viernes, 1 de abril de 2016

CARTA A DON INOCENCIO UTRERA (EN LOS 41 AÑOS DE FUNDACIÓN DEL MUSEO QUE LLEVA SU NOMBRE)



DON INO:
      Ha transcurrido exactamente un año desde  la última carta que le escribí, de manera que hubo de pasar  tiempo para saber nuevamente de usted, sin embargo siempre lo recuerdo  en la paz del Señor descansando en su última morada.  Estoy aprovechando la oportunidad  que el Museo de Tradición de nuestra  ciudad que orgullosamente  lleva su nombre,  el próximo 9 de abril de 2016 estará cumpliendo 41 años de fundado, para enviarle esta nueva misiva, en la cual me refiero sòlo  a unas pocas cosas, pero la más  relevante que deseo recordarle don INO, es que el próximo año 2017 celebra su ciudad los 300 años de su fundación, acontecida en el año 1717, según una minuciosa investigación  muy bien documentada realizada por el historiador villacurano Oldman Botello, que usted conoce por sus andanzas reporteriles con  José Girlando en el diario El Imparcial de Maracay  cuando andaban  juntos recopilando  documentos y  recolectando peroles viejos para el Museo. 

      El Museo me dicen que continúa como el slogan que tuvo la antañona chicha de don Gregorio  “siempre igual”,  para no decir “para atrás como el cangrejo”, con más penas que gloria,  sin nada importante ni mejoras que reseñar, solo procurando subsistir, con la fuerza de  voluntad unida de algunas personas que están todavía allí de manos atadas, o tal como decía usted cuando se refería a  la gente de las zonas rurales de El Cortijo y  de Cataurón, “trabajando solos y con las uñas”. 

      Primeramente paso a contarle  una especie de anécdota, Don Inocencio, para no decir que es una historia:

      Se trata de una cosa que luce contradictoria Don INO, un domingo cualquiera luego de asistir a la misa de nueve fui a recorrer varios sitios en compañía de una pareja  de amigos guanareños  que llegó de visita a la ciudad.  Al matrimonio le atrae  mucho las exhibiciones antiguas y  los llevé a pasear por algunos sitios históricos de la ciudad, y encontré que la casona de la calle Miranda donde funciona  la  sede del Museo tenía el portón cerrado. Me acordé que una vez me escribió un amigo y paisano, diciéndome que  no me sorprendiera porque el Museo desde hace mucho tiempo tiene horario bancario, nunca abre los fines de semana ni días feriados, como  se acostumbra en otras ciudades, de verdad me dio un poco de pena don Inocencio. En Guanare,  ciudad donde ellos residen, el  “Museo Inés Gómez Álvarez”, como  usted y yo sabemos, permanece todos los días abierto al público y  muy especialmente para las escuelas públicas y privadas, incluyendo  sábado, domingo y feriados, que es cuando recibe el mayor número de visitantes, vecinos y foráneos.

      Sin embargo  Don INO, debo reconocer que no  me terminó de estremecer el alma porque se me ocurrió mostrarles un CATÁLOGO que tiene historia, no tan antiquísima, que contiene el inventario físico general del Museo. Según aquella especie de libreta que comento había en existencia  todo  aquello que  significa el pasado de nuestra ciudad. El Museo  dividido  en varios ambientes: “secciones de armas, petroglifos, mecánica,  motores, instrumentos musicales, vitrinas con antiguos documentos, rincones típicos, cuarto histórico y cuarto sacro, entre otros”, así lo reseña bella y gráficamente el CATALOGO en referencia, producto, como le dije en la carta del año pasado, del afinado trabajo de hormigas, primeramente de usted profesor INO,  seguido de Girlando, de Elio, Trinita,  Chuito Rodríguez, de Figueira y de otros como el afable presidente del Concejo Municipal de la época Sr. Espinoza.

      Este muestrario fue mandado a publicar hace algunos años por su director, que para ese entonces era nuestro siempre recordado José Girlando, un siciliano que se hizo gran amigo de usted desde que llegó a su nueva patria, quien lamentablemente ya también se fue  al regazo de Dios y al encuentro con la tierra villacurana que tanto quiso y la cual le debe tanto, conocido por su afinidad con el pueblo como el  cronista gráfico de la ciudad, porque con cámara en mano retrató hasta el alma de Villa de Cura, con muestras a montón de temas importantes, de sus personajes y paisajes. Casi seguro debe haberse ganado un puesto en la historia de la fotografía regional. El Museo de Tradición de la ciudad fue una de sus grandes preocupaciones y pretendió  que se convirtiera, como usted bien  sabe, en un lugar de encuentro con la historia y en el museo más grande de Venezuela. 

      En este centro de compilación histórica dejó una muestra fotográfica tamaño gigante, en varios cortes, del picacho más grande de este valle como es el cerro El Vigía;  por cierto me cuentan que esta obra de arte se encuentra hoy muy descuidada y en mal estado.  Solo contaba entonces Girlando como su asistente para  ingreso de piezas al Museo, con el poeta  don Elio Martínez y un fotógrafo ayudante de apellido Figuera, a fínales de la década del setenta.

      Recuerdo que este CATÁLOGO se lo entregaban al visitante al entrar al Museo “con el favor de devolverlo al salir”, pero yo lo traía debajo de la manga de  camisa, se me olvidó regresarlo y  me lo traje de recuerdo,  aun lo conservo. Estos pasados días de  Semana Santa estuve releyéndolo y mereció la pena don INO, porque para salir del paso en aquel momento fue lo único que pude mostrarles a mis anfitriones portugueseños, y quedaron admirados aun mirándolo en el papel, por el acopio de piezas que registraba y que debió conservar el Museo en el momento. De todas maneras  el hombre me explicó en forma breve antes de marcharse: “Mire amigo, nos vamos sin conocer  a  Villa de Cura; para decir que se conoce  una ciudad es necesario que uno haya  visitado sus museos, sus templos, sus monumentos y su cementerio”. 

      A grosso modo le digo,  don Inocencio,  algo que hoy en día usted ya debe saber; en estos días estuve en la plaza Miranda de La Villa compartiendo opiniones con una gran amiga del Museo y me dijo con tristeza en los ojos y dolor: “Señor, allí no queda ni la cuarta parte de los objetos que dice ese cuaderno y los que quedan están deteriorándose”. Y,  desde luego, prefirió inhibirse de hacer otras consideraciones.

      Sin otro particular me tengo que despedir de usted, Don INO. Ruego que me perdone porque sé que esto que le digo le será de mal gusto. Será hasta una nueva ocasión si Dios lo permite. 

      Pídale permiso a Dios, Don Inocencio, para nos acompañe a todas las amistades del Museo, cercanas y distantes, el cual lleva orgullosamente su nombre, para que este 9 de abril de 2016 que cumple  el 41 aniversario esta institución, se acerque espiritualmente hasta nosotros a celebrar esta conmemoración,   para que nos ilumine y nos arme de mucho ánimo para seguir insistiendo en la lucha por el rescate y la preservación de nuestro MUSEO DE TRADICION DE LA CIUDAD  “INOCENCIO UTRERA”, el cual como es sabido carece de sus propios recursos y es evidente que tanto su infraestructura como los objetos de exhibición hoy se encuentran en franco deterioro,  sin que se avizore una mano piadosa de algún organismo público o autónomo que arrime el hombro para su recuperación.


                                    Que en paz descanse su alma Don INO.
                                     Soy su eterno amigo y seguro servidor.
                                                 Oscar Carrasquel


Villa de Cura, 30 de marzo de 2016

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