sábado, 25 de abril de 2015

LA CUEVA DEL ERMITAÑO



Por Oscar Carrasquel
Villa de Cura, estado Aragua

Por el lado este del picacho de Barranquilla, exactamente por detrás de El Calvario, en los últimos años de la  década de los cuarenta, recuerdo que se hablaba con mucha naturalidad en toda Villa de Cura, de un sitio enclavado en este cerro denominado "La Cueva del Ermitaño".

El célebre lugar se llamaba de esta manera porque al comienzo del cerro había una especie de gruta natural, de forma cuadrada, formada por unas gigantescas piedras, donde se alojaba  solitario un hombre de avanzada edad, casi entumecido. Que no se supo de donde emergió. La entrada estaba franqueada por troncos y ramas.  Se  asomaba poco durante el día, solo para tomar aire y ver la luz que penetraba a hurtadillas a sus tinieblas, y a veces se paraba y dirigía la mirada por donde aparecía el alba.

Cejudo, taciturno, barbudo, los ojos de gris mirar. Se fue dejando crecer libremente la barba, como si fuera una cola de caballo, gruesa, blanquecina, le llegaba hasta el ombligo, imagen y semejanza con un hombre sabio de la antigüedad.

Se la pasaba dentro de la caverna casi todo el día, bebía y comía de lo que le dejaba la gente maravillada que pasaba  por aquella trocha. El camino en esos días fue la primera ruta  de los arreos a pia y a caballo, del ganado que transportaban desde el estado Apure para ser pastoreado y comerciar en nuestra otrora encantadora sabana. Eran tiempos de boom ganadero. La gente lloriqueaba porque la carne se vendía a Bs 4,00 el kilo en cualquier "pesa", sin hacer  cola.

El hombre tenía vida monástica y solitaria, acostumbrado a vivir alejado del mundo urbano, con los pies descalzos y se cubría con un guayuco de la cintura para abajo, sostenido con una liana.

Bastaría decir como aquellos que lo vieron y conocieron que allí en ese lugar, donde el viento sonaba antes como un ronquido, vivió sus días un hombre eremítico; por eso el sitio se conoce todavía como "La Cueva del Ermitaño". Causaba cierto sobresalto tropezarse con el hombre y su covacha porque aquellos eran tiempos de fantasmas y aparecidos.

Dicen unos viejitos que todavía andan hablando por allí en los bancos de las plazas, que la cueva formada por las rocas está intactas aún en su espacio al costado del cerro, para aquellos que deseen visitarla.

Abril de 2015

NOTA: La imagen es solo referencial y es una representación de Pablo de Tebas, conocido como Pablo el ermitaño o Pablo el egipcio, venerado por la Iglesia católica y la Iglesia copta como el primer santo en llevar una vida eremítica.





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