jueves, 14 de enero de 2016

NUESTRA CASITA ERA DE FLORES




 Por Oscar Carrasquel



Allí estaba, en la calle más larga del pueblo,
El patio sombreado por un árbol frondoso. 
Era agachadita mi casa materna.
En un tiempo, recuerdo,
Un ramillete de florecitas enrollábase
Por los balaustres de una anciana ventana.

D eparedes y viguetas cansadas,
De “caña amarga” y fango embarrada.
De cal y almagre,  pintaban en Navidad tu fachada,
Y para Año Nuevo,
El blanco pálido de una flor aparentabas.

Si hubieses sido una casa moderna,
En tu fachada una chapa tuvieras,
“Quinta Los Flores”, por lógica te pusieran
En decoro de mi madre ese mote lucirías
Porque ella llevaba por nombre FLORES MARÍA.

En todo el  medio del patio
Una fuente de agua existía,
La cual por toda su orilla
Un mercado de flores parecía.

Petunias, trinitarias, malabares
Y unos helechos de extendidos velos
Estallaban como un collar de luceros
Por aquella mansión de recuerdos.

Las plantas las irrigaban
Las manos de un corazón canoso,
Anciana y doblada aquella tía-abuela
Venida de una familia botánica calaboceña
Su nombre era: DOMINGA MADERA.

El patio de la casita estaba rodeado de una alambrada,
Allí  bajaban las paraulatas en las  tardes a silbar
Llegaban a una enredadera de cundeamor
A pinchar las semillitas de su amarilla flor.


Yo  no me olvido de mi casita,
En el lado derecho del alero
Colgaban algunos floreros
Y con  aire de  errante primor
A lo largo del  paso del tiempo
Olía nuestra casita a perfume de flor.




La Villa,  1º  de enero 2016

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