jueves, 15 de marzo de 2018

"BODEGA LA LOCA" FUNDADA POR DON FRANCISCO MARTÍNEZ


 

"BODEGA LA LOCA" FUNDADA POR DON FRANCISCO MARTÍNEZ

                                                                  Por Oscar Carrasquel


A  mí se me hace imposible pensar que la pobre Nicolasa era una persona loca, pero sí una mujer trastornada y abandonada, un ser  de un fuerte sentimiento y de alma buena. Yo la lleguè a ver con mis propios ojos. Era experta en observar y definir mejor que cualquiera. Sobre ella en el barrio La Represa se contaron muchas anécdotas y peripecias. Iba y venía todos los días  a los bares de las orillas y se la pasaba en El Taparito y en los negocios en la antigua calle Guárico, hoy calle Rafael Bolívar Coronado, sector La Represa de Villa de Cura,..Vivía sola en un recueste de la muy nombrada “Peña Ñá Cirila” bebiéndose las lunas y los soles de verano.

Hace ya tiempo en el cruce de la calle Guárico con la calle doctor Urdaneta existió una pulpería de tres puertas de madera a la calle, fundada por don Francisco Martínez, un hombre bonachón muy querido venido de la población guariqueña de Guardatinajas, estado Guárico.  A la bodega, hoy de puertas clausuradas aún le queda en pie la fachada, respirando su tristeza, negándose a morir.

La loca Nicolasa hacía siempre lo mismo, no paraba en casa,  muchas veces se la daba por frecuentar la bodega de don Francisco,. a cualquier hora del día, allí no se bebía pero había desayuno, luego se entregaba a la tertulia y la echadera de broma con el pulpero y la clientela que entraba y salía a diario al local.

Ocurrió que un día lunes en la mañanita le cayó a don Francisco de sorpresa la inspección de un organismo adscrito al Concejo Municipal del antiguo Distrito Zamora, llamado “Junta Municipal Reguladora”; un organismo que se encargaba de regular y vigilar en todo establecimiento comercial los precios de los artículos de mayor consumo, y a la vez se dedicaba a verificar tanto los pesos de reloj como de pesas y romanas, y lo contramarcaban con una especie de sello; de manera de evitar que los negocios metieran gato por liebre, es decir que no te fueran a entregar 800 gramos de una compra en vez de un kilo, como muchas veces ocurre.

El funcionario que fungía de jefe inquirió a don Francisco, primeramente preguntándole por el nombre e identificación del negocio; a lo que el viejo comerciante respondió ingenuamente que  la bodega como era nueva  aún no tenía nombre.

De nada le valió el argumento al viejo pues el fiscal sin compasión insistió en preguntar por el nombre del negocio, porque era una normativa y un requisito indispensable para cumplir cabalmente con las leyes municipales y llenar el acta de inspección.

La consentida Nicolasa que por casualidad en ese momento se encontraba ubicada muy cercana de la conversa, recostada al mostrador como un ser extraño, con un mundo en su mirada, peló sus ojos grandotes, dirigió una insinuante mirada hacia Francisco, quien de inmediato, como buen llanero, leyó como si fuese un telegrama la sugerencia dibujada en los ojos de la loca, y enseguida respondió al funcionario municipal:

¡Póngale Bodega La Loca!

Y fue así con este nombre, gracias a las extravagancias y a la insinuante mirada de la loca Nicolasa, se llamó esta bodega durante más de seis décadas, hasta el día que sus puertas de madera cerraron por la muerte que  un día irrumpió sin avisar a llevarse a don Francisco Martínez. Aun nos duele la partida de este llanerazo sin cansancio, amable, gran  amigo,. Gracias por hacer llegar tu recuerdo a mi humilde pluma.

. Foto de don Francisco cortesía Ramòn Alfredo Corniel
"Bodega La Loca". Foto archivo  O.C.

  Oscar Carrasquel  La Villa de San Luis, octubre 2018

lunes, 12 de marzo de 2018

OTILIA MARTÍNEZ BRICEÑO INTEGRANTE DE UNA FAMILIA MUSICAL VILLACURANA

Doña Otilia Martinez Briceño

 A sus hijos. nietos y biznietos, con acendrado afecto

Por Oscar Carrasquel

La historia completa la conoce y nos las narró  su hijo, nuestro entrañable amigo  ingeniero agrónomo Douglas Carrizalez Martínez, quien  reside con su grupo familiar en la ciudad de Maracay, capital del estado Aragua. Conversamos en un  corredor amplio, apoyado él por un legajo de viejos papeles en un portafolio. Douglas nos dio prestados documentos y los viejos retratos de su madre que  deambulan en un álbum desteñido por  el tiempo. Pendiente quedó la expectativa de un cuatrico que mi amigo iba a incorporar a la conversa junto con otro hermano músico de guitarra por llegar.

Generosa en demasía, de carácter agradable y de fina estampa villacurana, de dura madera de roble, a decir de los que tuvieron la suerte de conocerla de trato y relación de amistad. Estamos hablando de doña Otilia  Martìnez Briceño. Pocos en La Villa conocen sus atributos artísticos y culturales.. Me tocó en suerte conocerla personalmente cuando yo era juvenil,  ella ya era una mujer hecha y derecha.

Doña Otilia era una de esas mujeres de antes, una  ferviente enamorada de las flores y sus aromas. En el centro de su casa en Villa de Cura tenía un jardín bien cuidado. Igual hizo en la hacienda “Caicara”,  propiedad de su progenitor don Pedro Nolasco Martìnez. Una tierra coronada de serranías altas, allá formó un jardín luminoso en la casa de campo que  bautizó con el nombre de “La Carrizalera”.  Por un lado se desliza una corriente de agua cristalina, y paralelo un huerto perfumado de albahaca, sembrado de madreselvas, de rosas de todos los matices, tulipanes, margaritas, trinitarias, capacho y la  flor de cayena de variados colores. Allí llegaba ella bien tempranito a jugar con los pájaros montaraces.

Cohabitó esta matrona con moradores  de su natal Villa de Cura; una Villa apacible de escasos transeúntes, de cuando la gente sacaba las silletas a las aceras en las tardes-noches para entregarse a la amena tertulia en la puerta de las casas. Vivió  todo su tiempo en una casa ubicada en la calle doctor Morales, a mitad de cuadra, entre Bolívar y Miranda, en Villa de Cura, capital del municipio Zamora del estado Aragua.

Esta calle tuvo mucha importancia en aquella época. En el asiento de la cuadra vivieron familias por demás conocidas en la colectividad villacurana, en donde tuvo buenos amigos: Antonio Saá Fernández, Juan Enrique Rodríguez, Catalina de Hernández, Salvador Saá, Manuel Ceballos y Rogelio Tavío Tosta, y muchas otras familias de la vieja Villa de Cura.

Doña Otilia era oriunda de este airoso y pintoresco valle de la Villa de San Luis de Cura, nació el 13 de abril de 1912 en este pedazo de noble tierra aragüeña, fue una dama fecunda en la música y en el estudio, el terruño nuestro en aquel tiempo era próspero en la producción agrícola y con eminente nombramiento como centro comercial ganadero de la región central del país. Hija del matrimonio formado por don Pedro Nolasco Martínez y su esposa doña Petra Briceño Landa de Martìnez.

Sus primeras letras o la educación primaria la realizó en una escuela mixta  fundada en las primeras décadas del siglo XX en Villa de Cura por la maestra Pepita Peraza. Funcionaba en la propia casona de los Peraza en toda la calle Real. En un tiempo recibió clases y tuvo de maestro a don Víctor Ángel Hernández.  Recibió su apoyo decidido en la formación musical; aunque  en realidad  su principal maestro en armonía fue su abuelo el  profesor de música don Amador Briceño, pianista, flautista, violinista y compositor  de importante trayectoria. Su abuelo fue quien la animó a dar el primer concierto que dio la niña Otilia  con el violín, en la ciudad de La Victoria, a la temprana edad de 7 años, más tarde lo hizo en la mayoría de los círculos musicales de Maracay.

Algún tiempo después estudia y se gradúa en Andragogía, una técnica orientada a la enseñanza de personas adultas, con licencia para impartir clases en escuelas granjas, en zonas rurales y núcleos urbanos. Desde 1951 hasta 1966 entregó su contribución  en todos los programas adelantados en este sentido por Ministerio de Educación. En ese tiempo comenzaba a brindarse apoyo a la alfabetización inicial de adultos en barrios de Villa de Cura y zonas rurales. Recorrió muchas veredas y trochas, mientras la lluvia y el sol la azotaban, apoyando el proyecto alfabetizador, ayudando a fundar escuelas y ofreciendo su conocimientos a la educación inicial..

Incansable en el estudio y el trabajo, aprovecha para aprender enfermería simultáneamente trabaja como asistente del doctor Manuel F. Rondón en el proyecto de medicina preventiva, entregada a la atención de parturientas y diversas campañas de vacunación en el área urbana y rural. De esta manera tenía que viajar de forma consuetudinaria al valle de Tucutunemo, El Cortijo, el Pao de Zarate;  subiendo y bajando cuestas en lomo de bestias, sin ningún reproche, muchas veces con el sol ardiente sobre la frente pero con Dios por delante. También fue enfermera auxiliar en el viejo hospital doctor José Rangel de Villa de Cura, contiguo a la plaza Bolívar. Entonces se sentiría  como  dueña de todas las bendiciones de esta tierra, por la considerable cantidad de ahijados que dejó en estas comunidades rurales y barrios.

Desde el punto de vista artístico y pedagógico, se  inicia en el arte musical y la actuación en la ciudad de La Victoria, donde estudia música de cuerdas y sale dominando perfectamente el violín y la bandolina, y además se gradúa de profesora musical, y es entonces cuando comienza a dar en firme los primeros conciertos.

Por algo proviene de la dinastía musical de los Briceño. nativos de Villa de Cura. Fue fecundísima compositora. En su haber tiene escritos valses, merengues, pasodobles. Escribió la letra, la música y arreglo de las siguientes canciones: “Zaida”, “Reina”, “Mi casita en la Montaña”, “Canción a La Madre”, “Sabor de Engaño”, “Taborda” “Mi Cariño” y hay un montón de hermosas canciones más  compuestas sobre poesías suyas. 

Ejerció como profesora de violín, en el periodo 1972 1981, en la Escuela Superior de Música del estado Aragua. Fue primer violín de la nombrada Orquesta Filarmónica del Estado Aragua. Figuró en numerosos  eventos musicales y artísticos con la Filarmónica, en Caracas, Valencia y Maracay.

En su carta curricular aparece participando en conciertos en el Conservatorio de Música del Estado Aragua; igualmente en Caracas, en el auditorio de la Universidad Central de Venezuela; en el Teatro Teresa Carreño con la Orquesta Filarmónica del Estado Aragua, dirigida por el profesor Antonio Esteves..

Otilia, como todo el mundo se acostumbró a nombrarla (omitiendo el primer nombre, que realmente era Petra), siendo bastante joven casó en primer término con el villacurano Ángel Rafael Motamayor Hernández, y de este primer matrimonio nació Ángel Rafael Motamayor Martínez, cuyo fallecimiento ocurrió el año 2018.

Siendo todavía joven quedó viuda y contrae nuevas nupcias con el comerciante de ganado Eusebio Carrizalez, de cuya unión nacieron: Zaida Margarita, Dilia Arcadia, Alexis Orlando y Douglas Asdrúbal.  Otro integrante de la familia fue Tomás Vicente Carrizalez Huerta, hijo del primer matrimonio de Eusebio Carrizalez, quien también era viudo al momento de casarse con Doña Otilia. En este hogar villacurano la madre enseñó a todos sus hijos a soñar desde que eran pequeños, sin escatimar esfuerzo para que estudiaran. La estirpe con el paso del tiempo se ha visto prolongada en nietos y biznietos. Para todos alcanzaba la alegría de su noble corazón. La mayoría de esta familia se encuentra hoy en día establecida en la ciudad de Maracay, capital del estado Aragua.

La historia de la radiodifusión en Villa de Cura que data de los años 50 del siglo xx pasado la tiene entre sus páginas. Con la inauguración de “Radiodifusora La Villa”, doña Otilia animaba con su interpretación musical un espacio en vivo de una hora de duración, bajo la conducción y presentación del locutor y director de esta emisora Manuel Vicente Zapata. En una sala aparte había siempre un público entusiasmado que la aplaudía.

Tuvo una ligera pasantía como columnista de periódicos.  Refiere Douglas que su mamá escribió en algunas ediciones del periódico humorístico villacurano “El Cotejo Mocho”. Entregaba una croniquilla  vibrante  muchas veces lírica para el periódico fundado y dirigido por el poeta de La Villa, J M Morgado, que fue su afectivo amigo.

Doña Otilia Martínez Briceño, no fue ajena a la fisonomía del conglomerado que la vio nacer, siempre estuvo pendiente del devenir del pueblo, aquel que poco a poco se iba convirtiendo en ciudad. Formó parte de una dinastía musical villacurana sin precedentes, testimonio de una raza musical que no se ha visto más en posterior época. Me manifiesta el contertulio que hay en la actualidad en el entorno musical de la familia Briceño, pianistas, cantantes de orfeón, flautistas, trombonista, lombardista, guitarrista, cuatristas, bandolinistas, compositores y directores de orquesta, tanto popular como clásica. Sin duda alguna un torrente musical sorprendente y amplio.

El profesor Oldman Botello, historiador, ex Cronista de Villa de Cura y actual Cronista de la Ciudad de Maracay, genealogista, realizó un amplio bosquejo de esta familia Briceño de importancia histórica, del cual extraemos la afirmación siguiente: “Constituye esta familia Briceño (150 años de músicos) la segunda generación de músicos más significativos del país después de los Calcaños”. Creo que su mayor gloria en la prolongación de su existencia.

Otilia Martínez Briceño

Una mujer alta, blanca, delgada, de pensamiento libre era doña Otilia, muy educada, bonita como las  letras de la canciones que ella compuso y la inspiración que llevaba por dentro, con un corazón lleno de música y un universo de versos en su sentir. Fue una luchadora en todos los terrenos, con caídas y levantadas, al mismo tiempo supo forjar a una gran familia de bien, con la dedicación y el coraje que la acompañó siempre.

Doña Otilia Martinez Briceño descansó en la paz del Señor en la ciudad de Maracay, un día 13 de octubre de 2001, a los 95 años de edad. Sus restos reposan en el Cementerio Metropolitano de la capital aragüeña.
En el universo  cultural de Villa de Cura, en el presente, no se nombra a la señora Otilia, simples cosas del olvido.


Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, 12 de marzo de 2017

Fotos del álbum familiar.

viernes, 9 de marzo de 2018

DÁNDOLE BETÚN







DÁNDOLE BETÚN
Oscar Carrasquel

Así discurre su infancia,
sin pan, menos escuela,
sembrado en el olvido.

Buscando rumbo,
con su mirada profunda.

En el cuadril
un cajón limpiabotas
y una lata lechera.

Ya se conoce el entorno
El mamonero de la plaza,
es como un alero grande
para resguardarse del sol

De short corto y franela, 
Sus alpargatas oliendo a tierra.
y su  rostro teñido de humo

En los dedos le vuela
un viejo cepillo dental,
pasándolo por la comisura
de unos zapatos 

La jornada es larga,
incansable, soportable
de todo un día

Sube y baja sereno
un retazo de tela negra
dándole limadas
a un par de calzados.

Al final de su trabajo
le da tres golpecitos al cajón
con el cepillo..



                      La Villa de San Luis, Semana Santa 2018 


miércoles, 7 de marzo de 2018

EL CHARLERO DEL AUTOBÚS


                                                                                   
      EL CHARLERO DEL AUTOBÚS

                                                                        Por Oscar Carrasquel

Es aquel que primero
da los“buenos días”
desde el centro del autobús
Aunque nadie le conteste

Se abre paso entre la gente
por el callejón del medio
entre la hilera de pasajeros
parados y sentados

No importa si la ruta
es de corta o larga travesía,
con tal de ofrecer ilusiones.

El chófer del autobús.
y los viajeros,
de tanto verlo y oírlo
ya conocen su cometido

El primero en subir es una botica,
ofrece raíces, ungüentos
y jarabes
contra la tos y el resfriado

De repente de un solo salto
aparece el caramelero,
reparte la promoción
entrega chupetas bum-bum
a cada uno de los viajeros
Afina su garganta
anticipa un discurso,
y después recoge la golosina

A bordo trepa el de flux
la Biblia debajo del brazo.
Proverbios y Salmos
se los sabe de memoria
sostiene la respiración
"Dios bendiga al chofer y a los pasajeros"
!Amen!, se oye el murmullo.

En la parada siguiente
se encarama un hombre
apoyado en unas muletas
se sostiene de los tubos,
estira un brazo 
para recoger la limosna.

Sube el último de gorrita,
de chemise de rayas,
armónica en los labios
cumbias (una tras otra)
golpeando un pandero.

El itinerario fue placentero,
!Gracias señores pasajeros
que tengan un feliz viaje!

Se despide el charlero.

Sin avisar al conductor
se deja caer como una pedrada
sobre el duro pavimento
en la  ultima parada.

                                             La Villa de San Luis, 03/ 2016

viernes, 2 de marzo de 2018

EL DOCTOR ELADIO LOVERA LA PEÑA TANGUERA VILLACURANA ESTÁ DE LUTO





EL DOCTOR ELADIO LOVERA  LA PEÑA TANGUERA VILLACURANA  ESTÁ DE LUTO


Por Oscar Carrasquel

                                                                                                         

En realidad. no era Doctor, pero. así era como era renombrado en toda Villa  de Cura, en San Juan de los Morros y sus alrededores. Un distinguido profesional Optometrista muy respetable, honesto, de recto proceder. Eladio Ramón Lovera Alayòn era su nombre completoAquel amigo soñador que sabia repartir alegría donde llegaba. Ademas había aprendido pentagrama y armonía. Usaba unos gruesos lentes de carey  con unos cristales oscuros  que parecían un fondo de botella. Era natural de Villa de Cura donde había nacido el 30 de octubre de 1916. Sus padres fueron, el orticeño Andrés  Lovera y la villacurana Rosa Alayòn de Lovera. Su otro hermano se llamaba Carmelo Lovera, mejor conocido con el remoquete de “El ciego Lovera”. Eladio era casado con la señora Emilia Aponte Mejías de Lovera, de cuya unión nacieron dos hembras y tres varones: Héctor, Edith, Omar, Jesús y Gladys Lovera Aponte .

El doctor Lovera era un hombre humilde, de mucha fe espiritual, estatura regular, delgado, lento de andar, muy estimado en Villa de Cura, bohemio y amigo cabal. Muchas veces  cuando visitaba a su amigo el sastre Víctor Montenegro, ejercitaba el arte culinario. En este modesto taller de sastrería se solía degustar cualquier día, entre amigos, de un sabroso mondongo o un fino hervido de costilla. Eso sí, respetando la elemental advertencia de Víctor Montenegro en un anuncio: “El que come lava, todo debe quedar limpio”. 

Sus acompañantes que allí llegaban con frecuencia eran el poeta el poeta José Manuel Morgado, Andrés Delgado “El gallo”, José Fagundez, José Chacìn “Gardelito”, Julio “El Che” Martínez, Alcides Álvarez, Vinicio Jaén, Rafael Almeida “Petit”, Teobaldo Parra, Antonio Martínez Santaella, entre otros. Tampoco puedo olvidar a Jhonny Ramirez, zapatero y bohemio, era su pana,

Muy amigo de quien esto escribe, serio en apariencia pero era todo lo contrario, un hombre alegre y dicharachero, alternaba la conversación con la bohemia, amigo de la farra y de la buena compañía, así fue su estilo de vida. No poseía una  fuerte voz pero si le brotaba el sentimiento con cualquier melodía, cantaba con los colores y el agrado del alma, se le abría el espíritu cuando  escuchaba afinar una sonora guitarra grande, sobre todo entreveraba boleros y especialista en canciones argentinas. Era poseedor de un grueso repertorio de tangos.

Dedicó gran parte de su vida a la ejecución musical. Según lo nombran los griegos "El arte de las musas". En la década de los años cincuenta fue conocido como músico de orquesta, lo cual mezclaba con el canto,. fino ejecutante del clarinete. En ese tiempo entró a formar parte como clarinetista de la Orquesta Municipal Juan de Landaeta, dirigida por el maestro don Víctor Ángel Hernández. Y  se mantuvo un tiempo en la orquesta Siboney. Así era su forma natural de apreciar  la vida, independientemente de su afable profesión de saber examinar la  visión  y de formular lentes.

Nos unía al doctor Eladio Lovera un afecto mutuo. A casa llegaba  un sábado por la tarde acompañado de las dos guitarrista de don Esteban Nieves y Carlos Parra,  y en otras ocasiones llegaba el maestro Johnny Ramírez. Yo de entrada les ofrecía un café y con el paso de las horas un trago de Pampero y una taza de consomé. Eladio nos dejaba escuchar en su voz  los mejores tangos del repertorio de Carlitos Gardel tales como “Melodía de Arrabal”, “Amores de Estudiante”, “Por una Cabeza”, “Volver”,  y otros más de su preferencia
Su residencia habitual la tenía fijada en Villa de Cura donde fue muy apreciado por haber nacido  en esta cálida tierra del Alma Llanera. Su afición por todos los cantares de la música romántica  y sobretodo la argentina le venía desde su adolescencia. De su memoria brotaban tangos uno tras otro.

Este amigo inolvidable fue especialista Optometrista, a cuya actividad profesional se integró completamente. El doctor Lovera eventualmente se aislaba de Villa de Cura, pero iba y volvía sobre sus pasos.  Por razones de su labor profesional se mudaba para la ciudad de San Juan de los Morros, donde abrió una firma con el nombre de Óptica Lovera, que cambió de imagen y se llamó después: “Centro Óptico Guárico”, una de las más reconocidas y distinguidas de esta especialidad en aquella entidad guariqueña.

Pero lo cierto es que nunca se despegaba de su Villa y de la música, siempre andaba como esos pajaritos que regalan sus mejores  trinos en los campos; tampoco se separaba de la relación con sus amigos de La Peña Morgado. Se cansó de caminar las barriadas   y rincones de La Villa, sobretodo la Parroquia Las Mercedes,  donde sus habitantes no dudaron en   abrirle paso a su franca familiaridad.

Ahora que evoco  la figura de este gran amigo, aprovecho para decir que Eladio era muy cuidadoso al vestir, siempre andaba impecable, vestía regularmente de pantalón de lino y camisa manga larga, y siempre oloroso a perfume Jean Marie Farina; claro, era el  reflejo de su  personalidad, acostumbrado  a los requerimientos del desempeño de su profesión. Aunque muchas veces se ausentaba, amaba entrañablemente a su Villa de Cura.

Era un hombre alejado de toda actividad política. Sin embargo, cuando el señor Carlos Andrés Pérez ganó la primera presidencia fue llamado por primera y única vez a desempeñar un cargo público, y fue nombrado como Comandante de la Policía del Distrito Zamora, cargo que desempeñó con firmeza. Durante su mandato surgieron muchas anécdotas, porque se decía que Eladio, sin olvidar que era una autoridad, no mandó ni tan siquiera un borrachín preso, ni mandó a cerrar ni un solo botiquín con la policía.

Hablar de su vida de amante del  canto y de la música es motivo para recordar que una hija suya llamada Beatriz Miró, es una conocida artista de música llanera, consagrada a nivel nacional, con un montón de  canciones grabadas de las que arrullan al llano, y de mucha fama y presentaciones en radio y televisión en su carrera profesional. 

Ya sabíamos que la parca lo había visitado ligera. Hablamos con su hijo Omar Lovera, al cual fuimos a visitar en una casa de reposo en Villa de Cura, regentada por las Hermanas Catequistas de Lourdes, donde se encuentra recluido. Haciendo memoria con la tristeza dibujada en su rostro, me contó que  su padre Eladio Lovera, a causa de un arrollamiento por un automóvil en San Juan de los Morros, quedó padeciendo de serias complicaciones, por cuya razón fue trasladado para su cuidado a la ciudad de Barinas, por su hija adoptiva  Sonia Meza de Ayestarán. Después de un tiempo en la llamada Ciudad Marquesa dejó de existir un silencioso fin de semana del año 2008. Sus restos reposan en el cementerio municipal de la ciudad de Barinas.

En el conocimiento  de estos personajes, en ponderar y hacer su enumeración humana,  es como cada pueblo conoce su historia reciente de su acervo cultural.

Nuestra gratitud a su hijo Omar Lovera Aponte, Hasta él llegamos por intersección del amigo Inocencio Adames Aponte quien nos resolvió el asunto.  Amablemente nos recibió en la sección de hombre del Asilo,  donde vive por esas carambolas que da la vida. Sin su aporte no hubiese sido posible la escritura de esta nota.

Otro: información oral importante del Sr. Miguel Alayón


Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, febrero de 2018

   

sábado, 24 de febrero de 2018

EL POBRE BORRICO



No era tan ducha AGRIPINA en el arte pero si tenía necesidad. Recibió enseñanza de la madre para confeccionar a mano objetos en cerámica. Vive en un valle pequeño, por cuyo caserío discurre una corriente de agua fresca con matas de flores por la orilla, que corre tanto en invierno como verano, generoso su costado porque le provee de arcilla para el fogón del horno todo el año.

La madre se cambió de oficio porque según ella aquello "no le daba", entonces se dedicó a lo que mejor sabía, a vivir de un pequeño restaurant, a vender comida a las personas que ocasionalmente transitaban por allí y atender a los inquilinos de la posada.

AGRIPINA atiende ella sola los clientes de un reducido puesto de venta de cerámica los domingos, al lado izquierdo del altozano de la iglesia matriz. Al frente el bronce de la plaza, diagonal queda la comisaría.

Un día domingo de festejo patronal en su natal pueblo llevó el borrico cultural que había confeccionado por encargo. A su modo de ver y entender le parecía bien terminado… "-Demasiado precioso" - le sumó la vecina de al lado.

En efecto, finalizada la misa celebrada en honor a Nuestra Señora del Rosario encontró a su cliente: una señora llamada Luisa Elena, conocida maestra de la vieja escuela del pueblo, quien salía de la iglesia atada de la mano con su única hija, una niña que andaba más o menos por los 10 años, aficionada a la poesía y quien atiende por el nombre de LUISA DEL VALLE.

Hubo un día en que, no se recuerda por qué, no hubo clases en el colegio. LUISA DEL VALLE emocionada reunió a un grupo de sus amigas de la cuadra de su misma edad, algunas compañeras de curso de la escuela de la parroquia donde viven, pensó de inmediato de presentarles y explicarles al grupo lo novedoso de la pieza que le compró su mamá el domingo de fiesta patronal en la plaza.

"Tengo un borrico que carga flores. Aquel que llega se queda abismado. De todas maneras voy a describir su historial. ¡Pero véanlo!...Tiene cuerpo de rinoceronte, cara de vaca, ojos de cóndor, frente de cochino, cascos de danta y cuernos de cabra; de burro no tiene nada. Pobre mi borrico es quien siempre me acompaña."

Lo anterior fue todo lo explicado por LUISA DEL VALLE en la reunión. Al terminar la visita, el rumor se corrió por toda la comarca, que su desdichado borrico no es parecido en nada a lo que su madre tenía encargado para regalárselo el día de su cumpleaños.

sábado, 17 de febrero de 2018

OTRA DEL CACHICAMO (CUENTO INFANTI)



Villa de Cura
Estado Aragua

Dedico a todos los niños, y a los que lo fueron.

                                                                                                                                                                                 Por Oscar Carrasquel


Aquel hombre no tenía compasión por la naturaleza ni se sentía representado por aquel animalito de la fauna silvestre con su cuerpo oculto en un caparazón, de larga cola y extremidades cortas, de andar lento, el cual se desplazaba  entre una hilera de arboles montaraces, empujando con su cuerpo el espeso rastrojal, huyendo de unas llamaradas altas favorecidas por  el viento de verano.

El hombre le había prendido fuego al monte, controlando malezas y con el fin de tumbar rosa para fundar conuco y sembrar la tierra, al mismo tiempo aprovechaba para salir a cazar animales silvestres, lo cuales huían despavoridos buscando amparo en la cima de la montaña. Todos los animales pequeños y grandes huían sin imaginarse las verdaderas razones de la especie humana. Ya se sabían de memoria los caminos para huir.

Estaba cansado el armadillo de caminar, se encontraba fatigado, pero ya había andado tres cuartos de legua. Por entre el ramaje de los árboles todo se veía negro por la humareda.

Al fin en la tarde-noche encontró un castillo abandonado; fue cuando  cachicamo reconoció que había cesado el peligro, vio una puerta sin cerrar, abandonada, cubierta  la entrada de plantas parásitas, asomó su cabecita, abrió bien los minúsculos ojos viendo a todas direcciones y buscó refugió debajo de una chimenea de umbrío techo; había sentido que ese día se le había detenido la vida, pero batallaba, jugándosela, y tal vez pensando que para el mundo animal, a pesar de todos las inconvenientes, también la vida es maravillosa.

Una cosa estaban pensando los dos; el cazador que había pasado el  todo el santo el día viendo para todos lados, procurando una presa para llevar a su estancia y comer su carne frita; y por otro lado el cachicamo huyendo del hombre que lo acechaba; los dos tenían estrategias diferentes, pero seguros que perseguían un solo fin, sobrevivir.


Oscar Carrasquel


EL LORO REAL DE DOÑA DELFINA



A Doña Delfina Ramírez de Buitrago


                                                                   Por Oscar Carrasquel


                                                      

Fraterno huésped
de casas de campo
y mansiones de ciudades

Del paisaje llanero
eres símbolo perpetuo

Frecuentas montañas,
esteros y palmares.

Posees garganta cantora
de enunciación recia.

Eres clarín
de claras mañanas

En el alto nido,
de troncos resecos,
a tu pareja enamoras

Surcas en bandada
de sur a norte
los cielos venezolanos

Escruto tu plumaje
y encuentro los colores
del estandarte venezolano

Te posas
los mediodías para abajo,
en los maizales

Luego de breve pausa,
abres tu vuelo
triunfal hacia la noche.


La Villa de San Luìs, verano 2018



DON ENRIQUE PÉREZ LIBRANDO BATALLAS DE ESTOS HOMBRES QUEDAN MUY POCOS


                                                                         
                   

En aquella antigua Villa de Cura de gratas bellezas nació y creció entrometido entre hombres y mujeres de trabajo este caballero harto conocido por todos.. Vio la primera luz del mundo en el barrio Los Colorados. Hace muchos años se residenció  en la calle Comercio centro del sector Las Tablitas,   Se ha dedicado toda su vida a trabajar como cualquiera, todos los días, desde que aclara el día hasta el atardecer.

Pedro Enrique Pérez Villamizar es su nombre completo, hijo del finado José Pérez Agraz, quien fue un amante del joropo aragüeño, en esta casaen los años 50 se hacían presentaciones de bailes de joropo rodos los fines de semana, José Pérez Agraz también era carretero de oficio. Su madre era Juana Villamizar, villacurana, de oficios hogareños. Del núcleo de los Villamizar del vistoso barrio Los Colorados,  ubicado al lado oeste de  de Villa de Cura, cabecera del municipio Zamora.

Enrique Pérez  es ampliamente conocido  como  experimentado talabartero. Se levantó en la casa de sus padres en la calle Comercio, frente a la residencia  familiar del barbero don Luis Manuel Botello. Ahora vive seis cuadras más adelante por la misma calle, en una casa solariega, antes de llegar al cementerio municipal. Regular de estatura, trigueño como su padre, un poco delgado de contextura.  Fue pionero de la industria talabartera en Villa de Cura en la década de los años 50,. nacido en el barrio Los Colorados el 3 de marzo de 1935.

Aprendió las primeras letras y cursó toda la primaria en la escuela Federal Graduada Arístides Rojas, cuando esta institución existió  en la calle Bolívar, frente a la Farmacia Central de don Félix Valderrama; todavía evoca con especial cariño a su maestra de segundo grado, la señorita Yolanda Montenegro, hija del Marqués Montenegro; igual  que el recuerdo amable del director del plantel que en ese tiempo era el bachiller Luis Aparicio Pérez. No pudo continuar estudiando   secundaria,  desde temprana edad hubo necesidad de meter el hombro para ayudar a los requerimientos del hogar paterno. Cuando chamo no supo de juegos infantiles, después de grande fue que sintió afición por el popular juego de bolas criollas; los sábados y domingos era que competía en los típicos desafíos  en  la cancha del  conocido bar El Samán y otros patios en La Villa.

La formación hogareña que recibió de labios de sus padres lo terminó en convertir en una persona de bien, trabajador, con espíritu de superación, amable de trato, mi amigo, un hombre de andar siempre con la cara en alto y de simpática conversación, la mejor herencia que pueda dejar a sus hijos y nietos.

A la edad de quince años comienza a aprender la técnica de confeccionar sillas de montar a caballo, trabajando al lado del  Maestro José Reyes, un talabartero de fama en La Villa; aunque después José Reyes abandonó el oficio, se cambió para mecánico y abrió su propio taller de reparación de vehículos en la calle Miranda, entre calles Doctor Morales y Bolívar y Villegas, donde hoy se encuentran unos locales comerciales.

En esta puerta del llano, Enrique aprovechó para nutrirse de conocimientos y experiencia con caras bastante conocidas que fueron Maestros de la talabartería. Hizo su trabajo  junto con Reinaldo Silvera, David Èxime, Alcides Álvarez, Carlos Flores, Cruz Parra, Jesús Pérez y Nieves Cabrera. Empezó trazando y cortando sobre suela, fabricando cosas pequeñas, luego con el paso del tiempo movido por el tesón se dedicó a elaborar sudaderos y a confeccionar gruperas, cinchas y cabezadas, hasta llegar a fabricar una silla para montar a caballo completa.

Pedro Enrique Pérez Villamizar casó con la villacurana Flor Muñoz,  hija del difunto don Francisco Cabrera. Ya su esposa tiene mucho tiempo de fallecida pero dieron muestras de amor juntos. El matrimonio  procrearon seis hijos: Glenda Thais, Isbelia Josefina, Freddy, Arelys Margarita, María Teresa y Bergeny Coromoto;  la mayoría ya  hizo maletas pero jamás olvidan el calor de la casa paterna,  muchas veces se reúnen hijos y nietos y llenan todos los espacios de la casa. Entre las damas florece como apasionada de las letras la profesora y poeta Bergeny Coromoto Pérez, quien es conocida como "La poetisa Azabache", residente  de Santa Cruz de Aragua, sin olvidara a su pueblo natal.

Veinticinco  años  ininterrumpidos se mantuvo como artesano frente a una banca de trabajo en la primera "Talabartería Venezuela", propiedad de don Juancho Cabrera, establecida  en la calle Comercio. Donde además fue supervisor, se ocupó de la atención de los  pedido de los clientess, de enviar despachos de sillas y artículos para diferentes destinos dentro del territorio nacional, en especial para los estados del llano, occidente, Margarita, Zulia y Oriente; aprendió la  formula para la atención de clientes a facturar en la oficina en la propia factoría.

El taller elaboraba y distribuía sillas para montar a caballo de diferentes tipos y modelos, mexicana, chacotona, tejana y la silla especial para trabajo de llano. Anteriormente llovían los clientes de todas partes. La Villa siempre fue nombrada como  plaza donde se confeccionan las mejores sillas para montar de toda Venezuela. Luego, sin pensarlo dos veces se cambia a trabajar cerquita, como a 100 metros, donde abrió las puertas de una talabartería su hermano Lucio Pérez, junto con otro asociado. Su hermano fue igualmente un destacado maestro del oficio. Recordamos que Lucio fue jugador de pelota, integró  los tradicionales conjuntos locales “Sindicato de Trabajadores de la Suela” y “Comercio”, fervientes equipos representativos de los colores del barrio Las Tablitas, ambos clubes fueron dirigidos por don Manuel Luna.

Hasta tener una montaña de años estuvo trabajando. Recuerdo que un sábado de febrero de 2018  sorprendimos a Enrique   metido en una pequeña habitación de su casa, acondicionada como taller, dándole calor al trabajo que sabe hacer, haciendo pequeñas piezas por encargo y arreglos en cuero, para lo cual es muy solicitado. Es comprensible que trabaja para buscar otro dinerito adicional, porque la pensión del Seguro no alcanza para mucho, la cosa cada vez se va poniendo más dura y estrecha. Confiesa que una de sus preocupaciones hoy en día, es lo difícil de obtener la materia prima y los demás materiales; tanto herramientas, suela, pegamentos, hilos, han elevado considerablemente su costo.


La edad poco importa, Enrique es de esos hombres de antes, a quien nada lo amilana, conserva intacto el gusto por la vida y el amor por su trabajo, no piensa otra cosa que seguir en el oficio  hasta donde Dios mande. Según lo que sostienen los especialistas se envejece según se ha vivido. Por eso el paso del tiempo no ha detenido su impulso por su actividad laboral. Uno cosa muy significativa, a Enrique muchas veces lo atropellan los sentimientos y se pone a escribir versos de su inspiración. Carga la copla a flor de labios. Y comienza a desgranar los versos.

Hoy en día se ayuda para avanzar con un bastoncillo que va golpeando a su paso la acera de cemento, además de sentir el peso de los años, hace poco tiempo sufrió una caída que lo mantuvo varios meses postrados en una cama, pero gracias a Dios de ese incidente ya se encuentra recuperado y trata de olvidar el percance. Regularmente lo vemos que recorre a pie algunos rumbos de la ciudad, despacito para ejercitar el esqueleto  y  mantenerse en  condiciones.

Agradecemos a Enrique  por habernos abierto amablemente las puertas de su casa. Sin duda alguna un personaje icono de la Villa de San Luis de Cura, todavía con vitalidad que asombra, demostrando con su experiencia  que el trabajo es lo que edifica y hace útil  al hombre. Es preciso saber, nos dice finalmente, que “Sin trabajo no hay pueblo que salga adelante”. Hace poco pasó con dirección a un Banco y se detuvo a saludarme en mi querencia..


 Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis de Cura


miércoles, 14 de febrero de 2018

A QUE SE LLAMÓ "DARLE EL PALO A LA LÁMPARA" EN EL JOROPO ARAGÜEÑO.



A la educadora Leticia Córdova, afectuosamente.



                                                                                                                       Por Oscar Carrasquel
                                                                                                        
Cuando yo estaba pequeño cruzando la edad escolar se escuchaba contar muchas historias entre las personas mayores de nuestro entorno que iban y regresaban de  un baile de joropo. Se oía contar sobre las acostumbradas incidencias entre bailadores de joropo, entre ello el famoso "Palo a la lámpara"; cuyos jolgorios  se celebraban los fines de semana en el pueblo de Villa de Cura y sus inmediaciones.  "Joropo Aragüeño"  se  denominaba hace seis décadas a este género musical autóctono, antes que recibiera la denominación de  “Música Central”, como ahora se ha generalizado su nombre. 
Aquellos bailes se cometían en particular cualquier fin de semana (a  mitad del siglo xx) en diversos sectores urbanos, en una casa de familia del centro poblado y sobre todo en las orillas, en Las Mercedes Los Colorados, La Represa; en la ruralidad de  Malpica del Toro, El Pao de Zarate,  El Cortijo, Santa Rosa del Sur, San Francisco de Asís y en otros sitios, con la intervención de los más reconocidos arpistas, cantadores y bailadores de joropo de la época. 
Pero sobre todo, llamaba la atención un  incidente que era muy común  en el avance de aquellos bailes; hasta  se solía afirmar que, no se podía hablar de fiesta de joropo, si no se daba en su transcurso ese histórico evento llamado por la cultura popular “El palo a la lámpara”; hoy en día prácticamente extinguida esta vieja y fraternal costumbre.  
Lo cierto es que la lámpara aludida es un artefacto rústico de fabricación artesanal, usado en nuestras casas de campo donde no llegaba la energía eléctrica, funcionaba con agua y carburo, cuya invención data de finales del siglo XIX. Las había también a base de kerosén. La lámpara produce un candil para largas horas de duración, y la luz es mas brillante que la de corriente eléctrica. En los bailes de joropo la colocaban sobre una mesa para que iluminara a los músicos y a los bailadores.
El hecho en verdad surgía de una persona que por alguna razón decidía darle un foetazo a la lámpara, o bajo algún pretexto le daba un punta pie a la mesa donde se encontraba encaramado el artefacto, con el fin de que la sala de baile quedara en tinieblas, o a media luz, lo que aportaba como consecuencia la interrupción de la fiesta. Se producía entonces entre bailadores lo que llama la tradición una  "sampablera", una especie de cayapa, hasta el punto que era imposible saber a quién iban dirigidos los garrotazos o puñetazos limpios, mucho menos de quien se recibían. Aunque muchas veces la situación podía variar, y si no pasaba a mayores el baile seguía su furor hasta las horas del amanecer.
En aquellos tiempos en nuestros campos y también en el contorno de la población, era rutina que la fiebre de una fiesta de joropo durara  tres días continuos, y lo más común y corriente es que se interrumpiera el baile, de vez en cuando, por el famoso "palo a la lámpara", lo cual era ya como un hermoso pasatiempo, trayendo como consecuencia, como apuntamos anteriormente, una trifulca de marca mayor, protagonizada por la mayoría de los asistentes, por motivaciones fútiles, pero sin consecuencia graves que lamentar.
Acontecía lo que me contaba el viejo cantador y mejor bailador de joropo que hemos conocido Juan José Vargas Castillo, Se daba, entre otros motivos, porque uno de los cantadores refrescaba viejas pugnas de carácter personal, entonces se lanzaban “puntas” cuando uno de los rivales revolvía los capachos al pie del arpa  a punta de versos improvisados.  Surgía también el pleito por cuestiones del amor y viejas rencillas, pero también a causa del desaire de una dama a uno de los asistentes; igualmente por el pedimento  de un cambio de pareja sin recibir repuesta afirmativa.  Cuando el agua se aclaraba y terminaba la pelea, todos terminaban llamándose "compadres",  "cuñao" o "primo"; y hasta se sentaban a compartir la misma mesa  a degustar un sabroso sancocho de gallina de corral.
Tiempo después, un viejo amigo criado en la hacienda La Violeta en Santa Rosa del Sur, que le hice alusión del asunto,  conversando sentados en un banco de la plaza Miranda, me dijo de manera supersticiosa que, algunas veces el enfrentamiento en un baile de joropo se generaba por la ocurrencia de algún despechado que para poner fin a la fiesta, ataba dos grandes sapos, barriga con barriga, y los lanzaba sobre el tejado de zinc, de manera que cuando los batracios comenzaban a luchar para desatarse, era seguro que comenzaba una refriega de marca mayor, protagonizada entre los bailadores. Esta especie después se convirtió en leyenda.
En los tiempos que corren está extinguido esa vieja costumbre de dar “El palo a lámpara” y otros hechos de agravios en las fiestas de Joropo Central; los bailes ahora se desarrollan y finalizan con la más absoluta normalidad y armonía. Ahora lo que hay que temer es a la inseguridad personal a la salida de la fiesta. 
¿Cual es el modo normal de terminar un baile de joropo?... Solía finalizar, según me indicó el promotor cultural y poeta José Manuel Valera, con la interpretación del tema  "Los Caramelos", para despedir el jolgorio.. El arpista desplaza lentamente el instrumento sin interrumpir la música, mientras arpa, maracas y buche, marcan la retirada hacia la puerta de salida. Semejante a como sucede en los bailes de música popular con el  "Alma Llanera", cuya pieza  se toca exactamente para finaliza una fiesta. 
Un aciago día en la casa de don Pedro Pérez Agraz en la calle Comercio, sector Las Tablitas de Villa, de Cura, donde  se celebraba un baile de joropo ocurrió la muerte de la bailadora de joropo Juana Méndez. No fue a causa de “El Palo a la lámpara”, sino en circunstancias naturales. Tocaba el arpa aragüeña el maestro Salvador Rodríguez, cantaba el señor Quintín Duarte. Aquel suceso quedó como una huella muy triste en el sentimiento popular.
Ya para la media noche sucumbió la señora Juana Méndez, de fuente confiable supimos que bailaba con nuestro amigo Vinicio Jaén... El poeta Vinicio, a quien conocí bastante, un hombre culto y de amable trato, nunca  sabía decir que no, a la hora de echar un pie en una parranda...La crónica oral  suele describir a esta gentil dama como comadrona, curandera, rezandera, y al mismo tiempo, yunta de baile donde quiera que sonara un “Joropo Aragüeño”. La negra era una persona mayor pero supimos de su humildad y sabiduría. Éramos  vecinos, ella por la calle Páez y nosotros por la Comercio, de empalizada por medio, fue junto con su hermana Encarnación de las antiguas fundadoras del barrio Las Tablitas de Villa de Cura. Que en paz descansen.


  Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, septiembre de 2018














domingo, 11 de febrero de 2018

ARAGUANEY





                                                                          
                ARAGUANEY

                  Oscar Carrasquel

Gracias  
madre naturaleza 
por germinar en mi tierra
tanta belleza

Por regalarnos
su esbelto ramaje
de flores transparentes
que se mueven con la brisa

Abres tu veo en la aurora
en la plaza de mi pueblo
con el trinar  de pájaros
que hicieron nido

De profundas raíces
de ramaje descollante
convertido en madrigales

Reinas en los campos
bajo el azul del cielo 
Resurges día a día
trazando brillante tu belleza

Tu fronda perfumadora
gime con el viento
mueve tus flores 
siempre abiertas
de reluciente oro

Surcas valles,
campiñas y montañas,
das sombra a los ríos
en los soles veraniegos

Y en aquella plaza
a la margen de Iglesia 
enciendes los abriles
de crepúsculo dorado.



                               

martes, 6 de febrero de 2018

EL "RAY RYDER" VILLACURANO


                                                                         



JOSÉ GONZÁLEZ  EL "RAY RYDER" VENEZOLANO

                              Por Oscar Carrasquel
                    
¿Llegasteis a saber quien era el verdadero Ray Ryder ?... Pues bien, todo esto nos lleva a recordar la historia de un pistolero legendario protagonista de novelas y películas de vaqueros. Pero en esta oportunidad venimos a contarles sobre José González. En La Villa ostentó el sobrenombre de "Ray Ryder" (no era ningún pistolero). Lo conocimos en nuestra niñez y juventud, fue un muchacho que era asiduo en el cine Ayacucho, se extasiaba viendo las películas del lejano oeste, pero al mismo  tiempo era vendedor de caramelos de miel y novelas de vaquero. Recuerdo sus gritos en el cine.. Catire, cara seria, sano, muy aplicado en la escuela. El  tiempo lo fue poniendo viejo.

Trabajador de aquellos seres íntegros de antes. Sabía por intuición  el significado del poder de la venta. Nuestro querido amigo Ray Ryder, emergía en la tarde-noche de las sillas de la Heladería Macuto frente al cine, recorría con un azafate lleno de confites y novelas vaqueras el espacio de “Numerado” y “Galería” de nuestro viejo y siempre recordado Cine Ayacucho, frente a la plaza Miranda de Villa de Cura. Uno le compraba unos caramelos de azúcar para mantener la boca húmeda, pero a la vez sin perder la vista y la secuencia de la película en la pantalla. 

Creo que era nativo de Villa de Cura, ya que nunca le vimos apartarse de este pueblo, acà  tuvo esposa y levantò a su familia con el corre corre diario. Su residencia fue una humilde vivienda ubicada por la antigua calle Guàrico, conocida hoy como calle Rafael Bolívar Coronado.

Durante las horas del  día para ganar un dinerito se dedicaba a la reparación de artefactos electrodomésticos a domicilio, por eso siempre lo veìamos en su vida cotidiana, cuando aparecía en cualquier boca calle conduciendo una motoneta Vespa de tono gris. 

En la sala de cine era comerciante de cosas pequeñas, de caramelos en forma de corazón, de varios sabores, de frutas, de menta. Pero lo fuerte de él era  ofrecer novelitas de vaqueros de 100 páginas, a real (o,50) cada novela; siempre cargaba un puñado del autor español Marcial La Fuente Estefanía. Yo siendo muchacho recuerdo haberle comprado un título de fácil memoria: “La Venganza del Coyote”, que luego  intercambiaba a los demás compañeros de la cuadra. Se surtía de novelitas en la librería Las Novedades de la familia Manzo.

El  popular personaje villacurano tenía sus seguidores, respondía a todo el mundo por  RAY RYDER, por ser el nombre de su ídolo preferido de los film del lejano oeste. Además, su hobby era contar sublimes detalles del protagonista de la película, tal   como si lo hubiese conocido, además de nombrar lugares fantásticos de las antiguas películas del oeste.

!Qué grato y divertido era ponernos frente a RYDER para que nos contara una de vaquero! ... A través de su memoria podíamos saber, por ejemplo, el nombre del protagonista de la película...  "Mustang" el nombre del caballo que atendía con un silbido; los indios que  siempre pierden la pelea; la autoridad del Cheriff sometiendo a un forajido; la diligencia interceptada en el camino a Montana o Sacramento; el tren que llegaba con su silbato lanzando bocanadas de humo;  la disputa entre un par de pistoleros listos para disparar en una calle disputándose el amor de una cabaretera. Todos estos detalles se lo aprendía al pelo nuestro querido amigo RAY RYDER.

Supimos por comentarios que, cuando irrumpía la palabra “End”  (Fin) en la pantalla  a las nueve en punto de la noche, RYDER era el primero que abandonaba la sala y se lanzaba por  la calle Real, alumbrado por la tenue luz de los postes, caminando como un autentico vaquero, con las piernas arqueadas y las manos a la altura del cinturón.. 

Ya no está entre nosotros don Josè Gonzàlez, el popular Ray Ryder, ya no vuelve ni veremos más al vendedor de novelitas de  vaqueros y  caramelos de azúcar; aquel muchacho campeón de la humildad que dejó sus pasos (afuera y adentro) del cine Ayacucho.  El mismo que hace màs de 60 años lo encontrábamos en la calle y le decíamos "!Ray, cuèntanos una de vaquero!",  de esas del cine o de las páginas de aquellas novelitas escritas por Marcial La Fuente Estefanía, lo cual lo hacía completamente feliz..


 Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis, febrero de 2018







sábado, 3 de febrero de 2018

DON JOSÉ CARRILLO DE OFICIO JARDINERO. “.UNA VACA FUE MI SEGUNDA MADRE”


                                                                                                 
                                                    José Carrillo Flores "Chico". Foto archivo O C.


                                                                                      Por Oscar Carrasquel



Este señor que ocupa el espacio de hoy es natural de Belèn, sierra sur de Carabobo, fruto de Agustín Carrillo Corniel y de su conyugue  Carmen María Flores de Corniel. Así se  llamaron los padres de José Carrillo Flores, mejor conocido como "Chico”; campesinos todos, nacidos en aquellos bucólicos lugares,. Vivíò la noble familia en un fundo propio en un sitio de nombre “Naranjal”. Convertido por ellos en soporte de su modesta economía. Se entregaron a la brega diaria de siembra de conuco, cría de ganado de ordeño y de aves de corral , ovejos y cerdos enchiquerados. Procreó la pareja un total de ocho hijos, cuatro hembras y cuatro varones. "Chico" fue el primogénito Vivió junto a sus padres la infancia y juventud. José Carrillo lo primero que cuenta es que no corrió con mayor estrella cuando nació, pues su madre por ser primeriza, los pechos no se le abrieron y se le volvieron secos, es decir la doña no dio leche materna suficiente para alimentar a su primer hijo..

Sus padres resolvieron enlazar entre el pequeño rebaño de ganado del fundo una vaca barcina  mansa para el ordeño. La vaca  de nombre “Monedita”.  Así atendía el animal y con la copla en los labios  se dejaba llevar hasta la becerrera, mientras el ordeñador la exaltaba con su canto y  sus manos se encargaban de acariciar y  apretar la inmensa y jugosa ubre que tuvo  "Monedita".

Agustín Carrillo, su mimoso padre, aparta y enreja la vaca y se arrellanaba en una banqueta de madera con una camaza en las manos, envolvía al párvulo dentro de una sabana  y lo sentaba   sobre el puente de los dos pies, muy cerca de la ubre de la vaca; ordeñaba y al mismo tiempo arrima la boquita para que el niño sorbiera directamente el néctar lácteo  de las tetillas.



El niño fue creciendo, apenas da los primeros pasos su padre lo deja para que se entendiera él solo con "·Monedita"; hoy reconoce que esta vaca  lo amamantó y lo crió hasta hasta que fue grande. Igual como  acostumbran estos animales con sus propias crías.  cuando el niño contaba la edad de seis años la propia vaca lo destetó.

La vaca  “Monedita” (cuenta don José) murió en un invernadero, rodó por un barranco y se desnucó, no pudieron  sacarla nunca;  en aquella hondonada quedó convertida en un cuero seco y una huesera diseminada en todo el zanjón.  Aquella noticia le cayó como una maldición. Lloró “Chico” su muerte como se llora a una madre. Ya adulto recogió sus cosas, sus pocos enseres, pagó el servicio militar  obligatorio y luego que le dieron de "baja" se quedó radicado en Villa de Cura. Laborò en Calidrat y en negocios de ferreterías en Cagua y La Villa. Actualmente habita rancho propio en el barrio "San Josè", cerca del cementerio, al este de la ciudad de Villa de Cura.

"Chico" en su mocedad tuvo afición por el canto y baile de joropo aragüeño y por las parrandas de tres días seguidos que se daban en aquellos campos carabobeños. No le faltaba un buen caballo de montura y un "apureño" bien afilado en la faldriquera por si acaso era necesario su uso. Conoció de cabo a rabo a Santa Rosa del Sur donde laboró varios años en la Hacienda La Violeta en distintos oficios, según él propiedad del señor Ismael Pèrez, anduvo días y noches sus montañas, sus caminos y riachuelos.

En La Villa  conocimos a este viejo veguero de ojos verdosos desde hace aproximadamente 20 años, siempre anda metido en su acostumbrada indumentaria, y con su trato cordial de campesino. Casi todos los días lo vemos llegar a casa con la brisa matutina, sudoroso, pedaleando solitario y en silencio, encaramado sobre una  bicicletica de paseo con una cestica al frente.  

Por enseñanzas de su padre y su madre llegó  a ser agricultor,a lidiar con ganado, aprendió a familiarizarse, cuidar y querer a los animales. Ahora a los 78 años de edad se dedica al mantenimiento de solares y limpieza de jardines en la ciudad. Se acostumbró tanto a lidiar con la vacada que ahora con arrugas como surcos, todavía con nostalgia  se acuerda de “Monedita”  como si aquella vaca lo hubiese parido… “Una vaca fue mi mamá”, asevera con mucho orgullo Josè Carrillo o simplemente "Chico", como le conocemos.



Oscar Carrasquel. La Villa de San Luís, 2018


Foto de José Carrillo en su bicicleta fue tomada por O C.. La foto del niño tomando leche de la ubre es deinternet, https://steemitimages.com/0x0/https://steemitimages.com/DQmafyEwaNgbKYQ7vjp6eRMddKNYHzaZdvSBYe4RMM38Uzm/image.png