jueves, 20 de octubre de 2016

TREMARÍA, UN ÁRBOL QUE CAMINA

                                                                            



                                                                                                                                                                                                      Por Oscar Carrasquel                                                                                                                                

Tremaría, a secas, así se le conoce en casi toda La Villa, principalmente en la comunidad de Las Tablitas, en donde hace tiempo está radicado y es ampliamente conocido. Flaco y estirado como un madero y la piel chamuscada igual a una palma quemada en medio de una sabana. Los pies llanos  de tanto andar y desandar solitario la calle  del Comercio villacurana. Secas las cuencas de sus ojos, iguales que el fondo agreste de un extinguido rio. 

En su mano derecha blandea erguida una varita apuñada entre los dedos, agitándola como si fuese el péndulo de una brújula que busca direccionar el horizonte de un barco extraviado. La varilla le va mostrando la ruta a seguir, la esgrime  para tantear  arriba y abajo los postes de la luz. De  esta manera se abre paso por el claro de la avenida con la natural reacción de los escasos transeúntes que lo miran conmovidos. 

Tremaría, no distingue con el brillo de sus pupilas pero Dios le dio la fortuna de ver todo su alrededor con los ojos de la mente y del alma. Entonces recordará que ayer fue un joven en plenitud de condiciones,  sin olvidar que fue desde  la tierra agreste de Santa Rosa de Anzoátegui de donde salió un día para anclarse definitivo en Villa de Cura. Una vez hecho un hombre en su terruño natal se enfrentó a la vida como ayudante en un puerto y luego se hizo chofer de camión,  sentado cotidianamente frente a un volante donde la vida le curtió los mil caminos de la geografía venezolana. Recuerda que en su pueblo natal asistía al colegio y allí se tragó los primeros libros y se divertía igual que cualquier muchacho de su pueblo.

 Desde chico nada de lo tocante al deporte le era ajeno. Practicó béisbol en su tierra oriental y en Villa de Cura por muchos años.  Acá en La Villa fue árbitro de béisbol menor lo cual desplegó en la liga menor zamorana y luego fue entrenador en serio de esa disciplina deportiva. En este último campo su siembra fue fructífera porque contribuyó a la formación de muchos jóvenes que luego incursionaron en el campo profesional, sin embargo se lamenta que ni siquiera ha sido acreedor de un homenaje de recordación por la dirigencia deportiva del municipio Zamora, aunque sí ha sabido que en el estadio vuelan los diplomas y reconocimientos a granel. 

 Golpe duro el que se llevó cuando siente perder el contacto visual con el paisaje, idéntico como un barco que en la noche pierde la luz del faro. Ayer viernes andando en una cola he podido observar de nuevo a este hombre taciturno  afincado de la puerta  cristalina de un Banco, estirando su mano de caricia implorando “una ayudita por favor”. La mayoría de las veces saborea el amargo polen de la indiferencia y sordidez de las personas que pisan, entran y salen por aquella puerta, en un país que se da el lujo de salir afuera a regalar sus riquezas.  

En la penumbra de cada tarde viene de regreso por la calle  del Comercio,  y uno lo ve cuando se aleja como un navegante perdido, con una varita bailándole  en la mano diestra, tanteando el borde y el centro de la acera y contando las esquinas, silbando canciones apropiadas con la identidad de sus desengaños, cortos sus pasos, sin fatiga, apostando a ganar. 

Una noche entera soñó con  un ángel que le decía que nuestro Señor  de los espacios alcanzaría a tocar sus pupilas con la punta de los dedos y ante una interrogación él le respondería: “Veo los árboles que caminan”. Cuando Tremaría se hace eco de esa bíblica expresión el mundo se le llena de esperanzas y alzan vuelo los sueños que sustentan su vida de invidente y caminante. Pero nada, solamente fue un hermoso  sueño.



La Villa de San Luis, octubre de 2016


COMENTARIOS;

Vane Sputnik El Señor Tremaria <3 Qué gran ser humano.


Yurmary Teresa Pino Oporto Tremaría tiene una particularidad que las personas no conocen: A pesar que no ve, sabe cuando va pasando por el frente de cada casa en particular, por ejemplo,  cuando pasa al frente de mi casa se le escucha decir: -"La casa de mi amiga Emiliana Caracho, Dios la tenga en la gloria"  Es su decir. 
Hace poco,  como cuatro meses acaba de enviudar por la falta de medicamentos, su Sra. esposa portaba un marcapasos.........

Cotejito
20 de octubre de 2016, 22:26
No soy de Villa de Cura, pero pasé 19 años viajando todos los días hacia el Cortijo, Ocumo , los Bagres porque teníamos 3 parcelas grandes las cuales sembrábamos con varios rubros al año: papas, caraotas , maiz, tomates, hasta que todo lo fuimos perdiendo desde que llegó Chavez al poder. Tengo 4 años que no voy a la Villa, la recuerdo con tristeza. esos días felices que pasaba todo el día bajo el sol y la lluvia para sacar de las entrañas de la Tierra lo más preciado para el ser humano como lo es la comida. Todo eso se perdió por culpa de este nefasto gobierno ladrón y hambreador


1 comentario:

  1. No soy de Villa de Cura pero pase 19 años viajando todos los dias hacia el Cortijo, Ocumo , los Bagres por que teniamos 3 parcelas grandes las cuales sembrabamos con varios rubros al año , papas, caraotas , Maiz, Tomates hasta que todo lo fuimos perdiendo desde que llego chavez al poder , tengo 4 años que no voy a la Villa la recuerdo con tristeza esos dias felices que pasaba todo el dia bajo el Sol y la lluvia para sacar de las entrañasde la Tierra lo mas preciado parael ser humano como lo es la comida todo eso se perdio por culpa de este nefasto gobierno ladron y hambreador

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