viernes, 2 de diciembre de 2016

CONRADO MONTEVIDEO, EL “SAN NICOLAS” DE LA VILLA



                                                              A  Carmen Rivero, su mujer, también a  sus hijos, nietos y demás familiares con el más puro afecto.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                         Por Oscar Carrasquel

Se sabe que la muerte viene a ser como  una feroz lucha entre dos oponentes que termina cuando uno de los dos contrincantes muere, pero sabemos también que la muerte  es incubadora de un sentimiento de dolor difícilmente de ignorar. Hoy Conrado perdió esa batalla, su cuerpo físico al fin se rindió. Luchar contra la corriente de aguas del destino es imposible y el viaje sin retorno  es una tarea improbable de detener. Dios en definitiva es el juez que nos fija el día y la hora. Por eso en  la vida  se sufre,  se llora, pero también hay que llegar hasta las puertas del tiempo  como  lo hizo Montevideo, sonriendo en cada momento.  

Conrado, era hijo de  Pablo Montevideo y de Juanita Cortez de Montevideo, hoy difuntos, nacidos de vieja y tradicional familia villacurana todavía con  alguna ramificación palpitante al sureste de la ciudad. 

        Hoy le correspondió el turno al amigo Conrado Montevideo, el vecino de pared por medio al costado de una arboleda, un hombre calmudo y callado nacido en el sector La Represa de Villa de Cura el 15-08-60, que variando su rumbo  se vino a vivir y fraguó familia en el callejón Ezequiel Zamora sur de Las Tablitas. Allí compartió soles y lunas al lado de una estupenda mujer del sector, vio nacer y crecer a sus  hijos y saboreó la alegría de dos de sus nietos, luchando con sus propias angustias; el patriarca, el hombre luminoso y gentil que todos conocíamos y al igual que Garritk, quien fue el más noble y aplaudido de todos los actores del mundo, Conrado, sin proponérselo casi lo empareja,  porque  tuvo la virtud de ser maestro en el arte de entretener a la gente de todas las edades, muy especialmente a los niños que fue su mayor riqueza y siempre los hubo a su alrededor. Así de esta manera, divirtiendo al mundo infantil comenzaba su marcha inmortal en la comarca, La sonrisa y la alegría de un niño le sabían a gotas de lluvia y burbujas de rocío y al frescor de cuando llega una tarde lluviosa.

En la mente conservo aun la imagen de un hombre de rostro pálido con   un extraordinario parecido  a  la popular figura de San Nicolás, llamado también Santa Claus, era una especie de doble de este personaje pascual. Y así queremos personificarlo. 

           No escapa de nuestra memoria que en algunas ocasiones  irrumpía como una sombra  por el frente de casa, mientras un niño jugueteando con su hermanita , corrían exclamando por los pasillos: ¡Abuelo,  llegó  Navidad,  pasó San Nicolás ¡ Y desde luego, uno no  puedo dejar de evocar su estampa navideña de cuando avanzaba la fragancia decembrina, convertido en un genuino Papa Noel. 

             Su contextura obesa, su piel rubia, enfundado en su vestimenta roja y blanca y su abundante barba de azucena, su boina de piel de oveja, con sus claros espejuelos como si fuesen dos anillos,  sin poder esconder unos  ojos que eran radiantes y resplandecientes. En sus manos traía   una mochila llena de golosinas, caramelos y globos de colores,  y aviones en miniatura,  para el niño que volar quisiera  y buscara aterrizar en el regazo de aquel  caminante muy admirado por ellos.

En días Pascuales, sin falta ¿Qué niño de nuestros barrios de la parte sur de Villa de Cura no conoció a este Santa Claus? cuando llegaba y  se bajaba de su trineo cada 24 de diciembre, se posaba en cada casa y seguía,  recorriendo las mismas calles de su pueblo; dotado de una fuerte y ronca voz saludando a todos  los presentes, llevando su mensaje navideño que simbolizaba la llegada de Papa Noel:
 “Joooo…joooo. ¡Feliz Navidad!...

 Hoy aparto mis ojos y  noto  su ausencia, segado por la oscuridad de la negra noche de su partida, pero no es extraño que  todavía escuche surgir  su voz, cuando llegaba y se instalaba  en el solar de su casa a platicar con los pequeños. Y uno sin pensarlo, le entra  una profunda nostalgia, como  queriendo fundir la risa con las lágrimas. 

         En el hogar de cada niño de esta manzana y en especial la de nosotros dejó con su accionar una huella difícil de borrar, porque era llamado y siempre estaba dispuesto,  sin cobrar emolumento alguno, para  servir de cauce y  llevar  los obsequios del Niño Jesús a los pequeños de la casa y alegrar sus rostritos de cristal. No hay duda que llegará la próxima Nochebuena y los niños con sus inocentes caritas, prestos para las alegrías,  continuaran reclamando y repitiendo su nombre, sin saber que este viejo peregrino con su morral terciado al hombro, montado sobre una nube, ya emprendió su último vuelo para llegar al cielo.

Cada  hogar que visitaba  aquel San Nicolás se llenaba de chicos, se derramaba la música de aguinaldos y también los ornamentos pascuales, tanto en  la entrada como en los rincones de la casa. Y la luna con las estrellas con su fresca sonrisa  posaban  alrededor del arbolito y del pesebre iluminados, mientras  los más grandes de entregaban a tomar fotos para el recuerdo.

 Como era costumbre, la escena se repetía cada Noche Buena de Pascua. Solo Conrado Montevideo (el célebre San Nicolás de  Villa de Cura) gozoso de esa apoteosis sabía trasmitir la sensación de alegría que compartía con toda la chiquillería, porque tal vez ya contaba a Dios  alojado   en su generoso corazón colmado de tantísima pureza.

En ciertos años atrás,  las calles y avenidas de La Villa eran estrechas  para  albergar la cantidad de gente, grandes y chicos, que deseaban admirar, o también tocar con sus las manos a  Santa Claus montado sobre aquel carruaje, precediendo los grandiosos desfiles escolares  organizados por  instituciones educativas, públicas y privadas cada diciembre.

         Esta fueron apenas una de las tantas ejecutorias que la sensibilidad  humana  de Conrado Montevideo  supo realizar en su paso por el camino de la existencia;  sin embargo algo me faltaría por decir de sus cualidades preponderantes; que en la etapa auroral de sus días fue un avanzado estudiante  y luego excelente cabeza de familia, ejerciendo una vocación de trabajo particular para subsistir, en la Venezuela presente  sumergida en múltiples problemas y calamidades.


Adiós pues Conrado Montevideo, cronista del buen humor y  la alegría de este pueblo, auspiciador de  sonrisas de la muchachada reunida cada diciembre; te fuiste luego de acompañarnos la Navidad   de 2015, evento que cumpliste haciendo un extraordinario  esfuerzo, no obstante estar resistiendo el avance de una enfermedad que venía minando progresivamente tu salud. Atrás dejaste una estela de recuerdos sin que ninguno haya logrado venir a reemplazarte… Te despediste de manera física de este mundo el pasado 09 de enero de 2016, pero nos queda tu presencia espiritual y tu imborrable huella en el rostro y en el corazón de cada adulto y niño de nuestro pueblo, ¡debemos aprender a reír llorando, y también a llorar con carcajadas! Este fue el  último de los mensajes inmortales que nos dejaste inspirado en el bardo mexicano Juan de Dios Peza. 

Conrado Montevideo, hoy elevamos una oración a Dios por el eterno descanso de tu alma.

La Villa de San Luis, Año Nuevo  2016






















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