lunes, 29 de mayo de 2017

¡EL PERIQUITO MÁGICO!





                                                   
A  Carmencita  Hernández  Paradisi
A  Miguelito Carabaño  Mele
                                                                                                                  


En estos días que Villa de Cura celebraba su aniversario creí oportuno buscarme a mí mismo y comenzar a rememorar los días felices de mis tiempos de niño, cuando en la vieja comarca se desbordaban aquellos rumbosos festejos en honor a San Luis Rey de Francia. Muy visitada y nombrada  cada año. Refresco ahora de un solo jalón un bojote de años en la distancia.

Solía visitar la ciudad todos los años un circo cuya atracción principal era el célebre ilusionista Blakamàn, que delante de todos se atravesaba la garganta con una daga, ponía a obedecer a los animales salvajes y adormecía a la multitud el tiempo que a él se le antojara; pero la verdad es que llegaba de todo a esta especie de feria popular: carruseles, bazares, marioneteros, dulceros de Turmero, ruleteros, juegos de batea, galleros, curanderos, adivinadores y fotógrafos de cajoncito y de Polaroid.

Ramoncito Trujillo “El organillero”, era el principal animador de las rumbas en los mabiles de La Alameda; para quien no lo sabe o recuerda, Ramón era un señor pequeñito realizado del más puro barro del Tucutunemo, que  puso en boga el merengue rucaneado tocando los bailes en el bar “La Gavilana”, haciendo sonar un dócil y anciano pianito de manilleta.

Otro personaje famoso era Julio Rojas “Culebrero” -que sería una persona muy imperiosa hoy en día que se vive esta  tragedia de la salud- el hombre andaba con una enorme tragavenados viva enrollada al cuello, preparaba y se dedicaba la venta de remedios y ungüentos al precio de un bolívar, para  curar o aliviar todo tipo de males. Y además, me contaba O. Botello, se hizo popular porque  su voz  se oía duro por el medio de la calle ofreciendo una pócima de este modo: “Llevo el remedio para los hombres que dicen que raspan y no raspan nada”. Dedicó su vida a hacer el bien, para eso principalmente trabajaba el naturista, para curar y levantar vidas.

De aquellos tiempos feriales conocí también a un  hombre trigueño y delgado que ya se nos escapó de la vida, pero quedó sembrado en nuestro recuerdo, conocido con el mote de “Come vidrio”. Se nos olvidó su nombre. No era forastero sino nacido en alguna de nuestras barriadas. Delante de la mirada de un mundo agarraba un par de vasos de vidrio bocones y los trituraba en la dentadura sin producirse ni siquiera un rasguño; y detrás de la peripecia ingería un vaso de agua o de cualquier otro líquido.

Pero yo lo que deseaba destacar es que en aquellas fiestas venia de improviso a la población un personaje folclórico, vestido en buena forma, con una diversión bastante peculiar. Se presentaba en las aceras de la plaza este fabulador con un perico pequeñito completamente verde, rehén de una pequeña jaula y a quien su amo acostumbró  llamar “El periquito mágico”. Ambos de vida nómada. El lorito no hablaba, pero era como  un prestidigitador ambulante, un animalillo con un poco de magia. Era como un mensajero de la cultura jang o enviado por un prestigiador olímpico de la TV a quien llaman Hermes. La jaula en su parte inferior tenía un cajoncillo o gavetero  donde cargaba una fila de sobrecitos, cada uno con un mensaje distinto. No era gratuita la consulta sino que uno pagaba medio (0,25) y luego el perico  como si fuese un pajarillo  espoleando una flor,  sacaba alzado en su garfio un  sobrecito  con un suave y perfumado papelillo dentro, que lo  colocaba en la palma de tu mano; al abrirlo descubrías  un placentero augurio,  una flor menuda de luna llena, viajes futuros, predicciones sobre el amor, la salud, sobre tu presente y futuro.

Las personas, no importaba la edad, se metían de lleno en el espectáculo y luego el pajarero  seguía camino  entre el gentío de  la plaza y por la monotonía del paisaje con su jaulita abrazada, con el divertido gorjeo de aquel simpático lorito y la perorata del hombre por la calle abajo: ¡El periquito mágico!.., ¡Prueba hoy tu suerte!... ¡El periquito mágico! 

La Villa de San Luis, 25 de mayo de 2017


    Oscar Carrasquel



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