminar la porfía.

¡Todo se resuelve verificando su documento de identificación!, dice.
En efecto, los dos hombres llevaban por apellido: CHIRINOS y correctamente sus dos nombres: RAMÓN ANTONIO.

Finalizada la querella se comprueba que era pura casualidad, paisanitos, nacidos en la misma población, pero sin vínculo consanguíneo.

Todo terminó con un ¡jaaa…jeee..joooo!


Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis

domingo, 20 de mayo de 2018

GOODBYE BEER



La cerveza es una de las bebidas refrescantes más populares en mi país Venezuela. Existen estadísticas serias que indican que este país, en una época pasada, marcó varias veces el primer lugar como la nación de mayor consumo per cápita de este lúpulo a base de cebada, el cual se acostumbra ingerir para animar una reunión familiar, para sofocar el calor, al igual sirve para acompañar una partida de dominó o una conversa en la mesa de una cantina, y además la recomiendan para aliviar el estrés.

Recuerdo que cuando yo cumplí mis inocentes 18 años de edad, me hicieron una reunión en casa; se encontraba sentada toda la familia, mi papá, mi mamá y mis hermanos, alrededor de una mesa donde nos habíamos reunidos a comer, recuerdo claramente que mi hermano mayor me dijo sonriente, como si se tratase del dictamen de un superior:

--Flaco, ahora que eres mayor de edad, puedes beber cerveza…

Apenas me tomé la primera media jarra, los ojos me brillaron, me temblaron las sienes, y rojas se me pusieron las orejas, pero finalmente atiné a comentarle a mi hermano delante de los presentes:

¡Manoo… yo no sabía que esta vaina era tan sabrosa!

A partir de entonces me catequicé, no en consuetudinario consumidor, pero sí, en tomador ocasional de cerveza. De cuando en cuando me sentaba en la barra de un bar, me gustaba servida en jarras grandes de un sifón, aun cuando tenía que hacer un gran esfuerzo, ya que en una taberna de la calle Bolívar en aquella vieja Villa de Cura, mi pueblo amado, costaba un bolívar (cien céntimos) cada servicio.

Otra vez, me tocó ir a trabajar a una población ribereña del estado Barinas, un pueblito rural de casas de moriche, donde todavía no había sido instalada el agua por acueducto; el tío Aquilino que conocía bien este conglomerado me había advertido antes de partir, que no tomara agua del río porque no venía en condiciones, mucho menos en cañadas. Cuando sientas mucha sed -me encargó el viejo- en vez de agua te tomas un tarro de cerveza bien helada.

Más tarde pude darme cuenta que no es pecaminoso tomar de manera controlada la espumosa bebida. Aunque a muchos parezca una contradicción, cuentan que la Iglesia católica posee un santo llamado San Arnulfo de Metz, que en vida siendo monje benedictino recomendaba a los fieles para satisfacer la sed, tomar un vaso de cerveza bien fría en vez de agua impurificada. Curiosamente, años después de haber fallecido, el obispo Arnulfo fue venerado por la iglesia cristiana como patrono de la cerveza y celestial protector de los cerveceros.

Resulta que ahora en pleno siglo XXI, transcurridos casi 60 años de aquella primera cerveza, hicieron que me declarara y convirtiera forzosamente en un frustrado cervecero de la vida.

Hay días que atravieso la calle, paso lento frente a una cervecería, observo en una pizarra su precio de 190.000 “bolívares fuertes”, (tercio o media jarra). Volteo la cara y sigo derecho.

Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 19 de mayo de 2018



Direcciones de las imágenes:
https://steemitimages.com/0x0/https://steemitimages.com/DQmeQDHVqcQKHp5BVWqB6SYGFqYYy2Q8sYgTyUx9E3ZkR3t/image.png

https://steemitimages.com/DQmbtwJp9CKQLNHH1Kd76JVjE4ByT9KBLitVswnjqmA5HxY/image.png

https://steemitimages.com/0x0/https://steemitimages.com/DQmTSKxTJfVVdwsnttjzorLYxsjTVcffSxvxxFnzXM3bUQm/image.png

lunes, 14 de mayo de 2018

WILLIAM CASTILLO, UNA REFERENCIA DEL BEISBOL VILLACURANO




 PRIMER JUGADOR  CRIOLLITO  EN  DAR EL SALTO  AL BEISBOL PROFESIONAL EN VENEZUELA 
                                                                                                             
Me complace mucho dedicar la crónica deportiva de hoy a WILLIAM CASTILLO, uno de los más experimentados peloteros, como bateador, defensor de la primera base y jardinero, que le ha dado bastante brillo en una época a la disciplina del beisbol en Villa de Cura. De manera que  estas líneas  no tienen otra finalidad que hacer un reconocimiento a su singularidad de ciudadano y destacado deportista.

No hay que negar que mencionar el nombre de  William Castillo, es aludir a  un atleta villacurano que un día, surgiendo de la penumbra de una barriada, vistiendo un uniforme de jugar de beisbol,  transportó sus anhelos y  sueños a distintos lugares de Venezuela y del exterior, en defensa de los colores de su bandera y de su equipo.

William Castillo se encuentra reconocido probablemente  entre los más recios bateadores zurdos que ha dado renombre al beisbol aragüeño. Nacido en Villa de Cura el 18 de abril de 1952, ciudad donde comenzó a formarse desde su juventud como jugador de pelota junto con un montón de muchachos del sector Las Tablitas de La Villa. Se destacó como pelotero en la organización Criollitos de Venezuela del municipio Zamora  y como integrante de la selección que representó al estado Aragua, en el campeonato nacional Junior en 1966 celebrado en Punta Cardón, estado Falcón. ¡Qué noble fue aquel conjunto de muchachos que resultó campeón del mencionado certamen y que merecen el reconocimiento del conglomerado deportivo villacurano!

William Castillo es alto, delgado, de fuerte contextura, quizás por herencia familiar. Su cara es familiar y bastante conocida en toda Villa de Cura y en varios lugares. Tiene un hermano llamado Orlando Castillo que también despuntó en el beisbol categoría menor y sabe bastante de estas cosas.

En estos días nos topamos con William en una conocida entidad bancaria y ahí aprovechamos de conversar con él, la verdad que fue un encuentro fortuito y de ameno compartir, ahí nos dimos cuenta que William goza de una  vitalidad admirable, una privilegiada memoria para recordar lo que vivió, de contarnos sobre su prolongada carrera como pelotero, de recordar la época cuando comienza a mostrar sus aptitudes de beisbolista, jugando para la Corporación Criollitos de Venezuela en la categoría junior, en la que se distinguió. Tiene asignada una página en la historia del beisbol de los Criollitos de Venezuela. Se le considera oficialmente como el primer “criollito”, el numero uno  en dar  el salto al beisbol profesional venezolano.

Cuenta que recién finalizado el campeonato nacional junior de Los Criollitos en Punta Cardón, estado Falcón, una semana después se hallaba participando en un campeonato en la ciudad de Nirgua, estado Yaracuy. William era entonces un muchacho de apenas 16 años de edad. En ese preciso momento, quizás por su elasticidad y fuerte contextura física, pero sobre todo por su desempeño en el campo de juego y como potente bateador, es contactado por  primera vez por un cazador de talentos de un equipo de beisbol profesional en Venezuela.

Quien descubre sus aptitudes fue el scout del equipo CARACAS Pompeyo Davalillo,  este buscador de peloteros y ex jugador Grandes Ligas fue quien primero lo observa en el mismo terreno de juego,  en el desarrollo de un partido escenificado en el estadio Bicentenario de Nirgua. No lo pierde vista en los jardines y parado en el home dando batazos fuertes contra la pared y sacando pelotas para la calle  y sin pensarlo dos veces lo exhorta a firmar para jugar  con el equipo  LEONES DEL CARACAS en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional.

No hubo ninguna duda, el joven  toletero zurdo fue invitado por el ejecutivo a reunirse con la gerencia del equipo  y sin ningún pretexto viaja a Caracas, y decide  firmar con los dueños de la franquicia su primer contrato para jugar con el equipo LEONES DEL CARACAS, que fue concretado en octubre de 1968. WILLIAM no puede olvidar nunca el respaldo y consejos de su mentor y manager  en el beisbol menor en Villa de Cura señor Oscar Sánchez.  De esta manera se convierte en el pelotero más joven firmado por el club capitalino pleno de puras estrellas, lo que explica sus exiguas apariciones en la campaña regular.

Ese mismo año el versátil zurdo siguiendo los pasos de su ídolo y compañero de equipo Vitico Davalillo, viaja al norte  junto con un grupo de jugadores recién firmados, donde lo asignan a la liga de Rookies sucursal de los Files de Filadelfia en los Estados Unidos,  por recomendación del equipo CARACAS. Por diversas circunstancias que no caben en la rigurosidad de la nota, WILLIAM no llega a la meta de ser jugador de Liga Mayor.

Como queda dicho, en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional de Venezuela  vistió en su debut el uniforme de una de las divisas más emblemáticas y probablemente con mayores seguidores del beisbol profesional como es el equipo LEONES DEL CARACAS. En su estreno con este conjunto defendió  los jardines y  cubriendo la primera base, con la perspectiva de ser utilizado como bateador emergente por su condición de bateador zurdo.

Se trataba de un valioso prospecto, pero como se sabe, el beisbol profesional además de ser una carrera, también es un negocio lucrativo. Ya más maduro y con mayor experiencia fue involucrado en un trueque junto con otros peloteros,  cambiado a  los TIGRES DE ARAGUA, con sede en el estadio José Pérez Colmenares de la ciudad de Maracay, capital del estado Aragua.

En su trayectoria dentro del beisbol profesional hizo dos apariciones en serie del Caribe, primero en Puerto Rico y luego en Santo Domingo, donde participaron  los bengalíes, cuando LOS TIGRES DE ARAGUA obtuvieron los campeonatos de la campaña 1974-75 y  en la temporada de invierno 1975-76, bajo la dirección  del manager dominicano Oswaldo Virgil.

Como es de recordar William Castillo fue un bateador dificultoso de hacer out, productor de líneas cortas, pero también de batazos de largo alcance, asombroso defendiendo el outfielder y buen corredor de las almohadillas;  fue un tipo de pelotero que se crecía cuando salía a defender su posición y también con el bate.

Muchos fanáticos  lograron verlo defendiendo el center field y parado en el home con un bate en las manos, tomando su turno en la alineación de su club, en el estadio Universitario de la Ciudad Universitaria de Caracas, igual en el parque José Pérez Colmenares de Maracay, y de gira con su equipo a muchas ciudades sedes en donde se juega beisbol profesional en Venezuela como Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, Puerto La Cruz.

El que suscribe esta nota lo conoce desde niño. Supo de su desempeño desde que jugó juvenil hasta su paso por la pelota profesional. El pasado mes de abril pasó la línea de los 66 años pero la verdad es que aparenta menos edad. No hay que olvidar que William, fuera del terreno de juego, aparece como un hombre taciturno, ameno, conversador, siempre con una sonrisa con sus compañeros y sobretodo disciplinado.

Ha sido impulsador de torneos en su pueblo natal, se ha desempeñado como técnico y manager. Siempre se entendió que lleva la pasión beisbol en sus venas. Hoy en día a pesar de la coyuntura donde nos encontramos, sigue su vida como destacado  instructor deportivo en su especialidad, extendiendo y transmitiendo sus conocimientos y experiencia a los jóvenes que surgen en Villa de Cura en sus diferentes niveles.

      Por Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, mayo de 2018



LUIS "CAMALEÓN" GARCÍA, "EL LOCO" TORRES Y WILLIAM CASTILLO


                                      

EQUIPO LEONES DEL CARACAS
TEMPORADA 1968-69

DE IZQUIERDA A DERECHA (PARADOS):
Diego Seguí, Alejandro Hernández (publicista), Chico Ruíz, Juan Francia, Howe Reed, Bob Lee, Urbano Lugo, Juan Quintana, Oscar Prieto (propietario) Pablo Morales (propietario), Gonzalo Márquez, Musulungo Herrera, Nelson García, Juan Escobar, Alejandro Villasmil, Marcano Trillo, Ulises Urrieta, José Tartabul, Robinson Suárez, masajista, Jacinto Betancourt “Pat'e loro”, utilero. 


DE IZQUIERDA A DERECHA  (ABAJO):
César Tovar, Chuchù Padrón, Maike Port,  Víctor Davalillo, William Castillo, Pompeyo Davalillo (Coach),  Regino Otero (Manager), Manuel Mendible, Alberto Cambero, Bruno Estaba, Enio Mata, Luis Peñalver, Teodoro Obregón, Rafael Alvarado, alias “cachorro” (Bat Boy). El niño es  nieto de Oscar Prieto.

Foto: Cortesía de William Castillo 



William Castillo foto actual