martes, 9 de mayo de 2017

EL POPULAR “GUIRICHI”


Por Oscar Carrasquel

Juan Ramón Rodríguez es el verdadero nombre de este popular personaje villacurano de vieja generación. Seguro estoy que si a algún forastero  se le ocurriese solicitarlo en la Villa por su legítimo nombre, probablemente le responderían lacónicamente: ¡No lo conozco!  Pero si decidiera preguntar  por “Guirichí”, de seguro le informarían de inmediato que nuestro querido y conocido personaje  habita hoy una casa rural transformada  por la calle Comercio casi llegando al Cementerio Municipal, por la  acera derecha, cerca de las instalaciones del Ince.

Juan Ramón Rodríguez nació en Villa de Cura el 21 de marzo de 1937, específicamente en el barrio Los Colorados. Hijo de Dionisia Rodríguez.  Casó con la villacurana Aleida Azuaje de Rodríguez, de cuya unión nacieron cuatro hijos, dos hembras y dos varones. Hasta el momento sumaban seis nietos y tres biznietos. Una de las nietas tristemente fallecida en la Semana Santa de 2017.

El sobrenombre de “Guirichí” proviene de sus andanzas por el llano adentro, un día que su patrón necesitaba a alguien que le bañara unos caballos finalizada la faena, y lo eligió a él, indicándole al caporal: “Déselo que los bañe ese muchacho catire que parece un “Guirichí”. Y así  quedó bautizado para toda la vida.

Por las precarias condiciones económicas de su familia no pudo estudiar mucho, sino hasta los primeros grados, con la maestra Priscila Bolívar; pero a cambio la vida le sirvió de escuela y lo enseñó a defenderse desempeñando una diversidad de trabajos como medio de subsistencia. Su grandeza consistió en su rectitud, en su carácter jovial y en el  trabajar sin pausa en todo  tiempo.

No sé qué edad tendríamos, pero sí recuerdo que siendo chavales, ambos con otro grupo de muchachos jugamos pelota sabanera, que iniciamos en un terreno lleno de maleza y oloroso a bosta de vaca  por los lados de La Romana, en lo que es hoy en día un conjunto de edificios de apartamentos con locales comerciales al frente.  

Fue torero espontáneo en tardes de toros coleados,   despuntó como banderillero – con traje de luces- hizo su debut en los festejos realizados por el empresario de Santa  Cruz de Aragua, Rústico Pacheco, en una plaza de verdad levantada en la esquina “El Taparito”  por ahí en los años 50. Se llamaba: “Plaza de Toros La Giralda”. En varias ocasiones lo vimos adornándose en el centro del ruedo durante la suerte de banderillas  -en el segundo tercio de la lidia-  en compañía de otro banderillero llamado Oscar Borges “Zapatilla”.  En las corridas  le correspondió hacer el paseíllo en el ruedo junto a los diestros villacuranos Rafael Flores y Manuel  Rodríguez “chiquito”.

A manera de anécdota, me cuenta “Guirichí”, que en una corrida dominical a plaza llena, “Zapatilla” salió al ruedo, se adornó con el par de capullos en alto para lucirse con la suerte de banderillas -al son de la música de pasodobles- con tan mala estrella que en la carrera resbaló y en vez de hundirlas en la cerviz del toro, se las clavó  en la pantorrilla derecha.

De tanto trajinar con caballos cuando era  joven, ”Guirichi” también estuvo muy ligado a los toros coleados, fue enlazador de ganado y lidiador en las mangas, su labor consistía en conducir  los toros a los corrales después de terminado el turno  y era el encargado de abrir y cerrar el coso cuando  los coleadores estaban listos para cumplir la tanda.
 
Siempre trajinó emparentado con la ganadería, se desempeñó muchos años como conductor de un camión ganadero utilizado para trasladar las reses desde los hatos del llano a las mangas de coleo y luego regresar el ganado. Visitaba cada pueblo o ciudad donde se celebraban fiestas patronales y torneos; por tanto no era raro encontrarlo en un quiosco o dentro de la manga de coleo echándose las cervecitas con el bluyín y la camisa de cuadritos impregnados de  orine y bosta de ganado. No recuerdo el año, pero una vez  que se celebraba un campeonato nos  topamos en la manga bautizada “Coleadores de Araure” en el estado Portuguesa. Vivía yo en aquella villa araureña.

“Guirichi” entre tantos oficios que le ofreció la vida fue “Busetero”, casi todas las calles de la Villa lo vieron rodar frente al volante de una de las primeras camionetas “Titán”, que concedió a crédito el primer gobierno de Rafael Caldera, cargando y descargando pasajeros, adscrito a una línea que cubría las rutas interurbanas. Con nostalgia  recuerda que, antes había mucho respeto y consideración en esa relación transportista y usuario, pero  que  ultimamente se observa que hay mucha anarquía.

En sus mejores tiempos fue un hombre muy dinámico y de mucho coraje. Ciertamente  en la Villa en esos tiempos se pasaba trabajo para ganar el sustento diario. En  su rol de transportista anduvo durante algunos años manejando un camioncito Chevrolet 350 con el cual realizaba fletes, haciendo viajes y cargando enseres y todo tipo de mudanzas, dentro y fuera del perímetro de la entidad aragüeña.

Ahora que ha pasado el tiempo son pocas las ocasiones que lo vemos en la calle, sus pasos lerdos ya no se sienten en las aceras de cemento ni en el asfalto, los años le cayeron encima y también una disminución visual lo recogió en casa y lo mantiene alejado de los sitios que frecuentaba. Hasta hace poco se distinguía de lejos cuando se dirigía al  estadio “Ramón María Acosta” donde regularmente acudía a presenciar los desafíos del beisbol menor. Pero  lo positivo es que a pesar de tener 80 años encima y vivir aquejado de dolencias, “Guirichi” todavía mantiene el espíritu  intacto y alegre.

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