viernes, 15 de septiembre de 2017

REMINISCENCIAS

Una "locha" (Lo que valía antes un lápiz Mongol)

Dedicado a GiIda, mi hija docente




Ya terminan las vacaciones
de julio
Y maestros y muchachos
con su morral a la espalda,
como viajeros que vuelven, 
retornan hoy a sus clases

Hoy, a tantos años de distancia,
la noche sin yo preguntarle reconstruye los recuerdos
mas felices de mi infancia

Cuando por la solitaria calle
yo transitaba
para ir a mi Escuela de la “cuadra larga”
llamada entonces“Unitaria”,
y misia Antonia de Bolívar
maestra con amor por Dios
la regentaba

Yo llevaba de compañía
un lápiz “mongol” 
con la punta ya sacada
que por valor de una “locha”
en la bodega compraba

Y aquel cuaderno de rayas
que solo “medio” costaba, “LiBERTAD”, era la marca,
con la efigie de BOLÍVAR
en la portada marcada
Y una tabla de matemática
en la solapa grabada

Recuerdo que yo lo doblaba 
en el bolsillo de atrás
de unos pantalones cortos
que mamá me cortaba

Son recuerdos del ayer
que hoy galopan en el alma
como brioso corcel
que en la sabana
se espanta.

Oscar Carrasquel. 15 Sept 2013

miércoles, 13 de septiembre de 2017

LA LOCA AMPARO, UNA LOCA QUE NO ERA LOCA




A Chencho Adames, conocedor de esta historia
                                                                                      



La cruz que llevaba a cuestas Amparo  era una cruz pequeña, pero era una cruz de todas maneras de profundo dolor humano. Desde cuando  yo  era un zagaletón de edad escolar tuve conocimiento en Villa de Cura  de la loca Amparo.  De eso hace muchísimo tiempo, sin embargo hoy la vengo  recordar como si fuera ayer.

Todos los días, menos el domingo porque yo tenía que jugar pelota para defender a  mi equipo, la veía deambular por la calle Blanca (hoy Miranda). Despacito su caminar por la acera, igual como se resbala la sombra de los cerros  en los atardeceres villacuranos. Entonces era una mujer flacucha de regular estatura ya  entrada en años. 

La Loca Amparo no se sabe cuando llega al pueblo, tal vez venida de una distancia lejana de la mano de algún peregrino. O fue fruto de una buena familia que la dejó caer en La Villa. “Locuras divinas” poseen algunos seres, dice  un poeta griego.  Amparo era una persona disminuida de la razón, trastornada de la mente, pero no ejercía violencia contra la propiedad ni las personas. Aunque los niños por su aspecto famélico si le mostraban pánico.  Esta mujer desequilibrada aunque andrajosa siempre andaba vestida, bien protegida, jamás buscó coger carretera o refugiarse en parajes retirados. 

Hubo un día que alguien puso sobre su cabellera despeinada  un sombrerito de fieltro negro a su medida, pero cada vez más, se veía su rostro envuelto en una bufanda que se colocaba sobre su cabeza en forma de  velo. De los días  cuando era  joven y buenamoza le quedó un par de aretes color oro cobrizo en las orejas. Siempre vestía un largo camisón de crehuela y encaje que le llegaba hasta los tobillos, mugriento e impregnado de mal olor. Algunas mechas de su pelo cano sucio le caían al lado izquierdo de su frente.

Tenía una extraña manía. Sobre su lado zurdo sostenía un muñeco hecho de trapos envuelto en un pañal que abrigaba y arrullaba  como una madre apegada a su único hijo y hasta le tarareaba canciones de cuna. La verdad es que ella no aguantaba lluvia,  ni sol, ni soportaba las tardes visitadas por ventoleras de esos que llegaban  de golpe cerrando puertas y postigos de ventanas.

Se refugiaba detrás del ante-portón de los caserones de zaguán de familias acomodadas con sus puertas a la calle siempre abiertas al sol. Frecuentaba en  tres cuadras los portones de los Álvarez, Castresana, Esaa, Castillo, Villasana, Landa, Barreto, Arocha, Carvallo y don Candelario Matos.  Cuando  la mañana se hacía clara  entonces ganaba de nuevo la calle, arrastrando con su pies las hojas y florecitas de los árboles  que caían en la acera, como queriendo conversar con ellas.

En la otra mano sostenía un pocillo de peltre   y  un pedazo de totuma que usaba como cuchara. Lo entregaba a través de una ventanilla  en las casas de zaguán donde se había ganado la confianza, el cual le era devuelto por la dueña con una buena ración de comida. Muchas veces las familias le regalaban vestidos de segunda y calzados de corte bajo.

Hablaba despacito consigo mismo, cosas que le vinieran a su mente enfermiza, tal vez sobre desventuras y desilusiones. No le faltaba bailándole entre sus dedos un tocón de lápiz de grafito,  o un trozo de tiza blanca con el cual dibujaba figuritas y colocaba mensajes indescifrables en las paredes que parecieran que le alegraban el alma. Por años, Amparo fue burla de algunos adultos y de muchachos realengos que seguramente ignoraban su tragedia, sus fragilidades y sufrimientos.

Se decía en conversaciones de personas mayores que la pérdida de su mente se debía a un desengaño amoroso, cuyo sufrimiento fue progresando cuando pierde prematuramente su primer y único hijo, producto de su inicio conyugal, cayendo en un mutismo y un desconsuelo interminable que le hicieron perder todas sus alegrías hasta hacerla enloquecer.

Así anduvo en un ir y venir por dos céntricas calles de La Villa en las décadas del 50 y 60 (la Miranda y la Bolívar) arrastrando su tragedia, pernotando en zaguanes, reposando y durmiendo sobre pisos frescos de cemento, hasta que el tiempo la convirtió en anciana. Su cuerpo de tanto andar se fue volviendo enflaquecido y pesaroso, ya casi no veía ni oía, hasta que un día de claro sol villacurano, sin piedad la muerte la pasó a recoger.

Sin ninguna honra fúnebre fue puesto su cuerpecito dentro de un  cajón de rustica madera, conducido por un solo hombre hediondo de licor amargo, llevada hasta el antiguo cementerio de la calle Comercio. No hubo acompañamiento ni lágrimas, el mismo enterrador plantó sobre la pila de tierra negra  una cruz de palo, con un solo nombre: AMPARO.

     

  Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, septiembre de 2017





martes, 12 de septiembre de 2017

MI CANTO




Como Witman,
el poeta,
que cantó a si mismo

A los hijos y nietos
que se separaron
va  mi  doliente canto

Volaron
como gaviotas
buscando
nuevos mares

Y en otros puertos
su vuelo
detuvieron

Añorantes,
ansiosos de anhelo

Siempre serán
aliento de mi alma
y sangre de mi cuerpo

Mañana,
cuando 
una nueva aurora
irrumpa
por estos parajes

Y  la brisa,
los  aviente
por estos valles

Entonces,
daré gracias a Dios 
por su feliz regreso 
a la patria grande.


Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, septiembre 2017





jueves, 7 de septiembre de 2017

VIEJO CUPLÉ

          

A  Elio Martínez, poeta y serenatero 
                       
Viejo cancionero
desempolvado,
triste,
que renaces
en mis manos

Doradas páginas
que resucitan
antiguos amoríos

Versación 
que turba el alma
hasta más allá
de lo infinito

Palabras que resuenan 
como gotas
cuando finaliza
la lluvia vespertina

Canta el alma
tranco  a tranco
oprimidas letras
de tiernas melodías

Suena el fuelle
en una noche
de sueños, 
de quebrantos.

Raquíticas
letras
pronunciando
adioses

Mi viejo cuplé
que te fijaste 
muy adentro
del alma

Hoy,
temblorosa,
mi voz
tus canciones
lastimeras canturreo

Como un canto
agonizante de ave
mensajera.

Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, septiembre 2017























TRISTEZA NUEVA



Como capilla
sin santo
me dejas el corazón

En un épico
poema
lo pregona Andrès Eloy

Una inconsolable
madre
lo repite el día de hoy

cuando
uno de sus hijos,
de su lado
se debió ausentar

A buscar la brisa
de otros mares
que en el suyo
no pudo encontrar

Dios quiera,
(dijo ella, la madre)
que los vientos sureños
pronto
te devuelvan
a tu Caribe mar

Cuando no haya
sombra
en tu cielo crepuscular

y un nuevo sol
haga tu cielo brillar.



Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 01 de septiembre de 2017


COMENTARIOS:

Raúl Aular Flores Hermano: en nuestra época el perfume bueno venia en frasco pequeño..Excelente como siempre..Vaya un abrazo afectuoso.
2 de septiembre a las 16:25

Oscar Carrasquel Gracias y saludos a mis amigos todos por visitarme
2 de septiembre a las 20:57

Oscar Carrasquel Raul, hermanazo, gracias por ese abrazote ahora que lo puedo sentir.
2 de septiembre a las 20:58

Yudith Buitriago Hermoso, como todo lo que escribes

 3 de septiembre a las 20:27