sábado, 17 de febrero de 2018

EL MUNDO ANIMAL (CUENTO)





El hombre no tenía compasión ni se sentía representado por aquel animalito con su cuerpo oculto en un caparazón, cubierto de bandas que se abren y cierran como un acordeón, de larga cola y extremidades cortas, de andar lento, el cual se desplazaba apuradito entre una hilera de plantas montaraces, empujando el espeso rastrojal, huyendo de las llamaradas favorecidas por el verano y el viento. El leñador le había prendido fuego al monte, controlando malezas y aprovechaba para cazar animales silvestres, lo cuales huían despavoridos buscando amparo en los arroyos en la cima de la montaña. Todos los animales grandes huían sin imaginarse las verdaderas razones de la especie humana. Ya se sabían de memoria el camino.

Estaba harto el armadillo de caminar, se encontraba fatigado, pero ya había andado tres cuartos de camino. Por entre el ramaje de los árboles todo se veía negro. Al fin en la tarde-noche encontró un castillo abandonado; el armadillo reconoció que había cesado el peligro, vio una puerta sin cerrar, asomó su cabecita, abrió bien sus minúsculos ojos y enseguida buscó refugió debajo de una abandonada chimenea de umbrío techo; había sentido por un momento que ese día se le había detenido el tiempo, pero batallando y tal vez convencido que para el mundo animal, a pesar de todos las problemas surgidos, también la vida es maravillosa.

Uno y otro, el cazador que había pasado casi todo el día buscando cazar una presa para llevar a su estancia y comer su carne frita, y el armadillo huyendo del fuego, del hombre que lo acechaba; los dos tenían actitudes diferentes, pero seguros que perseguían un solo destino, sobrevivir y evitar que aquel ardiente día de verano se les detuviera el tiempo.

Oscar Carrasquel


EL LORO REAL



 A Doña Delfina de Buitrago 
Fraterno huésped

de casas de campo

y mansiones de ciudades

Del paisaje llanero

eres símbolo perpetuo,

frecuentas montañas,

esteros y palmares.

Posees garganta cantora,

enunciación recia.

Eres clarín

de claras mañanas

En un alto nido,

en troncos resecos,

a tu pareja enamoras

Surcas en pareja

de sur a norte

los cielos venezolanos

Escrutando tu plumaje

encuentro los colores

del estandarte venezolano

Te posas

los mediodías para abajo,

en los maizales

Luego de breve pausa,

abres tu vuelo

triunfal hacia la noche.


Oscar Carrasquel



DON ENRIQUE PÉREZ…LA EDAD NO IMPORTA


                                                                         
                     

En Villa de Cura nació y creció entrometido entre hombres y mujeres de trabajo este caballero conocido por todos como Enrique Pérez. Vio la primera luz del mundo en el barrio Los Colorados. Residenciado desde hace muchos años  en la calle El Comercio del sector Las Tablitas, aun con la edad avanzada  se dedica cotidianamente a trabajar como cualquiera de manera independiente, desde que aclara el día hasta el atardecer.

Pedro Enrique Pérez Villamizar es su nombre completo, hijo de José Pérez Agraz, quien fue amante del joropo, conuquero y carretero de oficio y su madre Juana Villamizar, villacurana, de oficios hogareños. Del núcleo de los Villamizar del vistoso barrio Los Colorados,  ubicado al lado oeste de  de Villa de Cura, cabecera del municipio Zamora.

Enrique Pérez es vecino de La Tablitas donde  es ampliamente conocido  como  experimentado talabartero. Se levantó junto con sus hermanos en la casa de sus padres, frente a la residencia  familiar de don Luis Manuel Botello, que fue de oficio barbero. Ahora vive seis cuadras más allá por la misma calle, en una casa solariega antes de llegar al cementerio. Regular de estatura, trigueño como su padre, un poco delgado de contextura.  Fue pionero de la industria talabartera en Villa de Cura en la década de los años cuarenta. Esta próximo a cumplir 83 años, nacido el 3 de marzo de 1935.
Aprendió las primeras letras y cursó toda la primaria en la escuela Federal Graduada Arístides Rojas, cuando esta institución existió  en la calle Bolívar, frente a la Farmacia Central de don Félix Valderrama; todavía evoca con especial cariño a su maestra de segundo grado, la señorita Yolanda Montenegro, hija del Marqués de Montenegro; igual  que el recuerdo amable del director del plantel que en ese tiempo era el bachiller Luis Aparicio Pérez. No pudo continuar estudiando   secundaria,  desde temprana edad había que meter el hombro para ayudar a los requerimientos del hogar paterno. Cuando chavalo no supo casi de juegos infantiles, después de grande fue que sintió afición por el popular juego de bolas criollas; los sábados y domingos eran los típicos desafíos  en  la cancha del bar El Samán y otros patios en La Villa.

La formación hogareña que recibió de labios de sus padres lo terminó en convertir en una persona de bien, trabajador, de amable de trato, un hombre de andar siempre con la cara en alto y de simpática conversación, la mejor herencia que pueda dejar a sus hijos y nietos.
Fue a la edad de quince años que comienza a aprender la técnica de confeccionar sillas de montar a caballo, trabajando al lado del  maestro José Reyes, un talabartero de fama en La Villa, conocedor  al dedillo -según Enrique- de  la profesión; aunque después José Reyes abandonó el oficio, se cambió para mecánico y abrió su propio taller de reparación de vehículos en la calle Miranda, entre calles Doctor Morales y Bolívar y Villegas, donde hoy se encuentran unos locales comerciales.

En esta puerta del llano, Enrique aprovechó para nutrirse de conocimiento y experiencia con caras bastante conocidas. Hizo su trabajo de talabartería junto con Reinaldo Silvera, David Èxime, Alcides Álvarez, Carlos Flores, Cruz Parra, Jesús Pérez y Nieves Cabrera. Empezó trazando y cortando sobre suela, fabricando cosas pequeñas, luego con el paso del tiempo se dedicó a elaborar sudaderos rellenos y a confeccionar gruperas, cinchas y cabezadas, hasta llegar a fabricar una silla para montar a caballo completa.

Enrique Pérez casó con la villacurana Flor Muñoz,  hija del difunto don Francisco Cabrera. Ya su esposa tiene veintidós años de fallecida, pero dieron muestras de amor juntos. El matrimonio tuvo una considerada descendencia, procrearon seis hijos: Glenda Thais, Isbelia Josefina, Freddy, Arelys Margarita, María Teresa y Bergeny Coromoto;  la mayoría ya  hizo maletas, pero jamás olvidan el calor de la casa paterna,  muchas veces se reúnen y llenan todos los espacios de la casa; entre las damas florece como apasionada de las letras la profesora Bergeny Coromoto que es conocida como la poetisa Azabache

Veinticinco  años  ininterrumpidos se mantuvo como artesano frente a un banco de trabajo en la reconocida Talabartería Venezuela, propiedad de don Juancho Cabrera, establecida entonces en la calle Comercio. Donde además fue supervisor, se ocupó de la atención de  pedidos, de enviar despachos de sillas y artículos para diferentes destinos dentro del país, en especial para estados del llano, para Margarita, Zulia, Oriente; aprendió la labor de atención de clientes en la propia factoría.

El taller elaboraba y distribuía sillas para montar a caballo de diferentes tipos y modelos, mexicana, chacotona, tejana y la silla especial para trabajo de llano. Anteriormente llovían los clientes de todas partes. La Villa siempre fue nombrada como  plaza donde se confeccionan las mejores sillas para montar de toda Venezuela. Luego, sin pensarlo dos veces se cambia a trabajar cerquita, como a cien metros donde abrió las puertas de una talabartería su hermano Lucio Pérez, junto con otro asociado. Su hermano fue igualmente un destacado maestro del oficio. Recordamos que Lucio fue jugador de pelota, integró  los tradicionales conjuntos locales “Sindicato de Trabajadores de la Suela” y “Comercio”, fervientes equipos representativos de los colores del barrio Las Tablitas, que fueron dirigidos por don Manuel Luna.

Un sábado de febrero de 2018 en la tarde sorprendimos a Enrique   metido en una pequeña habitación de su casa, acondicionada como taller, dándole calor al trabajo que sabe hacer, haciendo pequeñas piezas por encargo y arreglos en cuero, para lo cual es muy solicitado. Es comprensible que trabaja para buscar otro dinerito, porque la pensión de vejez no alcanza para mucho, la cosa cada vez se va poniendo más dura y estrecha. Confiesa que una de sus preocupaciones hoy en día, es lo difícil de obtener la materia prima y los demás materiales; tanto herramientas, suela, pegamentos, hilos, han elevado considerablemente su costo.


Tiene casi 83 años de edad, pero eso no importa, Enrique es de esos hombres de antes, a quien nada lo amilana, conserva intacto el gusto por la vida y el amor por su trabajo, no piensa otra cosa que seguir en el oficio  hasta donde Dios mande. Según lo que sostienen los especialistas se envejece según se ha vivido. Por eso el paso del tiempo no ha detenido su impulso por su actividad laboral.

Se ayuda para avanzar con un bastoncillo que va golpeando a su paso la acera de cemento, no porque sienta el peso de los años, es que hace poco tiempo sufrió una caída que lo mantuvo varios meses postrados en una cama, pero gracias a Dios de ese incidente ya se encuentra recuperado. Diariamente lo vemos que recorre a pie algunos rumbos de la ciudad, despacito para ejercitar el esqueleto  y  mantenerse en  condiciones.

Agradecido a Enrique  por haber abierto amablemente a este cronista vecinal las puertas de su casa. Sin duda alguna un personaje importante de la Villa de Cura de siempre, todavía con vitalidad, demostrando con el aditamento de su experiencia  que el trabajo es lo que edifica y hace útil  al hombre. Es preciso saber que “Sin trabajo no hay pueblo que valga”.


  Oscar Carrasquel


miércoles, 14 de febrero de 2018

EL PALO A LA LÁMPARA (UN ÍCONO DEL FOLCLOR ARAGÜEÑO)




 Dedicado al radiodifusor y amigo Alexis Guevara Pérez



Cuando yo estaba en edad escolar se escuchaba hablar mucho de las simpáticas peripecias ocurridas entre bailadores, después que las personas concurrían a los bailes de “Joropo Aragüeño” que se celebraban los fines de semana en el pueblo de Villa de Cura y sus inmediaciones. Así se denominaba hace seis décadas a este género musical autóctono, antes que recibiera lo de “Joropo Central”, como ahora se ha generalizado su nombre.

Los bailes se cometían religiosamente en diversos sectores urbanos, sobre todo en las barriadas; así mismo en la ruralidad de Malpica, El Pao de Zarate, El Cortijo, Santa Rosa y otros, con la intervención de los más reconocidos arpistas, cantadores y bailadores de la época.

Pero sobre todo, llamaba la atención un pequeño incidente que era muy común en el avance de los bailes que se denomina “El palo a la lámpara”; hasta el punto que se solía afirmar que no se podía hablar de joropo, si no se daba en su transcurso ese histórico evento llamado “El palo a la lámpara”.

Consistía en que había una persona encargada de darle un fustazo a la lámpara o un empujón a la mesa donde se encontraba encaramada, con el fin de que la sala de baile o el caney quedara en absoluta tiniebla, lo que aportaba como consecuencia la interrupción de la fiesta. Se producía entre bailadores una sampablera especie de cayapa que era imposible de saber a quién iban dirigidos los golpazos, ni de quien se recibían. Muchas veces la situación podía variar y si no pasaba a mayores, el baile volvía a comenzar hasta las horas del amanecer.

En aquellos tiempos en nuestros campos era rutina que la fiebre de un baile de joropo durara tres días continuos, lo más común y corriente es que se interrumpiera en el intermedio con una trifulca de marca mayor, protagonizada por la mayoría de los asistentes, sin ninguna consecuencia que lamentar.

Ocurría lo que me contaba una vez el bailador Juan José Vargas Castillo, que los cantadores dirimían viejas pugnas de carácter personal, o por disputarse el amor de una dama se lanzaban “puntas” cuando al otro cantador le correspondía el turno y revolviendo los capachos a punta de versos hasta la misma muerte se juraban dar. Solía surgir también un pleito por causa del desaire de una pareja. Pero cuando el agua se aclaraba todos continuaban siendo compañeros del mismo camino.

En los tiempos actuales está extinguido ese viejo modelo de dar “El palo a lámpara” en las fiestas de Joropo Central, los bailes ahora se desarrollan y finalizan con la más absoluta normalidad, revitalizando las costumbres del folclor aragüeño.

La lámpara de carburo aludida es un artefacto rústico de fabricación casera, funciona con agua y carburo, cuya invención data de finales del siglo XIX, produce un candil para largas horas de duración y la luz es más brillante que la de los dispositivos a base de corriente electrifica.


En la casa de Pedro Pérez Agràz en la calle Comercio, sector Las Tablitas de Villa de Cura, Venezuela, en la década de los años cincuenta ocurrió un suceso. Tocaba el arpa viajera el maestro Salvador Rodríguez y Quintín Duarte cantaba. Cuando discurría el baile normalmente y sin novedad, a punta de la una de la madrugada expiró de manera repentina la matrona Juana Méndez, bailaba el golpe de Quintín conocido como “La Guarapita”. La crónica solía describir a esta gentil dama como comadrona, al mismo tiempo famosa pareja de baile donde quiera que sonara un “Joropo Aragüeño”, era vecina del barrio Las Tablitas.



La Villa de San Luis, verano de 2017






domingo, 11 de febrero de 2018

ARAGUANEY




                                                Poema ofrendado al esfuerzo de la peña literaria "Araguaney"


Gracias te damos naturaleza
por germinar en mi tierra
tanta belleza

Por brindarnos este árbol
de raicillas profundas,
de añoso tronco,
de ramas descollantes,
convertidas en madrigales

Abundas en los huertos
en toda Venezuela,
de la flora nacional
eres espléndido

Tu fronda es del amor,
provocadora frescura

Surcas valles,
campiñas y montañas

Y en la curva estrecha
del habitual camino
alumbra tu luz fecunda

Eres sombra virtual
de una peña literaria
de mi florida Villa.


Oscar Carrasquel


El día que me convertí en águila



Al abrir la primera luz auroral

despierto con la majestad y el poderoso ímpetu de un águila

y al llegar ahí poder volar muy alto como buen cazador

romper la estructura de los cielos y llegar hasta donde se oculta la llama del sol

mover rápido las alas parpadeantes como el rielar de una estrella

producir en el aire con mis gigantes alas un sonido fingiendo melodías de concierto

para suprimir de las noches sus sombras sepulcrales.


Oscar Carrasquel



Fuente de la imagen:http://2.bp.blogspot.com/-2HV9iJ42RqA/Ti5FX8ii84I/AAAAAAAAANc/M5XD7KxEzHE/s1600/Aguila-saint+fin.jpg

martes, 6 de febrero de 2018

RAY RYDER PERSONAJE DE UNA NOVELA DE VAQUEROS


                                                                         
                             
                    
Catire, cara seria  muchas veces reilón. Gentil  vendedor con la sapiencia y rectitud de aquellos seres íntegros de antes. Sabía por intuición que el poder de la palabra es tan fuerte como las aguas de un río crecido. Nuestro querido Ray Ryder emergía en la tarde-noche de las sillas de la Heladería Macuto, recorría el espacio de “Numerado” y “Galería” también llamado “gallinero” de nuestro viejo CINE AYACUCHO de Villa de Cura. 

Comerciante de cosas pequeñas, de caramelos en forma de corazones, los cargaba de varios sabores y colores, de frutas y de menta. Pero lo fuerte de él era  ofrecer novelitas de vaqueros de cien páginas a real. Siempre cargaba un puñado del autor español Marcial La Fuente Estefanía. Yo siendo un muchacho recuerdo haber poseído un título de fácil memoria: “La Venganza del Coyote” que luego  intercambiaba a los demás compañeros de aula. 
Pablo Centeno, un operador de cámaras cinematográficas del CINE AYACUCHO, ya fallecido, una vez puso en mis manos una de estas novelitas de La Fuente titulada “Hecho para la  Horca”,  me obsequió además un casetico  del fondo musical de un film denominado “Por unos dólares más”, con la figura de  Clint Eastwood en la portada.

Durante la larga vida del antiguo cine AYACUCHO el  popular personaje respondía a todo el mundo por el pomposo nombre de RAY RYDER, que fue un ídolo de las películas del lejano oeste norteamericano de una época; además su hobby preferido era contar sublimemente detalles del protagonista como si lo hubiese conocido y nombrar lugares de las antiguas películas del oeste. 

El muchacho montando a “Mustang” el caballo blanco; el bandido o forajido; los colonos, los indios, el Sheriff; la diligencia interceptada en el camino a Montana o Sacramento; el ferrocarril que llega con su alegría a la cima con un silbato lanzando al aire  bocanadas de humo; sobre  el desafío de un par de pistoleros listos para disparar en una abandonada calle despuntándose el amor de una cabaretera inquilina del  Gran Saloon. 

Era tanta su afición que cuando irrumpía la palabra “End” en la pantalla a las nueve en punto de la noche se lanzaba nuestro RYDER por el centro de la calle Real,  pesadamente, alumbrado por la mortecina  luz de los postes,  con las piernas curvadas,  llevando las dos manos levantadas a la altura de la cintura, aparentando  desenfundar  un par de Colt, cacha blanca, cañón largo  de sus cubiertas. 

Ya no está  el vendedor de baratijas y cinéfilo Ray Ryder, aquel muchacho campeón de la humildad vecino de la calle Guárico, hoy Rafael Bolívar Coronado, para que “nos cuente una de vaqueros”,  de aquellas novelitas escritas por Marcial La Fuente Estefanía. Ahora se  oyen contar  algunas de vaqueros pero en versión exclusiva de sus  propios protagonistas.




     Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, febrero de 2018




sábado, 3 de febrero de 2018

DON JOSÉ CARRILLO “MANO CHICO” : “UNA VACA FUE MI MAMÁ”


                                                                                                 
     


Es fruto de Agustín Carrillo Corniel y  Carmen María Flores. Así se  llamaron los padres de José Carrillo Flores “Mano Chico”, campesinos formados en la brega diaria entregados a la siembra de conuco, nacidos todos en aquellos bucólicos lugares de la sierra carabobeña, jurisdicción del municipio Carlos Arvelo. Vivía la noble familia en un fundo propio bautizado con el nombre de “Naranjal”. Un lugar convertido en soporte de su modesta economía. Se entregaban a la cría de ganado vacuno y de aves de corral y otros animales domésticos como ovejos y puercos enchiquerados. 

Procreó la pareja un total de ocho hijos, cuatro hembras y cuatro varones, uno, el primogénito  lleva por nombre José, que vivió junto a sus padres la infancia y juventud. No corrió con mayor estrella cuando nació, pues su madre por ser primeriza, los pechos no se le abrieron o se le volvieron secos, es decir no daban leche. 

Entre el pequeño rebaño de ganado del fundo enlazaron al azar una vaquilla, bien mansa para el ordeño de nombre “Monedita”,  así atendía el animal mientras el ordeñador la exaltaba con su canto y  sus manos acariciaban y le apretaban la ubre.

Agustín, mimoso padre, se arrellanaba en un taburete de cuero antes de salir el sol, envolvía a su niño en una camisa vieja, lo sentaba   sobre el peine de sus dos pies, muy cerca del  pecho de la vaca; al mismo tiempo que ordeñaba  le arrimaba la camaza a la boquita para que el párvulo sorbiera el néctar lácteo proveniente de la ubre de la vaca.
El niño fue creciendo, apenas da los primeros pasos su padre lo deja para que se defendiera solo. Se retiraba  papaíto, pero antes enrejaba al becerro (lo sujetaba de las pata derecha delantera de la vaca) mientras el chavalo  de pie pegaba su boquita a una de las tetillas de la ubre, y así fue como   “Monedita” lo alimentó,  lo crió y amamantó hasta ya crecido. Como  acostumbran  con sus propias crías,  cuando Joselito contaba la edad de seis años la propia vaca lo destetó.

La vaca  “Monedita” murió en un invernadero, rodó por un barranco y se desnucó, no la sacaron nunca,  en la hondonada quedó su cuerpo convertido en un cuero seco y una huesera diseminada.  Aquella noticia le cayó como una maldición. Lloró “Chico” desconsoladamente su muerte como se llora a una madre. Ya adulto recogió sus cosas, pagó el servicio militar  obligatorio y se quedó radicado en Villa de Cura.
Por acá en La Villa  conocimos a este viejo ingenuo de ojos verdosos desde hace 20 años más o menos, con su acostumbrada indumentaria y su auténtico trato campesino, muchas veces lo vemos llegar pedaleando solitario y en silencio sobre una añosa bicicleta cauchos 20, sin placas ni marca aparente.  

Por su padre y su madre llegó  a ser agricultor, aprendió a familiarizarse, cuidar y querer a los animales. Se acostumbró tanto a lidiar con la vacada que con arrugas como surcos por los años, todavía con nostalgia senil se acuerda de “Monedita”  como si fuera su segunda madre… “una vaca fue mi mamá”, asevera.



 Oscar Carrasquel


Foto propia tomada con mi celular Yezz es la de Agustín y su bicicleta. La foto del niño tomando leche de la vaca es de internet, https://steemitimages.com/0x0/https://steemitimages.com/DQmafyEwaNgbKYQ7vjp6eRMddKNYHzaZdvSBYe4RMM38Uzm/image.png




viernes, 2 de febrero de 2018

EL NIÑO PERDIDO

EL NIÑO PERDIDO




Pasado el día en que se celebra la llegada de los Reyes Magos, hoy 2 de febrero, dia de la Virgen de la Candelaria, siguiendo el camino de los ancestros y con la eterna recordación de doña Genoveva Ortega de Ybarra se inicia la búsqueda del niño perdido, la visita de San José y María tocando por cada puerta.

Ya puede anunciarse como el mayor regalo la aparición de Dios hecho Niño. Desciende el Niño de Belén por la Caja de Agua de La Villa. Habrá procesión alrededor de una manzana, jolgorio, gaitas, villancicos, dulces, exquisito vino; el altar adornado con flores recién abiertas de dulces esperanzas, apartados todos de lo que nos acorrala y estresa.

Se volverán a ver los rostros de las personas que se aman, vecinos de la comunidad y familiares, la sonrisa de los niños rogando por la paz, por un futuro seguro reunidos en un fraternal abrazo en el hogar de la familia Varganziano Ybarra al final de la calle Páez villacurana.


Dirección de imagen:https://steemitimages.com/DQmYG6T9gTKNShfkbTPKz62wNt4R9bXjaDbgo9JMdzoEyAU/image.png

jueves, 25 de enero de 2018

UNA TARDE VILLACURANA



La casa de la infancia de cálidos y viejos paredones. Una gran poeta de un gran pueblo. Un viajante con sus barbas níveas de sabio. Un febril visitante de libreta en mano. Rosana Hernández Pasquier, Rafael Rodríguez Galindo y Oscar Carrasquel, unidos por la arteria vital y generosa de la amistad.

Una tarde inolvidable entre guayoyos, un cirio pascual que relampaguea apuradito en todo el medio de un mesón, unos libros de poesía de luz propia de la escritora y una conversación que gira en tres polos: lo religioso, la literatura y la sublimidad de la existencia que gracias a Dios sigue con sus sueños y luchas a pesar de los eriales que rodean la vida.

 Foto para el recuerdo tomada por la profesora María Teresa Fuenmayor. 



Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, noviembre de 2017

sábado, 20 de enero de 2018

EL PARQUE NIÑO SIMÓN




A mis amigas Teresita Pérez y Gladys de Varganziano
           

Yo cada mañana,
antes que el sol 
despierte de su sueño, 
llego trotando a un jardincito
llamado Niño Simón

En una callecita de cemento
de pliegues ondulantes,
doy  vueltas y vueltas 
caminando a su alrededor

En un vergel,
la brisa otoñal
despeina en las noches
las acacias

El sendero se alfombra
de hojitas disecadas
que caen sobre una acera
pintada de adoquines

Bien temprano,
llegan unos brazos 
con una rama de palmera
que cepilla la calzada

En las barras, las madres
tuteladas por Matos,
 inician sus creativos
 movimientos

Toca entonces el turno
al   grito ensordecedor 
de las bailadoras.

Comienza la música
de orquesta 
con su sonoro ritmo 

Mujeres en formación
saltan, danzan
Como aleteos de mariposas
en sensible vuelo

Otros  desarman su silueta,
sobre unos aparatos
donde se conjugan:
movimiento, armonía y belleza.

Yo venero este lugar
de mi villa,
que hoy, muy de mañanita,
hizo encrespar 
mi pluma en estos versos.

      Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, enero 2018









EL POETA ELIO

   


Hoy mi alma 
se sintió compungida

En la hora precisa
que se extingue el día

Oí una voz  del otro lado
que  me decía,
que el poeta andaba por la Villa
despistado

Fue visto por la senda norte,
en los feudos de La Coromoto
desplazándose plácidamente

Una libreta de poemas
en su mano derecha, 
Y una flor de margarita 
enganchada en su pechera

Sobre el cerro de Los Chivos
fotografiaba, 
una bandada de polluelos
que cruzaban la hondonada. 

              Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 18.01.2017

lunes, 15 de enero de 2018

DON CIPRIANO




Símbolo de una raza del llano, delgado, sombrero pelo de guama, impecable al vestir, blusa abrochada hasta la mitad y leontina de oro en un bolsillo. En una silleta recostado del muro de un viejo caserón rasgando las cuerdas metálicas de una bandolina con forma y memoria de mujer. 

El sincero galán regalaba golosinas con saldo de besos a las sutiles damas que pasaban. Algunas lo recibían con embeleso. Una zagala le respondió con hilaridad. Era feliz con su fe puesta en la intimidad de un sueño sin distorsión, sin avivar manchas ni heridas.

Oscar Carrasquel


Sitio web de la imagen:https://www.pinterest.es/explore/paisajes-llaneros/

jueves, 11 de enero de 2018

LA MULA "MANEÁ", MAGNÍFICA LEYENDA DEL LLANO VENEZOLANO

 El General Joaquín Crespo sobre su caballo blanco de paseo


No hace tanto tiempo regresamos nosotros de aquellas tierras de encantos de los estados Portuguesa y Cojedes donde vivimos más de cuatro décadas, de esos lugares queremos evocar algunas cosas convertidas con el tiempo en patrimonio cultural autóctono de los llanos occidentales. Una de ellas es sobre la leyenda de La MULA MANEÁ. Debo aclarar que mulo o mula es el cuadrúpedo híbrido nacido de burro y yegua o de caballo y burra y que la palabra "maniá" se utiliza para indicar que dicho animal tiene puesta una "manea", es decir, una cuerda o cadena con la que se les atan las patas un con otyra para impedirles correr.

Uno que ha andado y desandado tantos caminos del llano sabe que el llanero es muy curioso, resabiado y a la vez supersticioso, cualquier hecho en sus correrías por la sabana o recodo de camino, por donde suela frecuentar siempre será motivo para inventar un cuento, un mito o una leyenda, expresado en corridos, en versos o un relato para enriquecer y poner en alto el arte y el folclor venezolano. Un ejemplo también los podríamos encontrar en dos de las más emblemáticas leyendas venezolanas ambientadas en el llano como son: Florentino y El Diablo y El Silbón.

El amenísimo poeta guanariteño Yorman Tovar, archiconocido en los medios culturales y profesor universitario lo explica adecuadamente en un trabajo bajo la denominación “CUATRO RELATOS DE LA SABANA”, como un aporte importante a la cultura popular venezolana.

Uno de los cuatro episodios difundidos por el escritor que nos llamó la atención se refiere a la leyenda de LA MULA MANEÀ, de la cual escuchábamos hablar mucho en Cojedes y Portuguesa. Que causa temor a los infatigables viajeros que han sido interceptados por la mula, los que deben realizar travesías para cruzar las sabanas colindantes con el asentamiento campesino Camoruco muy pegado a Camuriquito, en jurisdicción del estado Cojedes.

Se cree que la blanca mula sale o aparece en un puente curvo sitio nombrado “La Guabina” en la carretera troncal 5, a pocos kilómetros de San Rafael de Onoto, y por el vulgo popular denominada “La Curva del Diablo”, por los innumerables accidentes automovilísticos que ocurren con periodicidad en este lugar, especialmente en las horas nocturnas en que el cielo cojedeño se torna en colcha negra.

En una ocasión, que yo regresaba de Acarigua pude presenciar un accidente en todo el centro del puente y cierto lugareño me comentó que en el sitio salía un espanto. Los últimos años se han reducido estos incidentes por la puesta en servicio de una autopista paralela a la antigua carretera.

Un hecho verídico referido por el poeta Tovar apunta que el día cuando fue muerto el general Joaquín Crespo en la batalla de la “Mata Carmelera”, el caudillo liberal andaba remontado en una mula blanca, por cierto inspiradora de la leyenda, que el veterano guerrero acostumbraba a ensillar. Un balazo disparado desde los altos de unos guamos le entró por la clavícula siguió hacia la derecha y le llevó la vena hepática, la muerte fue instantánea (O.Botello).

Es evidente que el General Crespo desafiaba el peligro como valiente guerrero que era. El otro dato curioso indica que el mandatario era aficionado a los hechizos y según se ha escrito se hizo embrujar cayendo en las redes del brujo tachirense Thelmo Romero, a quien el mandatario le dispensó privilegios durante su ejercicio de la presidencia de Venezuela, así lo atestiguan sus biógrafos.

Lo cierto es que desde el día en que ocurrió el magnicidio el año 1898, la mula se convirtió en leyenda y encarna las más asombrosas fábulas; se asegura que la bicha todavía anda vagando libre por aquellas sabanas sin el peso de la silla y sin frenos, desde las horas en que se oculta el sol hasta las altas horas de la madrugada.

En las noches, en tiempo de lluvia o verano, muchos dicen haberla visto y haber oído nítidos sus relinchos, espantando al ganado y los caballos en los potreros; le sale a los viajeros y se enfrenta con los transeúntes que se aventuran a pasar por allí; corcovea, muerde, patea y asombra a quien no le sepa rezar, o al menos aprenderse un corrido que escribió el poeta portugueseño Alfonso Palacios.

Del mítico hecho se desprende que LA MULA MANEÂ encarna el alma errabunda del general en Jefe Joaquín Crespo, oriundo en San Francisco de Cara. Que la única manera de quitársela del medio y salvarse la persona es rezando tres “Ave María”, así lo explica el poeta Yorman; pero esencialmente invocando el ánima del general Crespo, y ocasionalmente aprenderse de memoria la cuartetica del corrido del popular negro Palacios:


Ánima de Joaquín Crespo
No te pongas resabià
Sálvame, que no me mate
Tu vieja mula maneà.



La Villa de San Luis, enero 2018

domingo, 7 de enero de 2018

MIS REYES MAGOS





No dejo de sentir nostalgia
por mi niñez.
Ni cuenta me doy
que un niño no soy

La cara de los Reyes
dibujaba yo
en una hoja de papel

No le ponía cara de Reyes,
sino de magos.
No venían de Oriente
ni en camellos cabalgaban

Aliados del niño pobre
a quien el Niño Jesús
juguetes no le regalaba

¡Qué maravilla!
Ellos mandaban
a José y María

Sobre mis desflecadas
alpargatas me dejaban

Un lápiz escolar,
envuelto
en un cuaderno de a real.


    Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 06 de enero 2018



Sitio web de la imagen: https://www.facebook.com/AllArt.ExcelenciaEnArte/posts/1620552841294883