miércoles, 2 de agosto de 2017

DE GALLOS Y GALLEROS EN VILLA DE CURA

                                       

                                                                                    
                               
                                                                 Por Oscar Carrasquel

En la Villa de Cura actual todavía habitan personas a las que les fascina una pelea de gallos. En este conglomerado villacurano pongo de ejemplo a mi amigo René González Romero, un hombre serio y de respeto quien accedió de manera cordial a que habláramos sobre el asunto. Desde muy joven anda metido René entre la familia gallística. Para González, La Villa tuvo mucho nombramiento cuando en cualquier parte del centro y del llano se hablaba de desafíos de gallos y de galleras. En  esa época, y también en este momento, una de las galleras más nombrada en Villa de Cura se conoce con el nombre de “El Gallo Giro”, creada por nuestro gran paisano y amigo coronel José Ramón González, cuyo redondel está ubicado en el sector de Los Colorados. Otra muy famosa que ya no existe era la gallera de un carupanero llamado Don Pío Silvestre Zapata;  ubicada debajo de la inmensa copa de un árbol de samán por la calle Guárico  o Rafael Bolívar Coronado. No sé si pudiéramos decir que, de tanto andar con el militar René aprendió de gallos y galleras y también sobre el lenguaje de las apuestas y a responderlas.

En nuestras andanzas pudimos recopilar que, efectivamente,  muchas personas demuestran su desacuerdo con el espectáculo. En algunas partes del planeta está prohibido por considerarlo un acto en perjuicio del animal, porque los ejemplares sufren y generalmente mueren en la contienda, por el uso de espuelas postizas para aniquilar más de prisa a su rival. En una pelea  entre gallos se utilizan términos grotescos como canillera, morcillera y pasadera, para definir un espuelazo contundente de un gallo sobre su adversario.

Pero es indiscutible que el desafíos de gallos en Venezuela, es considerado desde tiempos remotos como una diversión de arraigo muy popular, que data de muchísimos años atrás.  Sostienen los cronistas que se trata de una herencia de los conquistadores españoles  y desde entonces se arraigó en casi todos los países latinoamericanos y en Norteamérica, y por ende se entroncó en todo el territorio de nuestro país. Tan es así que en pleno siglo XX no había ciudad, pueblo o caserío en Venezuela que no tuviese su tradicional redondel destinado para las competencias gallísticas.

Los ejemplares plumíferos los  denominan y conocen los amos de cuerdas con nombres propios como sacados de una enciclopedia, pero también por su  variedad de colores, se clasifican en: giros, marañones, jabados, colorados, zambos, pintos y muchos más. Su cuidado y alimentación es regido  por normativas especiales, predominan en su dieta los vegetales, como tomates, maíz, arroz cocido, lechuga, frutas y también  carne de vacuno. Los vacunaban para ponerlos en condición.

Entre las cuerdas de gallos entroncadas en la tradición aquí en Villa de Cura tenemos la  cuerda de Don Pío Zapata. Otra de las afamadas era la de don Ángel Molina, le cuidaba,  entrenaba y preparaba  sus gallos Natividad Bermúdez, más conocido como “Meneco”. El sancasimereño Julián Martínez, tuvo su casa que al mismo tiempo era pulpería por la calle Comercio frente al Ince, y al fondo tenía un espacio donde preparaba su cuerda de gallos. Otra cuerda famosa fue también la del bailador de joropo Don Juan José Vargas Castillo, poeta y folclorista, quien le dedicó un corrido a un gallo invencible llamado “Repetición”. Pasado el tiempo trasladó su cuerda para  El Limón  (Maracay) donde fijó residencia. Los gallos de pelea del doctor Oswaldo “Chingo” Carabaño se los cuidaba y entrenaba Don Ricardo Bolívar.

En relación a las galleras, hoy por hoy tenemos de vigente y larga tradición la gallera “El Gallo Giro” con local para comida y cantina anexos, ubicada por el sector Los Colorados, en el corredor vial de Carrizalito. En este mismo territorio en el año 80 me refiere René González, estuvo la  “Gallera La Encrucijada”, fundada por Don Arturo González Vásquez. En el sector de Los Tanques “Gallera Los Tanques” de Don José Alejandro Peña. Por la parte del barrio “Araguita” está el “Bar Guárico”,  tenia  una gallera modesta al lado, creada por Don  Oscar Salvatierra. En la calle doctor Urdaneta, en toda la esquina de la calle Juan de Dios Agraz, en los años 50, tuvo sus puertas abiertas una  bodega propiedad del cagüeño Don  León Muñoz, con un redondel para desafío de gallos al fondo. Nos fuimos a Las Tablitas y nos dice René que los habitantes de esta popular barriada villacurana en los años 60,  seguramente recordarán el nombre de Nicolás Labastidas, quien tenía su gallera  en la prolongación de la calle Páez, casi llegando al urbanismo Víctor Ángel Hernández. Se comía y se tomaba en las instalaciones.

Las apuestas en los desafíos de gallos son consideradas como  un juego absolutamente lícito y libre, particularmente se trata de una cosa muy seria y de pundonor; las apuestas son cazadas en forma verbal lo que sugiere que la palabra empeñada tiene el mismo valor de un documento firmado y registrado. La crónica policial registra un caso en Maracaibo estado Zulia, sobre un crimen producto de una apuesta en un club gallístico, porque el perdedor se negó a pagar una apuesta cazada.

Fue un juego multitudinario, lo confirma el hecho que hubo presidentes de la República  que fueron  aficionados al juego de gallos. Este segmento lo consultamos con el profesor Oldman Botello, cronista de Maracay, quien de seguidas nos respondió: “El general José Antonio Páez importó gallos de  pelea de Puerto Rico; también lo hizo el general Cipriano Castro. El general Juan Vicente Gómez fue muy aficionado, inclusive tuvo cuerdas de gallos; le preparaba los gallos Luis Perdomo, hermano de Don Julio Perdomo. Gómez acudía a una gallera en Maracay en la calle Soublette, apostaba pero no se exaltaba como es de ley”.

Sigue la lista con otros mandatarios más que fueron jugadores de gallo, según lo apunta  en una nota para ilustrarnos el doctor Germán Fleitas, cronista de La Victoria: “José Tadeo y José Gregorio Monagas, Falcón, Linares Alcantara, Joaquín Crespo, Andueza Palacio e Ignacio Andrade, que tenía una gallera en Santa Rosalía (Caracas)”.

Sería ocioso negar que las competencias de gallos aglutinaran núcleos de toda la población, sin distingos de clases sociales, por diversión y también por las apuestas, además de su contribución al sentido hospitalario de ciudades y pueblos. En La Villa, la gallera del amigo José Ramón González, cruzando a la izquierda cuando uno llega a la redoma Los Colorados, todavía reúne  a gentes propias y venidas de otros lugares, con su enardecida gritería, sobre todo los domingos y en fechas de festejos especiales.

La Villa de San Luis, julio de 2017


 Imagen tomada del sitio web https://es.pinterest.com/pin/562668547176717761/

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