jueves, 12 de octubre de 2017

"MUSEO PRIVADO Y GALERÍA LA MOROCOTA" UN LUGAR DE COLECCIONISMO Y CULTURA POPULAR

Williams Saldeño, un saludo afable desde "La Morocota"



Es muy sencillo llegar y conseguir en Villa de Cura la ubicación de una tienda de antigüedades denominada “Museo Privado y Galería La Morocota”. Su dueño y dependiente se conoce con el nombre de William Federico Saldeño. Se encuentra establecida en una casa grande restaurada con una especie de fragancia de campo por el verdor de la naturaleza que le viene por su proximidad al valle de Tucutunemo. Como es de recordarse, atrás el solar eran terrenos de una hacienda llamada “La Providencia”.

Cada vez que se hable en Villa de Cura de coleccionismo y de cosas antiguas  surge inmediatamente como una importante referencia el “Museo Privado y Galería La Morocota”. Se encuentra abierto todos los días de lunes a domingo. Un sitio concurrido por viajeros, principalmente los sábados por la tarde, los domingos y días feriados. Una agencia especializada en coleccionar objetos antiguos pero muy bien conservados, la cual  se provee y se mantiene  de la compra venta, y  otras   veces se surte por cambalaches de piezas  con otros coleccionistas de toda Venezuela.

Para el foráneo. Tome la Avenida Lisandro Hernández, como si viniera de San Juan de los Morros,  y 200 metros  antes de llegar a una  curva que hace la carretera, al frente del reductor de velocidad,  te vas a encontrar con esta tienda de antigüedades. Si no posees vehículo, no tienes pérdida, porque por la orilla de la carretera asfaltada pasa una línea de autobuses seria y responsable que cruza toda la ciudad de Villa de Cura y te deja en todo el frente de negocio.

Esta exhibición artesanal se ve visitada diariamente por gente que vive en pueblos aledaños y lejanos; apostamos que esta actividad como negocio no genera muchas ganancias económicas, pero sí muchas satisfacciones personales. Desde que el visitante se asoma a sus puertas,  siente y  respira la historia de los pueblos  a través de aquellos corotos inusuales que ya pasaron de moda en sus habitantes.

Williams Federico, es un joven muy laborioso y ligado a la cultura. Es oriundo de San de los Morros, pero La Villa de San Luis ha sido como su arteria vital. Tranquilo, paciente, de buen trato, dueño de una humildad digna de admiración; de entrevistador ahora lo convertimos eventualmente en entrevistado. Bastante conocido porque además de escribir poesía, es locutor y productor independiente de programas de radio.

Actualmente conduce junto con la promotora cultural María Teresa Fuenmayor un programa sobre coleccionismo   y cultura en general  denominado “Coleccionando Ando” que se radia los jueves de 1 a 2 de la tarde por la emisora Villa 95.3 FM. Saldeño, divide su tiempo entre la entrega a la lectura de buenos libros, preparar las cuestiones de la radio y atender a las personas que se acercan a mirar o adquirir alguna pieza que signifique la huella del pasado. 

A Williams Federico lo comparo con una especie de enciclopedia de cosas antiguas, no tiene dificultad alguna a la hora de dar una explicación sobre el origen y significado de cada pieza y de las huellas de su pasado, por remoto que sea. En algunas ocasiones toda la casa la convierten en escuela. Los docentes y alumnos de los diferentes planteles públicos y privados de la ciudad reciben charlas e ilustraciones sobre cada una de las secciones y objetos que se exhiben en el local. Un grupo estuvo participando en el Taller para Pequeños Cultores" que dictara Williams Saldeño en forma gratuita a los niños de la comunidad para despertar en ellos el amor haca nuestras raíces y sus manifestaciones folklóricas. Al finalizar el taller los niños no solo recibieron un certificado sino que también vivieron la experiencia de ser invitados al programa radial "Coleccionando Ando" (Que en ese tiempo se transmitia por la recordada emisora Woman) y leer las poesias y cuentos escritos por ellos mismos con el incentivo que les dejé el taller.

En los primeros días de diciembre el área delantera del Museo adquiere el nombre de “Pasaje de los Cultores”. Como la acera del frente  es espaciosa, Williams aprovecha para organizar espectáculos folclóricos y culturales en vivo para disfrute de grandes y chicos, con la exposición de títeres, borriquita y la presentación de diversos conjuntos de parranda de música navideña. En las navidades el año pasado presentó al tradicional grupo Los Turupiales de Aragua.

Williams Federico Saldeño, es un coleccionista reconocido en toda Venezuela, y  metido entre esa gran familia ha asistido a reuniones y convenciones nacionales y regionales de coleccionismo, conociendo el mosaico histórico y cultural de muchos pueblos de Venezuela, no en balde su afición por el arte le viene desde que era un niño. No debe olvidarse que este señor de espíritu abierto para el universo de la cultura es  co-fundador y directivo de  ASOVENCO “Asociación Venezolana de Coleccionistas”.

Uno, no es experto en coleccionismo pero cuando tiene oportunidad se asoma a estos espacios y anima, porque los museos poseen un candor cultural que compartimos plenamente. Una vez estuvimos de visita en este anticuario y como aquel que se dispone a recorrer un antiguo templo. Uno a uno fuimos examinando los tesoros de esta colección de antiguas y exquisitas muestras. De repente  te encuentras con envases de cerveza y refrescos añejos, un  long play de Chucho Avellanet, monedas antiguas; te tropiezas con máquinas de coser y moler, fonógrafos, cámaras fotográficas, cosas de decoración, teléfonos y relojes antiguos, balanzas, motores, y otros objetos que usaron nuestros padres y abuelos, esmeradamente protegidos en estanterías y vitrinas, acomodados de acuerdo con la antigüedad y naturaleza de las piezas.

Nos falta hablar del grupo de ayudantes buenos que tiene el “El Museo privado y Galería La Morocota”,  William cuenta con su hijo  David,  tiene la cordialidad de Karla y Edgmanyerber, con su amabilidad y esmero para que el visitante se sienta satisfecho.

El coleccionismo privado de antigüedades en Venezuela es variado y profuso, depende de los gustos de cada individuo, no se practica ni se mide pecuniariamente, sino más que todo por afición o fascinación; conocemos de grandes coleccionista en Venezuela por referencia de sus amistades,  uno de mayor surtido y  relevancia es el hermoso muestrario del ingeniero Régulo Briceño, el cual se puede ubicar en el interior de su Quinta en la Urbanización Santa Sofía, Caracas. Le siguen otros también de rango menor pero bastante surtido como es “El Basurelio”  del poeta  Elio  Martínez, situado en la parte alta del sector Funda Villa en la ciudad de Villa de Cura; de igual manera, la recopilación de botellas y otras antigüedades que posee el comerciante de origen portugués  Ricardo Rodríguez de Gouveia (hijo), en la parte de Pedregalito, en la carretera San Juan-Villa de Cura, antes de llegar a La Puerta;  el señor Germán Jaspe, anticuario llamado “Maestro Cervecero”, que se localiza en  Maracay.  Otro coleccionista de ancianidades que hemos visitado las veces que viajamos es la simpática y ventilada casa de Leonardo Aguilera, situada en San Francisco de Asís, municipio Zamora, frecuentado por gente de toda geografía que vienen con el fin de adquirir o intercambiar piezas para sus colecciones. La otra exhibición de botellas y piezas antiguas bastante conocida es del señor Justo Flores, en la ciudad capital del estado Aragua. 

De manera pues que con todo estos detalles, no duden las nuevas y viejas generaciones, aprovechen y anímense de visitar a  este   “Museo Privado y Galería La Morocota” de nuestro amigo Williams Federico Saldeño en Villa de Cura, que ya es como una pertenencia de los villacuranos; seguro te tropezarás  con artículos difíciles de localizar y tendrás la oportunidad de encontrar y  tener frente a tus ojos y en tus manos  una importante porción de la  historia ligada a nuestro antepasado.


                                         Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 12 de octubre de 2017


Nota: Colaboraron en la recopilación de información, la profesora María Teresa Fuenmayor y el poeta y coleccionista Elio Martínez.



martes, 3 de octubre de 2017

VICTORIO PÉREZ “BIGOTÓN”


Bigotón en compañía de J E Carrasquel 
frente a la placita Bolivar de La Unión. 
Foto tomada de la revista Expresión No 57/2006
      

                    
Camino de hermosos 
recuerdos
La voz de los vientos
me llama
Como el  olor del mastranto 
cuando perfuma la sabana

Es la voz de Victorio Pérez
Aquel que apodaban “Bigotón”,
con chinchorro y anzuelo 
un experto pescador

Del paso de la chalana 
Del  río La Portuguesa
muchos años fuiste patrón

Por un larga cordón 
columpiabas la embarcación,
En medio del impetuoso río 
para pasarnos  a La Unión

Y de noche te esperaba 
la boca de dos ríos,
-La Portuguesa y el Guanare-

Manga larga la camisa,
y más abajo de la rodilla
recortado el pantalón

En  tu pretina colgando
cuarta y media de cuchillo
y  en  la mano apretado
un cordel y un arpón

De  bastimento llevabas, 
nicotina en la vejiga
una arepa con chigüire
y un cuartico de ron

De regreso el hombre traía
Incrustado en un varón

Un bagre, una payara
y una doncella dorada.

Hoy  primo hermano,
el silencio de este mundo
estuvo  por ti  preguntando,
y  por la risa  centellante
de tus gruesos mostachos.


     


  Oscar Carrasquel, Calabozo, 02 octubre de 2017

¿QUE SIGNIFICADO TIENE LA FRASE ”LUNES DE ZAPATERO”?

Don Fulgencio Silva

En estos días conversando  con un viejo amigo nos trasladamos a tiempos lejanos para recordar con acendrado cariño un sitio en Villa de Cura, en el barrio La Represa, el cual fue bautizado con el nombre de “El Revolcadero”. Aclaro que no era botiquín, ni lugar de encuentro fortuito con mujeres como el nombre sugiere, sino el patio de una vivienda, era un remanso si se quiere de la bohemia espontánea y alegre en La Villa de los años 50 y comienzos del 60.

El patriarca de aquel lugar era un veterano artesano de la suela, un hombre gentil que aun nos acompaña en la vida. Allí cosía él todos los días, docenas y más docenas de la criollísima alpargata, con la excepción del lunes,  día que los alpargateros  abandonaban  la faena por  ser de asueto semanal, al igual que el domingo. De allí la  viejísima y conocida frase que reza “Lunes de zapatero”.  Un día de descanso adicional  para todo aquel que fabricaba o arreglaba zapatos, pero igualmente válido para los que elaboraban alpargatas.

Es bueno recordar que las reconocidas alpargaterías en La Villa,  acataban y respetaban la vieja tradición y  concedían parada  a sus operarios el lunes en cada semana. Así como también los  restauradores independientes de calzado  que  hacían lo mismo.

Surgido de la fábrica de zapatos de un inmigrante europeo que se llamó  Don José Soco,  de aquella Villa de Cura que ya se nos escapó de las manos es don Fulgencio Silva.  “Don Fulge” (como le decimos cariñosamente); de ser fabricante de calzado ahora cambió de aire, pasó  a cambiar suelas, tapitas, coser y aplicar betún  para resucitar calzados usados en  un local de la calle Comercio; El, nos ofrece su versión en relación con el significado de la reconocida frase “Lunes de zapatero”; afirma que estos artesanos   se ocupaban los  domingos del saneamiento del área de taller, remojaban y preparaban la suela, aprovechaban para encerar el pabilo y afilar los aparejos de corte y cosida; esto les daba derecho a librar el lunes. Eso se perdió –me dice este catire- desde los años 80, la industrialización y proliferación de tiendas de modas y líneas de calzados acabó con la vieja tradición de “Lunes de Zapatero”.

El sitio donde los lunes se reunían los artesanos de la suela era una casa de bahareque con el techo de dos aguas cubierto de zinc. El solar abajo, era un espacio pequeño parecido a un establo. El piso era de terrón y estaba cercado por una empalizada de alambre y puntales de madera,  sombreado por matas de “pat'eratón”. Se entraba abriendo un falso. Como en ese gremio  siempre estaban en boga los sobrenombres y las echaderas de bromas, alguien puso a la entrada  un tabla clavada sobre un horcón donde se leía:  “El Revolcadero”. 

No más de cuarenta bolívares (de aquellos) reunían los presentes, lo suficiente para  preparar un hervido de gallina de corral, sancocho de res y a veces mondongo. Y como en aquellos tiempos no se cocinaba con gas, el  cocinero usaba una lata donde venía la manteca “Los Tres Cochinitos”,   la montaba sobre tres topias y la atizaba con  leña que abundaba en la falda del cerro “El Vigía”.

No podía faltar un tocadiscos reposando en un rincón,  con una variedad de música latina, y entonces comenzaba un verdadero oasis de buena diversión.   Se rociaban la garganta con guarapita, leche de burra (similar a ponche crema) y para las damas preparaban un coctel que llamaban  “amorcito”. Pero como el vino y la música empatan amigos y emociones, al poco rato  le estaban dando hurras y vivas al personaje anónimo que inventó y  enarboló la frase:   “Lunes de zapatero”.  

No era nada raro que esta especie de peña se convirtiera en trashumante. Hubo   lunes que dejaban “El Revolcadero” y bien temprano se mudaban para “La quebrada de Piritu”, un paisaje silvestre que queda en la vía San Juan de los Morros, a bañar sus cuerpos en las cristalinas aguas, donde  pasaban todo el santo día. Se llevaban en una cesta la provisión esencial, pero  muchas  veces el mismo riachuelo y San Rafael (el Santo pescador) les proveía de coporos, corronchos y palambras para el fogón.

De repente cargaban con dos desplumados gallos de raza recolectados por “Maestro Zurdo” Rojas, de aquellos que quedaban fuera de combate (el domingo) en la gallera de Don Pio Silvestre Zapata en la calle Guárico; con estos espeluéricos preparaban un sancocho y al atardecer  se retiraban, no sin antes dejar todo limpio.

Ya no están en la vida,  se marcharon casi todos con sus sonrisas a flor de labios aquellos reconocidos alpargateros de La Villa, que conocieron el arte de divertirse con poco dinero,  supieron albergar y trasmitir amor y solidaridad. Se fajaban  duro el resto de la semana pero también vivieron los momentos exquisitos que les brindaba el  famoso “Lunes de zapatero”.

Qué bueno que estuvieran para que nos pudieran deslizar tantos episodios, anécdotas y peripecias aquellos que se ya se fueron pero dejaron  huellas que no las borra el tiempo, conocidos en la comarca, entre estos mis amigos de siempre: Antonio Martínez Santaella “Zapatero”,  Alberto Pérez “El gato”;  Melquiades López “Casaguito”;  Marcelino Blanco “El mono•;  Dimas Zambrano “El Chivo”;  Emiliano Rojas “Maestro zurdo”; Roso Martínez “El cochino”; Julio Criollo “El negro criollo”;  Pablo Rondón “El negro”; Eduardo Rodríguez “Conejo”, Luis Rojas, “Cabeza fresca” y Justo Ilarraza “Carehacha”, y otros que no tenemos en la memoria. Viven aun en La Villa, gracias a Dios, cargados de años, mis buenos amigos Ernesto Rojas y Julián Rojas.  

Hoy  notamos que aquel sitio único llamado “El Revolcadero” cerca de un cerro, ha quedado hundido en el olvido. El rancho se convirtió en casa de bloques de doble planta, asiento para dos familias. La juventud de ahora no se preocupa en saber el por qué de la criollísima frase:  “Lunes de zapatero”.

Uno a veces cierra los ojos y se pone a pensar en aquella romería de familias enteras que tenían la costumbre de salir sin peligro alguno,  en autobús o vehículos particulares, desde La Villa para el rio Guárico, a pescar y a darse unas cuantas zambullidas en aquellos pozos, desde que despuntaba la mañana hasta que oscurecía  el sol de la tarde.
                                            
                                                                                                                               Oscar Carrasquel,
La Villa de San Luis, 02 de octubre 2017


COMENTARIOS:

Grisel Ceballos Hola amiga feliz tarde desde que tengo uso de razón dicen así porque antiguamente los zapateros los lunes no trabajaban era su Ida de descanso.

Nelly Blanco Qué recuerdos tan agradables!!

Nervis Silva Montevideo Ese hombre ejemplar es mi padre. Orgullosa de ti papá


miércoles, 27 de septiembre de 2017

ADIOS, DON ROMAN





Todavía tenemos presente
tu rostro y amable voz.
Eras de donde nació la
amabilidad y la dignidad.
Tus huellas de solidaridad
y amor nacían como el sol
a cada amanecer.
Como olvidar tus hazañas,
cuando alzabas en brazos
a Alexandra,
para que medio dormida
ocupara su puesto
en tu flamante ómnibus
cada mañana.
Sabíamos que tenías
alma de ángel,
porque eras uno más,
de aquel tropel de pequeños pasajeros,
que juntos viajaban
(tardes, mediodías y mañanas) 
Te marchaste a las
alturas sin despedirte,
porque debías transportar
niños
en las escuelas de Dios.
Volver con el ronquido 
de tu Bus color araguaney,
por los verdes caminos
y prados de los cielos,
Seguro sería tu mas caro anhelo.

Hoy,
los niños de la antigua prole
Paveca,
que tan lejos no sabían que
te ibas, 
en coro de voces te dirán,
No sabes la broma que nos echaste con tu partida
DON ROMAN.

Oscar Carrasquel, Diciembre 2013

lunes, 25 de septiembre de 2017

LA CALLE DEL FRENTE



         
Discurro  el velo
del ventanal,
de un mundo cerrado
un sábado por la noche

En la esquina desierta 
pestañea 
la  mortecina luz 
del poste de la calle

El asombro muerde    
la inevitable congoja 
de la penumbra

Como aprendiendo
de  una pequeña guerra

Especie de tribulación
al aire libre,
un cuento con terquedad
de verdades

La tiniebla no reconoce
siluetas en la calle

Un mendigo de ojos tristes,
de barba espesa,
arrastra su miseria

Un perro  sin dueño
deambula por la acera
desgajando  la bolsa  negra

-Ya unas manos 
la devastaron con asombro-

La ciudad
es un valle pequeño
envuelto en una red

El reloj marca
las nueve de la noche, 

Un silencio
como de media noche
disgrègase 
en medio de la calle

Arriba, un cielo oscuro
presagiando lluvia,
huérfano de luna 
y  sin  estrellas. 

       Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, septiembre de 2017


jueves, 21 de septiembre de 2017

ANA SOFÍA RUMBO A SU PRIMERA ESCUELA

                        




A esta encantadora chiquilla
(Nieta mía)  
le ha llegado su sorpresa
la hora de emprender viaje
a su primera escuela,

Ya el mar de sus ojitos 
comienzan a mirar,
cómo pasa la brisa
acariciando el rostro
de su maleta escolar

Cuando decline la mañana
Y el sol ilumine la campiña,
en su casita extrañarán
sus lloridos y  sonrisas.

Ahora desfilará por un salón 
adornado de flores y acuarelas,
adonde como pajaritos cantarines
otros chipilines la esperan 

Hay una maestra que los mira,
hay un grupo de niños 
que gritan, corren y juegan,
con objetos de circo por el suelo
.
Unos castillos que se inflan,
Unos cochecitos de madera,  
Una muñeca que llora,
Y una sirena que grita

Cuando las once marque el reloj
la madre saldrá a su encuentro,
Sabrá cuántas infracciones
lleva la niña en su cuaderno

¡Mírenla!... ¡Allá viene!
pasando por una vereda,
parece una florecita azul
brindando al mundo su belleza.


                                      Oscar Carrasquel, Valencia, 19  septiembre 2017

COMENTARIOS

  Hilda Tovar Leon ¿NIETA SUYA DE USTED? CARACHA NEGRA SI QUE ESTA BONITA LA GORDONA. DESDE LA PASCUA CON CARIÑO.                     

miércoles, 20 de septiembre de 2017

IRMA TORNADO

   

     
De hidalga presumes,
pero eres un bribón
que se escuda 
en bello nombre de mujer

Retrechero,
Furioso,
tienes semblante 
de león en acecho

Un bucle infrarrojo,
como  un volcán 
flamea en tu pecho

Devastando 
con tus garras
todo lo que encuentras
a tu paso

Destruyendo playas, 
Arrecifes,
Echando palmeras abajo

Violento eres,
Destructivo,
Presagiando  naufragios

Empezando a nacer
en Cabo Verde,
Te bautizaron Irma,
como  la Diva
de la canción mexicana

Arruinando corazones,
con tus ráfagas
de dolor y desgracia.


      Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 15 septiembre 2017



ACADEMIA DE BAILE “LE TU TU” UNA CONTRIBUCIÓN AL ESPARCIMIENTO Y LA CULTURA DE NUESTRO PUEBLO




Poco a poco, silenciosamente, pero marchando seguros en la ciudad de Villa de Cura, se abre paso para la colectividad aragüeña  hace ya varios años fue la  Academia de baile artístico denominada “LE TU TU”. Y uno se siente orgulloso de  descubrir, ponderar  y divulgar a toda la población que en nuestro pueblo, este Instituto funciona en un acogedor espacio, alegre y apacible en el moderno Centro Comercial Villa Hermosa (local PA 01-02), ubicado en la calle Sucre oeste con avenida Aníbal Paradisi, municipio Zamora del estado Aragua, bajo la dirección general de la profesora Maribel Ovalles Miranda, y la conducción académica a cargo de la pedagoga de baile María Gabriela Adames, con una gran experiencia en la práctica docente, mejor conocida  en dicha agrupación como la “Profesora Gabi”.

Total que entre las especialidades la Academia ofrece algunas técnicas innovadoras, pero también  emplea formales y tradicionales métodos corográficos para que los discípulos puedan alcanzar y especializarse en Ballet Clásico, Ballet Contemporáneo, Danza Árabe, Yoga Dance, Hip Hop, Danza Comercial, Gimnasia Rítmica y Gimnasia Estética.

Cabe resumir que la Academia de baile “LE TU TU” cuenta con un plantel  destacado de   instructoras e instructores, y de otros personajes encargados de  fotografía y video, maquillaje, personal de vestuario y utilería,  asesoría cultural, y la impresión y diagramación a cargo de la reconocida empresa gráfica Editorial Miranda de La Villa, dirigida por el señor Inocencio Adames Aponte, ampliamente conocido como “Chencho”. 

En el mismo curso al alumnado  se le descubre y desarrolla su capacidad  técnica, rítmica, aptitud, disciplina y constancia. Hace poco días el 3 de septiembre de 2017 el Instituto “LE TU TU” presentó  en el escenario del Teatro de la Opera de Maracay a cuyo frente se desempeña el talentoso José Pulido, la obra dancística musical que se distingue con el nombre de ERASE UNA VEZ (UN BOSQUE TOLERANCIA Y UN JARDÍN ADAPTACIÓN) como función de fin de curso y en el marco de un extenso programa artístico, con un especialísimo reparto de alumnos y alumnas que formaron parte del curso recién finalizado.

Entre los estudiantes destacados en la mencionada programación se mencionan a Karolin Escalona (Gimnasia Rítmica) Carlota Flores (Bailarín Integral-género Ballet Clásico) Anyel Delgado (Gimnasia Estética GEG), Silvana Espinoza (Danza Árabe) Mariannys Rivera (Yoga), Fabiana Díaz (Ballet Clásico) y Diego Seijas (Bailarín Integral-género Urbano).

Causó asombro al público maracayero que oyó el llamado para esta atrayente programación con sus movimientos, su luz, su color, la joven Javierlis Flores y Diana Mujica en la especialidad de Ballet Clásico,  así como también la participante Andrea Sumoza, en Gimnasia Estética GEG. 

El premio “Mención Honorifica por Excelencia” recayó en las participantes Andrea Sánchez y Estefany Hernández (Ballet Clásico), María Bastidas (Bailarina Integral-género Ballet Clásico), María Rivera (Bailarina Integral-género Gimnasia Estética GEG), Yeilin Maica (Bailarina Integral-género Danza Árabe) y  José Alvarado (Bailarín Integral-género Urbano).

Las directoras y docentes de esta famosa escuela de baile, profesoras Maribel Ovalles Miranda y   María Gabriela Adames “Gabi”,  se encuentran satisfechas por los logros obtenidos junto con otros destacados integrantes, pero contando además con el reconocimiento y la receptividad del pueblo villacurano. Continúan ellas entusiasmadas y preparadas para seguir adelante,  dispuestas a la apertura de nuevos cursos próximos a comenzar, contribuyendo decididamente con la cultura de la región aragüeña y de los habitantes de la ciudad de Villa de Cura en forma particular.



Oscar Carrasquel

viernes, 15 de septiembre de 2017

REMINISCENCIAS

Una "locha" (Lo que valía antes un lápiz Mongol)

Dedicado a GiIda, mi hija docente




Ya terminan las vacaciones
de julio
Y maestros y muchachos
con su morral a la espalda,
como viajeros que vuelven, 
retornan hoy a sus clases

Hoy, a tantos años de distancia,
la noche sin yo preguntarle reconstruye los recuerdos
mas felices de mi infancia

Cuando por la solitaria calle
yo transitaba
para ir a mi Escuela de la “cuadra larga”
llamada entonces“Unitaria”,
y misia Antonia de Bolívar
maestra con amor por Dios
la regentaba

Yo llevaba de compañía
un lápiz “mongol” 
con la punta ya sacada
que por valor de una “locha”
en la bodega compraba

Y aquel cuaderno de rayas
que solo “medio” costaba, “LiBERTAD”, era la marca,
con la efigie de BOLÍVAR
en la portada marcada
Y una tabla de matemática
en la solapa grabada

Recuerdo que yo lo doblaba 
en el bolsillo de atrás
de unos pantalones cortos
que mamá me cortaba

Son recuerdos del ayer
que hoy galopan en el alma
como brioso corcel
que en la sabana
se espanta.

Oscar Carrasquel. 15 Sept 2013

miércoles, 13 de septiembre de 2017

LA LOCA AMPARO, UNA LOCA QUE NO ERA LOCA




A Chencho Adames, conocedor de esta historia
                                                                                      



La cruz que llevaba a cuestas Amparo  era una cruz pequeña, pero era una cruz de todas maneras de profundo dolor humano. Desde cuando  yo  era un zagaletón de edad escolar tuve conocimiento en Villa de Cura  de la loca Amparo.  De eso hace muchísimo tiempo, sin embargo hoy la vengo  recordar como si fuera ayer.

Todos los días, menos el domingo porque yo tenía que jugar pelota para defender a  mi equipo, la veía deambular por la calle Blanca (hoy Miranda). Despacito su caminar por la acera, igual como se resbala la sombra de los cerros  en los atardeceres villacuranos. Entonces era una mujer flacucha de regular estatura ya  entrada en años. 

La Loca Amparo no se sabe cuando llega al pueblo, tal vez venida de una distancia lejana de la mano de algún peregrino. O fue fruto de una buena familia que la dejó caer en La Villa. “Locuras divinas” poseen algunos seres, dice  un poeta griego.  Amparo era una persona disminuida de la razón, trastornada de la mente, pero no ejercía violencia contra la propiedad ni las personas. Aunque los niños por su aspecto famélico si le mostraban pánico.  Esta mujer desequilibrada aunque andrajosa siempre andaba vestida, bien protegida, jamás buscó coger carretera o refugiarse en parajes retirados. 

Hubo un día que alguien puso sobre su cabellera despeinada  un sombrerito de fieltro negro a su medida, pero cada vez más, se veía su rostro envuelto en una bufanda que se colocaba sobre su cabeza en forma de  velo. De los días  cuando era  joven y buenamoza le quedó un par de aretes color oro cobrizo en las orejas. Siempre vestía un largo camisón de crehuela y encaje que le llegaba hasta los tobillos, mugriento e impregnado de mal olor. Algunas mechas de su pelo cano sucio le caían al lado izquierdo de su frente.

Tenía una extraña manía. Sobre su lado zurdo sostenía un muñeco hecho de trapos envuelto en un pañal que abrigaba y arrullaba  como una madre apegada a su único hijo y hasta le tarareaba canciones de cuna. La verdad es que ella no aguantaba lluvia,  ni sol, ni soportaba las tardes visitadas por ventoleras de esos que llegaban  de golpe cerrando puertas y postigos de ventanas.

Se refugiaba detrás del ante-portón de los caserones de zaguán de familias acomodadas con sus puertas a la calle siempre abiertas al sol. Frecuentaba en  tres cuadras los portones de los Álvarez, Castresana, Esaa, Castillo, Villasana, Landa, Barreto, Arocha, Carvallo y don Candelario Matos.  Cuando  la mañana se hacía clara  entonces ganaba de nuevo la calle, arrastrando con su pies las hojas y florecitas de los árboles  que caían en la acera, como queriendo conversar con ellas.

En la otra mano sostenía un pocillo de peltre   y  un pedazo de totuma que usaba como cuchara. Lo entregaba a través de una ventanilla  en las casas de zaguán donde se había ganado la confianza, el cual le era devuelto por la dueña con una buena ración de comida. Muchas veces las familias le regalaban vestidos de segunda y calzados de corte bajo.

Hablaba despacito consigo mismo, cosas que le vinieran a su mente enfermiza, tal vez sobre desventuras y desilusiones. No le faltaba bailándole entre sus dedos un tocón de lápiz de grafito,  o un trozo de tiza blanca con el cual dibujaba figuritas y colocaba mensajes indescifrables en las paredes que parecieran que le alegraban el alma. Por años, Amparo fue burla de algunos adultos y de muchachos realengos que seguramente ignoraban su tragedia, sus fragilidades y sufrimientos.

Se decía en conversaciones de personas mayores que la pérdida de su mente se debía a un desengaño amoroso, cuyo sufrimiento fue progresando cuando pierde prematuramente su primer y único hijo, producto de su inicio conyugal, cayendo en un mutismo y un desconsuelo interminable que le hicieron perder todas sus alegrías hasta hacerla enloquecer.

Así anduvo en un ir y venir por dos céntricas calles de La Villa en las décadas del 50 y 60 (la Miranda y la Bolívar) arrastrando su tragedia, pernotando en zaguanes, reposando y durmiendo sobre pisos frescos de cemento, hasta que el tiempo la convirtió en anciana. Su cuerpo de tanto andar se fue volviendo enflaquecido y pesaroso, ya casi no veía ni oía, hasta que un día de claro sol villacurano, sin piedad la muerte la pasó a recoger.

Sin ninguna honra fúnebre fue puesto su cuerpecito dentro de un  cajón de rustica madera, conducido por un solo hombre hediondo de licor amargo, llevada hasta el antiguo cementerio de la calle Comercio. No hubo acompañamiento ni lágrimas, el mismo enterrador plantó sobre la pila de tierra negra  una cruz de palo, con un solo nombre: AMPARO.

     

  Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, septiembre de 2017





martes, 12 de septiembre de 2017

MI CANTO




Como Witman,
el poeta,
que cantó a si mismo

A los hijos y nietos
que se separaron
va  mi  doliente canto

Volaron
como gaviotas
buscando
nuevos mares

Y en otros puertos
su vuelo
detuvieron

Añorantes,
ansiosos de anhelo

Siempre serán
aliento de mi alma
y sangre de mi cuerpo

Mañana,
cuando 
una nueva aurora
irrumpa
por estos parajes

Y  la brisa,
los  aviente
por estos valles

Entonces,
daré gracias a Dios 
por su feliz regreso 
a la patria grande.


Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, septiembre 2017





jueves, 7 de septiembre de 2017

VIEJO CUPLÉ

          

A  Elio Martínez, poeta y serenatero 
                       
Viejo cancionero
desempolvado,
triste,
que renaces
en mis manos

Doradas páginas
que resucitan
antiguos amoríos

Versación 
que turba el alma
hasta más allá
de lo infinito

Palabras que resuenan 
como gotas
cuando finaliza
la lluvia vespertina

Canta el alma
tranco  a tranco
oprimidas letras
de tiernas melodías

Suena el fuelle
en una noche
de sueños, 
de quebrantos.

Raquíticas
letras
pronunciando
adioses

Mi viejo cuplé
que te fijaste 
muy adentro
del alma

Hoy,
temblorosa,
mi voz
tus canciones
lastimeras canturreo

Como un canto
agonizante de ave
mensajera.

Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, septiembre 2017























TRISTEZA NUEVA



Como capilla
sin santo
me dejas el corazón

En un épico
poema
lo pregona Andrès Eloy

Una inconsolable
madre
lo repite el día de hoy

cuando
uno de sus hijos,
de su lado
se debió ausentar

A buscar la brisa
de otros mares
que en el suyo
no pudo encontrar

Dios quiera,
(dijo ella, la madre)
que los vientos sureños
pronto
te devuelvan
a tu Caribe mar

Cuando no haya
sombra
en tu cielo crepuscular

y un nuevo sol
haga tu cielo brillar.



Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 01 de septiembre de 2017


COMENTARIOS:

Raúl Aular Flores Hermano: en nuestra época el perfume bueno venia en frasco pequeño..Excelente como siempre..Vaya un abrazo afectuoso.
2 de septiembre a las 16:25

Oscar Carrasquel Gracias y saludos a mis amigos todos por visitarme
2 de septiembre a las 20:57

Oscar Carrasquel Raul, hermanazo, gracias por ese abrazote ahora que lo puedo sentir.
2 de septiembre a las 20:58

Yudith Buitriago Hermoso, como todo lo que escribes

 3 de septiembre a las 20:27


miércoles, 30 de agosto de 2017

"LA GARITA" Y "EL CHORRITO" DOS CANTINAS DE ANTIGUA ESENCIA VILLACURANA

Carlos Almenar a las puertas de La Garita

                                                                                                           

                                       Con especial dedicatoria  a mi amigo Williams Saldeño, 
                                        más valioso  que  lo que pesa una  Morocota.



Uno a veces se pone a recordar  los años  de las décadas del 50 y 60, dos sitios en Villa de Cura que fueron ejemplo de ingenuidad, eran como un remanso de agradable reunión y de tertulia pueblerina. Pacifica y monótona discurría la vida villacurana en aquellos días. Juglares, nocherniegos, músicos serenateros, coleadores de mi pueblo,  estudiantes de liceos y  aficionados al juego de  bolas criollas y dominó, buscaban estos dos sitios afanosamente, muy especialmente los fines de cada semana.

BAR “LA GARITA”

Tal fue  el conocido “Bar La Garita”, situado en el límite de lo que es  la calle Sucre, doblando hacia calle Jaime Bosch, fundado a mediados del siglo XX por Carlos Avelino Almenar Rojas (1913-1997) natural de un pueblo muy sano llamado Belén, municipio Carlos Arvelo estado Carabobo, hijo de Justiniano Almenar y de Berta Rojas de Almenar, casado con Amanda Rodríguez de Almenar; de cuya unión nacieron seis hijos: Berta Josefina, Carlos Ramón, Amanda Leonor, Carmen Genoveva, Milagros Rafaela y María Clemencia. Supo este gran señor encaminar a sus hijos, todos lo recuerdan hoy como un padre ejemplar y un  responsable esposo.

Todo el mundo en La Villa sabía donde quedaba “La Garita” este refugio para las soledades. Uno entraba y el primero en mirar era al señor Carlos Almenar, recostado del estante para las botellas, quien residía a pocas cuadras de su negocio.  No creció mucho, catire; para unos de carácter taciturno pero  atendía a todo el que llegaba con la misma gentileza. Calladito, de trato amable para todos los tiempos, por duros que fueran. Terminó su vida siendo un hombre sencillo y peculiar de la villacuranidad, el pequeño valle  que quiso y habitó casi toda su vida con la  pureza y claridad de un manantial.

Su primer ayudante era un individuo que fue inseparable amigo de don Carlos, llamado Francisco Zapata, trigueño, agachadito, que al caminar cojeaba un poco, diligente como pocos; el hombre siempre andaba impregnado de humo de tabaco y siempre llevaba encima una bata blanca bien planchadita que parecía un enfermero. Quizá muchos no saben que el nombre  “La Garita” dado a este botiquín y la esquina donde estaba ubicado, se lo arriman  porque diagonal existía en la época gomecista una guarnición militar.

A su interior se pasaba a través de cualquiera de tres  puertas que dan a la calle y  la sensación que  daba, era que uno  iba entrando a una de esas tabernas que salen en las películas  del lejano oeste, porque debías empujar  un par de portezuelas batientes con el pecho; lo cierto que algunos al salir medio prendidos, las querían apartar de un solo manotazo, dejándolas chillando, creyéndose un vaquero forajido como Clint Eastwood, el protagonista del film “Por unos dólares más”.

Yo de verdad no niego mi presencia en esta cantina en infinidad de ocasiones. Para las tertulias de la peña fue un sitio muy especial; cuando no se reunía en El Cortijo, se congregaba en El Espinal, o en casas de amigos; en algunas ocasiones nos instalábamos bajo la sombra vegetal del Samán, con Teobaldo Parra  exhibiendo sus dotes de bolerista y declamador. Aquí coincidimos en  una oportunidad y nos tomamos unas cervezas con el periodista y poeta Pedro Ruiz y el concertista de guitarra española Efraín Silva, afinando y tocando su instrumento.

Recuerdo que hace años su amigo el brillante poeta J, M, Morgado, en un hermoso poema, y este servidor mediante una crónica, lo metimos de lleno en las páginas del quincenario El Vigía, de cuya dirección se encargaba nuestro recordado amigo José Seijas.  En esos momentos a Carlos se le celebraban los 80 años de recorrido en la vida.  Animado y contento en extremo se le vio en esa ocasión rodeado de familiares y amigos.

Basta ahora  que pase la gente de mi generación por el frente de lo que fue el “Bar La Garita” para que los arrope la nostalgia. Hoy ese portento de buenos recuerdos es un cascaron de soledad impresionante, cansado de tantas noches y de días, de  inviernos y  veranos. Sobrevive una fachada fatigada de musgos y plantas trepadoras que van extendiéndose hacia su roja techumbre. Subsiste hoy con el  aromas de sus hojas pero plagado de parasitas en todo el centro del patio donde se jugaba bolas criollas, un robusto árbol de samán en donde llegaba la potente brisa en los arreboles, metiéndose entre su enramada a rochelear  con las paraulatas y los cristofués.

Gracias a sus afanes de conservar las huellas de “La Garita” y   como un hermoso legado de su padre, bajo el techo de lo que fue la casa de la niñez con sus viejos y amplios corredores, le quedó a sus hijos algunos objetos del negocio que a pesar de tanto tiempo se mantienen intactos: una rokola marca Wurlitzer con la amenidad de música de moda de la década del 50 y 60, repleta se mantiene de discos de 45 rpm de tangos, boleros tropicales, rancheras y pasajes románticos que se escucharon en las  horas de reposo y calma infinidad de veces en la vecindad de Las Mercedes. Se junta una gordinflona nevera marca Westinghouse que todavía se encuentra apta para dejar arropaditos las botellas con escarcha; y recostada en un una pared, libre del polvo de la calle la gruesa caja registradora de caudales marca National,  que arrastra  la gaveta de caudales por medio un teclado de clavijas y de activar  una manilleta. 

BAR “EL CHORRITO”

Al costado derecho por  la misma calle Sucre, cruce con calle Rivas Castillo estaba situado el “Bar El Chorrito”, una cuevita que fue inspiración de  poetas y despechados. Nosotros jóvenes entrábamos a este rinconcito como río crecido a los conucos. Su dueño mandaba a pintar sus paredes en todo tiempo de  color verde porque era afecto al partido democrático Copei. Antiguamente el agua no venia por tubería de acueducto sino que se cogía de pilas o fuentes colocadas en algunas esquinas, es muy probable que de allí se derive el nombre del negocio y de la esquina “El Chorrito”.

Detrás del mostrador un hombre bajo, virtuosísimo echando cuentos del acervo cotidiano y mamador de gallo llamado Andrés Gómez, que por su trato franco y simpático cosechó muchas amistades. La presencia frecuente de la muchachada villacurana de aquel tiempo los arreglaba con guarapo de limón y panela que preparaba Gómez para la venta, bien heladito.

Cómo no recordar cuando  llegaba una tromba de jóvenes liceístas luego de haber cumplido con su horario de clase y  ordenaban: ¡Rafael, danos una tanda de cerveza y un bolívar sencillo para la rokola! Y  empezaba el bachiller Francisco Ojeda, como eterno enamorado, a puyar una selección de discos en las voces de Julio Jaramillo y el Indio Araucano. Marcaba dos y tres veces un tema de Héctor Cabrera que se titula “Te necesito”; y de Alfredo Sadel “Reloj no marques las horas”. Durante otros intervalos seleccionaba música criolla, interpretada por Mario Suarez y Magdalena Sánchez. La monedita (un bolívar) que aun no había sido devaluado daba derecho para escuchar cinco canciones elegidas.

EPÍLOGO

Abrumados por el tiempo quedaron hoy  “La Garita” y  “El Chorrito” en la calle Sucre de Villa de Cura. Fue destruida la casa que albergaba el bar “El Chorrito” -la antigua sede-  en su lugar existe ahora una vivienda moderna. Hoy  lo que queda de “La Garita” son unas cuatro paredes y dos portezuelas demacradas. Hoy es un caserón vacío de puertas añosas clausuradas. Es muy probable que algunos  habitantes de  vieja data los guarden todavía  en su memoria. Separados uno de otro apenas por unas dos o tres cuadras, vivieron muchos años asentados en nuestro amado pueblo estos dos sitios de grato reencuentro y recordación.
                         
                                   
                                                Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 25 de agosto de 2017 



NOTA: Las siguietes fotos corresponden  a La Garita y fueron compartidas gentilmente por la prof. Milagros Almenar, hija de Carlos Almenar.

 
La nevera Westinghouse, casi 100 años y aun funciona.


Oleo de la fachada de La Garita, interpretaciòn  pictòrica de Chicho

Caja Registradora marca National. Aùn funciona.



Francisco Zapata, dependiente de La Garita

En estas latas de avena Quaker se guardaban
las monedas que utilizaban  los clientes para hacer sonar
las rockolas 

Interior de La Garita inmortalizado por Carlos Martinez CJ

Botellas y latas de aquella època

Muchos fueron los caballeros que tomaron asiento en este banco



Rockola Wurlitzer


Diagramación y coordinación por la poeta María Teresa Fuenmayor       


COMENTARIOS:      
                           
Marisol Ramos Precioso relato. A veces se añoran épocas que ni siquiera viviste. Villa de Cura tenía mucha magia.

Mercedes Josefina Cáceres Pinzón Famosas cantinas Villacuranas.

Judith Araujo DON CARLOS

Elsa Diaz Saquen el Calvario, la Casa del Santo y no cantinas, por favor 

           
Victor David Parra Recuerdo a finales de los ochenta asistía a esos lugares con el poeta Elias Alvarez, nos arropaban las madrugadas empapados en alcohol y serenatas cuando aun mi pueblo era sano y uno salia ileso
 30 de agosto a las 18:36

Norma Elena Morales Bonito !! Recuerdos.
30 de agosto a las 21:46

Francisco Arteaga Delgado EL CHORRITO, CALLE LA CHANCLETA ( CALLE SUCRE), VENDIAN UN GUARAPO A 5 CENTIMOS UNA PUYA BIEN FRIO ERA ROJO VEGETAL, AZUCAR E HIELO . LA GARITA DE DON CARLOS ALMENAR, MEDIA JARRAS POLAR, CARACAS POR EL VALOR DE UN BOLIVAR DE PLATA, Y SE JUGABA BOLAS