viernes, 14 de abril de 2017

“AMOR”… SIMPLEMENTE “AMOR”


Por Oscar Carrasquel


Hace  dos décadas y media el paisaje villacurano estirado como la palma de una mano con sus cerros circundantes le oyó pegar el primer leco,  porque  aquí en este pequeño y hermosísimo valle fue donde abrió por primera vez sus ojitos oscuros al mundo. Desde ese tiempo para acá  cada uno de sus latidos quedó encerrado entre cuatro paredes  en el Hospital Doctor José Rangel de Villa de Cura, bajo el cuido y atención de médicos residentes y especialistas, además del  personal de enfermeras y camareras  que nunca se separan de su cabecera. Los médicos y paramédicos por años llegan, pernoctan y luego se van, pero sin olvidar su triste destino y realidad, siempre pendientes de ella.  Tal día a tal hora llegó como un soplido de la brisa al servicio de pediatría del hospital y  desde entonces tomó su lugar en una habitación del nosocomio como perfecta y perenne inquilina. Hubo de haber ocurrido en cualquier día y cualquier momento. Cuentan que fue dejada desguarnecida envuelta en un pañal blanco por el rostro de una mujer joven que salió a pasos apresurados del pedestal de bronce de nuestro Libertador, por una de las coordenadas de la plaza. No tardaron mucho en pasar unos agentes del orden público que la rescataron y llevaron al hospital de La Villa. Por eso nadie sabe quién la trajo a este mundo,  y menos, cuando fue su nacimiento. Nunca se sabrá si llegó del campo o de la dispersión de la ciudad. Progresivamente la mocita fue creciendo  bajo el manto de sábanas blancas y al calor de su nueva familia. A su manera, buscaban aquellos  ojitos escudriñadores descubrir el por qué las luciérnagas alumbraban la penumbra de sus noches. La niña fue creciendo poco a poco sin sentir lo que es  jugar,  ni andar por los pasillos con los otros niños de su edad, ni  correr en medio del jardín detrás de maripositas y caballitos del diablo, ni oír los pajaritos dialogar y cantar; sin aprender lo que es jugar con vajillas de cocina y muñecas que lloran y caminan. Viviendo en un mundo diferente al nuestro. Impedida de contar la cantidad de luceros que habitan la colcha oscura del cielo aragüeño. Ella no puede  diferenciar las brillantes  mañanitas villacuranas, ni cuando llega   la noche. Ni cuando comienza  y termina la lluvia y el relámpago. ¿Cómo puede hacerlo? Si esta joven de condición especial  desde que nació hace veinticinco  años lleva una vida completamente vegetal, es decir, tiene vida pero carece de impulso voluntario. Es muy probable que dialogue en forma espiritual sin que ninguno lo sepa, con Dios y la Virgen María de Lourdes. Se pasa el tiempo apoyada sobre una almohada día y noche, procurando seguramente  estirar su ilusión, tratando de mover  su cabeza y a veces se encoge de hombros,  quizá en un gesto de impotencia. Percibe los movimientos y la voz de la gente  que la rodea meneando  unos ojos grandes que casi se salen de sus órbitas. En sus años que van de prisa no ha podido elegir qué le van a regalar en Navidad o en su inédito cumpleaños. Nunca ha podido contar las   ocasiones  en que su cuarto de habitación pintado de “amarillo pollito”  se llena de regalos, de cintillos y bonete pascual  y de mensajes llenos de palabras lindas. Pero sí los escruta o los intuye meneando sus ojos de arriba abajo. De pronto dibujan sus labios una tendida carcajada como un pájaro cuando se libera de su cautiverio. No tiene documentación de reconocimiento en la Jefatura Civil ni partida  de bautismo en los libros de la Iglesia parroquial. Fue bautizada, por  así decirlo, por la comunidad del hospital  “Doctor José Rangel” que le dio un nombre brotado de la sensibilidad de la gente, probablemente arrancado de las páginas de un cancionero. Le pusieron por nombre “Amor”…. Ella no ha escapado de la crisis, y sus cuidadoras y cuidadores tampoco. Hoy en día se la ven “fritos” y se “rascan la cabeza”  cuando se trata de conseguir el inventario de artículos de uso personal que necesita. La dieta alimenticia no es adecuada y  la medicina, porque su salud  ya no es plena, ya no llega puntualmente, ni hoy se consiguen en las farmacias como antes, y por   la situación que estamos afrontando, la gente ahora es indiferente y poco dadivosa. Acá en el hospital de la Villa, el personal continúa  aportando su valioso granito de arena. Al menos ella tiene amor, tiene hogar, atención médica,  le consiguen los comestibles. Finalmente, me han dicho que esta niña-mujer ahora es cuando mucho más necesita del apoyo, del cariño y la solidaridad de todos. Uno a veces por una cuestión natural nunca termina de asimilar las tempestades de los demás ni su dolor. La exhortación es que repitamos juntos aquellas palabras que nos recuerda el Apóstol Mateo “Lo que quiero en que seas compasivo, sin que tengas que ofrecer demasiado sacrificio”.



La Villa de San Luis, Semana Santa de 2017

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