jueves, 31 de marzo de 2016

¡TOSTONERO…TOSTONES!




                                                    Por Oscar Carrasquel



Transitando hora tras hora
Por las  aceras tostadas de sol
Bajo un cielo de silencios
Raudo pasa el vendedor de  tostón.

Luis: lleva por nombre,
Sus apellidos: Vallenilla Lovera,
En La Villa todos lo conocen 
Y su simple trabajo  veneran.

Arrimada al hombro
Su humilde canasta,
De trecho en trecho
Desciende por el callejón del medio.

¡TOSTONES…..TOSTONES!
Pregona con un grito que lejos alcanza
Ofreciendo su ración de dorados platanitos
Envueltos en burbujitas  blancas.

Cada día, pasa  como un adiós
Detiene  sus pasos  en la acera del frente,
Hace una breve pausa para descansar
Y en el fluir de la sombra de las tardes
Resuena su pito de fiscal.
                                 
                      Viernes Santo, 2016
                                     



                                                         

                                                        


COMENTARIOS:

De: Rafael Enrique Carrizalez El amigo Luis Vallenilla el popular Caraqueño, que todas las tardes sale con su cesta de tostones y su pito. Tostones light.
 31 de marzo a las 19:12

De:Yole Lovera Esooo primoooooooooooooooo foto pal feisssss jajajajajaja
 1 de abril a las 22:01

De:Carmen Bolivar Los light

sábado, 26 de marzo de 2016

Y I S E L


 Por Oscar Carrasquel

¡No sé de qué color son tus ojos!
Si son negros, grises o blancos,
Si son del color de los verdes
Después de llegado el verano
.
En tu rostro brilla un lunar
De tibia luz vespertina.

Tu pelo negro despejado
Suelto como dos alas
Que salen de una cascada.

Tu aliento es un suspiro
De la alborada silbando
En el horizonte perdido.

Y tus sueños un adiós
Viajando en el ala
De un pajarillo herido.



                                  Araure, marzo 2016

jueves, 24 de marzo de 2016

RADIODIFUSORA LA VILLA (HISTORIA Y CRÓNICA DE LA PRIMERA EMISORA FUNDADA EN VILLA DE CURA).

Estudio de Radiodifusora LaVilla. En la gráfica la actuación del famoso Trío Los Latinos en 1955. Al fondo los locutores presentadores Manuel Vicente Zapata y César Luzardo




                                                      Por Oscar Carrasquel
                                                                                                                                                                                                                                                                                
Aquella alborada del 30 de abril de 1955, en la esquina de la calle Miranda cruce con Doctor Urdaneta, en lo que hoy es la sede de la Iglesia “Pare de Sufrir”, todo era un caudal de gente que se dirigía hacia los estudios de “Radiodifusora La Villa”, la cual comenzaba triunfalmente sus trasmisiones comerciales utilizando las ondas hertzianas, con una amplitud que alcanzaba todo el norte, sur, los llanos y el eje central del país. El pueblo lucia aquella mañana alegre, alborotado. Ese día se agotaron los pases, aquello parecía un encuentro de carácter nacional, por ser la primera emisora fundada en Villa de Cura, la cual llega permisada por el Ministerio de Comunicaciones, siendo ministro de ese despacho el GB  Luis Felipe Llovera Páez; utilizando para sus trasmisiones la banda AM, localizada en la frecuencia 1170 KHZ, con equipos sofisticados instalados en el sector Los Tanques, en la entrada de Villa de Cura, viniendo de San francisco de Asís, con una antena para transmisores de radio  reconocida como la de mayor altura y alcance de las instaladas en todo el territorio nacional.

Muy estricta esta permisología por estar regida por un “Reglamento de Radiodifusión en Venezuela”, un instrumento especialísimo de cabal cumplimiento por los medios de comunicación radial en una época de rigurosa dictadura.

Esta estación de radio fue creada durante la gestión administrativa del General Marcos Pérez Jiménez por un reconocido empresario del estado Cojedes de nombre Miguel Minotti Fraino, un hombre con las alforjas llenas de proyectos y de sueños, propietario también de Radio San Carlos del llanero estado Cojedes y creador de otras emisoras en el país.

Manuel Vicente Zapata fue designado como director y prácticamente ocupaba la gerencia de la recién inaugurada empresa. Venia de trabajar en la emisora aragüeña “La Voz de La Victoria” y de otras Radios nacionales. Se movilizaba aquel joven lleno de fervor en un Jeep Willis y su itinerario cotidiano era su hogar, los estudios de la Emisora y la planta transmisora en Los Tanques.

Ya han pasado sesenta y un años y considero que la ocasión en buena para repasar por tercera vez sobre la reciente historia de la radiodifusión en Villa de Cura. Ya dos veces lo hicimos humildemente en las páginas de las revistas EXPRESION (No 26 y 40), facilitadas por el coleccionista el poeta Elio Martínez.

En la oportunidad de su creación “Radiodifusora La Villa” ya se encontraba formalmente inscrita en la Cámara Venezolana de la Radiodifusión en Venezuela, y a la vez, afiliada a la Asociación Interamericana de la Radiodifusión (AIR), con sede en las tres Américas.

Comenzó la estación con un panel de narradores de los mejores, certificados por el Ministerio de Comunicaciones, encabezados por su propio director Manuel Vicente Zapata; en aquellos días un hombre todavía joven, culto, de bigote estrecho y bien vestido, fue el principal entusiasta con el proyecto; traía por delante un cúmulo de ideas y una gran experiencia de trabajo en la radiodifusión, lo que fue su mejor carta de presentación. Villa de Cura es su patria chica y también su asiento familiar; aún vive cargado de años en La Villa, gracias a Dios, en la calle Rivas Castillo entre Miranda y Bolívar. Estimamos que aún no se le han reconocido públicamente sus muchos méritos por su condición de pionero de la radio en Villa de Cura y en toda Venezuela.

En la emisora recién inaugurada lo acompañaba una pléyade de cinco locutores venidos de fuera, con una gran capacidad profesional y de trabajo, acostumbrados a estar suspirando horas y horas frente de un micrófono, como fueron: Cesar Burguillos, Juan Manuit, Ramón Antonio Delgado, Miguel Sánchez Castro y Carlos Miguel López; y sentado frente al panel de controles el maracayero Vicente Paredes Gil. Fueron muchos los animadores, comentaristas y periodistas que hicieron pasantía por la emisora. El espigado Juan Seijas, era el celoso centinela de la planta transmisora de Los Tanques. La secretaria que atendía la oficina era la encantadora Ana María Castillo, y al mismo tiempo la encargada de   recibir un sinfín de llamadas y cartas de los oyentes de La Villa y de otros pueblos vecinos.

Los días previos, los locutores anunciaban para la fecha de inauguración, con bombos y platillos, una extensa audición en vivo, la cual se fue prolongando con el paso del tiempo. Había ya una gran cantidad de público, hombres, mujeres y niños de todas las edades, sentados y parados en un auditorio, frente a un micrófono de brazo y otro de cañón, y fotógrafos abriéndose paso tomando gráficas, daba una sensación de fiesta. Los días subsiguientes  la radio continuaba su programación que comenzaba a las seis de la mañana y finalizaba a las once de la noche regularmente.

Tenía su noticiero matutino, debió pasar noticias de sucesos y problemas de la comunidad, pero solo se radiaban las que las circunstancias y los tiempos permitían. Ya que la programación diaria era escrita, previamente revisada y  supervisada  por un funcionario del régimen. Igualmente radiaba  información nacional e internacional de su  propia agencia de noticias.

Todas las mañanas concierto  de música aragüeña y mirandina, ahora llamada “joropo central”, con la presencia de los mejores arpistas como Quintín Duarte, Salvador Rodríguez, Evaristo Saldeño, Saturno Linero, Alfredo Sánchez; y cantadores como Margarito Aristigueta, Silvino Díaz, Eustoquio Mogollón, Silvino Armas, Julio Pérez y muchos más. A mediodía comentarios e información deportiva en la voz de Luis Manuel Hernández. Música clásica para quienes querían deleitarse: una hora de concierto con los grandes clásicos del mundo, Mozart, Beethoven, Bach, Strauss, allí estaba todas las tardes la narración y glosario por parte del profesor Evelio Gutiérrez y el abogado Humberto Essà Acevedo.

En otro horario un espacio de diversión infantil dedicado a hacer sonreír a los “pitoquitos” de la casa, creado por M. V. Zapata. Y para animar el domingo la infaltable hora para aficionados con interesantes premios para los participantes, recuerdo que aquel, o aquella que salía raspado, lo detenía un mambo que le ponían del sensacional Dámaso Pérez Prado.

La emisora “Radiodifusora La Villa” llegó a contar con su propio cuerpo de radio-teatro y comedias. También su estelar y dinámico programa de esparcimiento, de las 8 de la noche, conocido como “Variedades Pampas”, con la animación y conducción del juglar Vinicio Jaén Landa y como auxiliar Teobaldo Parra Coronado, y la actuación de Adelita Martínez, una chica que llamaban “La Chiroca” y José Sterling, participando en la escenificación de los sketches basados en libretos originales del poeta Aquiles Nazoa, por ser el poeta amigo del conductor del programa.

El último horario del día era un espacio con música romántica grabada en acetato para complacencias, dedicada a los enamorados. La mayoría de la programación diaria fue en vivo y era presenciada por un numeroso público que todos los días se daba cita en sus estudios de la calle Miranda.

Los muchachos de la manzana éramos asiduos asistentes al estudio, allí vimos tocar a la orquesta dirigida por el profesor Germán Cordero Padrón, con su cantante Armando Corniel. Vimos cantar a Héctor Murga, al  famoso Trio Los Latinos, a la cantante peruana María de Jesús Vásquez, al maestro del bandoneón Alberto Di Maggio y el afamado interprete de tangos Raúl Iriarte acompañado de un grupo orquestal argentino, y otros más.

 La gestión de contratación para presentar artistas venezolanos y extranjeros estaba a cargo del comisionado de la emisora en Caracas, señor Francisco Vásquez Cárdenas.
Actuaron una constelación de trovadores villacuranos como Raúl Pinzón, José Fagundez, José Campos, Ramón María Acosta “El quebrado”, José Pérez, llamado “El Moreno Porteño”, Ramón Serrano, a quien la farándula llamó el Sadel villacurano, Teobaldo Parra, Eladio Lovera, José Chacín, llamado ”Gardelito”, Johnny Ramírez, el Trio conformado por los hermanos Víctor, Carlos y Ramón Parra, le acompañaron guitarristas locales de primera línea como el “che” Julio Martínez, Antonio Tamiche, Andrés Delgado “El Gallo”, “El Pollo” Luis Osìo, experimentado cantautor caraqueño, y el educador y músico Rafael González. 
El maestro Vicente Emilio Guevara y su piano maravilloso, también acompañaba a los noveles artistas y otros nombres que ahora escapan a mi memoria.

Cada domingo en horario de la mañana la emisora trasladaba sus micrófonos para  la nave derecha del Altar Mayor de la Iglesia Matriz, desde allí  transmitía la misa Manuel Vicente Zapata, quien pasaba la Eucaristía de principio a fin. Nadie más que él tipificaba mejor aquella narración, con un fondo de armonía sagrada. En el órgano el maestro Frezza, mientras un himno entonaba el Tedeum Laudamus… “Vos autem benevite“…” Vos Obsecro, Deus”, saludaba en latín con voz profundamente conmovedora el padre Tulio Vitorini o el párroco Vittorio Tomazetti, enseguida Manuel Vicente con el misal enfrente traducía al español: “A ti Dios te alabamos”…”A ti Dios te imploramos”. Tenía el oyente impedido por alguna circunstancia el privilegio especial de oír la misa de nueve, como si estuviese presente, con solo buscar en el dial a “Radiodifusora La Villa”.

La Emisora trasmitía también muchas presentaciones especiales, por lo demás se cuenta que actuó Simón Díaz, recién comenzando a usar pantalones largos como artista; uno que otro desempeño del poeta Aquiles Nazoa recitando sus propios versos y algunos de sus cuentos destacados, y actuación de Luis Fracachán, autor del tema “El Norte es una Quimera”. Y la pomposa participación de Producciones José Sterling. En aquel entonces casi no se utilizaban grabaciones, ni enlatados.

En medio de aquella dictadura de Marcos Pérez Jiménez no era fácil desempeñar la dirección de un medio comunicacional. La censura no era   discrecional como la que se vive de un tiempo para acá, que se ha visto aplicada  de muchas maneras, según ha dicho la CVIR. En aquellos días era ejecutada de modo directo por un  personaje que usaba un lápiz de tinta roja y trazo rápido, a fin de tachar todo aquello que no se debía trasmitir.
Por quebrantar seguramente una pequeña norma y por sospechas de vinculaciones políticas clandestinas; aún se recuerda que a  Manuel Vicente Zapata lo vino a recoger a la propia Radio, una legión de hombres de la temible Seguridad Nacional, para que pasara una cumplida pasantía en la Cárcel Modelo de San Juan de los Morros. Allí en ese recinto entre un conjunto de presos políticos se encontraba Zapata cuando se desmorona la dictadura perezjimenista aquel 23 de enero de 1958. El presidente del estado Guárico era  el temido General Roberto Casanova, “El turco”, como se le conocía.

La vida independiente de esta emisora villacurana fue relativamente corta, apenas duraron tres o cuatro años; no se puede negar que a pesar del régimen dominante, para los villacuranos aquellos fueron unos años alegres y felices. 

En aquel entonces para la empresa pequeña, que era la que suministraba los anuncios comerciales, porque el empresario mayor mostraba su mayor indiferencia, (exceptuando algunos), una cuña publicitaria le llegaba a costar ochenta bolívares mensuales .A pesar de grandes esfuerzos, los publicistas  en aquella época no lograron convencer al comerciante de La Villa, que aquella mensualidad no tenía carácter de colaboración, sino que era una importante inversión para su negocio. 

A mi modo de ver, “Radiodifusora La Villa” tuvo prácticamente dos historias; la que se inicia en La Villa en el año 1955 como una firme  y permanente empresa de radio; y la que después llega a convertirse en una emisora repetidora de la programación cotidiana de la más potente cadena de radio que se haya conocido en Venezuela. Sus dueños originarios convertidos en mercaderes de la industria de la radio en el país, de un solo golpazo la traspasaron en su momento más cumbre al mejor postor. Digo en su momento más cumbre, porque en esos años el Ministerio de Comunicaciones había sorprendido a sus directivos con uno de los galardones más preciados, “Radiodifusora La Villa” era certificada oficialmente, nada menos, como la Emisora con la mayor exposición de programas en vivo de toda Venezuela.

Así terminaba la vida de “Radiodifusora La Villa”, convertida en un empeño imposible. Muchos de los que fuimos jóvenes en aquel tiempo muy atrás la seguimos extrañando. Aquel pequeño pueblo que la vio nacer, también paulatinamente la sentía desparecer; pero al mismo tiempo sigue marcando el camino como un legado de la radiodifusión en Villa de Cura, porque es preciso decir que en la ciudad operan hoy en día mas de veinte  emisoras en FM, la casi totalidad sin fines comerciales, con alcance muy limitado y formato distinto, claro, sometidas a la criticada “Ley Resorte”, pero con la  misión de tener presente el avance de la región en materia de comunicación oral. Un gran reto seguramente.



Estudio de Radiodifusora La Villa. En la foto el poeta Vinicio Jaén Landa
el artista argentino Raúl Iriarte y Manuel Vicente Zapata.


COMENTARIOS:

De: Jagger Utrera Interesante publicación.

sábado, 19 de marzo de 2016

RAFAEL RODRIGUEZ GALINDO (RUMBO AL ZEN BODAI SHIN)

 Por Oscar Carrasquel



                                           
Tenía tiempo, Rafael “Chiquito” Rodríguez,
Amigo sin verte.
Hoy vi tu retrato entre  notable gente
Debajo de una toldo  de terraza posando.

Resaltan entre tus allegados  
Hombres y mujeres de cultura acreditados
Tropa de sabiduría de oriente
El Budismo es su estudio más preciado.

Tú  entre todos, el más “chiquito”
De oscuro gabán ibas vestido
Con tu pelo cano y abundante barba 
Como la que lucen los hombres sabios.

Paz, fe y sanación
Estas tres cosas yo presiento,
Como la música que embellece al alma
Te aportara ese sagrado evento.

                                                              



Viernes de Concilio de 2016

martes, 15 de marzo de 2016

VIERNES SANTO EN LA VILLA






                                                     Por Oscar Carrasquel

Mediodía para abajo de Viernes Santo
La señal que va marcando la hora.

Por la principal y angosta calle
Marcha el féretro
Lleno de luces y silencios

Con sus manos extendidas
Y un manto de morados lirios
De vaporosa luz sobre los costados.

Se detiene la caja mortuoria en la esquina
(Como otras veces)
Brilla con el sol la monotonía de un tambor:
¡Tarapampá ….tarapampá…!
Igual a un lento latido de corazón.

Ya el sonar de la música sacra
Y el chasquido de pasos vacilantes
Van cortándole un pedazo a la tarde.

Los fieles con cirios encendidos
Y oraciones escapadas de trémulos labios
Acompañan la religiosa marcha
En línea recta hacia su aposento.

Un rumor de abejas al instante último
Como alitas aplaudiendo
Van tejiendo las ondas del viento.

La mística imagen de Jesús yacente.
Va haciendo su llegada
Al dintel de su Templo.

                                                                 Semana Santa de 2016



jueves, 10 de marzo de 2016

PRISCILA BOLIVAR DE IZZO, NOVENTA Y TRES AÑOS DE DIGNIDAD Y CON MAS DE TREINTA EN EL MAGISTERIO

                                    
                                                                

                                                          Por Oscar Carrasquel


Para conocer y hablar de la condición humana de Priscila Bolívar de Izzo  y  de su carrera como maestra  es  necesario abrir y desgajar el alma hasta  más allá del infinito. La conozco  de trato desde que  yo era un niño, era mi vecina de la misma cuadra, la vi crecer en ideas y mentalidad, conozco su estatura humana y supe de sus vínculos con la educación. Primero en su casa, y después al servicio de Instituciones educativas públicas. 

Priscila, como es sabido, es actualmente maestra jubilada disfrutando del hogar y entregó algo más de treinta años de  su fructífera vida al ejercicio de la educación en Villa de Cura. Todo este tiempo (1947-1978) en las aulas de la escuela “Arístides Rojas”. Ella viene de una familia de educadores: Su hermana Tulia Isabel, también abrazó la carrera de las aulas desde muy joven  y Josefina, su hermana más chica, se inició en el trabajo docente y hubo de retirarse después de casada para atender y cuidar el hogar y su familia. Y el único varón, Aníbal José, se gradúa de clérigo en el “Instituto Interdiocesano Mayor de Caracas”, ejerció el sacerdocio y luego de renunciar a su vocación sacerdotal siguió cumpliendo misiones vinculadas con la iglesia y con Dios. De allí salió  bien preparado. Le tocó cumplir misión en varios países de América del Norte y Europa, por eso era multilingüe, dominaba nueve idiomas. Desarrolló además una importante labor pedagógica religiosa. 

Priscila nació  el 16 de enero de 1923,  al igual que todos sus hermanos en la Villa de San Luis de Cura.  Casó con Francisco Izzo Maure, de familia italiana, conocido en todo lugar como “Musiù Izzo”.  Trabajar la tierra era  la rutina diaria de su marido, el hombre sembraba una parcela en el hermoso valle de Tucutunemo, en aquellos días de grandiosidad cuando estas tierras eran un emporio en la producción de rubros agrícolas y de ganadería. De esta feliz unión nacieron José Francisco, José Aníbal y Thaimi Rafaela Izzo Bolívar. No se detuvo aquí  este interminable recorrido, todo lo contrario, el camino se  hizo más ancho, multiplicándose en nietos y biznietos, hoy   los más chicos los vemos que corretean y danzan inocentes por los corredores.

Fue su padre don Aníbal Bolívar, oriundo de Valencia, un hombre alto y de sombrero, de poco hablar y de noble trato; acá en La Villa ancló para quedarse el resto de su vida. De profesión herrero, conocedor del arte de fabricar hierros para marcar ganado y restaurador de empuñaduras para armaduras. La experiencia la trae de Rio Negro, adonde aprende a alistar caballos para el combate, en el cuerpo de caballería del Coronel barloventeño Tomás Funes, toda una leyenda en el Territorio Amazonas a mitad del siglo XX. En aquel entorno de hostilidades y refriegas había que poseer arrojo y acaso tener presente la delicada advertencia de su jefe que “Sin una buena herradura no había caballos”.

Instalado en Villa de Cura, el maestro Aníbal Bolívar se dedicó  a lo que sabía,  al trabajo de herrería e instaló su propio  taller en la calle Sucre.  A un niño de mi edad en aquel tiempo le resultaba curioso ver a aquel hombre parado firme trabajando toda la semana, soportando calor frente a una fragua de fundición y golpeando un yunque. Claro, debía de entregarse a esa jornada para garantizar el sustento familiar y el estudio de sus muchachos.

La madre de Priscila fue  doña Elvira  Antonia  Rodríguez de Bolívar, nativa de San Juan de los Morros, generosa como pocas, de quien no podemos olvidar en la vida su enorme sonrisa de cariño. Parecía una monja. Católicos fervientes y sembradores de valores, de sueños y esperanzas. Un hogar con el Corazón de Jesús y  María Santísima  de Lourdes como estandartes. Rezábamos todos los niños y niñas junto con ellos;  visité siempre el altar que tenían y que adoraban en un espacio de la casa. Allí nos enseñaron que debíamos amar a Dios por sobre todas las cosas, como primer mandamiento. La devota familia acudía a oír misa todos los domingos y días de festividad religiosa apenas las añejas campanas de la Iglesia Matriz  anunciaban con su alegre repicar que la Misa iba a comenzar.

Aquella trilogía de jóvenes maestras para la educación y para la vida, ejemplo a seguir por muchas generaciones, en plena gestión del gobierno del maestro Rómulo Gallegos logró con voluntad y sacrificio poner a marchar una “Escuela Unitaria” de su pertenencia. Utilizando técnicas educativas tradicionales,  empezó funcionar en su modesta casa de habitación de la calle Urdaneta, entre Miranda y Sucre. Y allí comenzaron  las hermanas Tula, Priscila, y Josefina Bolívar esta hermosísima carrera. Recuerdo que en la acera de enfrente había  una casa de grueso portón habitada por la ospinera Petra Pérez Delgado (mejor conocida como la “señorita Petra”)  allí vivía sola la única hermana conocida del general Pedro Pérez Delgado “Maisanta”… Y  c{omo no dedicar un recuerdo  al humilde taller de carpintería del afable “Juan Rafal”, que quedaba al lado de la escuela, quien siempre descuidaba su trabajo para fabricarnos los trompos y perinolas a los niños de la cuadra.

Ésta fue mi primera escuelita  y funcionó en la misma cuadra y acera donde vivíamos, a tres o cuatro solares por medio. Fue en una habitación de esa confortable y aireada casa  donde las hermanas Bolívar comenzaron a enseñarnos a un grupo de niños y niñas de diferentes edades y niveles las primeras letras. Era una de las pocas que existían en La Villa en aquellos lejanos años. Tendría yo algo más de siete años cuando me inicié. De allí pasamos directamente con suficiente preparación a estudiar cuarto, quinto y sexto grado en la escuela nacional “Arístides Rojas”. En esta casa de estudio nos dio el visto bueno sin presentar examen su director, el siempre recordado bachiller, exquisito violinista y tribuno  Víctor Ángel Hernández.

La maestra Priscila,  hoy ya supera la barrera de los 93  años de edad.  Camina lento pero positiva. El tiempo le arrugó la piel pero no la memoria. Me hizo comprender que conserva una lucidez sorprendente,  aunque ya debe apoyarse en un bastón para no perder el equilibrio. Está pendiente y recuerda con nitidez a todos los seres que la rodearon ayer y hoy,  y de todas sus antiguas amistades, cuando los  apellidos de sus pequeños discípulos y conocidos en la vecindad se pronunciaban: Infante, Linero, Matute, Pineda, Barrueta, López, González,  Paredes, Almeida, Carrasquel, Sarramera, Hernández, Mendía, Martínez, Garrido, Arteaga-Montenegro, entre otros. 

Maestra de generaciones enteras de villacuranos. Cuántos de ellos después fueron graduados en universidades de prestigio en Venezuela,   destacados en distintas especialidades y profesiones. Fueron los mismos que desfilaron por acá y cada uno se llevó sembrada su escuela primaria al lado izquierdo de su corazón. Con el recuerdo de aquellos humildes mesones y bancas de madera en hileras, y su salón de clase oloroso  a broza de lápiz nuevo y a tiza de pizarrón, y el resonar de aquel bullicio juvenil. 

¿Quién no evoca a su primera aula de clases? ¡Quién no recuerda su primera escuelita! Quién no retiene el nombre de su primera maestra o maestro. La que nos metió en la cabeza las primeras letras. La que nos enseñó a deletrear. A juntar aquella cantidad de signos del abecedario para formar silabas y oraciones. La primera que vio  el dibujo sin buen cálculo que hicimos del Escudo y  el Pabellón Nacional.  La que muchas veces nos llamó la atención y nos reprendió. La que nos ayudó a enriquecer la memoria. La que nos enseñó a  venerar  el retrato de nuestro Libertador Simón Bolívar, con su rostro desprovisto de maquillaje.  La que nos acercó al hábito de la lectura. La que le oíamos en silencio aquellos “dictados” salidos de sus labios ingenuos. La que nos inculcó que deberíamos ser honestos y responsables y la que nos hizo sentir que las letras eran para toda la vida.

Priscila fue la maestra de agudeza natural que sabía conducir el trabajo escolar. Que era capaz de dar hasta su respiración por no quitar el ojo a sus alumnos; fue la maestra guía que irradiaba bondad y  gozaba de un  ilimitado amor y pasión por las niñas y niños. Podía decirse que ésta fue una familia de educadores por antonomasia,  desde el mismo momento que descubrieron que educar es entregarse al mundo de la enseñanza, trasmitir lo que por dentro se siente, orientar,  investigar los distintos  avances y el conocimiento de nuevos programas educativos de interés.

Cuánto diéramos por ver de nuevo reunido aquella cantidad de niños de diferentes estratos sociales que nos rodearon en la primera aula escolar; entonces nos sentiríamos como si hubiésemos nacido otra vez. Porque   tenía la virtud la maestra Priscila de enseñar como si fuese una madre. Como si todos sus alumnos fuesen sus hijos predilectos.  Tan noble   que uno nunca se sentía su alumno, sino su propio hijo. Con el transcurrir del tiempo la perdimos de vista. Quizás porque ya nos encontrábamos en otra parte. Pero no perdimos la brújula de las principales lecciones que nos enseñó para que fijáramos nuestro camino.

La maestra Priscila fue, por lo demá,s  una dinámica activista en la defensa de los derechos de los educadores, y sobre la marcha de su acción docente, arrima el hombro para impulsar la fundación de la seccional  del Distrito Zamora de la “Federación Venezolana de Maestros”. Y luego  de retirada  dedicó sus esfuerzos junto a  Lourdes de Cáceres, Ligia Montenegro, La Nena Cira Esaà y un grupo de maestros y maestras, a la creación de la sede zamorana de la “Asociación de Maestros Jubilados y Pensionados”. En diversidad de ciudades y pueblos de Guárico y Aragua y hasta en Caracas fue muy conocida por sus actividades gremialistas.

Para corresponder a estos sentimientos evocadores hubiésemos querido en su momento secar las lágrimas a nuestra inolvidable maestra Priscila, cuando sintió la punzada en el corazón de perder  a  Don Aníbal, su padre,  a Doña Elvira Antonia, su madre, a Tulia Isabel, la hermana que le seguía,   el brumoso recuerdo de la muerte de su hermano Aníbal José y de José Aníbal, uno de sus hijos. En honor a la verdad, hubiésemos preferido acompañarle  durante ese momento de dolor por estas partidas. Aunque ya sabemos los cristianos que la muerte es inevitable y viene sola, cuando Dios lo dispone.

La poesía es bella y siempre hemos percibido que toda mujer algo de ella lleva muy adentro. Pues  hoy, la maestra Priscila  ha expresado ese sentir y nos ha demostrado que posee la inspiración de una mujer que escribe canciones y versos, y hasta un acróstico con el título de “Oscar”, como un puñado de florecitas recién trozadas ha puesto hoy  sobre mis manos.

Muchas veces en la quietud de las tardes veraniegas  o en noches de retozos de luceros, cuando la brisa a veces sopla por el noreste,  sus hijos, nietos y biznietos la escuchan  en un rincón de la casa, vocalizando  un manojo de  versos o de canciones viejas. 

Fueron numerosos los reconocimientos y condecoraciones recibidos durante su ejercicio profesional: entre los que se pueden contar: Condecoración 27 de junio, otorgada por la presidencia de la Rep{ublica;  Orden Hilda López Graff, Orden 60 Aniversario de la escuela Arístides Rojas, Orden al Mérito San Luis Rey, Orden Luis Beltrán Prieto Figueroa, Orden Ciudad de Villa de Cura,  entre otras más.

Son más de nueve décadas de dignidad, de bendiciones a sus seres queridos, aquellos que se fueron al más allá, y ahora los  hijos, nietos y biznietos y demás familiares que quedan disfrutando de su presencia. Bendíganos maestra Priscila Bolívar de Izzo, a todos  los  que fuimos sus discípulos ayer, que  su sola bendición es la más grande satisfacción para agradecerle tantas enseñanzas en este largo transitar de la vida. Usted fue la  maestra que les puso a estos viejos caminantes las primeras luces en este prolongado camino.  Nada nos  llenará hoy  de más alegría y orgullo que   su bendición. Que Dios la cuide siempre maestra Priscila.






























COMENTARIOS:

JOSE VASQUEZ 20 de agosto de 2016, 23:05
AMIGO OSCAR, BELLO HOMENAJE A MI MAESTRA PRISCILA, QUE DIOS LA TENGA EN SU SANTA GLORIA, ME HICISTE RECORDAR MIS AÑOS INFANTILES EN LA ARÍSTIDES ROJAS, LA MAESTRA PRISCILA, BELLA MORENA, ALTA, ROBUSTA, SU NOBLE VOCACIÓN DOCENTE. HACE POCO TIEMPO, MI HERMANA OMAIRA LE TOMO UNA FOTO EN LA IGLESIA PARROQUIAL CON LA CONDICIÓN DE QUE ME LA HICIERA LLEGAR, LA GUARDO EN EL MEJOR LUGAR DE MI CORAZÓN, BESOS MAESTRA, DONDE QUIERA QUE EL SEÑOR LA HAYA COLOCADO. Ramòn José Vásquez

MILAGRO RAFAELA ALMENAR DE PEREZ 28 de agosto de 2016, 10:33
El Ministerio de Educación y el Gobierno Nacional NO están ni si quiera considerando la posibilidad de pagar ese beneficio a jubilados ni pensionados ... y los jubilados saben eso , quien no se haya dado cuenta es muy inocente