jueves, 15 de septiembre de 2016

UN CANTO A LA GUITARRA MÌA

     
Concertista Efraín Silva 
Foto : Pedro Ruiz



                                                        Por Oscar Carrasquel




Soy vida, soy un poema y una canción de amor,
decía en su lamento  una guitarra…
Soy un silencio largo de corazón que enamora,
soy el rumor de una ola que golpea la arena.

Es la princesa adentro de un palacete
donde reinan la humildad y el encanto.
nada es imposible ni absurdo para mi guitarra.

Pidió a Dios que a la mujer se asemejara
con sus caderas y  contornos, 
le diera el color de los crepúsculos
y embriagara de amor todo su cuerpo.

Es el primer amor de su músico,
aquel que teje con sus dedos los sauces
por donde desmayan las emociones.
La  misma que enseña a amar a la risa 
y también a las lágrimas, sin dejar huellas.

Todo depende de las ganas de sonreír,
de soñar y hasta de reinventar la vida,
para descubrir su estela de laberintos.

Con solo verla seducida en mí regazo  
es una muestra de heroicidad y de  victoria
de todas las batallas de la existencia.

Ella  evoca los pasajes de la infancia, 
añora la frescura de la juventud,
enseña a  dialogar con el presente,
Y descubre el amor en un cielo azul
de estrellas y de serenatas.

Tiene la misma sensibilidad de un corazón humano,
seis cuerdas paralelas, seis vías, seis vidas.
Parecen seis peces azules que enamoran.

Canta, llora con lágrimas hacia adentro, 
sabe trasmitir una declaración de amor,
se aflige por una despedida
y se alegra por una llegada.

Está al tanto del ímpetu y de las confesiones del alma,
de tanto andar y re-hender caminos,
de abrigar tantos amores y desamores…

Hablo de la guitarra mía.
Ahora, en el remanso de una hamaca
puedo sentirla,
cabizbaja, recostada sobre mí pecho
convertida en una juglar de canciones antiguas.






                                               La Villa de San Luis, septiembre 2016


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