sábado, 25 de junio de 2016

LUCERITO


 Por Oscar Carrasquel


           Dedico a: Juan Pablo y Ana Sofía
                                                



En una mañana taciturna,
siendo un venadito bebé
a la vera del camino que va al río
echado  junto a la madre le encontré

Tirados ambos sobre un pañolón de arena
entre mastranto y florecitas del camino
donde las mariposas detenían su vuelo

Espantó la venada como flecha rauda
con claro sentido adivinatorio
comprendiendo lo sucedido.

Se ocultó  dentro de una acequia
surtida de agua  por un molino ruinoso.
Me miró con sus ojos brillantes 
masticando su lenguaje rabioso

Corrí a la casa de familia,
y con la emoción de un niño
enseguida al recién nacido
le presté  alimento y abrigo

Empezó a escuchar voces y risas de niños
y sus nuevos dueños, LUCERITO,
por apodo le pusieron.

Debió ser por su color leonado claro
que su cuerpecito poseía
y unas manchas como luceritos 
iguales a gotas de lluvia blancas
que de las nubes se desprendían.

Fue pasando la vida en su cautiverio
al lado de un florido vergel 
Un puñado de frescos helechos y rosas
custodiaron su  predio lleno de aromas.

Esta no es una historia
son apenas recuerdos que saltan de un lápiz
sobre un pedazo de blanco papel
de las sombras de mi vida de un ayer.

En plena alegría navideña de un año
por el camino del viento lo vi desaparecer
¡No sé por qué!
Pero por dentro  sentí 
que  algo de mí se marchaba con él.

                                                                    Invierno de 2016

miércoles, 22 de junio de 2016

VIDA MUSICAL DE LOS AÑOS CINCUENTA EN VILLA DE CURA



Por Oscar Carrasquel



  
                                                     

                                                                  
“En 1886 la población San Luis de Cura, gracias a las actividades del Doctor Jaime Bosch, tenía un movimiento musical bastante apreciable”.  José Antonio Calcaño.
                                                                                                                               

La  cita del maestro Calcaño es solamente una pista para el tema que pretendemos abordar, que nos obliga a  señalar que Villa de Cura ha sido siempre una urbe musical. La música nace en esta tierra como nacen las quebradas, como nacen sus montañas y como se daban los frutos hace años en la hermosura del valle de Tucutunemo. Muchos músicos  importantes son nativos de la ciudad y otros se encariñaron y se quedaron adheridos para siempre en esta tierra, entre ellos aparecen las sólidas figuras del maestro Víctor Ángel Hernández que era natural de Cagua y Germán Cordero Padrón que llegó siendo un párvulo  de San francisco de Cara. Ambos  finalizaron siendo músicos y directores de orquestas. A este solar llegaron un día, se enamoraron, casaron y formaron familia. Les nacieron hijos que llevan apellidos de familias villacuranas. Conocimos de otros que  llegaban de visita y eran como la brisa o  la lluvia, venían y se iban, pero siempre los encontrábamos moviéndose en este ámbito villacurano. Y es que La Villa fue otrora un pueblo muy hospitalario para la gente de afuera. Debió ser porque los visitantes se asomaban por cualquier rendija y veían sus calles y plazas llena de princesas de caras y ojos muy bonitos por dondequiera. Aquel que tenga duda puede pregúnteselo a mi amigo y coterráneo  el profesor Raúl Aular Flores.

De acuerdo con la anterior premisa los apellidos Briceño, Bustamante, Ibarra,  Cordero, Parra Díaz y Nieves fueron dinastías que  pertenecieron y pertenecen a la historia musical  hacia la mitad del siglo XX y  en adelante, de la vieja ciudad que el  próximo año 2017 cumple 300 años de su fundación. Y todos sus hijos y amigos se preparan para un fastuoso reencuentro. Lamentablemente cuando escribo esta nota no existe mucha  motivación  por la calidad socio-económica de vida que llevan sus habitantes, para celebrarlo con entusiasmo como debe ser, pero de todas maneras  los  hijos y amigos de este cálido terruño están muy atentos.

La música estuvo además estrechamente ligada con el teatro. En el cine El Corralón se presentó muchas revistas teatrales especiales, sainete, danzas con acompañamiento musical, con intervención de hombres y mujeres  surgidas de aquí mismos de la población. Los instrumentos usados por los músicos eran generalmente guitarra, cuatro, violín y piano. El cine El Corralón siempre mantuvo al lado de la pantalla grande, un anticuado piano marca Excélsior para estos espectáculos,  que todavía existe arrinconado en el museo de tradición de la ciudad.

Estas pequeñas y sinceras evocaciones la carga uno como el amor de la mujer amada, prendidas del alma. Y su   recuerdo  lo llevamos enganchado desde niños cuando partíamos en carrera todos los chiquillos detrás del festivo estallido de los cohetes que tiraban desde el altozano de la Iglesia Matriz, para atrapar las varillas que caían alrededor de la plaza, los domingos o en tiempo de festividades.

BUSTAMANTE Y SUS MUCHACHOS

A esta peña musical de aquellos años cincuenta  en Villa de Cura pertenecieron: Jesús “chucho” Bustamante, trompetista y Humberto Bustamante, trombonista, a quien se les une  Manuel Eduviges Estrada, saxofonista; y otros músicos de percusión y  crearon un grupito exitoso, sin la formalidad de pentagramas ni altoparlantes, el cual   era una atracción animando paseos musicales, retretas, procesiones de imágenes sagradas y  tardes de toros coleados. Por años recorrieron las festividades patronales  de pueblos como  Villa de Cura, Parapara, Ortiz,  Barbacoas, El Sombrero, San José de Tiznados y San Francisco de Tiznados.  En su periplo  fueron a dar hasta Camaguàn y  en La Unión, una tierra larga de los llanos de Barinas que pega con Guárico. Daba gusto oírlos quebrantar el silencio de las calles, en un paseo musical, o en un juego de béisbol, al compás del joropo “La Perica”, el merengue “Compai Pancho”, o “Camilo se está muriendo”, y en los toros coleados el pasodoble “Rubito”. Y una diversidad de composiciones populares que cabían en la memoria de sus integrantes.

De esta misma camada proviene el músico José Del Valle Bustamante, el popular “Cacharro”, que toda su carrera formó parte como  baterista de la orquesta caraqueña “Luis Alfonzo Larraín”, de grato recuerdo en los años 50.

Estaba lejos la creación de los Niños Cantores de Villa de Cura  y no se había producido la llegada de  la figura bondadosa del padre Salvador Rodrigo, como tampoco la fundación de la  escuela de música “Ángel Briceño”.  La juventud valiente  de aquellos días se entregaba al estudio, al  trabajo creador y la mayoría a aprender y desarrollar cualquier función de su vocación y a ser ciudadanos integrales. Ser músico era uno de los destinos.

LOS BRICEÑO

La familia  Briceño fueron todos músicos, descendientes de músicos famosos. Amador Briceño, Manuel Briceño, Ruperto Briceño y Ángel Briceño. Don Ángel Briceño fue el más importante y distinguido músico y compositor que tuvimos los villacuranos  desde las primeras décadas del siglo XX. Fue la  primera flauta  de la Orquesta Sinfónica de Venezuela en los años sesenta, se había unido antes, en los años cuarenta, como arreglista, clarinetista y saxofonista  de las orquestas  Billos Caracas Boys y Luis Alfonzo Larraín.  Era nativo  de este municipio, quizá de la parroquia Las Mercedes, de allí eran oriundos desde el primero  hasta el último de los Briceño. De La Villa jamás se separó aunque después hizo su asiento familiar en San Sebastián de los Reyes. Casi siempre  cuando venía de Caracas de paso  se paraba en su pueblo; fue acérrimo visitante de la casa de Don Leandro Nieves, donde se hospedaba, con quien lo unía una gran amistad y siempre compartieron juntos. Quien sabe cuántas veces ensamblaría   su flauta de conciertos  durante esos encuentros para interpretar aquí su gloriosa e inmortal composición “Adiós”.

“Fue emocionante que el maestro Ángel Briceño nos interpretara en el piano en su casa en San Sebastián, al poeta Miguel Ramón Utrera, José Girlando y a mí, su joropo Adiós”. La revelación le pertenece al  profesor Oldman Botello, un día que abordamos el tema.

LOS IBARRA

La Villa es un valle pequeño, tan pequeño que apenas cabe en un estrecho territorio entre cerros. Así es amigos, éramos antes un pueblo pequeño pero pacífico y tranquilo; eran muy escasos los sucesos que perturbaban la tranquilidad de sus pobladores. Hace más de siete décadas atrás, cuando en el pueblo se tomaba agua de las acequias, o se recogía el precioso líquido de las pilas públicas de las esquinas, o a mitad de una cuadra,  y la vida del pueblo se desenvolvía todavía en forma semirural,  surgió entre la alegría y la brisa aragüeña una dinastía musical que comienza con Carlos María Ibarra, trompetista y compositor villacurano, formó parte hasta su retiro de la Banda Marcial de Caracas, fue subdirector de esta banda en la época  que la dirigió el compositor y director musical,  también nacido en Villa de Cura, Carlos Bonet (1892-1983). Bonet fue un fecundísimo compositor, compuso marchas y música folclórica instrumental para orquestas, con ritmo de joropo, vals y merengue, siendo “Quitapesares”  la más reconocida y emblemática de todas. Igualmente compuso las marchas que identifican a las estaciones RCR y RCTV, como se sabe sacadas del aire e invalidadas sus concesiones.

Le sigue  su hermano Cirilo Ibarra, músico popular y parrandero experto tocando el cuatro tradicional y las maracas, últimamente vivió una vida bohemia. Era una fija junto con José Alejandro Martínez y su sinfonía, acompañando los  ruegos y  alabanzas en el tradicional velorio de la Cruz de Mayo en la casa de habitación de Alejandra Castillo, en la antigua calle Guárico de Villa de Cura. Cirilo Ibarra dedicó muchos años de su vida a acompañar musicalmente el tradicional baile de La Burriquita en el barrio La Represa.

La tercera figura de esta dinastía fue el arpista Víctor Ibarra, maestro y artista  de la música aragüeña,  que se tocaba   y bailaba con mucho furor en los años cincuenta, sobre todo en los estados centrales (Miranda, Carabobo y Aragua), por eso  ahora opta en el folclore nacional la denominación de “joropo  central”; arpistas de su misma talla y generación fueron también Saturno Linero, Alfredo Sánchez, Fulgencio Aquino y Salvador Rodríguez, entre muchos más. Y  Juana Méndez,  la bailadora más célebre de este joropo tradicional era oriunda de Villa de Cura, del barrio Las Tablitas

LA CIUDAD Y SUS MÚSICOS

Es brillante y extensa la lista de músicos  en Villa de Cura de aquellos años cincuenta   de los cuales voy a mencionar algunos: Emilio Guevara, de manos maestras para el piano;  Rafael Villasana Donaire, famoso maestro del órgano y piano; Alberto Esàa, bombardino; José Linero que aprendió de modo  autodidacta  a tocar la trompeta;  Miguel Hinojosa, saxofonista y músico militar; Agustín Muñoz, trompetista; Manuel Luna, bajista; Pedro Flores, clarinete;  Rafael Betancourt, tocaba saxofón y clarinete; Germán Cordero Padrón, trompeta; Víctor Ángel Hernández, violín; Aniceto Bolívar, saxofón, Pedro Ramírez Peña, saxofón; Pedro Blanco, trombón; Rogelio Colmenares, percusionista; José Velásquez, maestro del bajo; Pedro Raffezca, bombardino; Oscar Hernández, lo llamaban el rey del “Tres”; el ítalo-venezolano Giovanni Anunziato, que casi hacia llorar y reír al melancólico Bandoneón; Francisco  “Pancho” Puerta, natural de Cagua, saxofonista y director de la orquesta “Sensación”;  Geràmel Meléndez, batería; un hijo de Italia, Dominico Napolitano “Pepino”, clarinete; José Torrealba, saxofón; Rafael Almeida “Petit”, interprete del Bajo, timbales y tumbadora; Carlos Rafael Torres Velásquez, (1905-2001), fue un viejo sabio ejecutante del Banyo, lo aprendió a tocar sin maestro  utilizando un plectro, los ingleses  llaman a este instrumento Banjo, oriundo de Santa Cruz de Aragua, fue padre del conocido Pediatra doctor Carlos Torres Quintana. 


Rafael Almeida “Petit”, interprete del Bajo, timbales y tumbadora

Pedro Ramírez Peña fue además saxofonista de la Banda de Concierto “Nicolás Leal” de San Juan de los Morros, dirigida por el profesor Germán Cordero Padrón, quien   igualmente dirigió hasta su jubilación  la Banda Marcial del estado Guárico. A muchos de ellos conocimos y en ese avance quedaron los roces de la amistad. Pocos viven. La mayoría emprendieron el viaje a la infinitud pero continúan engarzados en el recuerdo de nuestros años juveniles.

En los años 50-60  el popular Víctor “sordo” Criollo, fue  acomodador, custodio de las partituras y encargado de abrir y cerrar los atriles de la famosa orquesta  Siboney y de la banda musical del municipio. Tanto la orquesta Siboney como la Banda  Municipal acostumbraban reforzarse con músicos circunvecinos, igualmente aplicaban  lo que  algunos llamaban “matar tigritos”, que no era otra cosa que los toques ocasionales con menor número de músicos, con lo cual se ganaban unos cobritos de más.

Yo  alcancé a conocer por ahí en la década de los sesenta muchos de los músicos nombrados, algunos con la orquesta “Siboney”, agrupación animadora de bailes de gala, retretas y festejos populares con sus  cantantes  Armando Corniel, Raúl Agraz y Víctor Córdova. Fueron también cantantes Leo Rodríguez y Teobaldo Parra Coronado. Encontramos evidencias reveladoras que en los años cuarenta el gran Simón Díaz, fue primero Atrilero y después bolerista de la orquesta Siboney.  Y vi tocar también  la afamada banda municipal, conducida por el disciplinado maestro Víctor Ángel Hernández que amenizaba de manera instrumental las retretas vespertinas, dos días a la semana, desde  la plaza Miranda de la Villa, bajo los auspicios del Concejo Municipal zamorano.  Algunos músicos alternaban en las dos agrupaciones. Este reconocido maestro dirigió también la orquesta “Juan de Landaeta”.

No olvidamos que a  la altura de la edad moza disfrutábamos la grata costumbre de reunirnos a la entrada de la plaza Miranda, para ver en las noches pasear a las muchachas por sus avenidas  olorosas a cedro, cuando explotaban sus frutillas en el piso. Las jóvenes venían a disfrutar las retretas o de la música grabada que salía de  unos parlantes colocados en  su arboleda; las muchachas  giraban varias vueltas a la redonda de la plaza antes de concretar su entrada al cine Ayacucho. Asimismo recuerdo que en aquel tiempo no había privilegio de clases sociales, igual nos reuníamos en la plaza, en un campo de pelota o en las aulas de la escuela, pobres con ricos. Tiene razón don Félix Hernández Castillo al expresarnos: “pobres y ricos estábamos  unidos en un sentimiento fraterno”. 
Ya había escrito  al comienzo que estas evocaciones que he tratado    es solo una parte de la historia musical de  Villa de Cura, de mitad del siglo XX, nadie puede creer que es  todo lo que hubo. A todos los mencionados y los que restaron por mencionar nuestro eterno recuerdo. Seguramente falta mucho por escribirse sobre la expresión  musical villacurana de antiguos y de nuevos tiempos que deben ser estudiadas.

Villa de Cura, junio de 2016




                                                                  




domingo, 19 de junio de 2016

UN POEMA…UNA CANCION


                                                             Por Oscar Carrasquel

    A Yisel


Acaso alguna vez te has preguntado
¿De dónde nace la poesía?
Y te habrás contestado:
En donde mismo nace el amor.

Tal historia me la refirió el viento,
No se hace un poema
ni tampoco una canción,
Es un encuentro al instante 
con el entorno.

Se encuentra en el fondo de la lluvia
a cualquier hora del día.
En el estallido de un relámpago.

Quizá en el fundido vello sobre una piel,
En el chispazo de unos ojos inquietos
que no sabes de qué color son todavía.

En una frase que al corazón cautiva enseguida,
En el viento que acaricia tú pelo, 
En una madrugada fría.

Hace poco la encontré  
sumida en  su congoja
en la cartulina de una fotografía.



                                                    Invierno de 2016




SUSANA DUIJM




Por Oscar Carrasquel

En Porlamar por fin
tu potestad hoy entregaste
¡Oh! siempre Reina SUSANA DUIJM
Finiquitando el tránsito de tu vida

La muerte vuelta una sombra
En su vuelo remoto
Con todos sus secretos
hoy te vino a buscar

Al viento se oyó bramar
desde Juan Griego hasta Pampatar
mientras un par de gaviotas dibujaban
un  arco gris sobre un altar

Qué triste se pondrá el farol
al saber que  en la ventisca naufraga 
Del universo la más bella y guapa

En el trono celestial, ninguna otra, 
Esta corona te disputará
Entre las madres más agraciadas del cielo 
el Creador ahora  te coronará.


 La VilIa, invierno 2016



Hoy sábado 18-06-2016  falleció la miss Universo 1955 Susana Duijm. La primera Miss Mundo venezolana. Nació en Aragua de Barcelona el 11-08-36 y falleció hoy en PORLAMAR.  Víctima de un ACV. A través de las redes sociales  sus familiares solicitaron medicamentos que no se consiguen en ningún instituto público , menos en farmacias, gestiones que resultaron infructuosas, según declara hoy a a los medios su hija Carolina Cerutti.

Esta reina de belleza acompañó al entonces presidente de Venezuela Marcos Pérez Jimenez em el año 1956 cuando se inauguró en Villa de Cura la primera manga de coleo de Venezuela.
Como homenaje de recordación, porque yo pertenezco a su misma generación, le escribí estos versos.

miércoles, 8 de junio de 2016

ODA A UNA GUITARRA

        

                                                           Por Oscar Carrasquel



Yo  lo  más parecido  que encuentro
a la  hermosura de una mujer de madera
es la guitarra de Víctor David Parra

Tiene glamour
Tiene curvas y contornos
Tiene colorido y gracia
Y  tiene la suavidad de una flor

El músico-poeta la enamora
y la atrae a su pecho
-Para sentirla-
Ella, la mujer de madera, lo conquista.

Acaríciale con la yema de sus dedos
de arriba  a abajo
sus largas y bronceadas trenzas 
Saca de lo más adentro de su cuenca
un rumor de ilusiones y alegrías perfumadas

Yo   he oído su voluptuosidad
en el silencio de una medianoche
trasnochando el sueño de los astros

Suspirando sus alegría y sus ilusiones
Escoltando sus elegías hechas canciones,
Transportando también sus ideales.



                                                      La Villa, invierno 2016



domingo, 5 de junio de 2016

TIPOGRAFIA J M MORGADO… UN RINCONCITO BOHEMIO (SEDE DE LA PEÑA MORGADO)









                                                 FOTO: CORTESÍA DE ELIO MARTINEZ 
                                                  (Tomada de un recorte de su hemeroteca)


                                           
                                                    
                                                          Por: Oscar Carrasquel

(Este escrito se concluyó el 19 de mayo del 2016,
pocos días antes del tránsito de JM Morgado a la eternidad) 


En nuestro país, dícese de las Peñas que son  “puente de saber, cultura y cordialidad”. Así cataloga en sus diversas publicaciones nacionales el archiconocido Círculo de Escritores de Venezuela (CEV) para hacer una definición de las diversas peñas y tertulias que se registran en nuestro país.

Villa de Cura antes fue un  pueblo que de manera paulatina se fue convirtiendo en ciudad. Tuvo en otra oportunidad  muchos lugares campechanos,  muy distinguidos y emblemáticos,  para facilitar a sus moradores y visitantes el entretenimiento espiritual. Pongo como  ejemplo el afamado botiquín  TANGO BAR por la calle Jaime Bosch en Las Mercedes, del “Moreno Porteño” José Pérez, que fue abrigo muchos años de la peña tanguera villacurana,  al igual que lo fue la Panadería El Comercio, de Juan Pancho Rodríguez.  Y el otro rinconcito bohemio  fue  el taller de sastrería del caraqueño Don Augusto González, en la calle Miranda, refugio de forasteros que visitaban la ciudad como el poeta Luis Fragachán. Allí lo pude ver yo resonar en su romántica guitarra muchas de sus composiciones  ¡ Ah! Y cómo olvidar la Sastrería de don Víctor Montenegro, muy amigo de la farra y del cuotidiano sancocho, y casi siempre abría espacio a la bohemia urbana.

De la misma forma transitaron por sus calles muchos personajes que le dieron renombre a la bucólica Villa, cuando toca referirme a Pata è turca, Loco Lindo, Pirulí, Chivo blanco, el flaco Aníbal, la loca Amparo, Juan Torero, Correíta, el otrora pregonero Ramón “El lotero” y otros que, con el transcurrir de los tiempos,  han sido  guardados en la memoria popular como personajes privilegiados, porque  en la menuda historia de nuestro apacible vellorio, fueron  considerados como parte de su tradición
.
Hilvanando  estas ideas, yo nunca olvido uno de los lugares más acreditados en Villa de Cura  como lo fue la Tipografía JM, una  imprenta montada por el escritor, periodista de larga trayectoria y poeta José Manuel Morgado, para fabricar talonarios, tarjetas de bautizo  e invitaciones para entierros; cuya sede conocimos primero, por los años 50, en la calle Comercio frente al bar del inmigrante  italiano Juan Trotta, después  instaló su taller en la calle Bolívar y Villegas, por los lados de la alpargatería de don Leandro Nieves, Y por último, mudada para la calle Páez, frente Almacenes Cristo Rey. Pero, efectivamente, el primer encuentro de José Manuel con el lenguaje de un Chibalete fue en la tipografía de su tío Inocencio Adames Barrios, de quien aprende y se pule  en el oficio.

En el interior de su tipografía vimos positivamente nacer, crecer y posteriormente nos hicimos amigos  de una muy reconocida peña literaria llamada La Peña de Morgado. Allí llegamos un día acompañados del periodista José Seijas, fundador  y director del periódico  El Vigía. Rondábamos por La Villa en su camioneta Wyllis repartiendo su periódico,  Joseito Seijas y yo. Él, como siempre, pulcramente vestido y de gorrita al estilo nerudiano. A partir de aquella fecha  me convertí en asiduo visitante de su taller tipográfico y  después continuamos una bonita relación de amistad y el contacto permanente  transitando con la música y la poesía.

Coincidí más de una vez en las tertulias de esta peña con el fecundo poeta  Vinicio Jaén Landa. A esta estirpe pertenecía también la poetisa Rosana Hernández Pasquier, Victor Parra Rivero y el editor Inocencio Adames “Chencho”.  Procedentes de Maracay estado Aragua, recuerdo como eventuales concurrentes a las reuniones de la peña a José Aloise Abreu,  Julio Morillo (caricaturista), Pedro Ruiz, Omaira Ochoa, Luis Alberto “El Toro” Contreras, José Rosario Delgado, Olga María Agrinzones,  Oldman Botello, periodistas todos o columnistas de las páginas de  El Siglo. Y algunas veces  el poeta  Pedro Ruiz venía acompañado del  concertista de guitarra  Efraín Silva a ofrecer sus interpretaciones. Recuerdo asimismo en el mismo circulo al poeta  Aly Pérez y  el artista del pincel Carlos Martínez, Cejota.

El espacio de la  Tipografía JM, especie de sede de esta peña cultural, en su dirección de la calle Páez, no era muy desahogado, pero cabíamos todos, estaban a la vista y disponible para la lectura de cualquier visitante, los diversos libros publicados en prosa y poesía por el  poeta Morgado,  además de casi  la totalidad de las ediciones de un periódico humorístico muy conocido como El Cotejo Mocho, “Un periódico sin rabo”. Este cintillo aparece en la primera página conjuntamente con el dibujo del   chucuto reptil. Esta publicación  de fino humor tuvo una vida de más de treinta años de circulación ininterrumpida y posteriormente él hacia el esfuerzo para que saliera al aire  de manera fortuita.

En muchas oportunidades concordábamos con  amigos en abundancia  de acá  mismo de La Villa, entre ellos con Juan Bautista Alayón,  máximo exponente de la peña tanguera villlacurana Manuel Jiménez, Germ{an Cordero Padrón, con todo y su trompeta, interpretando una pasodoble que un día de Santa Cecilia le compuso al Cotejo Mocho,  J. E. Carrasquel, antiguo corrector del diario caraqueño Ahora Juan José Vargas, una vez bautizado  por su compadre Simón Díaz como “El poeta del zapateo”; Antonio Moreno, Antonio Martínez Santaella  y  El Che Julio Martínez;  Pedro Ezequiel González, quien a veces se escapaba de las reuniones para llevar serenatas; Walfredo González, Rafael “chiquito” Rodríguez, el sastre guitarrista Jesús Revilla;  al igual que Esteban Nieves, que alternaba la guitarra con el toque de la bandolina, cantando su hermano Adrián Nieves, el trovador Aníbal Lara, Carlos Parra, acariciando las cuerdas de su Tatay; el tenor José Ángel Fagundez; Rafael Almeida Petit, el rey del bajo y los timbales y el intérprete de la canción Argentina Eladio Lovera, y otros.

A esta cita bohemia  de gran cordialidad no faltaba Gustavo Niazoa, el popular Chingolo, con su cuatro debajo del brazo; Braulio Pérez Balza, que era un artista desentrañando canciones del indio Araucano y  Evelio Román, mejor conocido como “Gentile”, que rebasaba la sala afinando su requinto, era embajador sin credencial del botiquín de “Ruñido”  en  Las Mercedes. A veces se aparecía Edgar Macero, conocido como “Tragedia”, quien contaba  sobre sus noches de goce sibarita en el desparecido lenocinio “La Cita”, cuando aquel flaco era un joven, bohemio y enamorado.

Es bueno  decir que  mi  amigo JM Morgado vive todavía por obra de  Dios, los años, le volvieron los pasos lentos  como andar de carreta, sin embargo su hijo Miguel Morgado quedó como siguiendo su legado tipográfico. En días recientes  a Miguel le dispense una visita en  lo que sería al presente el sitial nuevo de la Tipografía JM. Debo agregar que este joven está familiarizado con el teclado y fue trompetista de  grandes orquestas capitalinas, entre ellas Los Melódicos, además de ser un exquisito compositor de música popular y un gran amigo nuestro que incursiona como su padre en la poesía.

Cualquier persona, no importaba su posición en la colectividad podía militar en esta conocida peña, la  condición imperativa -decía su creador- es que ostentara este par de vocablos: “sensibilidad y sentimiento”. Aquí en esta peña llegaban gentes de cualquiera ponderación política. A nadie se le pedía carnet de partido. Era como “La Viña del Señor”, donde cabían todos. Se escuchaban recitar poemas de diversos autores,  tanto de Andrés Eloy Blanco, como del cubano Nicolás Guillen o de Aquiles Nazoa y Pablo Neruda.

Cuento a manera de anécdota que cierto día acudió a buscar fichaje a la peña un personaje vestido de ropa limpia y camisa por fuera, y prontamente se retiró  dejando esta frase a los allí reunidos: “Yo con la poesía  me aburro”. A  nuestro JM se le agotó la sencillez agarró bolígrafo y papel y lo despidió de una manera simpática: - Amigo, dices que con la poesía me aburro…“Recuerdos de Gallegos se me cuela/cuando dice la dulce Marisela/que la miel no está hecha pa` los burros”.   El amigo se presentaba siempre como un fantasma, aparecía y desaparecía. Apacibles creaciones poéticas de JM y de diversidad de poetas y escritores se escuchaban durante el intermedio en la voz de retumbo de Teobaldo Parra. Allí mientras se grababa en un aparato reproductor, la música era silencio como un conejillo dormido.

Nadie mejor para contar historias menudas y sencillas de La Villa y de sus personajes que el talento del poeta Morgado. Siempre encontraba tiempo para compartir su espíritu bohemio y de humorista nato con todos sus amigos. A veces se presenciaban ingeniosas interpretaciones teatrales de Teobaldo y Morgado, metidos de lleno en sketchs  originales del Ruiseñor de Catuche  y  de otros humoristas venezolanos como Rafael Guinand y otros autores.

El poeta JM tenía como costumbre leer y escribir sobre una agenda de forras azules  en cualquier rinconcito, en su solaz, o mientras se desarrollaban las tertulias en la peña. Morgado fue un hombre con profundo conocimiento del paisaje de su pueblo y del contacto íntimo con sus personajes, de los cuales  nos muestra abundantes ejemplos en sus escritos y poesía. Del correr   de los garbos y peripecias de estos actores fue un profundo conocedor.

Teobaldo Parra Coronado -este era su nombre- pero también respondía como TEO, fue un personaje muy original y ocurrente, un apasionado lector de todo lo que llegaba a sus manos; era un hombre alto, flaco y desgarbado que lloraba sin lágrimas, muchas  veces  cuando recordaba todos los capítulos de la novela  Doña Bárbara del maestro Rómulo Gallegos; a uno le daba la impresión que había viajado  al estado Apure junto con el escritor, cuando éste escribió la novela en el hato La Candelaria. Tenía este señor una retentiva envidiable y además una especial admiración por el novelista venezolano, para también recrear su memoria  en otras de las obras del gran maestro como son:   Cantaclaro y Canaima. La carta que el Libertador le escribiera unos días en diciembre de 1830 a su prima Fanny,  completa se la sabia Teo de memoria.

Yo nunca  me perdía la ocasión de leer todo lo que publicaba el poeta JM en su periódico, igualmente veía sus escritos en  Cuartillas, un suplemento  literario dominical encartado en el diario  El Siglo,  Además todo lo que él suscribía en  el periódico El Vigía y la revista Expresión. De repente me mostraba  o me dedicaba uno de sus poemarios, o un recorte de “El Quijote”, que dirigía JL Sanabria Méndez. Y de otros periódicos fundados en antaño por este tipógrafo y periodista,  como  fueron El UnitarioEl Villano.

Esta llamada Peña de Morgado no poseía estancia fija, sino que era itinerante, libre como el viento, parecía una hembra vagabunda; de repente se trasladaba al aire libre del valle de Tucutunemo, o se mudaba para  El Cortijo,  a  la estancia de Joselito Seijas, o se instalaba bajo la matica  de semeruco de Oscar Carrasquel; de repente estaba en  el rancho de empalizada de cundeamor de Héctor Lombano “Casunga”, en el bar La Garita de Carlos Almenar. A veces se desplazaba por una larga vereda en casa  de Wladimir Morgado, en El Toquito  y se reinstalaba en la casa alquilada que habitaba JM en la parroquia Las Mercedes, frente al picacho de “Los Chivos”, sombreada por una mata de cotoperiz cuyo ramaje respiraba para la calle, donde todas las actuaciones  y conversaciones eran solazadas por el trino de una paraulata “ojo e’ candela” domesticada por el poeta en un humilde cautiverio.

“Agarra el suiche Oscar, de tu carrito y vámonos al sur”.  Me incitaba  el poeta en unos versos que me mandaba con Toño Martínez. En efecto, en muchas ocasiones nos trasladábamos a San Sebastián de los Reyes y otras localidades del sur de Aragua, siguiendo una carretera solitaria de matorrales y potreros cercados  de “pate’ ratón” y también trochábamos los caminos del llano. No faltaba alguno de los viajantes que disfrutando del paisaje se echaba un palito cultural de “pecho cuadrado”, servido en una totumita, que decía Teobaldo, se la había donado don Lorenzo Barquero, una vez  que se conocieron en El Palmar de la Chusmita.

Todas las canciones, poesías, relatos, cuentos y comentarios que producían los militantes de la peña de Morgado, quedaron grabados  en caseticos de la época  y tenían espacio permanente  en unos cajoncitos de madera allí guardados en  los escaparates de esta “Morgadoteca”. Durante los viajes los escuchábamos y disfrutábamos en el reproductor del coche.

He tratado de hacer un panorama preciso de la vida de esta peña cultural que tuvo muchos años de vigencia en la ciudad de Villa de Cura. He pretendido ponerle hoy un poco de cantares y colores, como  homenaje de recordación y afecto a  nuestra queridísimo poeta JM  Morgado, a quien no he vuelto a ver en tanto tiempo, pero sé que  el 8 de agosto  de 2016 estará arribando a 92 años de peregrinar en la vida.

Ya sabemos  que ocioso sería buscar en confortables galerías el nombre de este grupo que cumplió con todos los parámetros de la sencilla historia bohemia-cultural de la Villa de Cura de una época, Nos conformamos con saber que aún con el pasar del tiempo  la Peña Morgado y también la Tipografía J M, aún se conservan en la memoria  de las  viejas y nuevas generaciones.





 


                                                                                                              La Villa, 19 de mayo  2016



EL AMOLADOR



                         
                                                       Por Oscar Carrasquel



Con su fragua de mano pasa el afilador
reviviendo historias de  la vieja Villa
Acurrucado en su banqueta
Dale que dale
vueltas a una manilla.

Desde lejos miro sus ojos de brillo
que rompen la luz opaca de la tarde
Mientras una lluvia de minúsculos meteoros
emergen del vientre de una hoja de cuchillo.

Con el silencio de la calle 
prosigue su religioso camino
Y como un quejido de la brisa
-De esquina a esquina- 
va sonando su afligido chiflido.
                                                              




   La Villa, junio 2016





sábado, 4 de junio de 2016

VÌCTOR MARTÌNEZ, GLORIA DEL DEPORTE ARAGÜEÑO



Por Oscar Carrasquel


Habría que comenzar señalando que cuando los ensayistas deportivos en un futuro se decidan a escribir sobre la historiografía del deporte aragüeño, justo  seria tomar  en cuenta el nombre de VÌCTOR MARTÌNEZ. Por supuesto que la historia  deportiva de Aragua tiene muchas caras visibles, y que la  de este  reconocido personaje  villacurano no debiera de pasar alto, por tratarse de una de las tantas por mencionar dentro de esa pléyade de personajes que ofrecieron su contribución para que el estado Aragua sea una referencia nacional e internacional en diversas disciplinas deportivas.

Fue conocido a secas como VÌCTOR MARTÌNEZ, un hombre activo en sus diferentes facetas y responsabilidades cumplidas. En su vida supo agrupar, atender y promover eventos deportivos de cualquier naturaleza, lo que le valió  multiplicarse en diversas realizaciones en su pueblo natal Villa de Cura, en Maracay  y en toda la región aragüeña.

Aunque  como jugador de béisbol su carrera puede considerarse como fugaz, se dedicó después por entero a su rol de dirigente  y a desarrollar su talento como  auténtico coordinador de todos los deportes. Por eso lo encontramos como entrenador, fundador de conjuntos de softbol, futbol, atletismo, creador de ligas y equipos; organizador de campeonatos  en todas las categorías en la entidad aragüeña  y cumpliendo con su rol  directivo  planifica eventos y encabeza delegaciones deportivas de carácter  nacional e internacional.

VÌCTOR MARTÌNEZ fue poblador del  barrio Las Tablitas  de Villa de Cura, del callejón 3, cuando Villa de Cura era un núcleo pueblerino, donde vino al mundo el 15 de junio de 1935, producto de la unión conyugal de Adela Rodríguez de Martínez y Rosendo Martínez, mejor conocido en la barriada como “Rosendito”. Este matrimonio conformó una de las primeras familias fundadores y residentes de esta popular barriada. Víctor era tío de Carlos José Martínez “Cejota”, artista plástico de reconocida trayectoria nacional.

En su primera etapa como jugador infantil aparece como integrante de los conjuntos de béisbol callejero los  “Buitres” y “Gavilanes”, cuando se jugaba con bates de palo de cují tallado, pelotas de pabilo forradas en adhesivo y guantes de lona. Recuerdo que estos coloquiales  implementos para jugar béisbol lo fabricaba –trazados y cosidos a mano- mi compadre Juan Bautista Alayón y un muchacho aficionado al canto de apellido Guirados que con él aprende el oficio. En ese transitar impulsa junto con José Arnaldo González “Perdigón”, Eliseo Briceño y Carlos “viejo” Graterol   la creación del equipo infantil “Caribes”. Ya usando uniformes, bates y guantes manufacturados. Y tiempo después miembro de la junta directiva de nuestro equipo juvenil “Cerveza Caracas”, por allá en los años 58-60. Su menor hermana, la gentil señorita Adelita era una de las madrinas de este equipo.

Debido a las  precarias condiciones económicas de la familia comenzó desde temprano a fajarse con la vida que llevó siempre con dignidad, la lucha la aprende quizá por ser descendiente de “Rosendito” que fue toda su vida un hombre trabajador. Víctor, con apenas 15 años de edad ingresa a trabajar a la Farmacia Central de don Félix Valderrama, desde 1950 hasta 1970. Pero luego su experiencia como auxiliar de farmacia la despliega en la Farmacia “Santa Eduviges” de Maracay, en dos etapas 1971-73 y 1985-1995. En la Botica El Carmen de Tucacas estado Falcón, en el espacio 1974-77. En la Farmacia “Los Morros” en San Juan de los Morros en el mismo año. Y en  1980 en Farmacéutica “Blawbach” de Valencia, estado Carabobo. Sin descuidar su pasión por el deporte, donde siempre estuvo la fecha y hora precisa cuando le requerían.

Enmarcado dentro la actividad deportiva en el año 1956 es designado como Secretario de Actas de la recién creada Liga de béisbol A del Distrito Zamora de Villa de Cura, durante el ejercicio como presidente de la Asociación  de béisbol del estado Aragua del profesor Luis Carrillo (ABA).

En el año 1957 funda el equipo “La Villa”,  de categoría A, para  luego participar en el torneo organizado por la liga de béisbol de Zamora por la copa “Ramón María Acosta”.

En el año 1959 surge como fundador junto con el señor Enrique Flores del equipo “La Criolla” clase AA, y el mismo año participa en  el campeonato estadal en el antiguo estadio José Pérez  Colmenares. El equipo  La Criolla escenificó muchos encuentros acá en su sede estadio La Aduana (detrás de residencias médicas). Se midió con muchas divisas de grandeza  a campo abierto en la sabana, entre muchos otros con Caribes de Cagua, Papelera de Maracay, Policía de Caracas, Cartografía Nacional, Universidad Central, OSP de Puerto Cabello y OSP de La Guaira.

En 1960  junto con otros dirigentes le dan vida a los  primeros equipos de Softbol en Villa de Cura realizando intercambios amistosos con clubs de San Juan de los Morros, Guigue y Maracay, en cuyos equipos militaron jugadores de excelente figuración como fueron Pablo Acosta, Ñemita Martínez y Andrés Grillo Álvarez.

En 1961 es cofundador de la liga criollitos del Este en Maracay, en compañía de Francisco Matute, Juan Bautista Nieves, Luis Zambrano y Luis Ramos, padre de los jugadores de béisbol profesional Wolfang y Luis Ramos.

El 20 de febrero de 1962 funda junto con otros dirigentes una de las más grandes  corporaciones del deporte menor como es Criollitos de Venezuela. Seccional Zamora, estado Aragua, con el asesoramiento y dirección de su presidente nacional doctor José Del Vecchio.

En agosto de 1966 representa nuevamente los colores de Aragua con el equipo Las Tablitas BBC de Villa de Cura, resultando campeón del primer campeonato nacional junior de los Criollitas de Venezuela realizado en Punta Cardón estado Falcón. Hazaña comparable solo  con el laurel  conquistado por del equipo juvenil villacurano “Ayacucho Star” en Caracas en 1943.

Su incursión como jugador activo de softbol se produce en los años 1965-70 y su desempeño se materializa en el campo del Club Aragua de Los Tanques y en otras ciudades como San Mateo, La Victoria, El Consejo, Los Teques, San Juan de los Morros, y otras localidades.
La Liga Los criollitos  seccional Aragua le encomiendan la fundación de la liga de Girardot en 1974,  lo propio hace  en el Distrito Silva, Tucacas estado Falcón y también la liga del Distrito Roscio del estado Guárico  el año 1977.

En el año 1978 le corresponde la creación del club de béisbol Las Tablitas clase A de Villa de Cura y al mismo tiempo, crea la liga de atletismo junto con otros atletas de Villa de Cura. El señor Julio Bolívar presidía la Asociación de Atletismo del estado Aragua. En este sentido incorporó la carrera de  maratones y juegos tradicionales a las  fiestas de decembrinas en Las Tablitas, para el esparcimiento de la juventud. Creo que las nuevas generaciones  no supieron captar y menos valorizar el esfuerzo de VMR.

A finales del 78 se incorpora nuestro personaje a la liga de béisbol clases A y AA del Distrito Zamora, cuyo presidente de la Asociación de Béisbol del estado Aragua  era el señor Remigio Hernández,  después le siguieron Pedro José Martínez y Pepín Ariems.

En 1980 es designado  delegado  por el equipo Veteranos de Mariara y  también desempeña el mismo cargo con el Deportivo Silva BBC de la categoría AA en Tucacas estado Falcón.
En su regreso a Villa de Cura en 1985 se incorpora como secretario de Relaciones Públicas de la liga de béisbol de Zamora, afiliada a la Asociación de Béisbol del estado Aragua. Y ocupa funciones de anotador oficial, promotor y organizador de eventos.

En el año 1977 el destino le dicta que debía que hacer un alto en el camino. Es  operado  de laringe y cuerdas vocales en el hospital  Luis Razzeti de Caracas, queda sin voz, Y emprende una nueva lucha porque debe aprender a hablar a través de ejercicios abdominales y diafragmáticos. Esta eventualidad no fue motivo para entregarse, al contrario continúa su trabajo deportivo en oficinas y campos donde era requerida su presencia. En este sentido  se incorpora a una misión social como instructor de voz esofágica de los laringectomizados en hospitales especializados de varias ciudades de Venezuela y Centro América.

En 1990 trabaja en la parte organizativa de la primera serie de béisbol menor internacional celebrada en Villa de Cura  con la participación de conjuntos de las islas de Curazao y Aruba.
En 1993 en el mes de octubre viaja a la Habana Cuba en actividades relacionadas con el béisbol menor y hace contacto con Felipe Sierra representante de la liga cubana, categoría menor. Visita campos abiertos y estadios de la ciudad capital, aprovecha para extender su misión hasta la más importante liga de softbol de la Habana, que agrupa más de 300 clubs presidida por el ingeniero Carlos Alberto Díaz.

En 1993, en  el mes de noviembre se traslada a Republica Dominicana a través de la Academia de béisbol que preside del profesor Ernesto Junior Feliz, y concreta la realización de la primera serie invitacional realizada con los conjuntos de  la liga de Zamora,  en tres categorías.

En julio 1995 se realiza la primera serie internacional en Palo Negro, categoría pre infantil e infantil, VMR coordina y dirige todo lo relacionado con atención, recibimiento y logística,  German Caldera desempeñaba la presidencia de la ABA.

Entre 1996-99 presta sus servicios como coordinador y organizador  de campeonatos de softbol y béisbol menor  en el campo del Centro  Social Aragua de Villa de Cura, y al mismo tiempo anotador y recopilador de los juegos que estos clubs  realizan.

Cabe destacar que el 19 de abril de 1999  se vuelven a recoger los frutos y esfuerzos de VMR; ese día el estadio Ramón María Acosta  abarrotó de público sus gradas y adyacencias para recibir a la representación de Cuba  a su regreso Winnipeg Canadá, donde la selección de la isla caribeña se habían titulado campeones, cuyo evento fue planificado a beneficio de un niño que padecía de leucemia. Dios lo tenga en la gloria.

Por su actividad en beneficio y desarrollo del deporte  en Aragua, recibe múltiples condecoraciones y reconocimientos, en especial El Samán de Aragua de la gobernación del estado Aragua; orden ciudad de Villa de Cura, orden José Pérez Colmenares por la ABA en Maracay, orden Día del Beisbolista, en Palo Negro; placas diplomas  y honor al mérito de la Corporación Criollitos de Venezuela, Caracas. Pergaminos en Tucacas, en  Cuba y República Dominicana.  Y en Ateneos y Ligas  deportivas de La Villa, San Francisco de Asís, San Sebastián de los Reyes, San Casimiro, San Juan de los Morros, La Victoria, Barcelona, Santa Cruz de Aragua, entre otros.

Detallando sus múltiples facetas deportivas Víctor  nos demuestra que fue un hombre que amó el deporte en el estricto sentido de la palabra. No era periodista egresado de claustros académicos, pero mostró su inteligencia y habilidades como comunicador en el área deportivo. Todas las menudencias en un campo de juego la llevó  su pluma a las páginas de deportes de los diferentes medios de comunicación del Aragua y Guárico. Fue corresponsal de matutinos de la región central y llevaba una crónica en el periódico El Vigía  llamada “Tribuna del fanático”, y escribió diversas páginas para la revista EXPRESIÒN de Villa de Cura, siempre con temas concernientes al deporte.

Todo esto y mucho más fueron las facetas que adornaron la vida de VÌCTOR MARTÌNEZ, y la síntesis de una agradable y fluida conversación con él. Fue un día que yo regresaba de mi trabajo y aprovechamos para hablar largamente sobre la intimidad de su vida deportiva, dos meses antes de su viaje a la eternidad, nunca pensé que sería ésta la última  vez que oíamos su esofágica voz,  ambos arrellanados en un banco de una plazoleta de Villa de Cura.  
Este hombre de vida vertical y deportista a carta cabal falleció el 11 -09-2012. Contaba 77 años de edad. Los que fuimos sus amigos de toda la vida su muerte nos causó una profunda conmoción. Considero que el Estado debería incluir su nombre en la lista de glorias del deporte de la región aragüeña.



Villa de Cura, 03 de junio de 2016