lunes, 29 de mayo de 2017

¡EL PERIQUITO MÁGICO!





                                                   
A  Carmencita  Hernández  Paradisi
A  Miguelito Carabaño  Mele
                                                                                                                  


En estos días que Villa de Cura celebraba su aniversario creí oportuno buscarme a mí mismo y comenzar a rememorar los días felices de mis tiempos de niño, cuando en la vieja comarca se desbordaban aquellos rumbosos festejos en honor a San Luis Rey de Francia. Muy visitada y nombrada  cada año. Refresco ahora de un solo jalón un bojote de años en la distancia.

Solía visitar la ciudad todos los años un circo cuya atracción principal era el célebre ilusionista Blakamàn, que delante de todos se atravesaba la garganta con una daga, ponía a obedecer a los animales salvajes y adormecía a la multitud el tiempo que a él se le antojara; pero la verdad es que llegaba de todo a esta especie de feria popular: carruseles, bazares, marioneteros, dulceros de Turmero, ruleteros, juegos de batea, galleros, curanderos, adivinadores y fotógrafos de cajoncito y de Polaroid.

Ramoncito Trujillo “El organillero”, era el principal animador de las rumbas en los mabiles de La Alameda; para quien no lo sabe o recuerda, Ramón era un señor pequeñito realizado del más puro barro del Tucutunemo, que  puso en boga el merengue rucaneado tocando los bailes en el bar “La Gavilana”, haciendo sonar un dócil y anciano pianito de manilleta.

Otro personaje famoso era Julio Rojas “Culebrero” -que sería una persona muy imperiosa hoy en día que se vive esta  tragedia de la salud- el hombre andaba con una enorme tragavenados viva enrollada al cuello, preparaba y se dedicaba la venta de remedios y ungüentos al precio de un bolívar, para  curar o aliviar todo tipo de males. Y además, me contaba O. Botello, se hizo popular porque  su voz  se oía duro por el medio de la calle ofreciendo una pócima de este modo: “Llevo el remedio para los hombres que dicen que raspan y no raspan nada”. Dedicó su vida a hacer el bien, para eso principalmente trabajaba el naturista, para curar y levantar vidas.

De aquellos tiempos feriales conocí también a un  hombre trigueño y delgado que ya se nos escapó de la vida, pero quedó sembrado en nuestro recuerdo, conocido con el mote de “Come vidrio”. Se nos olvidó su nombre. No era forastero sino nacido en alguna de nuestras barriadas. Delante de la mirada de un mundo agarraba un par de vasos de vidrio bocones y los trituraba en la dentadura sin producirse ni siquiera un rasguño; y detrás de la peripecia ingería un vaso de agua o de cualquier otro líquido.

Pero yo lo que deseaba destacar es que en aquellas fiestas venia de improviso a la población un personaje folclórico, vestido en buena forma, con una diversión bastante peculiar. Se presentaba en las aceras de la plaza este fabulador con un perico pequeñito completamente verde, rehén de una pequeña jaula y a quien su amo acostumbró  llamar “El periquito mágico”. Ambos de vida nómada. El lorito no hablaba, pero era como  un prestidigitador ambulante, un animalillo con un poco de magia. Era como un mensajero de la cultura jang o enviado por un prestigiador olímpico de la TV a quien llaman Hermes. La jaula en su parte inferior tenía un cajoncillo o gavetero  donde cargaba una fila de sobrecitos, cada uno con un mensaje distinto. No era gratuita la consulta sino que uno pagaba medio (0,25) y luego el perico  como si fuese un pajarillo  espoleando una flor,  sacaba alzado en su garfio un  sobrecito  con un suave y perfumado papelillo dentro, que lo  colocaba en la palma de tu mano; al abrirlo descubrías  un placentero augurio,  una flor menuda de luna llena, viajes futuros, predicciones sobre el amor, la salud, sobre tu presente y futuro.

Las personas, no importaba la edad, se metían de lleno en el espectáculo y luego el pajarero  seguía camino  entre el gentío de  la plaza y por la monotonía del paisaje con su jaulita abrazada, con el divertido gorjeo de aquel simpático lorito y la perorata del hombre por la calle abajo: ¡El periquito mágico!.., ¡Prueba hoy tu suerte!... ¡El periquito mágico! 

La Villa de San Luis, 25 de mayo de 2017


    Oscar Carrasquel



jueves, 25 de mayo de 2017

BAR PEDROSO

          

 NOTA: Estas fotos fueron tomadas en diciembre 2015
el Día de Santa Bárbara cuando en el Bar Pedroso colocaron 
en toda la entrada un altar con la imagen de la santa e invitaron
a un grupo musical para amenizar su festividad.                   



  Por Oscar Carrasquel


En la calle Comercio de mi pueblo
se halla  un bar muy famoso,
bautizado,  según un aviso luminoso,
con el nombre  de bar “Pedroso”.

Los parroquianos suelen llamarlo: 
“La fonda de José”
Allí acude  la gente a saciar su sed
después de un día de larga  faena,
o en las tardes de asfixiante calor

Te esperan Ángel y Juan,
(maestros cerveceros)
quienes fijan los ojos en la barra
y abren y cargan las neveras

Si  quieres, en una gran pantalla,
colmarte de gozo
verás orquestas famosas
Y libando cerveza  al “Oso Pedroso”

Situado a pocas cuadras de la plaza,
en pleno eje de la localidad
casi llegando a una esquina
de mi hospitalaria ciudad.

Tú primero, te retratas en una taquilla,
Te atiende  una señora trigueña,
O  la sonrisa de una muchacha
de ojos acaramelados.

Ellos le desprenden la chapa
de una botellita
de color dorado, o de tono azabache

Pobre de aquel  que se ponga pesado,
porque entonces, a una iluminada Reina
tendrás que pedirle cacao.

Yo algunas veces, como mínimo,
antes que la noche vaya a llegar,
para  refrescar la mente 
me tomo un par de negras “Regional”

Bien heladitas  estas espumantes
en mis labios se disipan
como pajarito bebiendo  en una vasija

Si  es  por primera vez que le visitas
te darán ganas de volver a esta cantina
por ser bastante cordial la bienvenida.


La Villa de San Luis,  25 de mayo de 2017





EL BAR SAVERY, ANTIGUA TABERNA VILLACURANA




                                                     Por Oscar Carrasquel


La crónica de hoy  viene a recordar y a revivir este  lugar de esparcimiento de la comunidad que alcanzó celebridad en aquellos tiempos cuando en La Villa imperaba -porque era posible- la disciplina,  la amistad y el respeto.  Villa de Cura era  un  pueblo pequeño y hermoso, enormemente religioso, de brazo cálido y extendido con esta tierra aragüeña  y con la llanura linda. La fundación  de esta Taberna debió ser por allá en la tercera década del siglo XX por unos hermanos italianos de apellido Savery. Apropiándome de la memoria de Félix Hernández Castillo, eran ellos: Carlos, José Domingo, Bonifacio, Miguel y Luis Savery. La sede era un caserón que ocupaba la mitad de la manzana en la calle Bolívar cruce con Leopoldo Tosta, a escasos cien metros de la plaza Miranda.

Hoy en día es otra cosa, una hilera de establecimientos y edificaciones que ahogan la cuadra. Nada queda de sus vestigios. En la parte exterior sobre de un ventanal figuraba una tabla con letras amarillas donde se leía “Bar Savery”. Me cuenta el profesor Oldman Botello que muchacho él, atisbaba en el centro del patio la enramada de una frondosa planta de uva regularmente cargada de racimos.  Mucho se parecía a un centro social. Sin embargo no discriminaba, podía tener acceso cualquier tipo de público, pero  la verdad   es que los Savery se reservaban el derecho de admisión a la barra, área de bailes y sala de billares. Dentro del ambiente del antiguo Bar Savery  se solía reunir diariamente y a cualesquiera hora un grupo de gente heterogénea de la aristocracia local,  media y alta, tal como si se tratara de una sola familia; visitado también por empresarios y agentes viajeros que iban a disfrutar de su descanso o hablar de negocios.


Básicamente incluía servicio fijo de bar, salón de reuniones, pista para baile y espacio para juego de billar, ajedrez y dominó, todos estos departamentos comunicativos. Al mismo tiempo era “café”; se gastaba una antigua cafetera italiana “Victoria Arduino” que ocupaba medio mostrador, servían toddy frio o caliente a toda hora, batidos de frutas y Frappes; ofrecía sándwiches en pan caliente rellenos de queso Gouda o jamón serrano Bellota que venía envuelto en fardos. En sus vitrinas no fallaba un inventario de licores de diversidad de orígenes; cigarrillos Camel o Chesterfield y tabacos cubanos “Habano”, entre ellos el famoso “Montecristo”. Lo único con sello criollo eran las sabrosas  tortas y dulces de la cocina de misia María Palumbo y la cola “El Polo” a O.25, que era el refresco de moda.

Entre los mozos que atendieron la barra y encargados de preparar los cocteles se recuerdan los nombres de los jóvenes Fermín Nieves, el chingo Pablo Villamizar y José Rafael Hernández (el de las tostadas). Y por entre muebles y un ventanal se veían rondar con una bandeja extendida en los brazos los mesoneros, Samuel Flores, Cecilio Figuera “Glostora” y José Félix Córdova. Tenía un mobiliario y mostradores de lujo estilo Barroco  de pintoresco efecto europeo, elegidos por sus propios dueños. Las butacas forradas en fino terciopelo. Las bebidas eran todas importadas, menos el botellón de cerveza “Caracas” que valía un bolívar. La sangría era de puro vino jerez “Moscatel”; una copa de brandy “Felipe II”  o “Gran Duque de Alba” en aquel lugar costaba 2 bolívares, y una ración de escocés 2.50 bolívares, servidos en la barra o en la mesa, con su oportuno pasapalo.

Mucha gente de aquella época recordará los llamados “Vermuth Danzantes” domingueros con disfrute de música en vivo. Algunas veces amenizado por el piano de Ricardo Sequeda, mejor conocido en el pueblo como “Mapurite”. Aquel  joven humilde 
de pelo indio y vida bohemia, un buen pianista y tocaba todo instrumento musical de manera autodidacta.

En aquellos días era muy escaso el tráfico automotor, de vez en cuando pasaba un autobús de la línea “Demócrata” que salía de la ARC hacia el vecino pueblo de San Juan de los Morros, y sus calles y plazas libres de tumultos y de tarantines.  La música que cautivaba el alma para oír de cerca se derramaba de una vieja victrola  marca Wurtlitzer que engalanaba  el recinto.

En estos salones se realizaban  bailes de festividades, las primeras eran las reinas de carnaval o de fiestas patronales de San Luis. Y además era área de reunión de comerciantes, ganaderos, estudiantes universitarios, visitantes de pueblos vecinos, y caballeros de liquiliqui y sombrero de vaquero que concurrían a las candorosas tardes de coleadura en bocacalles cerrada con guafas. Se podía encontrar el visitante con las muchachas villacuranas y foráneas más bellas de la época. Dicen que los villacuranos  que se  ausentaban y  regresaban en vacaciones y otras fechas más,  aprovechaban para reencontrarse en el Bar Savery. 

Sus ambientes estaban aptos para reuniones sociales de todo género, sobre todo  bodas, cumpleaños y al mismo tiempo dispuesto para el recibimiento de muchas familias. Se agasajaba y premiaba  a los triunfantes coleadores. En ocasiones, contaba con la presencia de grupos musicales villacuranos, animando  los fines de semana y días especiales de celebraciones. Cuando por ejemplo  se alistaba la guitarra grande de Oscar Hernández acompañando la romántica voz de Teobaldo Parra Coronado. Igualmente las trompetas de Germán Cordero y Del Valle Bustamante. Cuentan que en su oportunidad aquí celebraron sus reinados de las fiestas de San Luis las jóvenes Martha Fuentes y Yolanda Paradisi.

Entre los reconocidos contertulios mencionados por Omar Gutiérrez en su libro figuraron, entre otros: Dionisio Infante, Raúl Barreto y su hermano Enrique Barreto, Vinicio Jaén, Antonio Saá Fernández, Antonio Silva, el Marqués Montenegro, José Antonio Torrealba, Martin Hernández, Fernando Hernández y sus hermanos Juan Bautista y Luis Rosendo Hernández, Alejandro Tosta, los hermanos José María y Fernando Carabaño Tosta, Juan José Torres y Morocho Trujillo.

Según me refería el bajista Rafael Almeida “Petit”, en una oportunidad en  estas veladas fue agasajado el célebre pelotero villacurano José Pérez Colmenares  en su regreso triunfal de la Habana Cuba en el año 1941. Acá también se le dio la bienvenida al espléndido equipo villacurano Ayacucho Star BBC en el año 1943, oportunidad que el equipo se titula campeones nacionales de beisbol juvenil en Caracas. En estos salones el año 1944 fue recibido el presidente de la República General Eleazar López Contreras y su hermano Don Fernando López Contreras. Igualmente visitado por el General Isaías Medina Angarita. Esta referencia  me la da el profesor Antonio Cabanillas, Cronista del municipio Zamora,  por haberlo oído del poeta Vinicio Jaén Landa. No falta quien afirme que otro  de sus asiduos  visitantes fue el rico ganadero guariqueño Nicolás Felizola, que siempre llegaba vestido  de blanco  protegido de un sombrero peloeguama, quien venía a la Villa en viaje de negocio de ganado. Son incontables las figuras y personalidades que lo visitaron.

Sin duda que fueron los hermanos Savery una familia de inmigrantes europeos iluminados y amantes del progreso y el buen nombre de Villa de Cura, con preferencia por fomentar la industria y el comercio. Tenían fama de ser gente exquisita, amable y de mucho respeto.  Instalaron la maquinaria más moderna accionada por electricidad para la fabricación de pastas alimenticias, cuya marca  “Bresciana” se distribuía en gran parte del territorio nacional; además  fundaron en una parte del caserón,  por la calle Leopoldo Tosta, pilones y molienda de maíz y fábrica de hielo tipo panelas. Nuestro paisano Adrian Aponte estaba  encargado de las máquinas del vapor. Transitó muchos años trabajando en el almacén Eladio Martínez”Muñeco”.   

Traigo a colación esta menuda historia de la cual han transcurrido más de seis décadas. Sin embargo, no he contado que ya en sus años finales,  El Bar Savery fue campo de mis primeros escarceos y escapadas de la adolescencia. No puedo negar que fue en  esta cantina mi primer abordaje con una botella de licor, era un  vermuth “Cinzano” de la región del Piamonte italiano, una Nochebuena de Año Nuevo, compartiendo mesa con “el negro” Francisco Matute Padrón y Pedro José Zapata, siendo todavía muchachos. No lo recuerdo, pero pudo habernos costado tres bolívares el servicio.

Coterráneos hay todavía quienes posiblemente vivieron y rumiaron sus alegrías o quebrantos en este portento de recuerdos llamado Bar Savery de la calle Real o Bolívar en Villa de Cura. No sería aventurado afirmar que en esa vanguardia estuviesen  mis queridos amigos: Raúl Aular Flores, Juan Colmenares, Ramón Vásquez Montaña, Stefan Carvallo, Manuel Jiménez “El indio Eulogio”, Víctor Parra Díaz,  y quizá Waldemar Oliveros, “El Químico”, el célebre compositor del vals “Villa de Cura”.

Fuente oral:
Stefan Carvallo, Esteban Nieves, Jesús González, Rafael Almeida “Petit”, José Carrasquel, Graciliano Aponte, Roger Barreto Álvarez y Félix Hernández Castillo.


La Villa de San Luis de Cura, 25 de mayo de 2017

viernes, 19 de mayo de 2017

ANÍBAL

                                                     

                                                             Por Oscar Carrasquel


Sin camisa y tostados los zapatos, 
de pantalones anchos
amarrados por un cordón.

Carita de turpial cansado,
mimado por la brisa,
entre tranco y tranco 
doblaba las canillas
como alcaraván en la orilla

Recorría el pueblo en cualquier
dirección
De risita en risita, la calle Comercio,
era su ruta de ida y venida

Quería decir mil cosas,
se hacía sentir a veces
por medio del vuelo fugaz 
de una ligera sonrisa

Ocasionalmente sentía
que la vida era una melodía.
Extendía el brazo como una lanza
sobre su pecho,
y temblando consigo mismo
ponía a bailar su esquelética silueta.

Aníbal, era la atracción
en una procesión de Santo 
y en un velorio de Cruz de Mayo

En las tardes penosas de redoble
de campanas 
cuando sentía entrar  un difunto al Templo
para el responsorio,
le brotaban lágrimas verdaderas, 
sin saber a quién lloraba.

Afligido de dolor al cortejo acompañaba
por el habitual camino.
Cansado por el largo trecho 
enjuagaba sus ojos piadosos con lágrimas


Solo así  podía demostrar
aquel  inocente muchacho,
que  era un ser generoso y humano

No  podía tocar a los muchachos
que atinaba a ver por las calles,
sin embargo se les arrimaba,
como un sonámbulo arrendajo.

Entre mis sienes aún duerme
su angelical nombre:
¡Aníbal!
como aquel general fenicio

Un día le tocó cruzar la senda
que no tiene tornada,
cuando  sin piedad la muerte
le vino a tender una celada.



                                                                                     La Villa de San Luis, mayo de 2017


Foto: Revista Expresión No.28. Cortesía del coleccionista Elio Martinez.

FRANCISCO OJEDA

             

                                                                  Por Oscar Carrasquel


Desgarbado, casi seco, sustancia común
del hombre por el sendero de la vida
Mano leal y sencilla de identificar
Tal es Francisco “Pancho” Ojeda,
un viejo soñador de mirada honda

Se dice viejo,
pero solo tiene el cabello
del color de una hoja caída

Estudioso de la ciencia de los vegetales
y también de fundamentos pitagóricos
Pero  su intelecto  difunde siempre
una luz  filosófica

Ahora aprovecha el tiempo de repliegue
para beber en la fuente de los clásicos,
es capaz de hablar de Lutero,
como saber del aforismo de Maquiavelo

Su verbo tiene el mismo sabor
del delicado numen de la literatura
Allí está presente el hombre  agazapado
que aún recorre  el aire de una ciudad callada

Baquiano de los paraderos del viento,
no importa que llueva,
Igual puede  disfrutar del sol canicular
de la pampa apureña.

Para el amigo leal
va mi voz llena de nostalgias
de una noche desvelada.



            

  La Villa de San Luis de Cura, mayo de 2017




martes, 9 de mayo de 2017

EL POPULAR “GUIRICHI”


Por Oscar Carrasquel

Juan Ramón Rodríguez es el verdadero nombre de este popular personaje villacurano de vieja generación. Seguro estoy que si a algún forastero  se le ocurriese solicitarlo en la Villa por su legítimo nombre, probablemente le responderían lacónicamente: ¡No lo conozco!  Pero si decidiera preguntar  por “Guirichí”, de seguro le informarían de inmediato que nuestro querido y conocido personaje  habita hoy una casa rural transformada  por la calle Comercio casi llegando al Cementerio Municipal, por la  acera derecha, cerca de las instalaciones del Ince.

Juan Ramón Rodríguez nació en Villa de Cura el 21 de marzo de 1937, específicamente en el barrio Los Colorados. Hijo de Dionisia Rodríguez.  Casó con la villacurana Aleida Azuaje de Rodríguez, de cuya unión nacieron cuatro hijos, dos hembras y dos varones. Hasta el momento sumaban seis nietos y tres biznietos. Una de las nietas tristemente fallecida en la Semana Santa de 2017.

El sobrenombre de “Guirichí” proviene de sus andanzas por el llano adentro, un día que su patrón necesitaba a alguien que le bañara unos caballos finalizada la faena, y lo eligió a él, indicándole al caporal: “Déselo que los bañe ese muchacho catire que parece un “Guirichí”. Y así  quedó bautizado para toda la vida.

Por las precarias condiciones económicas de su familia no pudo estudiar mucho, sino hasta los primeros grados, con la maestra Priscila Bolívar; pero a cambio la vida le sirvió de escuela y lo enseñó a defenderse desempeñando una diversidad de trabajos como medio de subsistencia. Su grandeza consistió en su rectitud, en su carácter jovial y en el  trabajar sin pausa en todo  tiempo.

No sé qué edad tendríamos, pero sí recuerdo que siendo chavales, ambos con otro grupo de muchachos jugamos pelota sabanera, que iniciamos en un terreno lleno de maleza y oloroso a bosta de vaca  por los lados de La Romana, en lo que es hoy en día un conjunto de edificios de apartamentos con locales comerciales al frente.  

Fue torero espontáneo en tardes de toros coleados,   despuntó como banderillero – con traje de luces- hizo su debut en los festejos realizados por el empresario de Santa  Cruz de Aragua, Rústico Pacheco, en una plaza de verdad levantada en la esquina “El Taparito”  por ahí en los años 50. Se llamaba: “Plaza de Toros La Giralda”. En varias ocasiones lo vimos adornándose en el centro del ruedo durante la suerte de banderillas  -en el segundo tercio de la lidia-  en compañía de otro banderillero llamado Oscar Borges “Zapatilla”.  En las corridas  le correspondió hacer el paseíllo en el ruedo junto a los diestros villacuranos Rafael Flores y Manuel  Rodríguez “chiquito”.

A manera de anécdota, me cuenta “Guirichí”, que en una corrida dominical a plaza llena, “Zapatilla” salió al ruedo, se adornó con el par de capullos en alto para lucirse con la suerte de banderillas -al son de la música de pasodobles- con tan mala estrella que en la carrera resbaló y en vez de hundirlas en la cerviz del toro, se las clavó  en la pantorrilla derecha.

De tanto trajinar con caballos cuando era  joven, ”Guirichi” también estuvo muy ligado a los toros coleados, fue enlazador de ganado y lidiador en las mangas, su labor consistía en conducir  los toros a los corrales después de terminado el turno  y era el encargado de abrir y cerrar el coso cuando  los coleadores estaban listos para cumplir la tanda.
 
Siempre trajinó emparentado con la ganadería, se desempeñó muchos años como conductor de un camión ganadero utilizado para trasladar las reses desde los hatos del llano a las mangas de coleo y luego regresar el ganado. Visitaba cada pueblo o ciudad donde se celebraban fiestas patronales y torneos; por tanto no era raro encontrarlo en un quiosco o dentro de la manga de coleo echándose las cervecitas con el bluyín y la camisa de cuadritos impregnados de  orine y bosta de ganado. No recuerdo el año, pero una vez  que se celebraba un campeonato nos  topamos en la manga bautizada “Coleadores de Araure” en el estado Portuguesa. Vivía yo en aquella villa araureña.

“Guirichi” entre tantos oficios que le ofreció la vida fue “Busetero”, casi todas las calles de la Villa lo vieron rodar frente al volante de una de las primeras camionetas “Titán”, que concedió a crédito el primer gobierno de Rafael Caldera, cargando y descargando pasajeros, adscrito a una línea que cubría las rutas interurbanas. Con nostalgia  recuerda que, antes había mucho respeto y consideración en esa relación transportista y usuario, pero  que  ultimamente se observa que hay mucha anarquía.

En sus mejores tiempos fue un hombre muy dinámico y de mucho coraje. Ciertamente  en la Villa en esos tiempos se pasaba trabajo para ganar el sustento diario. En  su rol de transportista anduvo durante algunos años manejando un camioncito Chevrolet 350 con el cual realizaba fletes, haciendo viajes y cargando enseres y todo tipo de mudanzas, dentro y fuera del perímetro de la entidad aragüeña.

Ahora que ha pasado el tiempo son pocas las ocasiones que lo vemos en la calle, sus pasos lerdos ya no se sienten en las aceras de cemento ni en el asfalto, los años le cayeron encima y también una disminución visual lo recogió en casa y lo mantiene alejado de los sitios que frecuentaba. Hasta hace poco se distinguía de lejos cuando se dirigía al  estadio “Ramón María Acosta” donde regularmente acudía a presenciar los desafíos del beisbol menor. Pero  lo positivo es que a pesar de tener 80 años encima y vivir aquejado de dolencias, “Guirichi” todavía mantiene el espíritu  intacto y alegre.

lunes, 8 de mayo de 2017

SAMUEL ALEJANDRO



     Por Oscar Carrasquel



Hoy dichosamente celebra Samuel
su fiesta de cumpleaños

Estallará la alegría en su hogar
y su vida seguirá creciendo
Igual  que crece la nata
en una totuma de ordeño

Ya comienza el niño a escalar
sus más  hermosos años,
y en la campiña
hay sentires de celebración

Jubiloso junto con sus amiguitos
por la hierba  se recrea,
con sus ojitos almendrados
y  sonrisitas a flor de labios 

Un pastel parecido a un carrusel
no tardará en llegar,
y una piñata con rostro de Bambi 
muy pronto irá a derribar

Hoy con mi canto  felicitarlo
yo quisiera
aprovechando que está cumpliendo
sus primeras tres primaveras.



                 Valencia, 07 MAYO de 2017

jueves, 4 de mayo de 2017

TU RETRATO




Por Oscar Carrasquel


A Chencho Adames y Argenis Díaz




Qué raro te ves en este  retrato
de tus veinte años
En esa antigua postal
bajada de un  viejo armario

De cuando  el oleaje 
de la madre vieja
aplacaba la sed 
Allá en tu querencia lejana

Allí tu cuerpo  inhalaba
perfumes de azahares,
Y echabas al vuelo,
tus sueños primaverales

Allí te veo
en el sitio de tus comienzos
recogiendo tus sueños

Igual que un pájaro solitario
con sus cantares al viento.

Brindo  por tu calendario,
por las hojas ya desgajadas,
también por  las que quedan
colgadas del añoso ramaje. 


La Villa de San Luis, mayo 2017