jueves, 27 de julio de 2017

¡AQUÍ NACÍ YO!

        
(Al pie del cuadro la firma de la pintora: C, Ramirez)




Así como nacen en mi pueblo
las mañanas,
En una calle alargada como un quejido,
despegada del cerro de Los Chivos
¡Aquí, en una casa livianita nací yo!

Era una casita de rostro pálido,
-forrada  de caña amarga  con barro- 
con  zócalo de color azul  

Cálida en invierno
y fresca en las tardes otoñales.

Al fondo, la copa abierta de un pericoco,
derramando gallitos  dorados,
y  un bosque de cayenas al costado.

Sentado sobre una butaca
observaba yo a mi padre,
golpeando con las yemas de dos dedos 
las teclas de una vieja Underwood

Yo soñaba algún día  ser igual, 
y poder escribir también
las mismas ilusiones

La luz macilenta del sol 
se reflejaba por  entre el ramaje
como cuchillos destellantes

El viejo estudiaba la Biblia,
a Gallegos, leía a Goethe
Y en algunas ocasiones a Musset

Oloroso a perfume de rosas,
se subía los anteojos más arriba 
del cielo de sus ojos

No sé las veces que estuvo
a mí alrededor.

De ahí broté, de esa piedra de luz,  
para que  yo algún día
también escribiera versos.



        
Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 27 de julio 2017







HOY QUIERO BRINDAR

Mi retrato, ingenio de la maestra pastelera Milagros Sanchez.



Hoy quiero brindar
por el follaje remoto
marchito de temporales

Hoy quiero brindar
por los pliegues,
que son los surcos 
del sembradío de la vida

Recorrer el tiempo ido,
andar con los ríos y cañadas,
que van a la mar,
con  sus crecidas y bajadas.

Hoy quiero pintar de verde
mis abismos y senderos,
Brindar arriba en compañía
con  la luna y sus estrellas 

Hoy quiero seguir por el camino
que señale el Arriero desde el Cielo

Hoy quiero dejar la senda
de  angustias y  de pesares,
oír el trino de las aves
y beber del arroyo montañero

Hoy  brindar por la vida quiero
para descubrir sus colores,
sonreír bajo una cubierta de claveles
bajo el tintinear de un  aguacero.



Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 27 de julio 2017

miércoles, 19 de julio de 2017

LOS 15 AÑOS DE SAMY

   


Aún cabalgan por mi mente 
aquellas majestuosas mañanas,
Alzada ella, al regazo de la madre
Como un rosado clavelito
envuelta en una aterciopelada manta

Lloraste, uno, dos, tres sollozos
bajo el cielo guanareño,
Con tus ojos níveos de ángel 
Y en tu carita un lunar
Tal  como si fuera un lucerito.

Primera vez que visitabas
los jardines primorosos  
del palacete  que guarda 
la Virgen de La Coromoto 

Yo presentía  entonces
para mis adentros,
que iba a ser tu abuelo,
o  que  iba ser tu padrino

Han pasado de ese ayer  
quince primaverales años,
quince  inviernos con sus veranos 

Hoy pido a Dios para  ti Samy,
que ponga  en tu pechera 
muchachita quinceañera,
quince lirios del huerto de la gloria.

Que los ángeles te colmen de ternura
Y que Dios te arrulle y te bendiga
esta noche hermosa de tu día.


        

 Oscar Carrasquel, Acarigua, 20 de julio de 2017

EL CRONISTA EN VILLA DE CURA

ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ, PRIMER CRONISTA DE VENEZUELA

                                                                                                                                
A  mi edad, uno no debe ruborizarse por tener que reconocer que en nuestra escuela primaria, ni en tertulias de gente mayor que llegaba a  casa, ni en la calle, oímos alguna vez hablar de la historia de Villa de Cura. En cambio, lo que sí  oíamos cotidianamente, era la voz de un ciudadano muy espontáneo, sencillo de trato, vestído siempre cerrado de kaki y sombrero de tubo, llamado don Rafael Mosquera.  En confianza le decíamos “Mosquerucio” o “Macutorio”. Y aquello, al viejo maestro lo regocijaba y divertía mucho; muy dado a la voraz lectura de gruesos libros que guardaba en una voluminosa biblioteca.

Sentado de piernas cruzadas sobre un banco de la plaza Miranda, nos narraba a una tropa de muchachos de la época, tal cual como si él lo hubiese vivido, lo ocurrido en la  sangrienta “Batalla de los dos Puentes”, sobre el rio Tigris; se sabía de memoria el viejo pedagogo -con lujo de detalles- el episodio de la toma de la fortaleza de  la Bastilla; hablaba sobre  la Revolución Francesa y lo que fue la guerra de los cien años. Y  otro día nos pasaba a relatar el ataque entre las fuerzas soviéticas  y alemanas en Stalingrado en la Segunda Guerra Mundial. Quise comenzar con este pequeño preámbulo, también para que se sepa,  cómo consumíamos  los jóvenes de mi generación el tiempo libre.

Antes del nombramiento del primer cronista de la ciudad,  no  recordamos haber leído ni una línea sobre quien fue su fundador, ni en qué fecha fue la fundación del pueblo donde nacimos, tampoco, de donde se deriva el nombre de Villa de Cura. La historia que aprendimos en la escuela  de los primeros grados se orientaba hacia una de doble polo: la de la religión católica que nos enseñaron en la casa de don Aníbal Bolívar y la fecunda Historia de Venezuela, condensada en un libro  muy nombrado en aquella época, escrita por el lasallista Hermano Nectario María. Y por nuestra cuenta, en la “Venezuela Heroica” del historiador Eduardo Blanco, donde conocimos nuestras raíces venezolanas y supimos de los héroes de nuestra nacionalidad,  de  Bolívar, Sucre y Páez, entre otros más ¡Ah! Y en un cuaderno marca “Libertad” que costaba una locha, en la portada el  retrato fiel del Libertador, sin retoques desconcertantes, ese que se nos quedó grabado en el sentido para toda la vida.

En las sesiones públicas y reglamentarias de la Cámara Municipal del Distrito Zamora, por allá en los años 58, 59 y 60, donde solíamos acudir a presenciar las deliberaciones, jamás oímos mencionar la palabra Cronista. Pasados los años, en  casa reparamos  que Cronista, se denomina a la persona que se consagra a la recopilación de hechos históricos, igualmente al que se dedica a escribir crónicas. Para aquel entonces no había oficialmente quien te diera a conocer de la historia y del pasado de la ciudad. Fue después de transcurridos algunos años  que la figura del Cronista de la Ciudad empezó a tomar auge. Demostrado y reconocido su provecho,  los gobiernos de este municipio comenzaron a nombrarlos.

Pronunciar la acepción de Cronista Municipal, es referirse a un orientador de la gestión municipal, tiene a su cargo  escudriñar el pasado, al mismo tiempo es un guardián de la memoria de la ciudad; conocedor de cuestiones jurídicas y patrimoniales del municipio; orientador de instituciones educativas; debe inmiscuirse en los espacios de la cultura; hacer lo que tenga que hacer para  defender al  municipio de  daños de carácter ambiental y tratar de preservar su casco histórico urbano.

En 1968  se crea ANCOV, Asociación Nacional de Cronistas Oficiales de Venezuela agrupando a todos los cronistas del país. Cada año se reúnen en convención en la ciudad o pueblo escogido por ellos, en honor a don Enrique Bernardo Núñez (1895-1964), primer cronista  de la ciudad de Caracas y quien  ejerció el cargo en el lapso 1945-1964. Aparte, numerosas municipalidades siguieron el ejemplo. Cada comunidad empieza a tener su cronista  para recopilar sobre asuntos diversos  relacionados con el pasado y presente de cada pueblo.

Fue en 1967 que Villa de Cura comienza a tener su primer cronista oficial de la ciudad,  siendo presidente del Concejo Municipal el señor José Tomás Ojeda; esa responsabilidad recae originariamente en la persona del doctor Luis  José Acosta Rodríguez, abogado, diputado del Congreso Nacional, docente universitario y hombre de cultura. Además fue presidente de ANCOV durante tres periodos consecutivos. Tuvo la virtud de señalar vías y actitudes que había que seguirse en el desempeño del cargo. Dejó para la vida villacurana este orticeño fallecido en 1986 su ejemplo de maestro, orador, historiador y pensador. Fundamentó en discursos y en la palabra escrita los aspectos fundamentales sobre la historiografía de Villa de Cura.

Después de ocurrida la desaparición física del doctor Acosta Rodríguez, la designación de cronista de la Ciudad de Villa de Cura recae en el profesor Oldman Botello, desde 1986 hasta 1995; académico, historiador, periodista, conferencista y escritor villacurano; a la par en ejercicio del mismo cargo como Cronista Oficial de la ciudad de Maracay desde 1981. Tiene publicado un ensayo que poseemos enclaustrado en los estantes de nuestra biblioteca que lleva como título “Historia de Villa de Cura (Tránsito por la vida de un pueblo)”, cordialmente autografiado para la familia, publicación de 2005. La primera edición es de 1971.

Pasado poco tiempo a partir 1996 lo viene a suplantar el profesor Johnny Hernández Calvo, nativo de este solar villacurano; pedagogo de la Universidad de Los Andes, locutor egresado de la UCV y productor de un programa de radio de sintonía en las mañanas, noticioso y comentado; articulista de medios impresos;  investigador de historias y escritor. Últimamente hemos leído  con sumo interés los debates y reflexiones, tocando temas cruciales y controversiales  relacionados con el proceso fundacional de nuestra ciudad nativa. En estos días abrevamos en una obra suya sobre historia local que se denomina  “Villa de Cura. Pasiones, conflictos y juegos de dominación (1790 1863)” presentado a mis ojos y puesto en mis manos por el coleccionista y  poeta  Elio Martínez, allá en Fundavilla. 

Cumpliendo plena responsabilidad del cargo tenemos, hoy por hoy, a la figura del educador Antonio Cabanillas Yepez, profesor egresado del Instituto Pedagógico de Maracay. Es bueno recordar que su tesis de Maestría versa  sobre un ensayo titulado  “Dinámica geohistòrica de Villa de Cura 1920-1990”, trabajo que se encuentra inédito, pero se contempla su futura edición. La Cámara Municipal lo designa  al frente del cargo de cronista del municipio Zamora a partir del año 2011. Antonio Cabanillas, ha sido articulista asiduo de los periódicos regionales El Siglo y El Aragüeño, y entre los medios locales la revista EXPRESIÓN y el quincenario EL VIGÍA. En sus artículos, cada lugar, cada hecho y personaje evocado tienen contextura  en función de la historia local. Dicen que  el hombre vale por sus actos; el fraterno educador no es de aquí, pero es como si lo fuese. Por la ciudad de Villa de Cura  pone a disposición su dedicación y su vasto caudal de conocimientos. Está  al tanto de su largo recorrido histórico. Nos enteramos, con los ojos metidos en una carpeta, que es ponente de un estudio en donde testimonia su diagnostico y advierte sobre los potenciales impactos ambientales que tienen correlación con la disposición de desechos sólidos, y de otro tema que guarda relación con la contaminación ocasionada por el trasvase de aguas a los causes naturales  que atraviesan la ciudad cabecera del  municipio Zamora.

El escritor Enrique Bernardo Núñez, nos dio a  entender con  la originalidad de su pensamiento, además con su temple y  experiencia, que un cronista  municipal no es una figura decorativa de un  salón gubernamental, ni un empleado de segundo nivel; ni es un funcionario público obediente, sino  una persona muy dinámica con una chorrera de conocimientos, con espíritu de autonomía, cuyo trabajo está regido por leyes y reglamentos muy específicos. 

Se estableció como fecha de conmemoración en toda Venezuela el día 20 de mayo de cada año, como “Día Nacional del Cronista”. Respondiendo a una propuesta acreditada al doctor Germán Fleitas Núñez, cronista del municipio José Félix Ribas del estado Aragua, durante el desarrollo de una convención periódica. La presidencia de ANCOV, la ejerce en la actualidad la licenciada Victoria Fuentes de Arias, cronista del municipio Urdaneta del Estado Aragua.

En Villa de Cura particularmente, miramos a nuestros cronistas con mucho respeto,  diáfano cariño, reconociéndoles como rico semillero de la cultura. Hubo excelentes y provechosos cronistas y los hay, sobrados de lustre; esto lo debemos de reconocer con altísima franqueza.  Hoy en día, por la gravedad de la situación económica, seguramente está guapeando  por la escasez en su despacho de muchas cosas,  principalmente  papel  y otros insumos.



Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, julio 2017



jueves, 13 de julio de 2017

CIEN AÑOS DE DOÑA FELICIA CEBALLOS ¡ALELUYA!




Cien años andando con Dios y con la religiosidad católica por delante. Devota de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo y Jesús de la Misericordia, además de conocedora de los misterios del Santo Rosario, cuya devoción siguiendo la tradición familiar se lo inculcó su madre desde que era pequeña; los estandartes que ella adora porque alegran y bendicen su vida y la hicieron crecer en la fe y en la constancia..

Un siglo…veinte lustros. Así como suena… Cien años han transcurrido hoy de haber llegado a este maravilloso mundo  este corazón pintado de canas blancas que  sigue diciendo ¡presente! cuando nombran a doña Felicia Ceballos. La conocí  en la urbe en tiempos lejanos aun siendo yo un niño -yo me acuerdo de ella-   en la Villa  se respiraba aire de confianza y de sosiego, había paz, nuestras casas entonces no eran un mundo cerrado de rejas como es hoy. 

En su tiempo esta humilde mujer mantuvo sola a su prole con el trabajo de la cocina en un negocio de restaurant que quedaba en el centro de la población. Así comenzaba su heroica marcha desarrollando su  trabajo sin desmayo. Eso fue por allá en las décadas de los años 40 y 50 del siglo XX. A decir verdad  su labor de cocinera no tenía hora de empezar ni hora de terminar, no era nada fácil el oficio, ni tampoco cómodo  lidiar con tan variados paladares. Sin embargo, la  fama de su exquisita comida  se extendía por todos lados, lo cual fue para ella título de orgullo.

A Villa de Cura llega a los 12 años de edad, la comarca de aquella época era como ella la vivió en su juventud, un pueblo apacible, un cobijo hospitalario, una agradable Villa de ambiente semirural y de limitado comercio y escaso tránsito automotor; de hombres a caballo y arreos de mulas que deambulan por sus calles solitarias. Eran tiempos por aquel entonces de cuentos de fantasmas y de aparecidos, como “La Sayona” y  “El Carretón”, además de la figura  del “Encamisonado”, del cual  expresaba la leyenda fue descubierto una noche disfrazado de espanto;  pues se oía decir que el personaje se aprovechaba  cuando el poblado quedaba a oscuras   para saltar empalizada y cosechar en conuco ajeno.

Dice un documento original que Felicia María Ceballos Rojas nació en el sitio de Santa Rosa del Sur el 11 de junio  de 1917. Hay un error -dice ella campante- porque en realidad   abrió sus ojos al mundo  el 11 de julio de 1917; Sus padres fueron María Eugenia Rojas y Melesio Ceballos Rebolledo. Esta matrona tuvo un total de 5 hijos varones  a los cuales vigila desde sus primeros pasos: Cristóbal, Ernesto, Félix, Guillermo y  Marcos. El esfuerzo no fue en balde pues sus hijos todos fueron hombres  laboriosos de probada conducta ciudadana y distinguidos en el estudio, fue esa la disciplina que recibieron en un hogar de exclusiva vigilia de la madre. Se casaron, formaron familia aparte y algunos tuvieron que alejarse un poco, pero siempre buscando  estar lo más cerca posible de ella  lo que determina que el amor maternal no termina nunca. Aunque doña Felicia  no pudo detener la punzada en el alma cuando la muerte le arrancó de los brazos a  Cristóbal, uno de sus hijos.

La vida es bella a pesar de todas sus vicisitudes, pero lo es aún más, cuando se  llega a esta edad y la persona se conserva útil; cuando trascurrido una centuria se encuentra ahora estrechando brazos de viejos amigos, vecinos y familiares, con su tono siempre lúcido, evocando el pasado el cual supo a transitar con amor y firmeza.

La edad cronológica no ha representado para doña Felicia impedimento alguno para seguir activa en sus menesteres cotidianos. Todavía está pendiente de sus hijos,  y de la ramificación de 12 nietos y 7 bieznietos, se preocupa por los oficios elementales de la casa, cuidando que se mantenga limpia. Su amor por la naturaleza es tal que riega y cuida de sus plantas y mantiene bello un jardín de rosas que sombrea la entrada de su morada. Y  es tan sobrada su vitalidad que todavía  cocina y le queda tiempo para recibir lecciones de cuatro, tres días a la semana. Le atrae la música que es también un complemento de su vida. Lo que más importa es tener la mentalidad siempre abierta dispuesta para el conocimiento y tener ganas de sobrevivir en estos tiempos tan plenos de  dificultades. Asombra su memoria prodigiosa, se desplaza en la casa con seguridad y con la fuerza espiritual que le viene de Dios. Siempre presta para vencer obstáculos, aconsejar y seguir ayudando a los más jóvenes.

No debiera ser yo,  que solo  traigo a la memoria estas breves evocaciones para agasajarla, quien se atreviera a describir  estas vivencias de tanta lejanía.  Quizá una persona como ella, con cien años en lo alto es la que mejor conoce la historia chica de esta Villa donde todos nos conocíamos, la romántica y palpitante de ayer que ella misma ayudó a construir y la nostálgica de hoy. No sé si usted se acuerda doña Felicia, que en nuestras casas pobres de antes, se daban fijo diariamente dos golpes en la mesa, a las 10 de la mañana  el primero, y el segundo a las 4 de la tarde.

Hoy que amanece de tonalidad cambiante la extensión del cielo villacurano, aprovecho esta agradable encrucijada, adonde me condujo con sumo agrado la poetisa María Teresa Fuenmayor, para felicitarla con justicia y admiración en este  su centenario natal y colgar cien rosas  perfumadas sobre su pecho. ¡Feliz cumpleaños doña Felicia!


Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, julio de 2017

domingo, 9 de julio de 2017

“FALO” UN ARTISTA DE CIRCO VILLACURANO


                                                                   
                                               

Los pueblos están llenos de su historia magna, de grandes y significativos episodios que dieron origen a nuestra nacionalidad o vinculantes con su línea originaria, evocadores del terruño solariego, obtenidas por sus autores de fuentes documentales; pero también los pueblos son abundantes en historias pequeñas. Como se sabe, estas últimas no se encuentran en archivos, ni en anaqueles de librerías, sino en el testimonio de sus propios  protagonistas o en la referencia oral de aquellos que los conocieron o que estuvieron a su lado. “Déjate llevar por el niño que fuiste”, escribió una vez el novelista Saramago.

De continuo les traigo  el apodo de “Falo”. Debo decir que estos cuatro caracteres que constituyen un sobrenombre fácilmente de escribir o pronunciar, son identificadores de un  villacurano cuyo verdadero nombre  era Rafael Ernesto Agudo. Hijo de una humilde villacurana llamada Petra Agudo. A  este hombre llamado “Falo” lo conocimos por allá por los 50.  Vivía  junto con su familia por el largo de la calle Doctor Manzo, entre Miranda y Sucre. La última vez que le encontramos vestía de kaki. Un  hombre fuerte, más bien blanco, alto, de pelo liso y abundante como el de Tarzán, colmillo de oro reluciente y manos grandes. 

“Falo” no fue muchacho escolar de todos los días, pero tampoco fue un hombre de malas juntas. Por esos lados de la calle Doctor Manzo lo veíamos bajar siempre para la esquina de Las Brisas a jugar metras o canicas como  las llaman en otros lados. Durante la infancia y parte de la adolescencia, como otros muchachos, le llamaban la atención la realización de juegos tradicionales de poca importancia; pero a medida que iba creciendo se convirtió en un hombre terco con el juego y las apuestas. Nunca lo vi borracho de licor amargo. Tampoco fue un hombre fullero pero sí sortario en el juego. “Falo” era una fija en partidas donde estuvieran  por medio los pesos, como  son las bolas criollas, dados y barajas en grupo, ruletas, bateas y demás juegos de azar; allí en este escenario siempre estaba él, a ver quien cazaba una partida; también era dueño de un humor nato. 

Cuando nuestro amigo tenía más o menos 30 años edad se enroló en un  circo de aquí de Villa de Cura llamado  “Circo  Hermanos Castro”, que ya no existe.  Ingresó a la compañía como utilero y en especial para montar y desmontar las lonas y las tablas en las partes donde viajaba el circo, y de seguidas, se incorporó a desempeñar otras atracciones más, aprendidas allí adentro de aquel  universo de almas.

De tal modo que  gracias a su fortaleza y la habilidad de sus piernas fue enseñado a andar sobre zancos, con un micrófono en mano, para la narración y animación del espectáculo. Se dedicó a aprender el arte  de las barajas, realizaba un número donde  extendía los brazos como un mago, moviendo un puñado de barajas de cartas  entre los dedos con las dos manos, haciendo magias para divertir al público. En otro, tenía que vestirse con traje de payaso con el nombre de  “Chaplin”, formaba parte de una tropa de otros payasos con nombres vegetal: Canillita, Repollito  y Rabanito. También realizaba un número que llamaban “La mesa de la muerte”, donde como un faquir se acostaba martirizado sobre una mesa llena de escarpias por todos lado. En otro de los papeles, se colocaba parado de perfil al lado de un tablón para que un hombre disfrazado de indio Piel Roja afinara su puntería,  disparando unos puñales de fuego alrededor de su cuerpo y a  la altura de su cabeza.

Con esta compañía  lució y paseó su arte por la mayoría de pueblos de Venezuela, también en giras por varios países las veces que el circo viajaba.  Acabó  viviendo, comiendo y soñando entre  baúles, hombres, mujeres y niños de circo, bajo un techo redondo de lona  como una gran familia.

No lo volví a ver por mucho tiempo. Desde  los setenta, más o menos se fue perdiendo de mi vera. Me dijeron que se había ido para una parte  de noche profunda donde no hay nada. Ahora fue que supe que hace dos años, ya retirado de sus quehaceres, como  un fantasma lo vino a reclamar la guadaña de la muerte, alejado de la que fue su casa en Villa de Cura. Ahora estuve al cabo que se enfermó y murió al lado de sus amados hijos en la ciudad de Valencia.

Una joven llamada Yanet Sabina Castro, aquí  en la Villa, su vecina de una casa por medio, nieta del dueño del circo, se atrevió a prestarme la vieja y malograda imagen haciendo de zanquista en el pórtico del circo, la cual pedí colocar en el portal de esta nota como un homenaje al viejo amigo. 

De aquí salimos del mismo pueblo, cuando la gente no se conocía por su nombre propio, sino por su apelativo. Que descanse en paz tu alma “Falo”, aun vives en nuestros recuerdos.




Oscar Carrasquel
La Villa de San Luis de Cura, julio de 2017

jueves, 6 de julio de 2017

EL VIEJO FORASTERO




¡Te extraño!
dijo el viejo forastero,
Igual que un río seco 
extraña su cauce y sus riberas

Así como extraña el niño mimoso
el pecho de la madre
en una  madrugada fría

Como extraña la playa la brisa
que le pone el ole a las olas
en la orilla

De aquella mañana de sol
cuando el viejo forastero
se alejó  por  el vegetal sendero

Deshojando un ramo de flores
marchitas

Haciendo zigzag
entre  estrechas callejas
de tumbas vacías

En las manos frotando
su  negro sombrero

Decepcionado, de paso lento,
Como un elefante
buscando la sombra de su cementerio.

Oscar Carrasquel

La Villa de San Luis, julio de 2017



 Imagen: Obra: Viejo con Sombrero
Autor: Diego Salazar Zuluaga , Artista plastico nacido en Medellin, Colombia. Sus composiciones estan basadas en la armonia de la figura y los elementos que las componen.