sábado, 14 de mayo de 2016

ADIOS A UNA MADRE DEL CAMINO


                                             Por  Oscar Carrasquel


Una sonrisa de amiga me llega al alma
como un ramo de recuerdo  lejano
Trigueña, de pupilas grises
Con su cabellera de trenzas rosadas
y mirada fugaz de lucero desvelado.

Tiendo la mirada por encima de una
rígida empalizada de alambre
con su bosque de mangos,
Vuelvo a ver sus manos largas y huesudas
de tanto transitar la vida.

De una hamaca, se levanta a atizar 
los leños del sancocho de un domingo.

Veo retoños de todos los tamaños
Que retozan a su lado
Como una lluvia de luceros.

Recientemente bañada,
salía ella por la puerta del frente
de su bella cabaña
construída dentro de la alfombra verde
de la generosa pampa,
a un  costado de un camino solitario.

Los pajarillos en libertad trinaban en la
frondosidad de un árbol de jabilla.
El rio al frente se hace pujante
en su discurrir de aguas turbadas.

Y ese  “día de la madre” de medianoche
Ella adelantaba camino
para toparse con la llanura de Dios
y su cosecha de estrellas.

Su rostro inerte viajaba como un barco sin puerto,
Que había decidido desertar de su viejo mar
Mientras  que el llanto de parientes unidos
ahogaban el silencio de la  negra noche.

Que en paz descanses sobre la blanda tierra
Con los tristes vientos de la mañana
Domingo de todas las madres
de risas convertidas en llantos y pesares.





                                                   Araure, “Día de la Madre” de 2016





10:54 a.m. 14/05/2016

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