martes, 28 de mayo de 2019

¡AQUÍ NACÍ YO!





!AQUÍ NACÍ YO!

Por Oscar Carrasquel



Así como en La Villa 
nacen las mañanas

En una calle larga 
como un quejido,
descolgada del cerro  Los Chivos 
en una casa agachadita nací yo

Una casa de paredes embarrada 
costillar de caña amarga 
y zócalo blanco y azul  

Cálida en invierno
y fresca en las tardes otoñales

Al fondo, 
la copa abierta de un pericoco
derramando gallitos dorados

En el antepatio
un bosque de cayenas 

Sentado sobre una butaca
observaba yo a mi padre,
golpeando con dos indice 
las teclas de una anciana Underwood

Yo soñaba algún día  ser igual 
y poder escribir
las mismas ilusiones

Los rayos solares
caían como afilados cuchillos 
colándose entre las ramas
de una mata de mamón

El viejo estudiaba la Biblia,
a Gallegos, 
leía a Goethe
Y en algunas veces a Musset

Oloroso a perfume de rosas,
se subía los anteojos  
a la altura de la frente

No sé cuántas veces estuve
a su alrededor
dejándome llevar de su mano

De ahí broté, 
de esa piedra de luz.  
para que yo algún día
también escribiera versos.

   Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 27 de julio 2017




sábado, 18 de mayo de 2019

LA TRASHUMANTE ACADEMIA DE DANZA "LE TUTU"

ballet clasico juvenil.jpg
Academia de Danza "LE TUTU" Ballet Clásico Juvenil



 La moderna Academia de baile LE TUTU no solo ha sido una referencia importante en impulsar la cultura en esta entidad aragüeña de Villa de Cura, en Venezuela, , dedicada especialmente a la formación de la Danza Clásica como base para los diferentes géneros como lo son Ballet Neoclásico, Danza Contemporánea, Ritmo Urbano, Gimnasia Rítmica y Gimnasia Estética apoyándose de la práctica de Yoga y la Preparación Física; sino que también se encarga de exportarla, de desplegarla hacia otros lugares de nuestro territorio.

Le Tutu, fundada por la bailarina clásica María Gabriela Adames, nacida en Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela, , egresada de la Escuela de Ballet Fundación Teatro de la Opera de Maracay, fue acertada al preparar a un grupo de jóvenes villacuranos para dar continuidad a la Academia en sus diferentes disciplinas, hoy dirigida asertivamente con gran esmero y dedicación por la Lcda. Maribel Ovalles.

La historia nos hace transponernos al tiempo presente para recordar que esta escuela de Ballet Clásico representante del Municipio Zamora del estado Aragua, tiene su sede en el Centro Comercial Villa Hermosa de esta ciudad de Villa de Cura, y ha llenado de contento a la comunidad zamorana, entusiasmando a sus moradores.

La actuación de la academia LE TUTU ha sido Impactante en Villa de Cura y localidades vecinas pero también posee experiencia pretérita en otros pueblos y ciudades. De acuerdo con la información que tenemos a la mano, en esta ocasión ya se encuentran preparando maletas y trajes porque pronto un grupo de 22 bailarines pertenecientes a la Academia viajarán por tercera vez a cumplir un trascendental compromiso a celebrarse en la ciudad de Mérida Venezuela, en el marco del 5to Concurso Internacional PURADANZA 2019 de Ballet Clásico, Neoclásico y Contemporáneo; a celebrarse en el Complejo Cultural Tulio Febres Cordero y el hermoso teatro César Rengifo, allá en la capital donde se pierden los picachos blanquecinos entre las nubes embelesadas. El programa se estará cumpliendo entre el 20 al 26 de mayo de 2019.

Cabe mencionar que nuestra representación dancistica estará compitiendo con 400 participantes representativos de diferentes países del mundo que recibirá esta competencia de carácter nacional e internacional. Nuestros embajadores por Villa de Cura municipio Zamora del estado Aragua estarán participando en las divisiones: infantil, juvenil, avanzado y máster, en los géneros femenino y masculino; en las categorías denominadas: solo, dúo, pas de deux y grupal. Es de recordar que en las ediciones pasadas las bailarinas han obtenido medallas de oro, plata y diplomas por su excelente y exitosa participación.

Es de destacar que este es el evento más importante en su tipo que se realiza a nivel nacional, donde los bailarines no solo compiten, también reciben clases magistrales y talleres de técnica. En esta oportunidad estará evaluado por un jurado de reconocidos académicos y expertos entre ellos los reconocidos maestros Rumen Ivanok por ballet y Carlos Portillo por contemporáneo.

Este mismo año 2019 el concurso piensa romper fronteras, en este sentido ya LE TUTU hace los preparativos para con esfuerzo lograr su asistencia a LA PRIMERA EDICIÓN INTERNACIONAL MEDELLÍN PURADANZA, el cual se estará celebrando en el mes de octubre en la vecina República de Colombia.

Entre los logros alcanzados por la Academia LE TUTU, está el desempeño de una de sus discípulas la bailarina Camila Morantes de 10 años de edad de la categoría infantil, quien es la segunda participante de la academia, seleccionada para el Grand Prix Venezuela. En el año 2016 la participante fue la bailarina Javierlis Flores de la categoría Juvenil. Los bailarines postulados al Grand Prix Venezuela son seleccionados por previa participación quedando los 20 mejores en cada categoría, los cuales irán a la final a realizarse simultáneamente con la edición Pura Danza Mérida en el Complejo Cultural Tulio Febres Cordero.

Aprovechamos la oportunidad para felicitar a PURADANZA MÉRIDA, organizadores de esta jornada nacional de competencia y educación, auspiciadora de los lazos de amistad e intercambio cultural como expresión del crecimiento y de la fortaleza artística venezolana.

Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 14 de mayo de 2019


foto le tutu 2019 merida.jpg

Foto de la gira en el 2019 al estado Mérida

viernes, 10 de mayo de 2019

EL BAR "LA GARITA" DIMENSION DE DON CARLOS ALMENAR



LA DIMENSIÓN DE DON CARLOS ALMENAR Y EL "BAR LA GARITA"

Por Oscar Carrasquel

Esta crónica es la semblanza de este distinguido caballero que en vida se llamó Carlos Avelino Almenar Rojas, cuyo sueño hecho realidad, y tal vez una de sus grandes victorias fue la conducción del conocido "Bar La Garita"., Hubo una época en Villa de Cura  que mencionar a don Carlos Almenar y nombrar al bar La Garita era la misma cuestión. Uno a veces se pone a evocar la época  de su adolescencia en aquellos años de las décadas del 50 y 60, y enseguida le viene a la memoria el nombre de este sitio que fue un rincón de ingenuidad y cariño en el corazón de un joven y toda persona de buen temperamento..
 
En otros tiempos atrás el "Bar La Garita” de fresca brisa, perfumado del paisaje, se ubicaba al este de la ciudad, en la calle Sucre, en el empalme con la calle Jaime Bosch, como quien se dirige a Las Mercedes. El lugar se convirtió en un remanso de agradable reunión y de grata tertulia pueblerina. Célebre fue su típica cancha para desafíos de bolas criollas. A pocos pasos antes de llegar a la esquina siguiente estaba la casa del hoy radiodifusor Alexis Guevara Pèrez, este ávido caballero que desde cuando era joven se hizo amigo de don Carlos Almenar. 

Pacifica y monótona discurría la vida villacurana en aquellos días, juglares, trabajadores, deportistas, coleadores de mi pueblo, estudiantes de los últimos años del liceo,  Todos  buscaban este rincón de manera  afanosa para la sana diversión, muy especialmente los fines de cada semana.. Para jugar partidas de dominó y bolas criollas era punto de encuentro.

De manos de su hija la profesora Milagro Almenar de Pérez conocimos algunos detalles para elaborar este trabajo de investigación sobre los hechos y vivencias del señor Carlos Almenar. Un hombre con motivación de vida, quien solo con su trato sabía trasmitir entusiasmo y simpatía a la gente. Cultivador de la más noble amistad. Toda su vida fue trabajar y formador de una gran familia de respeto que todos los villacuranos conocen y admiran.

Carlos Avelino Almenar Rojas había nacido en Belén, capital del municipio Carlos Arvelo, estado Carabobo, el 01 de septiembre de 1913, hijo de Justiniano Almenar y de Berta Rojas de Almenar. En ese ambiente con muchas privaciones pero con responsabilidad en diferentes tareas que eran asignadas por su padre se levantó el muchacho. Su padre Justiniano Almenar un hombre modesto, popular, fue Jefe Civil del pueblo y habitaba junto a su familia una casa grande de esquina ubicada a dos cuadras de la plaza Bolívar de la población de Belén.

Apenas desplegó sus alas, junto con un grupo de compañeros de estudios emprenden un viaje de aventura, de un día con su noche, buscaron la vía de Santa Rosa del Sur, pasan por La Violeta y Virgen Pura, y sin estar en sus planes vienen a parar su periplo a la ciudad de Villa de Cura. Carlos se dirige a la casa de su abuela Josefina Lovera de Rojas, ubicada en la calle Miranda. Desde entonces se quedó viviendo apegado para siempre en La Villa; pero naturalmente sin olvidar sus raíces y sus años infantiles en la sierra carabobeña.

En Villa de Cura termina la primaria en una escuela particular de ínfimo estipendio bajo la guía de la ejemplar educadora doña Pepita Peraza. No había cumplido los 18 años,  en ese ir y venir por la población cuando tiene su primer acercamiento y trato con los hermanos Savery, conocidos comerciantes locales de nacionalidad italiana. Prácticamente la historia comienza ahí. Se inicia  como empleado de limpieza en las instalaciones de una lujosa taberna conocida con el nombre de “Bar Savery". Allí con el paso de los días se familiariza con el despacho de licores, aprende recetas para la preparación de cócteles y la atención de la barra, y el servicio de mesas en reuniones del local. Villa de Cura para entonces era un agradable ámbito pueblerino  muy visitado por gente foránea.

Esa vena de ser dependiente de botiquín y el culto por la amistad, lo cual fue uno de sus mayores atributos, lo llevan a mudar a Caracas a donde fue contratado, fundamentalmente a cumplir labores de encargado de un famoso botiquín caraqueño ubicado en la parroquia San Martín en la esquina de Capuchinos, propiedad de un amigo y compadre de sacramento llamado Agustín Pérez Barrí. Permaneciendo varios años en este trabajo en la capital.

Pero sus sueños y su aspiración eran siempre montar su propio negocio y resuelve regresar a Villa de Cura al calor del hogar al cuidado de la familia . El negocio de botiquín para él era como un imán, estaba enamorado de su trabajo, lo conocía al pie de la letra y le gustaba el comercio que era su fuerte; fue así  que con lo ganado y los ahorros acumulados por años de trabajo pudo adquirir en propiedad el conocido bar “La Garita”.

El 05 de mayo de 1945 contrae nupcias con Amanda Rodríguez Serrano de Almenar, natural de Villa de Cura (13-09-1922), de cuya unión nacieron seis herederos: Berta Josefina, Carlos Ramón, Amanda Leonor, Carmen Genoveva, Milagros Rafaela y María Clemencia.

Supo este gran señor encaminar a sus hijos por el sendero del bien y el estudio; un hogar constituido en lo bueno, la seriedad y disciplina, de formación católica guiado por la senda recta, educó y dirigió los sentimientos humanos de la familia.. Todos sus hijos lo recuerdan hoy como un padre ejemplar y un responsable esposo.

Su esposa Amanda Rodríguez era hija del conocido comerciante y ganadero Ramón Elías Rodríguez Tejada, propietario de un negocio de bar y restaurant de carretera y de la hacienda ganadera La Puerta, limítrofe de Aragua y Guárico. Doña Amanda de Almenar fallece en Villa de Cura el 17-10-2011, contaba 88 años de edad.

"BAR LA GARITA" UN PORTENTO DE GRANDES EMOCIONES

Todo el mundo en Villa de Cura sabe donde le queda “La Garita” ese refugio para las soledades donde Carlos Almenar acudía religiosamente a trabajar sin romper la rutina, todos los días, sin horario. Uno entraba y el primero que miraba era al señor  Almenar, recostado de un estante para las botellas. Residía a pocas cuadras de su negocio. Don Carlos no era muy alto, catire. Para unos, de carácter taciturno, pero no, un ser amable, atendía a todo el que llegaba con la misma gentileza; serio, callado, de trato afectuoso para todos los tiempos, por duros que fueran. Terminó su vida siendo un hombre sencillo y peculiar de la villacuranidad, el pequeño valle que él quiso y donde vivió casi toda su vida con la pureza y claridad de un manantial.

Su primer ayudante y su mano derecha fue un inseparable amigo de don Carlos y muy apreciado en el circulo de la familia Almenar- Rodríguez, llamado don Francisco Zapata, un templo de la amistad, pienso que era nativo de la parroquia Las Mercedes. Trigueño, ojos grandes, sombrero sobre su cabeza, cojeaba al caminar, diligente como pocos; el hombre siempre andaba fumando tabaco y llevaba encima una bata blanca que parecía un enfermero. Encargado de que las bebidas llegaran con rapidez y bien frías a las mesas.

FRANCISCO ZAPATA, DEPENDIENTE DE LA GARITA.JPG


La historia oral tiene como cierto que el nombre de “La Garita”, que se le dio, tanto a este botiquín como a la esquina donde estaba ubicado el negocio, se lo arriman porque diagonal existía en la época gomecista una guarnición militar y la calle Sucre era la vía principal, como decir hoy la calle Bolívar..

Al interior del bar La Garita se pasaba a través de tres puertas que dan hacia la calle Jaime Bosch, y la sensación que daba, es que usted está entrando a una de esas tabernas que salen en las películas del oeste americano, porque debía empujar un par de portezuelas batientes con el pecho; lo cierto que algunos al salir medio prendidos, las querían apartar de un solo manotazo, dejándolas chillando, creyéndose un vaquero forajido como Clint Eastwood. Seguía un saloncito, en un rincón la rokola y enseguida el patio de jugar bolas.

Yo que siempre bebía encapillado no puedo negar mi presencia en esta cantina en infinidad de ocasiones. "Vamos a tomarnos una en La Garita" me decían unos cuantos. Para las tertulias de nuestra peña literaria fue un sitio muy esencial;  la peña cuando no se reunía en El Cortijo, en El Espinal, o en casas de amigos; en la mayoría de las ocasiones se instalaba bajo la sombra del Samán de “La Garita” con Teobaldo Parra exhibiendo sus dotes de bolerista y de declamador. Nunca olvido la tenida de una noche en el bar“La Garita”,  cuando platicamos y nos tomamos un puñado de cervezas; alli estaban el poeta escritor Pedro Ruiz, el poeta Morgado, Teobaldo Parra, el concertista de guitarra Efraín Silva. y quien esto escribe.

Recuerdo que hace años el poeta J, M, Morgado, le escribió un hermoso poema, y quien suscribe lo metió en las páginas del quincenario El Vigía, de cuya dirección se encargaba nuestro recordado amigo José Seijas. Fue en un periodo que a Carlos Almenar se le celebraban los 80 años de recorrido en la vida. Animado y contento en extremo se le vio en esa ocasión rodeado de familiares y amigos.




Gracias al afán de sus hijos de conservar las huellas del bar “La Garita” y como un hermoso legado de su padre, bajo el techo de lo que fue la casa de la niñez con sus viejos y amplios corredores, le quedó a la familia Almenar Rodriguez algunos objetos del negocio que a pesar del tiempo transcurrido se mantienen intactos, tales como una rokola marca Wurlitzer con la amenidad de música de moda de la epoca, repleta se mantiene de discos de 45 rpm, tangos, boleros tropicales, rancheras y pasajes románticos que se escucharon en las horas de reposo y calma en la vecindad de Las Mercedes. Se junta una nevera marca Westinghouse que todavía se encuentra apta para dejar cenicientas las botellas de cerveza; y recostada en un una pared, libre del polvo de la calle la gruesa caja registradora de caudales marca National, que arrastra una cantidad de años.

Fueron 50 años de trabajo de este personaje que fue mito y leyenda al frente de su negocio llamado "Bar La Garita" en Villa de Cura; pero preferimos que sea Milagro, su amada hija, educadora, la que lo diga en sus propias palabras y lágrimas verdaderas:

 .-“Sin cansancio, con amor, bondad, disciplina y honestidad, dando un trato excepcional a sus clientes y amigos, pero el cuerpo ya débil de mi padre comienza a sentir los desmanes del tiempo, comienza a fatigarse y los problemas respiratorios son cada vez más severos, aunado a ello la insuficiencia cardiovascular lo lleva a un estado agotador que no pudo volver a su amado Bar La Garita”.

En efecto, el noble corazón de don Carlos Almenar dejó de latir a los 84 años de edad en Villa de Cura, el 14 de noviembre de 1997, sus restos reposan en el cementerio local.

Basta ahora que pase la gente por el frente de lo que fue el "Bar La Garita” para que los arrope la nostalgia. Hoy ese portento de buenos recuerdos esta convertido en un cascaron de soledad impresionante, cansado de tantas noches y de días, de inviernos y veranos. Sobrevive una fachada fatigada de musgos y plantas trepadoras que van extendiéndose hacia su techumbre. Subsisten sus paredes plagadas de parasitas. Está el robusto árbol de samán en donde  llega y se detiene la  brisa vespertina en los arreboles villacuranos, metiéndose en su enramada a rochelear con las paraulatas y los cristofué.

No hay señales, ni tampoco lo han dicho, pero se piensa que la bonhomía, los pasos lerdos, la calmada voz de don Carlos Almenar y su ayudante Francisco Pancho Zapata, como que se escucharan aun en aquella vetusta casa de la esquina de La Garita al final de la calle Sucre, en el anchuroso y siempre florido árbol de samán, en su entorno, bajo su sombra. Siempre se les recordará hermanos, la muerte es solo un apostar a vivir.

Que Dios le provea a su alma el descanso eterno que tanto merecen.




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FACHADA


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INTERIOR DE "LA GARITA" INMORTALIZADO POR CARLOS MARTINEZ CJ


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LA NEVERA WESTINGHOUSE, CASI 100 AÑOS Y AUN FUNCIONA







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ROCKOLA WURLITZER

Oscar Carrasquel, La Villa de San Luís, abril de 2019/2021


Fotografias archivo de la familia Almenar
Publicación y montaje don Ramón Alfredo Corniel.



miércoles, 10 de abril de 2019

SOBADORES EN LOS AÑOS 50 HABÍAN MUCHOS EN LA VILLA





                         "La experiencia es la madre de la ciencia" (Anónimo)


                                                                       Por Oscar Carrasquel


Esta fotografía ajena qusobre la cual desconozco el crédito, me trajo muchos recuerdos que quiero compartir con nuestros lectores. El oficio de “sobador” es antiquísimo en la cultura tradicional venezolana. En el lenguaje coloquial también llamados “yerbateros” o  “componedores de cuerdas huídas”. Contaron con la confianza y el respeto de toda una generación en el transcurrir del siglo pasado.  Podían ser de sexo masculino pero también lo ejercían las mujeres. Los sobadores que vamos a mencionar nacieron, se levantaron y aprendieron a ser útil a la salud de este pueblo de Villa de Cura y  sus alrededores.

El solar de la vivienda que habitaron era parecido a un jardín botánico, de donde salía cada planta que servía para componer cualquier lesión muscular. No faltaba en el patio un espacio cercado de matas medicinales. Había de todo, mejorana, naranjillo, yerba mora, fragosa, sauco, sábila y laurel, entre otros. Esta siembra mantenía el ambiente lleno de aromas como una botica.

Había quien guardaba en un frasco  una culebra morrona sumergida en aguardiente, que era muy buena en unción, y en bebedizo para aliviar los dolores artríticos s musculares; lo mismo que no  faltaba, una carterita donde se guardaba el agua bendita.

No cobraban por ese trabajo, solo un aporte en efectivo que se dejaba en un plato de peltre; yo me acuerdo que había que llevar una vela de sebo, que se adquiría en dos centavos en la bodega de Régulo.

En el patio había  una especie de capilla con santo, algunos mantenían  un altar con una lampara en aceite encendida noche y día. El “sobador” a que nos referimos  profesaba la religión católica. 

La vivienda de un “sobador” era como el corazón del Señor, donde cabía todo el mundo; cualquier persona, mujer, niño, hombre, rico o pobre, buscaba la ayuda de estos servidores sociales; como el primer recurso para solucionar algún problema que tuviera relación con una falseadura muscular.

La sabiduría de estas personas la conocían las abuelas, porque sabían corregir los dolores de espalda en las mujeres de primer embarazo, y las que estaban a punto de parir. En los pueblos del interior la fisiatría y fisioterapia eran casi desconocidas. Difícilmente estas dolencias se trataban en un consultorio médico  o en un hospital público.

Para llevar un músculo torcido a su lugar,el paciente  necesitaba una, dos, o más sesiones de sobada. el sobador dejaba deslizar ambos pulgares frotando sobre la parte afectada, lo cual producía un dolor tan intenso que daban ganas de orinar; lo remataba con una cataplasma de hierbas, y el resto era santiguar el esguince; aplicaban un ungüento a base de alcanfor y una vela de cebo milagrosa. 

Confieso que, mis sobadas, quejidos y lágrimas, producto de luxaciones jugando béisbol, los dejé en la casa del señor Antioquìa Gómez que vivía en el barrio la Represa, quien ademas, usaba para sus curaciones, oraciones y pomadas con trementina y alcanfor. Juntaba grasa de chivo para los niños aprender a caminar.
 
Una vez me llevaron casa de la señorita Carmen Colmenares, en la Parroquia Las Mercedes por un esguince muscular. Los que practican béisbol, fútbol, ciclismo y los colegiales son  muy frágiles a una lesión.

Abundaron muchos “sobadores” en Villa de Cura a mitad del siglo xx. Con el permiso vamos a enumerar aparte del patriarca  Antioquía Gómez. En la calle doctor Urdaneta Sur hacia La Represa  don Inés Bolívar, quien además era barbero. Curiosamente  al cabo de cada sobada entregaba caramelos de papelón  para atenuar el fuerte dolor de las sobadas. También de La Represa era experto don Simón Saldeño.  
En  la parroquia Las Mercedes, en el callejón 5 estaba la niña Carmen Colmenares. En el callejón 3 de la misma comunidad don Nicolás Natera, conuquero de machete y escardilla y experto sobador. En el barrio Las Tablitas la señora Juana Méndez, la mejor bailadora de joropo, y su hermana Encarnación Méndez; también en el mismo barrio los amigos Marcelino Terán, Fabián Flores, que era  cantador de joropo y Manuel Flores. 
En el popular sector “La Coromoto” dieron su aporte Patricio Linares, Valentín Paredes y Benito Pérez, el cochero de la villa. Y en la villa centro se hicieron muy solicitados la doña Mercedes de Socco y el señor Augusto Paredes, el popular “companei”.
 
Por ahí anotado en una libreta tenemos a don Julio Rojas  "Polito", en la esquina dela calle Guárico con Urdaneta, que no utilizaba sobadas, pero sí recetaba y distribuía menjurges y ofrecía plantas medicinales.

Este método empírico ejercido por el hombre con el auxilio de la Divina Providencia, utilizando los recursos que nos brinda la madre naturaleza, esta metodología no ha sido cambiada del todo. Aún queda  alguno rezagado por ahí.. Si volvieran  en estos  días, así como está regresando  la leña para cocinar por falta de gas, seguramente contarían con mucha clientela. 

Por cierto, les vengo a recomendar que hablen con  Bernardo José Rivas, el locutor 9208, quien dirige sus conocimientos preparando un producto, para lo cual utiliza miel pura, ajo y raíces del amazonas efectivo para la inapetencia del adulto mayor a la hora de la verdad.. Había que llevar  el envase y el pago móvil. Tambien prepara para llevar una especie de catara picante, un aderezo para las comidas especiales. "Picante El Veguero" dice la etiqueta. Me debes la cuña.                               

                     Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis,Tricentenaria






viernes, 29 de marzo de 2019

DON JULIO ROJAS "POLITO" SACADO DEL SOMBRERO DE UN MAGO






DON JULIO ROJAS "POLITO"  SACADO DEL SOMBRERO DE UN MAGO

Villa de Cura, 
estado Aragua

Por Oscar Carrasquel

               
Por la historia menuda de este pueblo de Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela, han pasado muchos hombres venidos de otros lugares, y son muchas las veces que nos topamos con su recuerdo; tal es el caso de Julio Rojas el popular POLITO... Cuando contaba 28 años de edad llega como transeúnte a esta Villa de San Luis  que entonces contaba con apenas seis barrios, un pueblo discreto, olorosas sus calles a aliento de asnos y mulos . Comentan que este caballero de andar errante era oriundo de la República de Colombia.

Julio Rojas fue un hombre que se movía en los ámbitos de la radiodifusión en Caracas y en el mundo circense independiente. No había pueblo que no visitara. En los días cuando Julio se movía de sitio en sitio, precisamente en unas fiestas patronales de San Luis un 25 de agosto, pasó por el pueblo de Villa de Cura, se metió por los lados de la Iglesia Matriz, tomó un baño en el riachuelo “Curita” y aquí se quedaría hospedado pata siempre. Habitó una casa de vecindad formando un triangulo con el “Bar Deportivo” de  don Pompilio Martínez y bodega "La Loca"  de don  Francisco Martínez, en la calle Guárico, subiendo hacia el barrio La Represa. Julio era un ser tranquilo y humilde, de sonrisa cordial, delgado y pequeño de estatura. Con sombra de indio en su rostro. Algunos amigos de La Represa me contaron haberle conocido compañera de vida en  El Toquito viejo.

En alguna parte o pueblo donde anduvo entregado a su espectáculo le pusieron   “Culebrero” de remoquete; pero la gente en la Villa que no se le hace agua el ojo para poner sobrenombre, le hizo conocer después con el apodo de "POLITO" y así se quedó hasta los últimos días de su vida. Para más ñapa al rancho de zinc donde vivía y tenía su negocio le puso un avisito  en el cual se lee "Casa Polito".

Conversador e infatigable viajero, y explorador de fiestas patronales y ferias en ciudades y pueblos de todo el país. Nacimos y crecimos en este villorrio y por ello le seguimos los pasos a este personaje  con dotes de artista de circo. Tuve la oportunidad de visitarlo y conversar mucho con él.... Polito era también retratista de calle, era común verlo con una Polaroid entre las manos vendiendo fotografías  al minuto en playas, fiestas y ferias. en bautizos y matrimonios.

Como es de recordar, se enrollaba alrededor del cuello una enorme "traga venado" que obedecía a su dueño con un pequeño silbato de sus labios; la serpiente le seguía la corriente y cumplía sus órdenes, por eso tuvo la ocurrencia de ponerle el nombre de “María Cristina”; Es sabido que con este nombre se conocía a un antiguo porro de moda de la época. Delante del público, luego de cumplida la exhibición, la enorme culebra se introducía y se acoplaba ella sola dentro de una maleta de viajero.

Un hombre de mundo, extravagante. Julio se movía a pié por toda la pequeña  ciudad, vendiendo pomadas y mejunjes de manteca de culebra envasados  en  laticas de botica. A todos lados le acompañaba  “María Cristina”; estirándose con la cabeza levantada. Desde lejos uno podía escuchar el pregón y guindado del cuello un cartel donde se leía: "¡Llevo el remedio para los hombres que dicen que raspan y raspan...y no raspan nada!"

Para los niños tenía un espectáculo muy singular .Pudo crear dos muñecos del tamaño de un ser humano que siempre llevaba oculto en una maleta de cuero, ambos vestidos con flux de casimir y corbata. Tenían gesto, mirada,  voz, y reían como seres humanos. Yo de ellos me acuerdo clarito, a uno lo llamaba "Pancracio" y el otro "Doroteo". Los muñecos movían la quijada, repartían besos y el ventrículo los hacía filosofar y decir cuentos con humor infantil.
 
En algunas ocasiones, en plan de centavos, "Polito" se lanzaba a la calle en la tarde- noche, a moler valses criollos, cumbias y pasodobles en un pianito mecánico y formaba la parranda en los botiquines de La Alameda o cualquier espacio público. Al terminar estiraba un raído sombrero donde el público reunido le depositaba pequeñas recompensas.

Su casa era un santuario y tienda natural a la vez. Colgados en una pared había una galería de cuadros de Santos. Abundaban en las paredes una gran telaraña de plantas aromáticas  disecadas para inventar brebajes,: sábila, mejorana, laurel, eucalipto, conchas de drago, hierba mora y cariaquito morado del legitimo. Uno pasaba por el frente y en una gruta veía una ristra de velas alumbrando a toda hora como una hoguera. No le gustaba que lo llamaran "Yerbatero" porque que era sinónimo de brujo.

                                              Fachada de la "Casa Polito" en la calle Guárico

Sanaba a niños lombricientos, aliviaba dolores reumáticos a las personas que lo padecían. A los picados de araña o alacrán los curaba. Socorría a cualquiera picado de serpiente; igual al que necesitaba ensalmar una erisipela brava o una culebrilla de las llamadas "sapa"...También  se hizo experto en sacar “mal de ojo” en los niños. Preparaba una cerilla para aliviar el dolor en una muela careada.

Personas mayores que se asomaban por la ventana de las casas del vecindario me contaron que, era frecuente ver llegar los fines de semana a su casa a muchas figuras  de la farándula caraqueña y cantantes de música llanera que venían de visita. Llegaban en lujosos automóviles a la primera tienda naturista del pueblo.  Afirman que vieron llegar  de visita Valentìn Caruci, Magdalena Sánchez, Andrés Cisneros y Ángel Custodio Loyola, y otros amigos de los tiempos cuando trabajaron juntos en Radiodifusora Venezuela en Caracas. Me contaron que conservaba una guitarra española del cantor Andrés Cisneros, que la dejó a guardar y no la vino a retirar nunca. Polito no era un hombre totalmente abstemio, a veces  dentro de su tienda le quitaba la tapa a un frasco de Santa "Pecho cuadrado para quitar el frío de la garganta", como me recomienda  él  cuando conversamos.

Un día lo vino a recoger la muerte a la casa que habitaba y donde funcionaba aquella  especie de botica popular, para conducirlo a la eternidad. Sobrepasaba su humanidad en aquellos días la dureza de 100 años de vida. Se sabía la edad que tenía porque él mismo lo regó en el vecindario.

Rendimos tributo de respeto y admiración a este hombre-medicina y personaje de la vida popular villacurana. El cual cuando estaba mozo pasaba de largo con su fantasía por Villa de Cura, en temporadas de fiestas, pero luego se convirtió en morador de la ciudad. La verdad es que uno no es de donde nace, aquí en esta tierra  quedó sembrado como un hijo más para siempre.


Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, marzo 2019
Diagramación y fotos cortesía de don Ramón Alfredo Corniel

sábado, 23 de marzo de 2019

¡LA PUÑALADA!


No sé porqué en estos días estuve recordando bastante a un sitio de comida buena y barata que conocí en jurisdicción de la pintoresca población de Agua Blanca, municipio Araure, estado Portuguesa, Venezuela, a comienzo de los sesenta. Ubicada a orilla de un camino solariego que lleva a la EPA (Escuela Pràctica de Agricultura). La mujer que la regentaba se llamaba sencillamente “Fidelina”. No recuerdo bien claro si era vecina del pueblito araureño.
.
Tenía ella una venta de empanadas cerca a un campamento de trabajadores bajo la sombra de una mata de mango, camino a la Represa Las Majaguas y vendía tanto su producto que prácticamente no se daba abasto. Las empanadas tenían el valor de un bolívar con cincuenta céntimos (1.50) grandes y abombaditas y con diferentes rellenos (carne, pollo, riñonada, chiguire, queso de mano, mixtas, como el cliente la exigiera). Aún cuando alguien las encontraba cara, la mayoría buscaba a comer para casa de Fidelina.
Yo, como me la hecho de indagador de las cosas sencillas y testigo de otras de la vida se me ocurrió preguntarle un día  a la doña; cuál era el secreto para la elaboración de tan ricas empanadas; y el nombre de aquel puesto de comida, a lo que ella me respondió que, como podía observar se trata de un pobre ventorrillo que no necesita publicidad y menos bautizarlo con un nombre.
Pero como nunca faltan las cosas casuales en la vida, entre aquel grupo de comensales llegaba siempre un joven experto en la conducción  de màquinas Caterpillar, tractorista, caraqueño, guasón, que traìa de la Capital el sobrenombre de “Superloco”; muy echador de broma, parecía un niño eterno. Iba todos los días a comer, aunque contrariado y rezongón. Casi siempre que llegaba tenía la costumbre de hartarse cuatro empanadas, un vaso de jugo de naranja y un café. Todo el mundo sabía de la sarcástica actitud cuando el caraqueño le tocaba pedir la cuenta de lo consumido:
--¡Dame Fidelina, la puñalada!
--¡Son seis bolívares y cincuenta céntimos! Le respondía la catira
Lo que quería contar es que una media mañana dominical que yo iba para el pueblo, me paro en la venta de comida, y vi un aviso que relumbraba con el sol en el patio, una inscripción en letras grandotas donde se leía el nombre de la venta de empanadas:
                                                                ¡LA PUÑALADA!
Hoy amanecí recordando la buena sazón de la comida de Fidelina y las diabluras de “Superloco”, y con un gesto nostálgico por el gran valor que poseía nuestra antiguo signo monetario; rememorando aquel día que me atreví preguntarle a la noble mujer por el nombre de su negocio y ella me contestó que aun no lo tenía.

  Araure, Portuguesa, Venezuela, agosto de 2018

jueves, 7 de marzo de 2019

RÍO TUCUTUNEM0

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RÍO TUCUTUNEMO


                     Oscar Carrasquel


¿Qué se hicieron tus aguas,
y tu corriente umbría

con sus bramidos de julio?

¿Tus cocuyos,
tus anguilas
y tus húmedos caracoles?

¿Y la negrura de las cotúas
extendiendo sus alas
sobre la plácida mora?

¿Y la garza blanca
bebiéndose
las burbujas del río?

¿Que se hicieron las lavanderas
de azafate en la cabeza
cayendo cada amanecer
por tus laderas?

¿Y la cordialidad de tus charcas
para la sed de sol,
y para la sed del alma?

¿Dónde está el arcoíris,
ahora ausente de carmines
y de fúlgidos colores?

¿Y la paraulata en el tamarindo
trinando nostalgias y lejanías?

Ya no existen
el coporo y la palambra
contándose sus secretos

Ni está “Quinbanche”
escarbando arcilla
en las riberas del río
para inventar alcancías

¡Hoy solo eres
Tucutunemo!

Un grito de mito ardiente,
un hilo de tristeza sorda,
un canto de congoja perenne.



                             Oscar Carrasquel, Las Mercedes, Villa de Cura, municipio Zamora, estado Aragua, febrero de 2019

NOTA: foto tomada con celular Samsung

jueves, 14 de febrero de 2019

MANOS A LA SIEMBRA EN LA ESCUELA BÁSICA NACIONAL "ARíSTIDES ROJAS" DE VILLA DE CURA



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Un muñeco hecho con gusto, con humor pero con sapiencia y originalidad llama la atención a todo aquel que transita a cualquier hora la calle doctor Manzo norte. Fácilmente puede verse al frente de esta Institución de Villa de Cura. Está siempre vigilante en un huerto escolar la figura de un Espantapájaros, yace allí como un trofeo en una vitrina de museo. Vigilando el trabajo denominado Manos a la Siembra, ejecutado con sentido pedagógico por el personal docente y estudiantes de la EBN Arístides Rojas en aéreas externas de dicho plantel.

Bien sabido que se trata de un monigote hecho de trapos y vestido con ropa usada, representando una figura humana, con cara de totuma redonda y mal carácter provisto de luminoso sombrero. En el lugar permanece recostado de un cercado de alambre. Hay que reconocer que la muestra agroecológica se desarrolla con buenos resultados en un espacio de este importante centro educativo de Villa de Cura, municipio Zamora del Estado Aragua, Venezuela.

Los servicios de este espantajo son muchos, principalmente cuidando para evitar que las aves picoteen los semilleros en la pequeña granja; además para que no se acerquen al sembradío los pajaritos que vienen desde la sierra sureste. Otro de los aspectos elementales de esta vieja práctica es que contribuye a ampliar los saberes y conocimientos que reciben los estudiantes en el aula de clases para el custodio de la siembra.

Hablando de esto y según el decir de un hombre del campo, nos contó que en años anteriores se utilizaba la figura del espantapájaros con igual fin en las parcelas agrícolas hábiles para cultivo. Particularmente en el valle de Tucutunemo del municipio Zamora del estado Aragua. La extensión hace dos décadas fue campo envidiable de producción agrícola y pecuaria y de semilla certificada. Hoy convertido en un erial.

Sin embargo, en algunas zonas del país suramericano el progreso se tragó en parte esta vieja costumbre puesta en práctica por los productores, ahora las bandadas de pequeñas aves son más numerosas y avezadas y se requiere acompañar de fuegos artificiales y hasta del uso de pólvora para ahuyentarlos de los grandes sembradíos sin hacerles daño, pero todavía está en uso la figura del Espantapájaros. Aun no ha pasado de moda.

En esta ocasión nos acercamos a prestar atención a un grupo de niños de la Escuela Arístides Rojas con sus profesoras al lado dándoles indicaciones en el propio terreno.
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Eran las cuatro de la tarde y todavía el rayo de sol se detenía en el patio de la escuela. Allí pudimos observar a un grupo de niños acompañados de sus respectivas profesoras escuchando con atención las instrucciones dadas por ellas e incorporándolos al proceso de siembra y cuido del pequeño huerto escolar, donde hay un pequeño cultivo de bananos, quinchonchos, hortalizas, plantas ornamentales y de otros frutos que da la tierra. Reforzados esos conocimientos con el uso adecuado del recurso hídrico que viene por acueducto para su sustentabilidad.

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Se observa que estas profesoras son muy conocedoras de este trabajo agrícola y no dudan de ponerlo en práctica, explicándoles de la manera más aproximada a los alumnos el secreto y cada detalle sobre el manejo de la tierra y la importancia que significa para la producción de alimentos.
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Sin duda aquel conjunto de niños ávidos de convicción están aprendiendo la lección.
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Pero otro aspecto que debe tomarse en cuenta es que las docente que llevan a cabo esta labor de incentivar a los niños a poner sus pequeñas Manos a la Siembra han cursado invitación a las demás escuelas de Villa de Cura, para que observen este trabajo, con el propósito de incentivarles y les sirva de motivación para que pongan en práctica este ejemplo en los espacios vacíos de sus respectivos planteles.

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Nos asiste en la toma de imágenes y asesoramiento la profesora Dulce González Carrasquel, del personal docente de la Unidad Educativa Inocencio Utrera de Villa de Cura. Diagramación a cargo de la profesora María Teresa Fuenmayor



Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 14 de febrero de 2019

viernes, 8 de febrero de 2019

¡ÉCHANOS BENDICIÓN PADRINO!





La añoranza es de los villacuranos antiguos queriendo volver a mirar aquel grupo de chiquillos como una bandada de polluelos que en una de esas tardes de lo más hermosas de todos los tiempos inundaba los alrededores de la Plaza Miranda y el portal de la Iglesia Matriz, llenos todos de inmensa alegría esperando la hora del bautismo. En la mañana habían llegado de El Calvario las filas de lado y lado  de peregrinos entonando el ¡Ave María!. El altozano mayor de la Iglesia Matriz de Villa de Cura, el escenario escogido para este sencillo relato.Alboreaba un día domingo de fiesta religiosa de Peregrinación, por lo tanto de bautizos y confirmaciones; un día de  ceremonial solemne ya que para esos fines había sido convocado para La Villa el señor Obispo del Episcopado de Maracay.

Ya había recibido el párvulo de parte del arzobispo la cruz sobre su frente  y el agua clara bautismal de una fuente de mármol ubicada en todo el centro del atrio; a un lado la vieja imagen del apóstol San Juan, también de los progenitores y padrinos. Al  final de la Eucaristía se oye el monótono repicar en el campanario de la Iglesia. Las cinco en punto marcan arriba  dos arcaicos y grandes relojes al frente de la catedral.

Por fin aparece la salida del padrino por el portón del frente, de paltó  de casimir y  corbatín, acompañado de los padres y de la cariñosa madrina vestida toda de blanco y con un velo cubriéndole la cabeza. La madrina es quien trae  al recién bautizado reclinado en su regazo. Ya todos los muchachos hablan tomado su puesto de combate. Y entonces es el instante adecuado y esperado por ellos para gritar en un  solo coro de voces:

                                                         ¡Écheeenos la bendición padrino!

La oportunidad  la aprovecha el padrino que se introduce la mano derecha en  el bolsillo del paltó para lanzar  una lluvia de mediecitos de plata que brillan en el aire como un puñado de margaritas silvestres. Unos encima de otros rebotan en el centro como si tratara de la tumbada de una piñata, rodando por el piso como un puñado de perdices pidiendo espacio, buscando cada quien como agarrar màs de un mediecito.No recuerdo la cantidad de chiquillos que había en el redondel. Después salen en loca carrera y comienzan a  florecer los gritos de los muchachos  alrededor del cotufero,  o el vendedor de raspados que se apostaban religiosamente alrededor de la plaza; otros resuelven adquirir chicles Adams o capullitos de maní y entrar a vespertina al cine Ayacucho o cine El Corralón, por cuya entrada se paga medio (0.25) . Los ventanales y el alto portón ya desparecidos del viejo caserón de la familia Roldan en La Villa, fueron mudos testigos de aquella costumbre infantil.
.
De aquellos episodios se nutren nuestras letras llenas de tradición y añoranzas, siendo el momento de nuestra vejez y en medio de un natural recogimiento espiritual.

Uno quisiera volver a nacer para vivir otra vez esas cosas sencillas y a la vez fascinantes del tiempo transitado, como un rezo que se guardan muy adentro en el alma  y que en este momento escarbamos como un pájaro  en su cautiverio  que come  sin detenerse.


Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, Peregrinación de 2019



DON SANTIAGO HERNÁNDEZ "EL INDIO MARA" ! HAY PERROS !...! HAY PERROS!

DON SANTIAGO EL INDIO MARA HAY PERROS
                             Don Santiago Hernández. Foto propiedad de Editorial Miranda,
                                  

Personajes populares que dejaron huellas el Indio Mara...! HAY PERROS !...! HAY PERROS !


Por Oscar Carrasquel



Santiago Hernández era su nombre real, mejor conocido como EL INDIO MARA, apelativo con el cual se le nombró desde que llegó a Villa de Cura.. Tal vez por llevar en su rostro facciones aborígenes fue conocido con ese sobrenombre. Tanto se acostumbró que cuando era presentado en una reunión, así era como se identificaba:"Mucho gusto, El Indio Mara"

Uno de los primeros hombres que con humildad y esfuerzo vendió de manera ambulante “Perros Calientes” en Villa de Cura comenzando la década del 60, continuando con esta rutina todos los días hasta que cayó vencido por el tiempo.. Hay que reconocer que desde que llegó a La Villa jamás se quiso ausentar, ni tampoco se apartó de esta actividad laboral.




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Don Santiago Hernández entre dos damas importantes de su vida:
su hija Lucy y su esposa Fermina (doña Yeya)


Nunca puedo olvidar aquella estampa de los muchachos de la cuadra, viviendo por la calle doctor Manzo, y detrás los adultos; correr cuando sentíamos pasar por el frente de la casa a EL INDIO MARA , empujando un coche que parecía forrado de porcelana, repleto de este alimento tan exquisito y nutritivo. Uno  consumía el primer “perro caliente” y daban  ganas de entrarle  al segundo y al tercero.

Ataviado siempre con su bata blanca pura de bolsillos y boina blanca. Cargaba  un bolígrafo Papermate en el bolsillo de la bata para sacar cuenta, pero cuando le pedían fiado se excusaba de manera inmediata: 
¡Ay, mijiiito, lo siento pero yo no fío!.

Para evitarse esa incomodidad mandó a pintar con su amigo el publicista José Seijas (6jas) un letrero en el carro donde se leía "No Fío" y  en el otro extremo "Perros 0.50".

!HAY PERROS!.. !HAY PERROS!. fue el pregón que utilizaba para hacerse notar entre la gente de la calle, se le oía pronunciar con voz fuerte..Desembocaba en cada esquina o se estacionaba a la entrada y salida de una institución educativa..  Quería mucho y era muy apreciado por los alumnos, bedeles y maestras del Grupo Escolar Arístides Rojas. En el atardecer de cualquier día no buscaba otra esquina que no fuera frente a la bodega de don Carlos Lovera en la calle Sucre. De pié junto a su carrito. Muchas veces se instalaba en el estadio donde se juega béisbol, y en cada estación de la vía en donde se estacionaba un buen rato. A veces anclaba el coche al pie de la torre de la Iglesia.

Ninguna persona de aquella generación puede olvidar lo rico y ameno de aquellos “perros calientes” llenos de sabor que les servía el proveedor mejor conocido. Como tampoco podrá dejar de lado su pregonar recorriendo las calles con su ronca voz que como una flecha llegaba hasta los oídos de adultos y pequeños: ¡Hay Perros!... ! Hay Perros! Y detrás ensayaba una canción de las tantas de su repertorio, echaba un relato, o recordaba cualquier anécdota u ocurrencia que se le viniera a la mente.

Un hombre humilde, alegre, de voz fuerte, buen conversador,  narraba hazañas y muy hábil contando fábulas, entonando versos y canturreaba por la calle, muy dado a piropear a las damas pero con elegancia. Don Santiago era un hombre que trataba con respeto, muy gracioso, buscaba reírse con los niños tal como Santa Claus.. ¡Jo, jo,jo,jo!.

Era un  experto en saber elegir tanto el pan  como los añadidos que utilizaba para aderezar y acompañar una salchicha Oscar Mayer,  pero el secreto estaba en el proceso de preparación. En la salsa que preparaba con su esposa Fermina, probablemente estaba la diferencia. 
Seguramente la mayoría lo recuerda, sin embargo les voy a refrescar la memoria. Cuando uno sostenía el “perro” en la palma de la mano, la salsa blanca y rosada se derramaba por entre los dedos  y hasta su envoltura provocaba lamerse. El gusto por el sabor y la preparación de los "perros" de Santiago el pueblo villacurano nunca lo podrá olvidar.

Que me perdone su hija Ana Lucy, pero no debo dejar de contar algo del anecdotario; don Santiago (como lo hacen miles de mortales) en el anochecer cuando regresaba a su casa después de terminada la jornada, detenía el coche en medio de la cuadra frente a mi casa, yo lo observaba por la ventana,  pedaleando discretamente un trago de ron de una carterita que guardaba dentro del carro. Nadie se metía con él, siempre con Dios y La Virgen por delante.

El transitar de uno por esta vida de aprendiz de cronista deja muchos recuerdos. Nuestro amigo Santiago no era oriundo de Villa de Cura, como seguramente pensarán algunos, a esta  Villa de San Luis llegó de 25 años de edad. Había nacido en la población de San Joaquín estado Carabobo el 25 de mayo de 1923. Hijo natural de la sajoaquinense Isabel Hernández. No he dicho que, llegó a querer tanto a este pueblo de Villa de Cura que a muchos les manifestaba que él era villacurano.

Adolescente, bisoño, fue trasladado a Caracas por su progenitora, allá estudió la primaria,  después fue mensajero en una institución bancaria; obrero de limpieza en el Museo Bolivariano  frente a la Plaza  El Venezolano;  además cumplió responsabilidades  como jardinero en la casa de doña Menca Fernández de Leoni, esposa del ex presidente Raúl Leoni. Se conocía toda el área de esa quinta y  apreciando de  la familia Leoni, contaba que "entraba y salía como Santiago por su casa".

Trabajó algunos años para un maestro constructor de casas en Caracas, era albañil de primera. En sus tiempos mozos trabajó para algunas Agencias de Lotería de la capital de la República, pregonando la lotería por las calles con aquella voz de trueno,  en los predios de Sabana Grande, Chacaíto, Plaza Venezuela y en el Terminal del Nuevo Circo; tenía clientes que le compraban  billetes completos y "quintos" de las loterías “Zulia”, “Caracas” “Oriente” y otra. En la ciudad de Santiago de León de Caracas fue donde se inició posteriormente como vendedor de los “perros calientes”, en tiempos cuando era presidente el general Marcos Pérez Jiménez.

Don Santiago tenía una fuerte voz. Una vez me contó luego de disfrutar de un cafecito en su casa que, los empresarios de boxeo y de lucha libre de Caracas, aprovechando su voz de locutor lo enseñaron a anunciar las peleas sobre el ring. (no necesitaba micrófono). El público se emocionaba cuando le oían. Su papel era anunciar a los púgiles sobre el cuadrilátero en el Palacio de los Deportes ubicado en la Avenida San Martín de la capital. Se hizo amigo del conocido anunciador oficial de boxeo Pepe Pedroza, de narradores y comentaristas de boxeo y lucha libre..

También nos manifestó que su gran pasión en la mocedad fue la lucha libre, en cuyo deporte tuvo discreta actuación  como luchador, le correspondió recibir y dar  entrenamiento en esta disciplina deportiva,  entrenaba con luchadores de renombre como aquellos que dentro ring se llamaron: "Dragón Chino", "Bassil Battah", "El Chiclayano" y "Camba El Salvaje", pero no siguió  por lo bajo de la remuneración.

En Caracas se enamora y contrae nupcias en 1959 con Fermina Aurelia Cantero, conocida después como "Doña Yeya", su esposa era de nacionalidad española, quien a causa de una enfermedad terminal que iría a minar su existencia fallece el 3 de junio de 2012 en Villa de Cura, la ciudad que fue como su patria adoptiva, la cual tanto quiso y donde fue altamente apreciada por sus numerosas amistades. De esta unión nació Ana Lucy Hernández Cantero, única hija del matrimonio. Fue también padre amoroso de  dos hijas de una relación anterior , Gloria y Josefina, oriundas de Caracas.


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Don Santiago Hernández  entre el Alcalde Alberto Roye, Rosa Castro y de un grupo de amigos


El 5 de mayo de 1998 la alcaldía del municipio Zamora, cuyo titular era el señor Alberto Roye Flores, lo distinguió con la “Orden Ciudad de Villa de Cura”, ganada por su nobleza y tenacidad de buen ciudadano. Y el 25 de agosto de 2013 con la condecoración " Orden San Luis Rey". Además fue honrado con diplomas y reconocimientos por diferentes organizaciones deportivas que hacían vida en la comunidad.

Entre otras distinciones recibidas se destaca un diploma otorgado el 25 de mayo de 2010, por  “Cooperativa Conociendo al Estado Aragua y Algo Más R.L”, presidida por la comunicadora social Yolanda González, coincidiendo con la celebración de los actos conmemorativos de un aniversario de la ciudad de Villa de Cura.

Don Santiago Hernández el popular INDIO MARA colaboraba con nuestro pueblo en todo lo concerniente con el deporte, particularmente con la Liga de Béisbol Amateur y también con el béisbol menor, razón por la cual fue homenajeado en varias oportunidades. Le fueron entregados diplomas, placas y medallones por su valiosa contribución en varios  torneos de béisbol llevados a cabo en el estadio “Ramón María Acosta”. Pudimos ver que ocupan las paredes y otros espacios de la casa.

Hubiera sumado más años en su labor de vendedor de “perros calientes” pero tuvo que retirarse con 82 años de edad. Con el peso de los años el hombre humilde, sencillo y jocoso fue perdiendo facultades y el tiempo le fue ganando ventaja. Ya no oía ni veía bien, sus pasos se hicieron cansinos. La nostalgia por no poder ejercer mas el trabajo  que fue  gran parte de su vida le fue minando la existencia. No bastó la asistencia psicológica oportuno que le buscó su hija Lucy.

A muchos villacuranos les dolió su partida, nosotros lo teníamos como vecino y buen amigo, me sorprendió cuando me llamaron por teléfono para anunciarme su viaje. Se había marchado  por entre un camino de nubes azules  el 10 de febrero de 2014, en vísperas de cumplir 91 años. Su casa se inundó de abrazos amigables. Su sepelio causó revuelo y se convirtió en una verdadera manifestación de dolor popular. Señor Santiago Hernández, a todos los villacuranos de una generación nos dejaste una estela de recuerdos difíciles de olvidar. Tómese esta nota como un sentido homenaje de recordación. Paz a su alma.


Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, febrero 2019


NOTA: Fotos cortesía de Lucy Hernandez Cantero, hija del Indio Mara.
Diagramación Ramón Alfredo Corniel