domingo, 5 de junio de 2016

TIPOGRAFIA J M MORGADO… UN RINCONCITO BOHEMIO (SEDE DE LA PEÑA MORGADO)









                                                 FOTO: CORTESÍA DE ELIO MARTINEZ 
                                                  (Tomada de un recorte de su hemeroteca)


                                           
                                                    
                                                          Por: Oscar Carrasquel

(Este escrito se concluyó el 19 de mayo del 2016,
pocos días antes del tránsito de JM Morgado a la eternidad) 


En nuestro país, dícese de las Peñas que son  “puente de saber, cultura y cordialidad”. Así cataloga en sus diversas publicaciones nacionales el archiconocido Círculo de Escritores de Venezuela (CEV) para hacer una definición de las diversas peñas y tertulias que se registran en nuestro país.

Villa de Cura antes fue un  pueblo que de manera paulatina se fue convirtiendo en ciudad. Tuvo en otra oportunidad  muchos lugares campechanos,  muy distinguidos y emblemáticos,  para facilitar a sus moradores y visitantes el entretenimiento espiritual. Pongo como  ejemplo el afamado botiquín  TANGO BAR por la calle Jaime Bosch en Las Mercedes, del “Moreno Porteño” José Pérez, que fue abrigo muchos años de la peña tanguera villacurana,  al igual que lo fue la Panadería El Comercio, de Juan Pancho Rodríguez.  Y el otro rinconcito bohemio  fue  el taller de sastrería del caraqueño Don Augusto González, en la calle Miranda, refugio de forasteros que visitaban la ciudad como el poeta Luis Fragachán. Allí lo pude ver yo resonar en su romántica guitarra muchas de sus composiciones  ¡ Ah! Y cómo olvidar la Sastrería de don Víctor Montenegro, muy amigo de la farra y del cuotidiano sancocho, y casi siempre abría espacio a la bohemia urbana.

De la misma forma transitaron por sus calles muchos personajes que le dieron renombre a la bucólica Villa, cuando toca referirme a Pata è turca, Loco Lindo, Pirulí, Chivo blanco, el flaco Aníbal, la loca Amparo, Juan Torero, Correíta, el otrora pregonero Ramón “El lotero” y otros que, con el transcurrir de los tiempos,  han sido  guardados en la memoria popular como personajes privilegiados, porque  en la menuda historia de nuestro apacible vellorio, fueron  considerados como parte de su tradición
.
Hilvanando  estas ideas, yo nunca olvido uno de los lugares más acreditados en Villa de Cura  como lo fue la Tipografía JM, una  imprenta montada por el escritor, periodista de larga trayectoria y poeta José Manuel Morgado, para fabricar talonarios, tarjetas de bautizo  e invitaciones para entierros; cuya sede conocimos primero, por los años 50, en la calle Comercio frente al bar del inmigrante  italiano Juan Trotta, después  instaló su taller en la calle Bolívar y Villegas, por los lados de la alpargatería de don Leandro Nieves, Y por último, mudada para la calle Páez, frente Almacenes Cristo Rey. Pero, efectivamente, el primer encuentro de José Manuel con el lenguaje de un Chibalete fue en la tipografía de su tío Inocencio Adames Barrios, de quien aprende y se pule  en el oficio.

En el interior de su tipografía vimos positivamente nacer, crecer y posteriormente nos hicimos amigos  de una muy reconocida peña literaria llamada La Peña de Morgado. Allí llegamos un día acompañados del periodista José Seijas, fundador  y director del periódico  El Vigía. Rondábamos por La Villa en su camioneta Wyllis repartiendo su periódico,  Joseito Seijas y yo. Él, como siempre, pulcramente vestido y de gorrita al estilo nerudiano. A partir de aquella fecha  me convertí en asiduo visitante de su taller tipográfico y  después continuamos una bonita relación de amistad y el contacto permanente  transitando con la música y la poesía.

Coincidí más de una vez en las tertulias de esta peña con el fecundo poeta  Vinicio Jaén Landa. A esta estirpe pertenecía también la poetisa Rosana Hernández Pasquier, Victor Parra Rivero y el editor Inocencio Adames “Chencho”.  Procedentes de Maracay estado Aragua, recuerdo como eventuales concurrentes a las reuniones de la peña a José Aloise Abreu,  Julio Morillo (caricaturista), Pedro Ruiz, Omaira Ochoa, Luis Alberto “El Toro” Contreras, José Rosario Delgado, Olga María Agrinzones,  Oldman Botello, periodistas todos o columnistas de las páginas de  El Siglo. Y algunas veces  el poeta  Pedro Ruiz venía acompañado del  concertista de guitarra  Efraín Silva a ofrecer sus interpretaciones. Recuerdo asimismo en el mismo circulo al poeta  Aly Pérez y  el artista del pincel Carlos Martínez, Cejota.

El espacio de la  Tipografía JM, especie de sede de esta peña cultural, en su dirección de la calle Páez, no era muy desahogado, pero cabíamos todos, estaban a la vista y disponible para la lectura de cualquier visitante, los diversos libros publicados en prosa y poesía por el  poeta Morgado,  además de casi  la totalidad de las ediciones de un periódico humorístico muy conocido como El Cotejo Mocho, “Un periódico sin rabo”. Este cintillo aparece en la primera página conjuntamente con el dibujo del   chucuto reptil. Esta publicación  de fino humor tuvo una vida de más de treinta años de circulación ininterrumpida y posteriormente él hacia el esfuerzo para que saliera al aire  de manera fortuita.

En muchas oportunidades concordábamos con  amigos en abundancia  de acá  mismo de La Villa, entre ellos con Juan Bautista Alayón,  máximo exponente de la peña tanguera villlacurana Manuel Jiménez, Germ{an Cordero Padrón, con todo y su trompeta, interpretando una pasodoble que un día de Santa Cecilia le compuso al Cotejo Mocho,  J. E. Carrasquel, antiguo corrector del diario caraqueño Ahora Juan José Vargas, una vez bautizado  por su compadre Simón Díaz como “El poeta del zapateo”; Antonio Moreno, Antonio Martínez Santaella  y  El Che Julio Martínez;  Pedro Ezequiel González, quien a veces se escapaba de las reuniones para llevar serenatas; Walfredo González, Rafael “chiquito” Rodríguez, el sastre guitarrista Jesús Revilla;  al igual que Esteban Nieves, que alternaba la guitarra con el toque de la bandolina, cantando su hermano Adrián Nieves, el trovador Aníbal Lara, Carlos Parra, acariciando las cuerdas de su Tatay; el tenor José Ángel Fagundez; Rafael Almeida Petit, el rey del bajo y los timbales y el intérprete de la canción Argentina Eladio Lovera, y otros.

A esta cita bohemia  de gran cordialidad no faltaba Gustavo Niazoa, el popular Chingolo, con su cuatro debajo del brazo; Braulio Pérez Balza, que era un artista desentrañando canciones del indio Araucano y  Evelio Román, mejor conocido como “Gentile”, que rebasaba la sala afinando su requinto, era embajador sin credencial del botiquín de “Ruñido”  en  Las Mercedes. A veces se aparecía Edgar Macero, conocido como “Tragedia”, quien contaba  sobre sus noches de goce sibarita en el desparecido lenocinio “La Cita”, cuando aquel flaco era un joven, bohemio y enamorado.

Es bueno  decir que  mi  amigo JM Morgado vive todavía por obra de  Dios, los años, le volvieron los pasos lentos  como andar de carreta, sin embargo su hijo Miguel Morgado quedó como siguiendo su legado tipográfico. En días recientes  a Miguel le dispense una visita en  lo que sería al presente el sitial nuevo de la Tipografía JM. Debo agregar que este joven está familiarizado con el teclado y fue trompetista de  grandes orquestas capitalinas, entre ellas Los Melódicos, además de ser un exquisito compositor de música popular y un gran amigo nuestro que incursiona como su padre en la poesía.

Cualquier persona, no importaba su posición en la colectividad podía militar en esta conocida peña, la  condición imperativa -decía su creador- es que ostentara este par de vocablos: “sensibilidad y sentimiento”. Aquí en esta peña llegaban gentes de cualquiera ponderación política. A nadie se le pedía carnet de partido. Era como “La Viña del Señor”, donde cabían todos. Se escuchaban recitar poemas de diversos autores,  tanto de Andrés Eloy Blanco, como del cubano Nicolás Guillen o de Aquiles Nazoa y Pablo Neruda.

Cuento a manera de anécdota que cierto día acudió a buscar fichaje a la peña un personaje vestido de ropa limpia y camisa por fuera, y prontamente se retiró  dejando esta frase a los allí reunidos: “Yo con la poesía  me aburro”. A  nuestro JM se le agotó la sencillez agarró bolígrafo y papel y lo despidió de una manera simpática: - Amigo, dices que con la poesía me aburro…“Recuerdos de Gallegos se me cuela/cuando dice la dulce Marisela/que la miel no está hecha pa` los burros”.   El amigo se presentaba siempre como un fantasma, aparecía y desaparecía. Apacibles creaciones poéticas de JM y de diversidad de poetas y escritores se escuchaban durante el intermedio en la voz de retumbo de Teobaldo Parra. Allí mientras se grababa en un aparato reproductor, la música era silencio como un conejillo dormido.

Nadie mejor para contar historias menudas y sencillas de La Villa y de sus personajes que el talento del poeta Morgado. Siempre encontraba tiempo para compartir su espíritu bohemio y de humorista nato con todos sus amigos. A veces se presenciaban ingeniosas interpretaciones teatrales de Teobaldo y Morgado, metidos de lleno en sketchs  originales del Ruiseñor de Catuche  y  de otros humoristas venezolanos como Rafael Guinand y otros autores.

El poeta JM tenía como costumbre leer y escribir sobre una agenda de forras azules  en cualquier rinconcito, en su solaz, o mientras se desarrollaban las tertulias en la peña. Morgado fue un hombre con profundo conocimiento del paisaje de su pueblo y del contacto íntimo con sus personajes, de los cuales  nos muestra abundantes ejemplos en sus escritos y poesía. Del correr   de los garbos y peripecias de estos actores fue un profundo conocedor.

Teobaldo Parra Coronado -este era su nombre- pero también respondía como TEO, fue un personaje muy original y ocurrente, un apasionado lector de todo lo que llegaba a sus manos; era un hombre alto, flaco y desgarbado que lloraba sin lágrimas, muchas  veces  cuando recordaba todos los capítulos de la novela  Doña Bárbara del maestro Rómulo Gallegos; a uno le daba la impresión que había viajado  al estado Apure junto con el escritor, cuando éste escribió la novela en el hato La Candelaria. Tenía este señor una retentiva envidiable y además una especial admiración por el novelista venezolano, para también recrear su memoria  en otras de las obras del gran maestro como son:   Cantaclaro y Canaima. La carta que el Libertador le escribiera unos días en diciembre de 1830 a su prima Fanny,  completa se la sabia Teo de memoria.

Yo nunca  me perdía la ocasión de leer todo lo que publicaba el poeta JM en su periódico, igualmente veía sus escritos en  Cuartillas, un suplemento  literario dominical encartado en el diario  El Siglo,  Además todo lo que él suscribía en  el periódico El Vigía y la revista Expresión. De repente me mostraba  o me dedicaba uno de sus poemarios, o un recorte de “El Quijote”, que dirigía JL Sanabria Méndez. Y de otros periódicos fundados en antaño por este tipógrafo y periodista,  como  fueron El UnitarioEl Villano.

Esta llamada Peña de Morgado no poseía estancia fija, sino que era itinerante, libre como el viento, parecía una hembra vagabunda; de repente se trasladaba al aire libre del valle de Tucutunemo, o se mudaba para  El Cortijo,  a  la estancia de Joselito Seijas, o se instalaba bajo la matica  de semeruco de Oscar Carrasquel; de repente estaba en  el rancho de empalizada de cundeamor de Héctor Lombano “Casunga”, en el bar La Garita de Carlos Almenar. A veces se desplazaba por una larga vereda en casa  de Wladimir Morgado, en El Toquito  y se reinstalaba en la casa alquilada que habitaba JM en la parroquia Las Mercedes, frente al picacho de “Los Chivos”, sombreada por una mata de cotoperiz cuyo ramaje respiraba para la calle, donde todas las actuaciones  y conversaciones eran solazadas por el trino de una paraulata “ojo e’ candela” domesticada por el poeta en un humilde cautiverio.

“Agarra el suiche Oscar, de tu carrito y vámonos al sur”.  Me incitaba  el poeta en unos versos que me mandaba con Toño Martínez. En efecto, en muchas ocasiones nos trasladábamos a San Sebastián de los Reyes y otras localidades del sur de Aragua, siguiendo una carretera solitaria de matorrales y potreros cercados  de “pate’ ratón” y también trochábamos los caminos del llano. No faltaba alguno de los viajantes que disfrutando del paisaje se echaba un palito cultural de “pecho cuadrado”, servido en una totumita, que decía Teobaldo, se la había donado don Lorenzo Barquero, una vez  que se conocieron en El Palmar de la Chusmita.

Todas las canciones, poesías, relatos, cuentos y comentarios que producían los militantes de la peña de Morgado, quedaron grabados  en caseticos de la época  y tenían espacio permanente  en unos cajoncitos de madera allí guardados en  los escaparates de esta “Morgadoteca”. Durante los viajes los escuchábamos y disfrutábamos en el reproductor del coche.

He tratado de hacer un panorama preciso de la vida de esta peña cultural que tuvo muchos años de vigencia en la ciudad de Villa de Cura. He pretendido ponerle hoy un poco de cantares y colores, como  homenaje de recordación y afecto a  nuestra queridísimo poeta JM  Morgado, a quien no he vuelto a ver en tanto tiempo, pero sé que  el 8 de agosto  de 2016 estará arribando a 92 años de peregrinar en la vida.

Ya sabemos  que ocioso sería buscar en confortables galerías el nombre de este grupo que cumplió con todos los parámetros de la sencilla historia bohemia-cultural de la Villa de Cura de una época, Nos conformamos con saber que aún con el pasar del tiempo  la Peña Morgado y también la Tipografía J M, aún se conservan en la memoria  de las  viejas y nuevas generaciones.





 


                                                                                                              La Villa, 19 de mayo  2016



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