lunes, 30 de noviembre de 2015

LOS CALETEROS A PULSO - UN OFICIO DEL PASADO

Por Oscar Carrasquel

Hace más de seis décadas, en tiempos cuando Venezuela era gobernada por el General Marcos Pérez Jiménez, hubo una imagen que no causaba curiosidad alguna en el habitante de Villa de Cura, como fue observar en la vuelta de cualquier esquina la labor llevada a cabo de manera cotidiana por los transportadores de caleta. 

La escena era una fila de hombres en guayucos y con el torso  descubierto, llenos de sol, con un pedazo de fardo sobre su cabeza. Eran hombres (jóvenes y viejos) de buena disposición física, descargando a pulso los viejos camiones Ford y Chevrolet de tablillas, subiendo y bajando aceras, atravesando el umbral de las puertas de los Almacenes, cargando sobre su cabeza la diversa mercadería seca, con sello y firma de poderosos importadores de la época como DAO,BECO, BENEDETTI, TAUREL, BOULTON, etc, la cual llegaba a Venezuela a través de los tradicionales Puertos de La Guaira y Puerto Cabello; la mercancía que provenía de los mercados de Europa y de Norteamérica.Se importaba mecates, clavos,harina de trigo, cemento, productos de tocador,  alambre de púas, perfumes, telas, licores, entre otros,  para satisfacer los pedidos de los grandes almacenes de La Villa, cuando un dólar americano se cotizaba libremente  en Bs 3.35. ¡Así sería de poderosa en aquella época la moneda venezolana!

La firma comercial más grande y emblemáticaen Villa de Cura era el almacén del sello MARTIN HERNANDEZ R E HIJOS, contaba con dos sedes: una en el edificio que envuelve toda la manzana frente a la plaza Bolívar y el otro por la calle Real (Bolívar), cruce con calle Doctor Urdaneta. Sin embargo, existieron en ese tiempo más de una docena de medianos y pequeños almacenes de los cuales nos ocuparemos en un escrito aparte.

En la misión de cada uno de estos valientes ciudadanos entregados a este abnegado trabajo de caletear y luego organizar la mercancía en el interior del establecimiento y disponerlos para venta, estaba el objetivo de recibir a cambio una precaria retribución monetaria con lo cual lograba el sustento de él y de su familia. Eran días en que ciertamente en La Villa escaseaban las fuentes de trabajo estable. Los habitantes de la urbe vivían generalmente de trabajar en el comercio,  la alpargatería y talabartería; además de  la actividad agropecuaria, como elemento esencial de la pequeña economía de todo el municipio o distrito Zamora.

Estos hombres que se dedicaban a la caleta provenían casi todos de sectores de Villa de Cura, vivían humildemente junto a sus familias en viviendas de bahareque y zinc; venían de los barrios Las Mercedes, Los Tanques, La Represa, Los Colorados, Las Tablitas y Los Coloraditos. Faltaba mucho para que la población se multiplicara en tantas barriadas.

Entre algunas cosas que podían contarse de estos personajes, es que eran hombres musculosos y recios para el trabajo, y además guapos a la hora de empinarse el pico de una botella para embriagar el alma; la bebida era como una especie de refugio de sus penalidades y sus esperanzas, pero solo hallaban quimera, y como las aguas de una “madre vieja”, ellos preferían la intimidad del silencio. Algunos supervivientes por ahí comentan que la afición por la caña era para darse ánimo y amortiguar el cansancio que dejaba la dura faena de todos los días.

En nuestros días este proceso de carga y descarga se hace con el uso de montacargas hidráulicos y utilizando carruchas. A diario se aprecia esta labor frente a los negocios de chinos, mientras el ciudadano irrumpe en la cotidianidad  de largas colas, con la expectativa de adquirir algún producto que traigan los camiones cavas.

Hoy podríamos mencionar algunas de estas personas que a pesar del tiempo transcurrido todavía guardamos en la pantalla del recuerdo: Rosendo Flores, José Mujica, José Isabel Barrios, León González, Cesar Augusto Mendía, Antonio Ochoa, Raimundo Díaz, Jesús Núñez y José Alejandro Martínez.

No debería sorprender que expliquemos que entre este gremio de caleteros, se conocían y nombraban unos a otros por el apodo, y no por su nombre propio; fueron muy conocidos en esta labor: Sufrido,  Tabaquito, El Llanero, Peazoe’ mama, Cachapa, Nariz de sillón, Mala pulga,  El Papa, Sapo amarillo,  Mastro zurdo,  Braulio, Monroe, Cantinflitas, Niñote, Mojón de tigre, Medio postín; fueron sobrenombres que siendo muchachos,  en la cotidianidad nos  aprendimos de memoria, cuando eventualmente nos entremetíamos en sus tertulias, y susurraban y se contaban nuevas y viejas historias.

Los Caleteros fueron personajes populares de los pueblos, trabajadores de gran valía y de mucha fuerza y resistencia física. Bebedores cotidianos. Nos complace recogerlos en la crónica para rendirles homenaje, valoramos la actividad laboral que desarrollaron en los días más productivos de su existencia. Nos llena de satisfacción recordarlos con nostalgia y respeto, incluso a aquellos que por olvido no nombramos; la gran mayoría de ellos ya emboscados ineludiblemente por la muerte.

¿Quién sabe cuántas ilusiones, cuantos logros,cuantos sueños y frustraciones se atravesarían en su camino?



La Villa, invierno 2015


COMENTARIOS:

De: Maritzan Diaz Navas Me acuerdo de estos caleteros, de verlos bajar los sacos en el almacén de Manuel Melo y cuando estaba en casa de mi abuelo Juan Aguilar que quedaba a media cuadra y cuando pasaba a comprar rebanadas o bizcocho redondo en la panadería de Juan Pancho ¡Qué tiempos aquellos, que queda el recuerdo y no volverán!

30 de noviembre a las 15:53

De: Maritzan Diaz Navas
Buenos dias, yo soy de los 70, no de esa época,  pero sí vi caleteando sacos con pantalones cortados x ellos,  me encanta esa época,  tendría yo 9 años.

NOTA: La imagen es solo referencial y fue tomada de internet del sitio
https://www.youtube.com/watch?v=KbPj8ifk5jo

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