sábado, 11 de julio de 2015

EL PAN DE PIQUITO Y EL BURRO DE ROSENDITO


                                                   
Foto referencial. No pertenece al personaje de la cr{onica.
                                           
Por: Oscar Carrasquel


Antes,  el villorrio de La Villa de San Luis era pequeño pero más bello, muy común fue el tránsito por todas las direcciones del vendedor ambulante, en bicicleta, sobre un burro, o a pie,  por las calles solitarias y soleadas de la urbe. Se usaba esa destreza como institución económica para solventar la ausencia de fuentes de empleo, mediante lo cual se generaba ingresos para el sustento de la familia y porque era necesario proveerse de una actividad lícita que le permitiera a la gente sobrevivir.

Por ahí a mitad de la década del cincuenta los habitantes del barrio Las Tablitas y  franjas aledañas, se acostumbraron a ver pasar a Rosendito  en cada brisa  y sol que llegaba, encaramado sobre un burrito de pasos ligeros, haciendo de la humildad las cosas mas sencillas.

Colgados sobre el costado izquierdo y derecho del jumento, sendos canastos de mimbre, y en el fondo varios tipos de pan de trigo para comerciar en las barriadas: Tungas, butaques, acemita, pan sobado, rebanadas, pan de piquito -llamado “pan a locha”- son algunos de los productos que ofertaba en  su incansable trajinar por la población. Vendía generalmente de contado, por encargo, pero no le faltaba una libreta donde anotaba los fiados.

Rosendito fue miembro de una familia tradicional de LAS TABLITAS; habitó una casita que aún conserva su vieja fachada, ubicada en el callejón “Mateo Vargas”, subiendo hacia “La Caja de Agua”, a  donde toda su vida luchó junto con su mujer y sus hijos. Fue durante toda su existencia un hombre de trabajo y padre de familia ejemplar. 

Tal vez por ser un hombre flaco  y bajo de estatura y por el roce con los pobladores, fue que le redujeron el nombre al personaje y todo el mundo lo empieza conocer sencillamente como “Rosendito”.

Si bien este humilde oficio tuvo su auge en aquella época, por ser  un alimento con el gusto de los hornos de barro caseros; con el surgimiento  de las panaderías se fue imponiendo la modernización y  desaparece esta modalidad de venta a domicilio.

No vivió lo suficiente “Rosendito”, para ver lo que son hoy en día las Panaderías y por donde nos conduce esta inflación y devaluación indetenible. Por ejemplo, en aquellos tiempos, el viejo panadero nos ofrecía a domicilio, ocho panes salados de piquito por un bolívar, es decir una locha costaba cada unidad. Hoy se paga como “PRECIO JUSTO”, por un solitario pan de trigo, la bicoca de cinco mil bolívares de aquellos.

El burrito de ”Rosendito” siempre conservó la soltura y habilidad de cuando era pollino, poseyó la peculiaridad que era un animal de pasito nervioso. El redoblar de la pisada de sus cascos sobre el terrenal, fue como un clarín que alertaba a las amas de casa, y era indicación de que  por la esquina iba cruzando  aquel burrito cargado de panes, y encima su panadero favorito.

Mucha gente de aquella generación no titubean en recordar que por lo ligero que caminaba el burrito, es que emerge de la sabiduría popular un refrán que recorrió todos los rincones de La Villa, sentenciando a todo aquel que realizaba algo con presteza o caminaba con mucha prisa: “¡Andas más apurado que el burro de Rosendito!”

La Villa, invierno de 2015


Sitio web de la imagen: http://acpinolere.blogspot.com/



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