domingo, 28 de febrero de 2016

LA MUJER DEL PASAJE



     
    Por Oscar Carrasquel





Para  ti  que piensas con  la savia
Que camina por tu cuerpo
Estallan  tus ansias  con  inmensa energía,
Con  el impulso  de una libido independiente
Como el vuelo de un ave  por los aires.

Con  tus  fuentes  abiertas 
Trasformadas  en  mapa de sensaciones,
Como un tesoro  fantasmal  explotado.

Tu “victoria”  se  vislumbra más allá
Del  sitial  del último gemido.

Al final  terminarás vencida
Con tu aterido corazón envilecido.




                                                           Acarigua,  febrero de 2016


Imagen de escultura del  italiano Guido Argentini publicada en  su libro Silvereye, tomada del sitio web: http://debuenosaires-conamor.blogspot.com/2013_02_17_archive.html

jueves, 18 de febrero de 2016

LOS 70 DE MIGUEL HINOJOSA


 
                                                         Por Oscar Carrasquel



¿Qué haces tú, Miguel, con tantos años?
-Te dice un arrendajo desde la enramada-
Si los cabellos los pone nevados
Es el reloj de tantos veranos.
De tanto andar caminos por la tostada sabana
Abrasando noches sin borrar tus mañanas.

Aún no tienes las sienes, los mostachos,
Ni la barbilla blanca. 
Ni eres árbol que perdió su sombra,
Solo tienes  teñida tu cabellera
Del color verdoso de las palmeras.

Gracias a Dios, todavía puedes mirar
El discurrir del agua  por los morichales,
Y recostado en tu chinchorro de moriche
Oír los dulcísimos cantos de los turupiales.
.
Y escuchar por los  caminos de  estío
A la paraulata anunciar desde la alambrada
Que es verdad, Miguel,
Que setenta años no son nada.








     
                                 

 Cagua, 18  de  febrero 2016

martes, 16 de febrero de 2016

EL NEGRO FRANCISCO MATUTE

                                                               


                                                             Por Oscar Carrasquel


Dentro  de este cúmulo de personajes populares  de la vida villacurana, durante el discurrir de  la década del cincuenta del siglo xx, no debemos pasar en silencio el nombre de Francisco José Matute Padrón, conocido cariñosamente entre sus conocidos y allegados como El Negro Matute. Nativo de Villa de Cura donde vio su primera luz el 14-12-38. Fue un hombre muy comedido en su forma de vivir y de un  ritmo de vida muy activa, y uno de sus principales atributos fue saber lo que vale la amistad y aprender a abrir el espíritu de  par en par a la cultura y al deporte.

Conocedor de las primeras letras  en  una escuela “Unitaria” tutelada por la familia Bolívar, con sus maestras queridas y respetadas, las hermanas  Tula, Priscila y Josefina Bolívar,  situada en la calle Urdaneta, conocida como la cuadra larga. Y luego culmina la educación  elemental  en la escuela nacional Arístides Rojas. Cursa carrera subsiguiente en el  Liceo Alberto Smith, en cuya casa  prosigue sus estudios de Bachiller en  Humanidades, por eso mucha gente en la comunidad  lo llamaban sencillamente “Licenciado Matute”.

Sus padres fueron  don Francisco Matute Ramos, distinguido comerciante guariqueño, nativo de Ortiz, quien  fijó residencia en Villa de Cura, y doña Luisa Padrón de Matute, natural de Villa de Cura, mujer de tranquila dulzura, dedicada por entero al hogar y a la crianza de sus hijos. El párvulo Francisco José fue conducido a la pila bautismal  de la Iglesia San Luis Rey  por  su madrina Clarita Ramos  de Córdova. Su padrino fue el doctor Aquiles Fernández Ortiz,  distinguido  cirujano y pediatra, además de gloria del coleo en Aragua.

Muchos años pasó don Francisco Matute Ramos  abriendo todos los días un almacén de “ventas al mayor de víveres y licores importados y nacionales”  por la calle Comercio, entre calles Doctor Manzo y Bolívar y Villegas. Al lado de la otrora famosa “Casa de  Cuadros”.

Fruto de este matrimonio, además del licenciado Matute,  fueron también otros hijos nacidos a la par en esta villa de San Luis, profesionales  muy prestigiosos y apreciados en  Caracas, en  Guatire, estado Miranda, en San Juan de los Morros y en el lar aragüeño, ellos fueron: Andreina, graduada de bioanalista en la UCV; Gisela, experta en diseño y decoración; Manuel Enrique, Ingeniero meteorólogo; Luisa Cristina, secretaria ejecutiva  y  Luis Rafael,  mejor conocido como “Pim”, visitador médico. Me falta por reseñar a Olga Virginia y Zenobia Mercedes, también hijas del patriarca Don Francisco Matute Ramos, a quien amorosamente sus hijos llamaron toda su vida “paito”; fundidos todos en un solo núcleo de afecto familiar. 

 Muy sencillos y sin vanidades, y especialmente estricta  esta familia, en eso de la honestidad, la moral y la entrega al trabajo. Yo desde  niño era asiduo visitante de su casa, por eso a pesar del tiempo transcurrido no me resulta difícil   describir y recordar  todas estas cosas.

La residencia que ocupó siempre la familia Matute Padrón en Villa de Cura fue un caserón de magnos portones y ventanales, con floreado  jardín en el centro, con cuatro grandes corredores, de gruesas  paredes, y  hacia la puerta de la calle el  “entreportón” y  su zaguán, situada en el cruce de las calles Miranda con Bolívar y Villegas, en toda  una esquina  de la arbolada plaza Bolívar. Muchos años atrás esta casona fue propiedad y hogar de la familia   Bendayàn y también  algún tiempo la habitó don Damián Álvarez  con su familia.

La hemos observado al presente y nos dio mucha tristeza, ya que del terreno donde estaba construido este hermoso caserón bicentenario;  lo que hoy  existe son  unas vigas de hierro mirando al cielo y  cercado de planchones de metal. Se perdió la municipalidad villacurana de la época de lo que ha podido ser un patrimonio histórico para  función social y cultural,  para provecho de las presentes y futuras generaciones villacuranas.

Francisco José Matute se desempeñó en su vida particular y ciudadana en varias áreas donde ocupó actuación destacada en los años 50, 60 y 70 del siglo pasado. Recuerdo que algunos años  trabajó en la campaña anti- malaria desplegada  por Malariología y salud ambiental en el estado Apure, adscrita al Ministerio de Sanidad. Pero su  acción de vanguardia la desarrolló como dirigente deportivo. Su afición e inmenso cariño por el deporte lo  lleva a  formar parte de la dirigencia a nivel del  Distrito Zamora de los Criollitos de Venezuela, con el esfuerzo  colectivo  que incluyó a  Víctor Martínez, Adolfredo Morales, Marcelino Vina, Juan Nieves, Laureano Viana, Gerardo Barrios y otros.

Durante los años que fungió como dirigente del béisbol menor fue  un período muy importante y provechoso para este deporte, figuró como delegado  en representación de Aragua en el campeonato nacional disputado en Punta Cardón, estado Falcón. Fue a mediados del año 1966, cuando el equipo villacurano  en representación de esta entidad aragüeña se tituló Campeón Nacional Junior de los Criollitos; lo cual hizo que Villa de Cura se convirtiera una vez más en  referencia nacional, repitiendo la hazaña del invencible Ayacucho Star,  cuando fue Campeón Nacional Juvenil en Caracas en el año 1943.

Como aficionado a la comunicación social fue un cronista destacado, ejerció el periodismo por afán y fue promotor y redactor de un periódico que circuló con nombre propio llamado  “El Villacurano”, de vida temporal.  Seguramente con el andar del tiempo  tal  hecho entrará a formar parte de la antología del periodismo del estado Aragua.

Fue un cronista de aguda inteligencia provisto de muchos conocimientos y espontaneidad y lo pudo demostrar con sus disertaciones ante cualquier auditorio. Porque sobre todo poseía buena oratoria.

En algunas coyunturas  Matute  se  entregaba a trasmitir los juegos de béisbol  desde la caseta en el estadio Ramón María Acosta. No poesía una  voz potente  para la narración  pero era muy conocedor de la materia deportiva, lo cual  le ayudaba mucho. Poseía una memoria envidiable para recordar fechas, jugadores y sucesos  ligados con el béisbol amateur. Recordaba y  reseñaba con facilidad  la historia y las hazañas de los gloriosos equipos de otros tiempos como fueron El Ayacucho Star, La Criolla y el San Luis, clubes emblemáticos de Villa de Cura.

El Negro Matute fue objeto de algunos reconocimientos, placas y diplomas como persona ligada al deporte local y regionalmente. Se nutrió del conocimiento de hombres visionarios en el béisbol menor como fue el doctor José Del Vecchio,  presidente del directorio nacional de Criollitos de Venezuela; y de gente tenaz y trabajadora de trayectoria beisbolista.

Francisco  José Matute, también conocido como El Negro Matute, fue excelente conocedor de la evolución de su pueblo y de su gente, en aquellos tiempos  cuando su  Villa de Cura natal  era un pueblo pequeño,  y así  fue como pudo recorrer sus calles y  sus pocas barriadas, pregonando el deporte, captando  talentos que después resultaron ser unas figuras destacadas  en la organización  Criollitos de Venezuela.

Fue aquel escenario, una época de luchas y sacrificios y era menester recolectar entre la gente y comercios: dos bolívares, un fuerte, diez bolívares, o  cualquier colaboración en especie, y  con estos aportes él y la demás gente,  aprovechaban para organizar los eventos, viajar y comprar los útiles necesarios. Y allí estaba siempre el Negro Matute  carpeta bajo el brazo para realizar,  calle arriba y calle abajo, esta significativa y consagrada labor. Siempre tuvo  una amplia receptividad y apoyo de toda  la comunidad.

Nuestro personaje fue un vehemente solterón. “El Negro” Matute no fue un hombre de vida sibarita ni libertino. Con el permiso de sus hermanos y familiares no tengo ningún empacho en confesar que,   algunas veces se “encapillaba” y se las daba por libar sus traguitos de cocuy siquisiqueño. “Para disolver el hidrato de carbono que no conseguía eliminar  el  páncreas”. Le solíamos oír con sentido de humor quienes  le quisimos.

Algún tiempo más tarde Francisco “Negro” Matute, nuestro entrañable amigo y compadre, comenzó a sentirse quebrantado de salud y después de varios años falleció el 01-03-94 en el hospital Doctor José de Rangel de La Villa, donde fuera llevado para  ser atendido de un delicado padecimiento de salud. Sus restos reposan en el panteón familiar en el viejo cementerio de la calle Comercio de Villa de Cura.


La Villa,  febrero  de 2016




COMENTARIOS:

De: Ana Alvarado Me gusta esa